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martes, 13 de enero de 2026

Buceador de marina

Buceador de la Marina: Las profundidades ocultas de las operaciones

Phil Hodges || Naval Historia



Bajo las olas, la marina moderna depende de buzos altamente capacitados para llevar a cabo tareas que pocos presencian.



El buceo naval es una rama especializada de las operaciones marítimas, que combina habilidad técnica, resistencia física y coraje.

Desde el mantenimiento de rutina hasta las misiones de combate peligrosas, los buzos navales operan en algunos de los entornos más desafiantes imaginables.

Pioneros

Las raíces del buceo naval se remontan a siglos atrás. Los primeros intentos de trabajo submarino se basaban en campanas de buceo primitivas y equipos rudimentarios.

En el siglo XIX, las armadas de todo el mundo comenzaron a experimentar con trajes de buceo con suministro desde la superficie , lo que permitió operaciones submarinas más prolongadas y seguras.

Estos trajes, a menudo hechos de lona gruesa y cascos de cobre, permitían a los buzos inspeccionar cascos de barcos, colocar cargas submarinas y realizar operaciones de salvamento. Aun así, el trabajo era peligroso. Un error de cálculo en el suministro de aire o las corrientes podía convertir una tarea rutinaria en una situación potencialmente mortal.



Hoy en día, los buzos de la marina se benefician de tecnología avanzada, pero el trabajo sigue siendo exigente física y mentalmente.

Escafandra autónoma

Los buceadores modernos pueden usar equipo de buceo autónomo para mayor movilidad y flexibilidad, o sistemas de suministro desde la superficie para operaciones más largas o complejas. Algunas unidades especializadas emplean buceo con mezclas de gases , como helio y oxígeno, para permitir operaciones en aguas profundas y reducir riesgos como la narcosis por nitrógeno.

Las misiones de buceo pueden tener lugar en las gélidas aguas del Ártico, en el agitado océano abierto o incluso en entornos urbanos peligrosos, cada uno de los cuales presenta desafíos únicos.



El entrenamiento es intenso y riguroso. Los aspirantes a buzos de la Armada se someten a pruebas de acondicionamiento físico , dominio de la natación, resistencia y fuerza.

Además de la aptitud física, los buzos deben volverse competentes en navegación, demolición submarina, técnicas de salvamento y procedimientos de emergencia .

La fortaleza mental es igualmente crucial, ya que los buzos suelen operar en condiciones de baja visibilidad, bajo presión extrema y con sistemas de soporte vital que exigen atención constante. Para muchos, la fase de entrenamiento es tan desafiante como el propio despliegue operativo.

Mantenimiento

Una de las principales funciones de los buzos de la Armada es el mantenimiento y la reparación de buques. La inspección, limpieza y reparación de cascos es esencial para mantener las embarcaciones en condiciones de navegar. Los buzos examinan los cascos en busca de corrosión, daños o bioincrustaciones, y pueden realizar soldaduras submarinas y reparaciones con parches.

En tiempos de guerra, esta función se amplía drásticamente. Los buzos pueden colocar minas lapa en buques enemigos, realizar reconocimientos de puertos o despejar obstáculos para operaciones anfibias.

Su trabajo es a menudo sigiloso y se realiza al amparo de la oscuridad o en aguas controladas por el enemigo.



El salvamento y la recuperación son otras responsabilidades clave. Los buzos de la Armada recuperan barcos, aeronaves y equipos hundidos, a veces en aguas profundas o peligrosas.

Estas misiones requieren una planificación meticulosa, ya que los buzos deben lidiar con fuertes corrientes, baja visibilidad y el gran peso de los objetos sumergidos.

Se emplean equipos de elevación avanzados y procedimientos especializados, pero la experiencia del buzo en aparejo, corte y navegación bajo el agua es irremplazable.

Rescate

Las emergencias médicas y las operaciones de rescate también se incluyen en el ámbito del buceo naval. Los buzos están entrenados para realizar rescates submarinos , asistir a marineros atrapados y brindar descompresión y primeros auxilios al personal herido.

En las armadas modernas, esta capacidad se ha ampliado para incluir socorro en caso de desastre y misiones humanitarias, como rescate en inundaciones y respuesta a accidentes en alta mar.

Las unidades de operaciones especiales suelen incorporar el buceo en operaciones encubiertas. Los buzos de la Armada pueden realizar reconocimiento para desembarcos anfibios, misiones de sabotaje o demolición submarina de obstáculos y fortificaciones enemigas.

Estas misiones son peligrosas y exigen precisión absoluta. La combinación de sigilo, destreza técnica y resiliencia mental convierte a los buzos de la Armada en un componente de élite de la guerra naval.



A pesar de los avances tecnológicos, el factor humano sigue siendo vital. El juicio, la habilidad y la serenidad de un buzo ante el peligro suelen determinar el éxito o el fracaso de una misión.

La Armada invierte continuamente en capacitación, protocolos de seguridad y equipos, pero los riesgos inherentes al buceo (enfermedad por descompresión, enredos, fallas repentinas del equipo) garantizan que cada misión conlleve un elemento de peligro.

Un peligro necesario

El buceo de la Armada no es meramente una función de apoyo; es una capacidad esencial que permite a las fuerzas navales operar eficazmente en tres dimensiones... en la superficie, debajo de las olas y en la interfaz entre ellas.

Desde inspecciones de cascos y operaciones de salvamento hasta misiones de combate encubiertas, los buzos de la Armada realizan tareas cruciales para la estrategia naval y la preparación operativa. Su trabajo puede permanecer oculto a la vista del público, pero su impacto es profundo.

En definitiva, el buceo naval representa una combinación única de valentía, habilidad y experiencia técnica. Ya sea en el mantenimiento de buques, la recuperación de equipos o el apoyo a operaciones especiales, estos buzos superan los límites de la capacidad humana, navegando en un mundo que pocos ven, bajo la superficie del mar.

Para quienes lo practican, el buceo en la Marina es más que un trabajo... es una vocación que exige resiliencia, precisión y voluntad de afrontar los desafíos de las profundidades.


lunes, 19 de mayo de 2025

ARA: Cabo Segundo Rocío Andrea Troncoso, primera nadadora de rescate de la IMARA

“La Armada Argentina me dio vida y ganas de vivirla a pleno”




La mendocina de 25 años es la primera mujer Nadadora de Rescate de la especialidad Infantería de Marina. Es Cabo Segundo y relata cómo fue su acercamiento a la Fuerza, el recuerdo de su ciudad natal y las actividades que desempeña a diario.

La Gaceta Marinera

Puerto Belgrano - La Cabo Segundo Rocío Andrea Troncoso es la primera infante nadadora. Oriunda de Tunuyán, Mendoza, comenzó su carrera en la Armada Argentina hace tan sólo 4 años. Cuenta que trabajaba en la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), cuando recibió un llamado del personal de la Delegación Naval de la provincia el que, en complicidad con su madre, la invitaba a acercarse a la oficina para completar los formularios de incorporación.


“No sabía nada de la gestión que había comenzado mi mamá, siempre quise vestir el uniforme del Ejército Argentino, como mi hermano; ella estaba al tanto de ese deseo y me inscribió en la Armada. Tengo conocidos y un tío, quien es marino retirado. En el llamado telefónico me dijeron con entusiasmo que me esperaban allí”, explica hoy la Cabo Troncoso.


Con sorpresa, al saber que había sido su mamá quien la anotó, se puso en marcha para conocer la carrera: “Mamá me dijo que fuera, que probara y pensara en mi futuro; hoy le agradezco tanto el estar acá. Ya quería ser Infante de Marina cuando fui a completar el trámite de la inscripción a la delegación”, confiesa.


Narra que al principio fue duro; dejar su provincia y a su hijita Alma, quien entonces tenía apenas 3 años. Sin embargo, el camino recorrido con voluntad y esfuerzo renovó su alegría: “La Armada Argentina me dio vida y ganas de vivirla a pleno”. Su mamá la ayudó a cuidarla durante ese tiempo, ya que no conocía a nadie en la zona.



Así es como la mendocina ingresó en el 2021 a la Escuela de Suboficiales de la Armada (ESSA), transitó el Período Selectivo Preliminar e ingresó como Aspirante Naval para cursar en el instituto de formación militar. “El primer año me costó, extrañaba mucho; conocí la Infantería de Marina y reforcé mi idea de ser infante. Más tarde me especialicé en Comunicaciones”, relata.



Hoy su hija Alma tiene 8 años y vive con ella cerca de la Base Naval Puerto Belgrano donde se encuentra su destino, el Batallón de Comunicaciones Nº 1 (BIC1), dependiente de la Brigada de Infantería de Marina (BRIM). Formó pareja con un compañero infante y consolidó su vínculo con la Fuerza.

Tras el egreso de la ESSA fue enviada a cumplir servicio al BIC1 y desde entonces se encuentra allí, desempeñando su tarea como comunicante, que son quienes se encargan del manejo de los sistemas de comunicación en las operaciones de la Infantería de Marina, operando equipos, transmitiendo mensajes, y garantizando la fluidez de la información. “Tengo asignado un vehículo Marrúa para desarrollar mis tareas”, apunta.

Respecto de su tierra natal, describe que “lo que más extraño de Tunuyán es mi casa y a mi familia. Somos 7 hermanos, yo soy la sexta y la más chica de las mujeres. Mis padres están orgullosos de mis logros, mamá es ama de casa y empleada municipal y papá camionero; sus trabajos no están relacionados con las Fuerzas Armadas”.

De su ciudad recuerda con cariño la primaria en la escuela “Maestros Argentinos” y la secundaria en el “Prudencio Vidal Amieva”, y enfatiza: “El río también se extraña, donde siempre nadaba y compartía la tarde con mis primas”.

El río es el que trae de sus recuerdos al presente, cuando habla del deseo de convertirse en Nadadora de Rescate. El río y su afición por el deporte, ya que desde chica le gusta el atletismo como las maratones, y el entrenamiento físico.

“Algo que marcó mi vida a los 17 años fue cuando saqué a un niño de uno de los ríos que atraviesa Mendoza. No lo pensé, al ver que estaba en problemas me lancé a rescatarlo. Siempre pienso qué hubiera pasado si no lo hacía; recuerdo que su mamá estaba muy agradecida”, destaca Rocío.

La resistencia física y mental son requisitos imprescindibles para ser parte de la Infantería de Marina, y también para la capacitación como Nadadora de Rescate de la Armada. Por su buen desempeño al realizar las pruebas físicas, Rocío se animó a hacer el curso en la primavera pasada, egresando en noviembre del 2024.

“Los cupos son limitados y fueron 3 meses agotadores donde realizamos ejercicios como salto al agua desde helicópteros o y el denominado cabina invertida, que entrenan los marinos aeronáuticos. Cuando me preguntan qué tal es el curso yo les respondo que hay que vivirlo, la experiencia es única”, detalla con entusiasmo.

“Durante esos meses pensé en abandonar varias veces, muchos lo hacían, pero una de mis grandes motivaciones fue que me convertiría en la primera infante nadadora; y lo logré”, remarca esbozando una sonrisa de satisfacción. “Uno se enfrenta al frío, al cansancio y por momentos no aguanta más; tuve un instructor infante que me alentó mucho a seguir”, agrega.



Hoy resta combinar su capacitación con la especialidad y espera el momento de poder hacer largas navegaciones. “Me encantaría poder embarcar como nadadora; también estar destinada en el Batallón de Vehículos Anfibios Nº1, donde se encuentra la mayoría de los Nadadores de Rescate”, expresa.
gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina

Todos los años la Armada Argentina forma y entrena a sus nadadores en técnicas de salvamento, rescate y supervivencia en el mar. Es una capacitación que anualmente también se recalifica para sostener en nivel y mantenerse activo como nadador.

Su principal función es salvaguardar la vida humana en actividades de riesgo, con énfasis en la prevención y la preparación para actuar en caso de emergencia. Proporciona servicios a las unidades en navegación y en actividades con riesgo de hombre al agua. Cabe destacar que los Nadadores de Rescate participan de ejercicios operativos con buques de la Flota y aeronaves de la Aviación Naval, además de las campañas antárticas y sanitarias del país.

El Mar Argentino, típicamente frío, demanda una preparación psicofísica que es crucial para los nadadores de la Armada, conformándose en un recurso humano de calidad dentro de la Institución.

“La Armada significa para mí valores como el esfuerzo y la valentía. El escudo rojo de la Infantería de Marina me genera mucho orgullo. Y tengo muchos sueños por cumplir en la Armada, conocer el mundo en la fragata ARA ‘Libertad’, ir a Chipre en alguna Misión de Paz, me encantaría también pisar suelo antártico, y sé que en el desarrollo de mi carrera y con el tiempo transcurrido aquí, los cumpliré”, concluye la mendocina de Tunuyán.