Prototipo Supermarine TOR 4040



'Victoria' sinking - drawing from 'The Graphic' July 1893 - reproduced from 'Admirals in Collision' by Richard Hough
Por Luis Jar Torres, Publicado en la Revista General de Marina de España Revista y en http://www.grijalvo.com/index.htm - Revista General de Marina
Don Juan Manuel Grijalvo tiene un magnifico sitio web en http://www.grijalvo.com/index.htm. Entre los muchisimos articulos que hay allí y que vale la pena explorar, hay una serie correspondiente a las notas que el oficial de la marina española, ex marino mercante, ex Capitán de Puerto y ex Inspector de Seguridad Marítima don Luis Jar Torre escribiera para la Revista General de Marina, de España. Nos han otorgado permiso para publicar algunas de sus historias, entre las que se encuentra ésta. Recomiendo que lean directamente de Grijalvo las correspondientes a accidentes, en el indice: http://www.grijalvo.com/Batracius/y_presentacion.htm. No tienen desperdicio!- Agradezco muy especialmente a don Luis Jar Torre por compartir con nosotros ésto!.
En términos generales puede afirmarse que, detrás de la pérdida de un buque en el mar, siempre se esconde el mal cálculo de alguien. Hay malos cálculos que, en buena lógica, nadie hubiera podido mejorar, como un ciclón de trayectoria atípica o, forzando mucho las cosas, una pérdida de estabilidad por acumulación de hielo en cubierta. A este tipo de “mal cálculo” en el derecho marítimo anglosajón se le llama “acto de Dios”. Pero la mayoría de los malos cálculos se quedan en lo que su nombre indica y entonces se dice que el buque se ha perdido por “fallo humano”.
Existen fallos humanos excusables, como los originados por limitaciones frente a la enfermedad o el agotamiento. Otros, al menos resultan comprensibles y permiten al “culpable” no perder la cara y hundirse con su buque con cierta dignidad. Algunos más, siendo tan “humanos” como los anteriores, son mucho menos misericordiosos y palabras como “negligencia” o “impericia” arruinan la vida profesional de los implicados.
Joseph Conrad, que había sido capitán mercante antes de convertirse en uno de los mejores escritores en lengua inglesa de todos los tiempos, dejó escrito que algunos accidentes son “... una equivocación más o menos disculpable. Un barco puede dar a la costa a causa del temporal. Es una catástrofe, una derrota”. En cambio, otros “... tienen la mezquindad, el patetismo y el amargor del error humano”.
Finalmente, unos pocos buques se pierden en accidentes tan estúpidos, que nos obligan a pensar que su capitán eligió ahogarse antes que explicar lo ocurrido. A diferencia de los accidentes anteriores, que al menos crean doctrina sobre “lo que no hay que hacer”, estos últimos son más intrascendentes en el campo doctrinal, posiblemente porque casi nadie entre los colegas del “culpable” se ve a sí mismo capaz de darse un golpe tan tonto.
Este trabajo trata de uno de esos accidentes particularmente estúpidos, con la salvedad de que sus protagonistas, lejos de ser unos estúpidos, constituían la élite de la armada más prestigiosa de su época, a la que aportaban una formación y dedicación excepcionales y, en el caso del principal implicado, un espíritu innovador que haría parecer fósiles a muchos “progresistas” contemporáneos. El aspecto castrense de este accidente fue una auténtica desgracia que cuestionó principios considerados incuestionables y atrajo sobre la organización militar la crítica y, peor aún, la rechifla de personas bien formadas pero no tan bien informadas. Si algo de positivo tiene esta historia, es la llamada de atención que supuso, en pleno siglo XIX, sobre conceptos tan actuales como “obediencia ciega” y “obediencia inteligente”.
En la década de los setenta del siglo XIX, la armada británica envió al baúl de los recuerdos la propulsión a vela y uno de los compañeros de viaje que la acompañaron al baúl fue un libro. Llevaba por título “Signal Book”, que no era un libro particularmente ameno, pero tenía almacenadas en sus páginas las lecciones y experiencias de más de veinticinco siglos de guerra en la mar. Eliminado el viento como factor táctico, gran parte de su contenido era, en términos metafóricos, lo que algunas veces había sido en términos reales: papel mojado.
Uno de los oficiales navales que con más entusiasmo se entregó a la tarea de reescribir este libro fue el vicealmirante Sir George Tryon. No debemos engañarnos por el “Sir” ni por el empleo, era un innovador y un inconformista. También tenía un elevado nivel de exigencia para con sus subordinados, a los que intentaba transmitir su espíritu de iniciativa y a los que, en todo caso, conseguía transmitir una fuerte impresión. Además era una persona difícil.
No hay que ser un genio de la táctica para comprender el problema de Sir George. Los buques de su época ya tenían (grosso modo) la velocidad y maniobrabilidad de los actuales pero, en el mar, no disponían aún de otro sistema de comunicaciones que las señales visuales. Bastaban unos minutos de navegación para que una unidad se desconectara de “la voz de su amo”. Por añadidura, la táctica heredada por la Era del Vapor estaba orientada a mantener en formación unidades con la velocidad de una tortuga, las cualidades evolutivas de una vaca lechera y el alcance artillero de una hondera. Hoy puede resultarnos inconcebible, pero baste recordar la “melée” en que degeneró la batalla de Trafalgar, el problema de “comunicaciones” de Villeneuve y Dumanoir o la “distancia eficaz” a la que debía estar Nelson cuando un prosaico mosquetazo le envió desde la cubierta del “Victory” a los libros de historia.
El vicealmirante Sir George Tryon, Jefe de la Flota Británica del Mediterráneo en 1893
La Revolución Industrial regaló a las marinas la propulsión a vapor y velocidades “de vértigo”, pero los “juguetes” venían sin manual de empleo táctico. En un reflejo casi cómico, se exhumó el “manual” de las últimas unidades de propulsión mecánica conocidas, ¡las galeras! En la batalla de Lissa (1866), un agresivo Almirante Tegetthof borró de la superficie al sorprendido Comandante del “Re d’Italia”, junto con su preciosa fragata acorazada de vapor, en tres minutos mediante el “novedoso” (y expeditivo) procedimiento de embestirles con su buque insignia. Y así, durante dos decenios de desbarajuste táctico en que buques, armas y corazas quedaban anticuados de un año para otro, un pasmado Neptuno vio formaciones de acorazados ¡con espolón! surcar sus dominios a velocidades del siglo XX, pero manteniendo distancias propias del siglo XVIII.
Sir George entra en nuestra historia cuando ya solamente faltaba el “pequeño detalle” de la radiotelegrafía para “emancipar” la flota. Pero, en 1890, Marconi tenía 16 años y, seguramente, otras prioridades. Faltaban todavía cinco para que consiguiera su primera transmisión inalámbrica y catorce para que su invento comenzara a generalizarse en las unidades navales.
Mientras, en su afán de ir más allá del “Signal Book” el vicealmirante Tryon estudiaba fórmulas tales como utilizar el rumbo y velocidad del buque insignia como una señal en sí mismos, persistía en el espíritu de iniciativa de sus comandantes y, finalmente, degeneraba en un virtuoso perfeccionista de las maniobras en formación, en las que exigía precisión milimétrica.

El 22 de junio de 1893 sorprendió al vicealmirante Tryon frente a las costas de Siria y al mando de la Flota Británica del Mediterráneo. Era un día bochornoso, suponemos que el interior de un acorazado sin aire acondicionado frente a Siria sería inaguantable y, en el caso de Sir George, su origen “nórdico” no ayudaría en nada a mantener las ideas frescas. Aquella tarde su flota tenía previsto fondear a las 1600 horas frente al puerto de Trípoli, actualmente libanés pero entonces ubicado en la provincia siria del Imperio Otomano. Dispuestos a mostrar la bandera a “la competencia”, el plan del almirante era una compleja maniobra de fondeo, un ejercicio de virtuosismo que produjera un golpe de efecto y una fuerte impresión a los observadores de la costa. Aunque no exactamente en los términos que había planeado, se salió con la suya.
Sir George izaba su insignia en el acorazado “Victoria”, una de las unidades británicas más modernas y, al tiempo, una víctima del desbarajuste conceptual antes mencionado. Desplazaba 10.420 toneladas y montaba la primera máquina de vapor de triple expansión de la armada británica, pero tal “modernidad” quedaba compensada por el arcaico espolón de su roda y por su artillería principal, una única torre a proa con dos monstruosos cañones Armstrong de 413 mm y 110 toneladas de peso por cabeza que, aunque disparaban proyectiles de 1.600 libras, lo hacían a un ritmo tan lento que constituían una seria amenaza de muerte por aburrimiento para el enemigo. Obviamente, si el enemigo no colaboraba y se colocaba arteramente por la popa, se creaba un maldito inconveniente que había que confiar a la artillería secundaria.
El HMS “Dreadnought” en dique seco, permitiéndonos apreciar la configuración de un espolón de la época. El día de autos este buque navegaba en la misma línea de fila y dos puestos detrás del HMS “Victoria”.
Para redondear la tarea, en grada le habían cambiado su nombre original (“Renown”), dejándole a merced de la consabida mala suerte. Se ha escrito que el diseño de este buque “... must be considered a retrograde step after previous Royal Navy designs”. En español hubiéramos dicho que se trataba de un engendro. En las fotografías que se acompañan pueden apreciarse sus estilizadas líneas, híbrido de caja de zapatos y hangar vagamente hidrodinámico.
Al comenzar los preparativos para el fondeo la flota navegaba proa hacia alta mar, dejando por la popa el punto de fondeo previsto. La formación consistía en diez acorazados y cruceros pesados de unas 10.000 toneladas, acompañados de un buque-aviso, navegando en dos líneas de fila paralelas y con una distancia entre buques en cada línea de 400 yardas. La columna de estribor estaba compuesta por seis unidades, con el “Victoria” en cabeza en funciones de guía de columna y de formación. La columna de babor contaba con cinco unidades y su guía era también el buque de cabeza, en este caso el acorazado “Camperdown”, donde izaba su insignia el bastante más convencional contralmirante Markham, segundo de Sir George.
Aunque no era su estilo, en esta ocasión el vicealmirante Tryon había informado el plan de fondeo a su Estado Mayor. Constaba de dos fases, la primera consistía en formar los buques en dos columnas separadas 1.200 yardas e invertir el rumbo mediante una caída simultánea de 180º de ambas columnas hacia el interior de la formación, manteniéndose ambas líneas de fila al seguir cada buque la estela del precedente.
El HMS Victoria haciendo fuego con su montaje de proa y ahumando a la concurrencia.
Una vez completada esta fase, la formación debería quedar aproada a tierra con la misma distancia entre columnas que la ya existente entre buques, 400 yardas. La segunda fase, ya en las proximidades del fondeadero, consistiría en la caída simultánea de 90º a babor de todas las unidades y, poco después, el fondeo sincronizado de toda la flota en perfecta formación al nuevo rumbo (paralelo a la costa).

Croquis que muestra la formación y distancias de las naves de la flota
El “público” del puerto de Trípoli quedaría con la boca abierta ante una coreografía propia del mejor ballet ejecutada por acorazados. Este plan nos habla de la habilidad y el pragmatismo de su creador, ya que la segunda caída, que sin duda causaría un efecto espectacular vista desde tierra, serviría además al astuto Sir George para disimular posibles errores posicionales en la primera fase, permitiendo a su flota fondear con precisión milimétrica sin necesidad de hacer cosas extrañas con la formación.
El Comandante del “Victoria” había indicado al almirante que una separación inicial entre columnas de 1.200 yardas era insuficiente, y el jefe de estado mayor sugirió prudentemente que 1.600 “estarían mejor”. Aunque en aquel momento el almirante estuvo de acuerdo con 1.600, posteriormente envió a su teniente de bandera con la orden de cerrar la formación a 1.200 yardas.
En el mar, hay ocasiones en que la prudencia con el medio exige ser imprudente con las personas, pero la imprudencia con un Almirante debe ser especialmente difícil en un idioma como el inglés de clase alta, pleno de sobreentendidos y referencias indirectas. En este entorno lingüístico, una afirmación rotunda puede hacer que el mayordomo arroje al exterior con violencia al entrometido, circunstancia que, sin duda, éste verá reflejada en sus informes. En todo caso, “alguien” debería haber sacado al almirante de su pasmoso lapsus, recordándole que, para una evolución “standard”, el diámetro táctico de sus buques era 800 yardas y la distancia correcta 2.000.
Apenas se había izado la señal preventiva para cerrar la formación cuando, a su vista, el jefe de estado mayor indicó al teniente de bandera que forzosamente debía estar en un error, ya que el almirante había indicado 1600 yardas. El mareado teniente volvió al camarote del Almirante y tuvo la osadía de preguntarle si había querido decir 1200 o 1600, indicándole que ya se había izado 1200, a lo que el irritado Almirante le respondió que 1200 era la distancia correcta y que diera la ejecutiva de inmediato.
El HMS “Victoria” visto de través. Se aprecia el montaje doble de proa y lo poco agraciado de su aspecto en general.
La velocidad de la formación se aumentó a cerca de 9 nudos, se dio la ejecutiva y ambas columnas quedaron a la distancia ordenada. Poco después, el Almirante ordenó al teniente de bandera que se izaran dos señales preventivas, una ordenando a la columna de estribor caer 180º a babor en línea de fila y otra con la misma orden para la columna de babor, pero cayendo a estribor. En el puente del “Victoria” esta vez no se escuchó ninguna sugerencia del escarmentado estado mayor y las dos señales fueron izadas.
Pero todavía faltaba alguien por escarmentar. En el puente del “Camperdown”, a 1200 yardas por el través de babor del buque de Sir George, el contralmirante Markham debía repetir la izada como guía de su propia columna. Como posiblemente no se consideraba ningún mago de la táctica, no tuvo empacho en repetirla a media driza para indicar su estupefacción a la concurrencia, al tiempo que ordenaba transmitir “no comprendo la señal” por semáforo luminoso.
Vano intento, la radio estaba por inventarse pero, a corta distancia, Sir George se hacía entender con rapidez. Antes que el semáforo del “Camperdown” transmitiera su mensaje, el contralmirante Markham recibió un doble impacto en su amor propio en forma de señal semafórica (“¿Qué está usted esperando?”) al tiempo que veía izar (¡horror de los horrores!) su propio distintivo en el “Victoria”. Era demasiado hasta para un contralmirante así que anuló el mensaje y, segundos más tarde, su señal izada a tope hacía juego con nueve gallardetes de inteligencia indicando que, en otras nueve unidades, nueve capitanes de navío tampoco tenían nada que sugerir.
Con todo el mundo finalmente de acuerdo, poco después de las 1530 se dio la ejecutiva y los dos buques-guía iniciaron la caída hacia el interior de la formación, donde tras coincidir en su punto intermedio en estricto cumplimiento de las leyes de la geometría, fracasaron estrepitosamente en su intento de burlar las de la física, que no permiten a dos cuerpos ocupar simultáneamente un mismo lugar en el espacio.
En consecuencia, el inevitable espolón del “Camperdown” hizo un agujero de nueve metros cuadrados en el casco del “Victoria”, un trabajo redondo si se tiene en cuenta que acertó a dar con precisión matemática en un mamparo transversal. El “Victoria” se hundió a cinco millas de Trípoli en apenas trece minutos, ayudado por la infinidad de puertas, portas y portillos abiertos aquella tórrida tarde, llevándose con él a 348 hombres y al vicealmirante Tryon, que tuvo la gallardía de asumir toda la culpa de lo ocurrido (“it´s all my fault”) antes de morir ahogado.
Hay que decir en descargo del comandante del “Victoria” (capitán de navío Burke) que tuvo que pedir permiso tres veces para dar atrás con la hélice de babor. El “Camperdown” se salvó por los pelos, pero su “hazaña” no pasó inadvertida a los partidarios del espolón, que seguían en sus trece a las puertas del siglo XX. Ochocientas yardas por la popa del “Camperdown” el acorazado “Sans Pareil”, único gemelo del “Victoria”, ya podía lucir sin faltar a la verdad un nombre que, dadas sus características, ahora tenía doblemente merecido.

El HMS “Camperdown”, a bordo del cual navegaba el contralmirante Markham.
Se ha escrito que el vicealmirante Tryon pudo confundir radio de giro con diámetro táctico. Creemos que, tratándose de Sir George, tal suposición sería una ofensa a su memoria y que su “bloqueo mental” muy bien pudo deberse a un problema médico originado por las altas temperaturas de aquel día. Entre los 357 supervivientes rescatados estaba el segundo comandante del “Victoria”, un empapado capitán de fragata de 33 años que súbitamente se veía en situación de “disponible forzoso” pero que, con el tiempo, llegaría a mandar la “Grand Fleet” en la Batalla de Jutlandia y a convertirse en el Almirante Sir John Jellicoe, primer conde de Jellicoe y Primer Lord del Almirantazgo.
El HMS “Victoria” (a la derecha.) se hunde ante las narices, o más bien ante la popa del HMS “Nile” (a la izda.), que navegaba entre él y el antes citado HMS “Dreadnought”. Puede apreciarse que el buque ha dado la voltereta, mostrándonos la zona del codaste y ambas hélices. Sobre la carena (a babor) se ve a varios miembros de su dotación tratando de no arruinar definitivamente la tarde.
Como ya quedó dicho, hay accidentes y accidentes. La pérdida del almirante de la Flota Británica del Mediterráneo, su buque insignia y media dotación abordados por su segundo “en cumplimiento de lo ordenado”, mientras medio escalafón se miraba atentamente las uñas, es el tipo de accidente que sólo deja dos opciones, un largo silencio o unas larguísimas explicaciones. Con el periódico ya inventado, la opción elegida fue la segunda.
A la llegada de la flota a Malta, y a bordo del HMS “Hibernia”, dio comienzo lo que podríamos llamar la “fase formal” de las explicaciones, con la instrucción del inevitable consejo de guerra al contralmirante Markham por abordar y hundir a su jefe y al capitán de navío Burke, por la pérdida de su buque. Requeridos a justificar lo que un caballero inglés habría descrito como “un extraordinario comportamiento”, su defensa fue de una sencillez rayana en la genialidad.
El contralmirante Markham, ante la inevitable pregunta de por qué aceptó una orden obviamente imposible, respondió que tenía tal fe en su almirante que creía que éste, finalmente, resolvería el problema con alguno de sus “trucos”. Aunque al contralmirante Markham se le ha asignado el papel de “tonto” en casi todas las versiones de esta historia, explicó al Tribunal que Sir George podía finalmente haber hecho caer las dos columnas de modo no simultáneo, o bien hacer caer al “Victoria” con menos grados de caña que al “Camperdown” y, tras cruzar su popa, quedar al nuevo rumbo por la banda de fuera, lo que hubiera constituido una maniobra en verdad sorprendente.
Naturalmente también salió a relucir la “necesidad” de obedecer las órdenes por lo que, a título personal, creemos que la “infinite faith” que los implicados dijeron tener en su almirante facilitó bastante el trabajo de un tribunal consciente del peligroso precedente que una sentencia condenatoria supondría en una institución poco partidaria de someter las órdenes a “juicios críticos”. En consecuencia, el vicealmirante Tryon fue declarado único culpable de lo sucedido, a lo que éste no tuvo nada que alegar. Siempre por delante de sus contemporáneos, ya se había culpado a sí mismo antes de morir ahogado.
Transcurrido más de un siglo, lo ocurrido aquella tarde continúa siendo objeto de explicaciones. Descartadas las basadas en el poco académico recurso de la descalificación global, ataque a instituciones y los etcéteras habituales, queda la pregunta de qué puede acabar simultáneamente con las funciones racionales de todo un grupo de personas formadas y equilibradas. En teoría, la respuesta compete a un psicólogo y, dado lo peculiar del medio, a un especialista en psicología militar. En 1974, Norman Dixon escribió el tratado “On the Psychology of Military Incompetence”. El Dr. Dixon ha sido Oficial del Ejército Británico durante diez años, miembro de la British Psychological Society, Reader de sicología en el University College de Londres y es doctor en filosofía y doctor en ciencias.
Hechas las presentaciones, el Dr. Dixon afirma en la obra citada que “...el Vicealmirante Tryon era el producto de una infancia feliz y segura. Era un hombre tremendamente seguro de sí mismo, afirmativo, franco, autócrata, partidario de una disciplina estricta, pero no un autoritario”, “...era un innovador, con tendencia a destacar profesionalmente, dedicado a aumentar la eficacia y la iniciativa de sus subordinados”, “...se casó con acierto y se preocupó mucho por el bienestar de sus hombres”. Peor librado sale el Contralmirante Markham, que “...había emergido de su infeliz infancia en manos de unos durísimos padres puritanos como un hombre sensible, anormalmente cortés, solitario, obstinado y malhumorado”, “...era un hombre convencional, ansioso, conformista, tradicionalista, dedicado a no meterse en líos y a no disgustar a sus superiores”.
Por si fuera poco, “...era un soltero que parece que jamás gozó de nada que se pareciese a relaciones físicas con un miembro del otro sexo. Su antihedonismo se expresó en forma de sermones dirigidos a sus tropas sobre los males del alcohol y el tabaco. Y esa otra característica de la personalidad autoritaria que es la represión de los impulsos agresivos que era evidentemente lo que impedía a Markham plantar cara a sus superiores, encontró una salida en la matanza de animales salvajes”. La conclusión de Dixon es que “...los dos hombres eran inteligentes, entregados y llenos de conciencia, pero el autoritarismo de uno chocó contra la autocracia del otro con la misma rigidez con que la quilla durísima del Camperdown chocó y rompió el casco más blando del Victoria”.
Fue Sir Francis Bacon quien, hace cuatro siglos, dejó sentado que “si un mismo hecho lo explican varias hipótesis, la correcta es la que contiene menos premisas”. Confesamos que en psicología lo ignoramos casi todo, pero creemos que, desde una perspectiva diferente, cualquier militar de cierta antigüedad sería capaz de construir una hipótesis con menos premisas que la del Dr. Dixon. Desde la óptica civil, la respuesta a una orden imposible es una cuestión baladí (para eso están los sindicatos).
Pero treinta minutos después de entrar en la Escuela Naval, ante una orden aparentemente imposible (¡suba allí!, ¡arrójese desde allá!), puntuaba más surcar los aires con rapidez que argüir sofisticados razonamientos. Es lógico, en los ejércitos la eficacia puede ser literalmente un asunto de vida o muerte y, desde los tiempos de los hititas, se sabe que una organización militar basada en la disciplina es más eficaz que otra basada en la participación colegiada de todos sus componentes en la discusión y redacción de las órdenes a impartir.
Aunque pocos militares profesionales habrá que, en algún momento, no se hayan planteado qué hacer en una situación límite ante una orden realmente “imposible”, costaría trabajo encontrar alguno que ignore la “conveniencia” de cumplir dicha orden salvo que se tengan las cosas muy, pero que muy claras.
Y es así porque, aunque la calificación profesional para juzgar la “imposibilidad” de una orden normalmente es superior en quien la emite que en quien la recibe, existe un argumento definitivo: cualquier componente de un sistema jerárquico que se plantee desobedecer abiertamente una orden “extraña”, es consciente de la abismal desproporción entre el castigo si se equivoca y la (hipotética) “palmadita en la espalda” si obra correctamente. Por irracional que parezca, un sistema jerárquico que estimule los “juicios críticos” de las órdenes recibidas está echando arena en sus engranajes.
Herman Wouk, antes de hacerse famoso como escritor, permaneció embarcado tres años en la Armada Norteamericana durante la campaña del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial. En la edición original de “El motín del Caine”, la obra que ganó el Pulitzer, el teniente de navío Maryk, un competente pero mal informado y peor aconsejado ex-marino civil, releva del mando en un espantoso tifón a su paranoico comandante, definitivamente “inutilizado” precisamente al tratar de obedecer una orden “imposible” de la Flota.
Tras conseguir salvar su buque en un alarde de virtuosismo, y verse enfrentado a un Consejo de Guerra, se queja amargamente a su abogado militar de que el único medio de demostrar lo correcto de su actuación, habría sido no relevar al comandante y permitir que el buque se perdiera, como de hecho les había ocurrido a otros tres peor gobernados. La paradigmática respuesta de su abogado es que otros cuarenta buques más permanecieron a flote sin necesidad de que el segundo relevara al comandante. Aunque se trata de una obra de ficción, la escena es perfectamente ilustrativa de por dónde van los tiros.
Tanto a escala individual como colectiva, en la historia contemporánea es una constante la disparidad de lo que, podíamos llamar, “circuitos lógicos” de civiles y militares enfrentados a un mismo problema. También son una constante las indeseables consecuencias de esta disparidad, desde la mutua incomprensión y desconfianza hasta episodios particularmente traumáticos. Un historiador nos diría que, a partir del siglo XVIII, la sociedad civil ha evolucionado desde el Antiguo Régimen hacia otro de mayores libertades individuales, un proceso en el que las organizaciones militares no han podido participar con la misma intensidad por razones obvias.
En la sociedad civil contemporánea, donde cada componente posee su propio criterio y escala de valores, es difícil comprender las pautas de conducta de las organizaciones militares, donde determinados símbolos y virtudes lo son todo. Por ello, el que en una situación extrema un militar actúe de acuerdo con lo que le ordena su prestigioso y mentalmente bloqueado Almirante e ignore lo que le indican sus ojos, aún a riesgo de morir ahogado, no creo que indique necesariamente una infancia infeliz. En nuestra opinión indica más bien lo que, en medicina, se llama un “reflejo condicionado” y, en el entorno militar, obediencia ciega.
Se enfoque como se enfoque el problema de la obediencia, al final siempre descubrimos que cualquier sociedad que confía un medio de destrucción masiva (llámese acorazado o misil estratégico) a uno de sus componentes valora más la fiabilidad del candidato que su creatividad, virtud ésta que, sabiamente, los dirigentes citados prefieren reservarse en exclusiva y transmitirle a través de la cadena de mando. Puede que como resultado de esta política, la formación de un militar no profundice excesivamente en sutilezas filosóficas y nos deje a merced de ingeniosos polemistas y, en casos extremos como el de esta historia, expuestos a la rechifla general. Pero no debemos engañarnos, el modelo ha funcionado razonablemente bien los últimos cuatro mil años y un acorazado ocasional es un precio asumible ante el horror de otras alternativas. A fin de cuentas, también el cinturón de seguridad es un peligro en sí mismo en el 10% de los accidentes de automóvil, y su ausencia potencialmente mortal en el 90% restante.
Características del HMS “Victoria”
Botado en 1887 en los astilleros de Sir W. G. Armstrong, Whitworth & Co., Ltd., de Newcastle-on-Tyne, Inglaterra. Dio nombre a su clase, compuesta, además por el “Sans Pareil”. Debió llamarse “Renown”, pero antes de su alistamiento se le cambió el nombre por “Victoria”, para festejar el jubileo de los 50 años de reinado de la soberana.
Desplazamiento: 11.020 toneladas. Eslora: 104 metros (340 pies). Manga: 21,30 metros (70 pies). Calado: 8,80 metros (29 pies). Propulsión: Máquina de vapor de triple expansión, 7.500 HP. Velocidad máxima: 16.75 nudos. Tripulación: 700 hombres. Armamento: 2 cañones de 413 mm, de 110 toneladas, Armstrong, en una única torre; 1 cañón de 254 mm; 12 de 152 mm; 12 x 6 pounder 2.7 kg, 6 tubos lanzatorpedos de 356 mm. Coraza: 457 mm en cintura.









Los restos del “Victoria" fueron descubiertos, en septiembre de 2004, por los buzos Christian Francis y Mark Ellyat, a 140 metros de la costa de Trípoli. El casco del buque se encuentra en posición vertical, muy probablemente por el excesivo peso de su torre proel. Los restos fueron declarados cementerio marino, zona de exclusión, y se dispuso que los gobiernos de Inglaterra y Líbano determinaran su estatus legal.
- Conrad, Joseph, “El Espejo del Mar”, Ed. Orbis, Barcelona
- Dixon, N, “Sobre la Psicología de la Incompetencia Militar”, Anagrama, Barcelona
- Gordon, Andrew, “The Rules of the Game”, Naval Institute Press, Annapolis
- Hough, Richard, “Admirals in Colission”
- Humble, Richard, “Battleships and Battlecruisers”, Winchmore Publ. London
- Ireland, Bernard, “Barcos de Guerra”, Ed. Noguer, Barcelona
- Marriot, John, “Disaster at Sea”, Ian Allan Ltd, Shepperton
- Pickford, Nigel, “Atlas of Shipwrecks”, Dorling Kindersley, London
- Wouk, Herman, “The Caine Mutiny”, Jonathan Cape Ltd, London

La clase «Weapon» (o clase Battleaxe, por el buque líder) fue el diseño definitivo de destructor de flota británico de la Segunda Guerra Mundial. Complemento de la gran clase Battle, optimizada para la defensa antiaérea, fue una continuación de los buques de flotilla de emergencia construidos hasta las clases Z y C. La clase Weapon no formó parte del Programa de Emergencia de la Segunda Guerra Mundial, y fue la primera clase posterior a la movilización, con 20 buques planeados, de los cuales solo se pusieron en quilla 13, se botaron 7 y 4 se completaron para el servicio de posguerra. Tenían nuevas turbinas de vapor (que resultaron problemáticas), un mejor sistema antiaéreo montado en el STAAG y fueron adaptados para llevar el nuevo mortero antisubmarino Squid. Pero no fueron los últimos destructores británicos en tiempos de guerra: la clase G, con dos cañones semiautomáticos gemelos Mark VI de 4,5 pulgadas (110 mm), debía mejorar el diseño, pero fue cancelada en 1945.
Así pues, una de las razones pragmáticas por las que se necesitaba una nueva clase de destructores, más allá de los programas de construcción bélica, era esta. Además, el Almirantazgo pensaba que un diseño más pequeño y económico en comparación con la clase Battle, más versátil y con una mejor defensa antiaérea, sería útil en el Pacífico. Muchos también querían mejorar el diseño de la clase C de 1943. Se creía que el casco podía alargarse ligeramente, la manga y el calado ampliarse para recuperar flotabilidad y estabilidad para futuras mejoras, sin dejar de encajar en las gradas anteriores, y el armamento podía revisarse e incrementarse, especialmente el antiaéreo.
Las discusiones a mediados de 1944 sobre el nuevo diseño, una vez acordado su puesta en marcha a partir de finales de 1944, siguieron varias líneas de mejoras:Todos estos puntos se muestran a continuación:
Para
remediar el problema de las salas de máquinas adyacentes anteriores,
consideradas demasiado vulnerables a quedar inutilizadas por un solo
impacto en el centro del buque, el nuevo diseño adoptaría el sistema de
"unidad". Este consistía en salas de calderas y máquinas una al lado de
la otra, con una disposición alternada a babor y estribor. Esto requería
dos chimeneas, la de proa se canalizaba a través del palo mayor (no era
una chimenea de tipo "mack", sino casi), y una pequeña chimenea de popa
entre los tubos lanzatorpedos, lo que le confería una apariencia
inusual y poco elegante, similar a la de los buques de la clase Daring.
Posteriormente, las tripulaciones de los buques de la clase Weapon los
ridiculizaron por considerarlos barcos poco elegantes.
La principal mejora de la clase, sin embargo, fue abordar el problema de la inadecuada defensa antiaérea de las clases anteriores. Por un lado, la adopción de tres montajes dobles Mark XIV de 4 pulgadas proporcionó un mejor armamento de doble propósito, y la batería ligera constaría de dos de los nuevos montajes STAAG (cañón antiaéreo taquimétrico estabilizado) para cañones dobles Bofors de 40 mm, considerados el máximo desarrollo del sistema de puntería semiautomático y asistido. Se colocarían en montajes Mk.II en las alas del puente, ya que la torreta "X" ocupaba espacio en la popa. Sobre el papel, se consideraban el mejor y más avanzado sistema antiaéreo para ese calibre jamás diseñado. También tuvieron un buen desempeño en el campo de tiro. Pero al ser expuestos a las vibraciones del disparo en su montaje final sobre la cubierta del barco, la fiabilidad disminuyó rápidamente, lo que, sumado a su peso de 17 toneladas, degradó significativamente la estabilidad. Todo esto no se hizo evidente en 1944.
Los
cañones principales serían controlados remotamente por un director Mark
VI(M) equipado con radar Tipo 275, lo que permitiría el fuego a ciegas
contra objetivos aéreos. Siguiendo la misma idea, estos nuevos STAAG a
ambos lados utilizaban cada uno su propio radar Tipo 262, además de una
computadora de control de tiro predictivo, y también eran capaces de
atacar objetivos automáticamente a ciegas. Los nuevos buques contarían,
por supuesto, con el mástil de celosía habitual, que soportaría un radar
Tipo 293 más avanzado para la indicación de objetivos como complemento.
Para aumentar la capacidad antisubmarina, se realizó un último cambio en el diseño, eliminando la torreta doble de montaje en "X" en la popa. Solo se conservaron las torretas A y B en la proa. En su lugar, se modificó toda la sección de la estructura de popa para operar los nuevos morteros antisubmarinos "Squid". Sin embargo, los buques Battleaxe y Broadsword se diferenciaron en que perdieron el cañón "B" de tiro superpuesto, en lugar del "X" previsto para los demás. Este último era preferible para la ubicación del "Squid", pero la artillería principal ahora tenía un ángulo muerto evidente en la popa. Esta fue la misma crítica dirigida a la clase Battle.

Dos buques fueron autorizados bajo el Programa de 1942 como
Centaur y Celt, asimilados aún como la clase “CE” anterior, encargados a
Whites de Cowes el 3 de febrero de 1942. Luego fueron reatribuidos a la
clase Weapon y renombrados Tomahawk y Sword. El astillero no tenía
nombres y esto fue llamado en ese entonces el nuevo diseño “Intermedio”.
El Programa de 1943 autorizó posteriormente 17 buques para el nuevo
diseño. Los primeros seis fueron encargados el 2 de abril de 1943:
Battleaxe, Broadsword de Yarrow; Carronade, Claymore de Scotts;
Crossbow, Culverin de Thornycroft. Los siguientes siete fueron
encargados el 24 de abril, solo 20 días después, como Cutlass y Dagger
de Yarrow; Dirk, Grenade y Halberd de Scotts; Howitzer de Thornycroft; y
Musket de White. Los últimos cuatro fueron encargados el 27 de mayo:
Longbow de Thornycroft; Poniard de Scotts; y fusil y lanza de Denny.
Tres fueron cancelados el 22 de noviembre de 1944: granada, alabarda y
puñal. Ocho más el 15 de octubre de 1945 a pesar de su avance: espada,
claymore, daga, puñal, obús, arco largo, mosquete y lanza. Otros cuatro
fueron cancelados el 23 de diciembre de 1945, carronada, culebrina,
sable y fusil, desguazados en el muelle.
La
clase Weapon era ligeramente más larga que la clase C anterior, con 365
pies (111 m) de eslora total y 341,5 pies (104,1 m) entre
perpendiculares frente a 362 pies 9 pulgadas/339 pies 6 pulgadas. De
110,5 a 111 metros, eso fue, sin embargo, "solo" 50 cm. En manga, sin
embargo, fue más sustancial, 38 pies (12 m) frente a 35 pies 9 pulgadas
(10,90 m), es decir, un aumento de un metro y 10 centímetros. Se podía
instalar mucho con esa flotabilidad adicional, incluso si esto degradaba
la relación eslora-manga. El calado también se portó de 10 pies (3,05
m) a 14,5 pies (4,4 m), un aumento de un metro y 40 cm fue aún más
impresionante, pero de nuevo, a expensas de la velocidad, que ya no era
el criterio principal. Esto se acompañó de un desplazamiento mucho
mayor, de 1980 toneladas en configuración estándar y 2825 toneladas a
plena carga, en comparación con las 1710 toneladas largas (1740 t) en
configuración estándar y las 2530 toneladas largas (2570 t) a plena
carga. El diseño general era el mismo que el de los destructores
anteriores, con una proa inclinada, popa de espejo, cascos de formas
completas que maximizaban el espacio interior y el mismo diseño de
puente. Había menos ojos de buey y más iluminación eléctrica.

Aparte de la nueva disposición precisada anteriormente, que
fue posible en parte gracias al casco ligeramente más largo y la manga
mucho mayor de las unidades, y a los nuevos tipos de turbinas, la
potencia final no cambió mucho. Las turbinas de vapor de doble reducción
Parsons eran más compactas e introdujeron una nueva disposición de las
etapas de alta presión (HP) y baja presión (LP) para una menor
degradación. Sin embargo, la gestión de las tuberías de vapor era
claramente defectuosa y requirió cambios después de las pruebas en todos
los buques. Estas se alimentaban mediante dos calderas de tubos de agua
Foster-Wheeler estándar que operaban a mayor presión y temperatura
(superiores a 300 lb/pulg² (2100 kPa) a 630 °F (332 °C), según la
investigación).
La
velocidad máxima resultante fue de 31 nudos (57 km/h), en comparación
con los 36 nudos en las pruebas, 32 nudos a plena carga de sus
predecesores. Con 280 toneladas adicionales, un casco más profundo y
ancho y la misma potencia en un paquete más pequeño, la pérdida de
velocidad no fue tan grande, pero esto fue criticado. Después de su
conversión DE de 1958-59, el calado aumentó a 4,50 metros a plena carga y
el desplazamiento alcanzó las 2.935 toneladas a plena carga, por lo que
la velocidad máxima para entonces probablemente ahora sea de alrededor
de 30 nudos, incluso 29 a plena carga con desgaste. En cuanto al
alcance, la clase Weapon transportaba 620 toneladas de fueloil para un
alcance de 5.000 millas náuticas (9.300 km) a 20 nudos (37 km/h), mejor
que sus predecesores de 4.675 millas náuticas (8.658 km; 5.380 mi) para
615 toneladas de fueloil.

Tres
cañones gemelos de 4 pulgadas, calibre 45, montados en un afuste Mark
XVI, dos a proa y uno a popa, controlados por el director de tiro de
corto alcance MRS-1 (CRBF). Inicialmente, se trataba de un cañón naval
de baja velocidad de 40 calibres de 1938, utilizado para armar buques de
guerra pequeños como las corbetas de las clases Bathurst y Castle o las
fragatas de la clase River. Este cañón, en comparación con el Mark IX,
tenía un proyectil de 35 libras (16 kg) y un montaje de gran ángulo que
le proporcionaba cierta capacidad antiaérea o para disparar bengalas e
iluminar un objetivo por la noche (en la Segunda Guerra Mundial, un
submarino U-Boote que emergía). Muchos de estos cañones estaban
disponibles procedentes de fragatas y corbetas desechadas de la Segunda
Guerra Mundial. Utilizaron un bloque deslizante horizontal para elevar
el proyectil de -10° a +60° y dispararon ese proyectil de alto explosivo
a una velocidad inicial de 396 metros por segundo (1300 pies/s) hasta
8870 metros (9700 yardas) a +40°.

Reconocible
por su escudo grande y voluminoso, y antena de radar detrás de los
cañones en un montaje superior, estos tenían una longitud de cañón de
2,25 m, cargador de 4 ds para la misma cadencia de fuego de 156 disparos
por minuto. El montaje del cañón antiaéreo tacométrico estabilizado
(STAAG) Mark II se creó a partir de dos cañones OQF Mark X de 40 mm
simétricos uno al lado del otro. Con 17,8 toneladas, este fue uno de los
montajes antiaéreos más complejos y pesados de su tiempo, aparte de
los montajes de 6 del HMS Vanguard y los cruceros proyectados, y tenían
su propio sistema de estabilización estabilizado triaxialmente,
estabilizado como el Hazemeyer, pero usando un sistema diferente y más
complicado, ya que estaba estabilizado en dos ejes, pero con el tercero
por deflexión lateral.
También
importante, montado en la parte trasera izquierda, se encontraba el
radar Tipo 262, con radar de seguimiento y telémetro independientes, que
proporcionaba a las computadoras de a bordo datos del objetivo que
podían utilizarse para predecir sus movimientos. Por lo tanto, se
consideraba muy preciso, más que el Hazemeyer. Los cañones estaban
refrigerados por agua, con sus propias bombas para hacer circular el
agua a través de las camisas de agua, y el montaje en sí era hidráulico,
tanto en elevación como en giro a una velocidad de 35°/s, con un
generador de respaldo a bordo en caso de corte de energía. En teoría,
constituían el mejor sistema antiaéreo Bofors del mundo. En la práctica,
eran demasiado frágiles y las vibraciones, así como la propia
resonancia del buque, arruinaban su fiabilidad. En caso de guerra,
habrían tenido un rendimiento deficiente y su vida útil fue corta.
Los buques aún conservaban dos bancos de cuatro tubos lanzatorpedos, lo cual no fue criticado cuando se tomó la decisión de construir el nuevo buque a mediados de 1944, dado que la guerra en el Pacífico estaba lejos de terminar, al igual que la flota de superficie de la Armada Imperial Japonesa. Se podrían haber utilizado tubos antiguos del Mark IX o del Mark XI, pero parece que solo se instalaron estos últimos.
3732 lb (1693 kg), longitud 286,5 in (7,28 m), ojiva de torpedo de 810 lb (370 kg), ajustes de 11 000 yd (10 000 m) a 41 nudos (76 km/h), 15 000 yd (14 000 m) a 35 nudos (65 km/h) y propulsado por calentador húmedo.

Además
de entre 50 y 150 DC en popa, ya sea en soportes o lanzadores, los
buques fueron los primeros destructores británicos equipados casi desde
el principio, aunque esto se decidió después de que se pusieran en
quilla y se omitió la torreta doble de 4 pulgadas de popa, luego se
modificó la sección de popa. El SQUID MORTAR/BOMB – Mk IV era un mortero
antisubmarino británico montado en buques a finales de la Segunda
Guerra Mundial compuesto por tres tubos con elevación limitada, que
lanzaba cargas de profundidad preestablecidas automáticamente,
reemplazando al Hedgehog. La clase Tobruk lo tenía instalado en la popa
de estribor. Todavía estaba presente en el HMAS Anzac en 1968 y al final
de su servicio, a pesar de que hacía tiempo que había sido reemplazado
por el Limbo en el Reino Unido. En resumen, el Squid lanzó 390 libras
(177 kg) de DC rematadas con una carga de minol de 207 libras (94 kg)
que tenía una velocidad de hundimiento de 43,5 pies/s (13,3 m/s), una
espoleta de tiempo de relojería con actualizaciones de último momento y
una profundidad máxima de 900 pies (270 m), creando un patrón triangular
de aproximadamente 40 yardas (37 m) de ancho, 275 yardas (251 m) por
delante del barco.
Radar de alerta temprana de superficie marina de pequeño tamaño (1943). Frecuencia 2950 ±50 MHz (banda S), PRF 500 Hz, ancho de haz 6,2°, ancho de pulso 1,8 o 0,7 μs, 16 rpm. Alcance de 1 a 11 NM (1,9–20,4 km). Diámetro de la antena 1,4 m (4,5 pies), azimut 360°; precisión 2°, alcance de 250 yardas. Potencia máxima 500 kW. También conocido como Tipo 276 y 293.
Radar
de indicación de objetivos, instalado a partir de 1945. Modelo de
búsqueda aérea de corto alcance para buques de superficie, mismo
transmisor que el radar de búsqueda de superficie Tipo 277, pero con un
nuevo diseño de antena para una mejor cobertura sobre el buque y para
alerta aérea. Antena tipo "queso", de 1,8 m (6 pies) de diámetro,
posteriormente mejorada a 2,4 m (8 pies) en el Tipo 293P y a 3,7 m (12
pies) en el Tipo 293Q de la Guerra Fría. El Tipo 293M tenía una antena
AUR, para una potencia máxima de 500 kW, una frecuencia de 2997 MHz y
una longitud de onda de 100 mm.
Diseñado como radar de búsqueda para destructores y submarinos, entró en servicio en 1942. Contaba con antenas combinadas de transmisión y recepción. Se instalaba una antena tipo 291M, P o Q con indicador de posición y de potencia, pero la variante W tenía antenas diferentes.
El
radar FCS no crucero más grande, lo que hace que estos Battle Class
sean bastante únicos. Sin embargo, hubo serios problemas con las
entregas. Ubicado en la parte superior de la torre de control de tiro,
antenas transmisoras y receptoras separadas en dos góndolas de la torre,
con aire acondicionado. Escaneo cónico solo en recepción para
distancia, rumbo y elevación precisos. La antena transmisora irradia
un diagrama con 6° de ancho, 8.2° de altura y la antena receptora es
simétrica, 6.8° de ancho, excéntrica al diagrama transmisor.
Frecuencia: 3450 a 3614 MHz banda F. PRF 500 Hz, ancho de
pulso 0.5 µs, potencia pico 400 kW, alcance 16 NM (30 km), ancho de haz
7°.
Este
radar centimétrico Tipo 262 era capaz de fijar un objetivo y elevar y
girar directamente el montaje del cañón, lo que limitaba la acción de
los operadores. El Mark I tenía su antena de radar directamente sobre
los cañones, lo que la hacía vulnerable a los daños durante el disparo.
El STAAG Mark II la trasladó al techo de la cabina de control, pero
seguía siendo frágil y se degradaba rápidamente al disparar. Tras la
guerra, el STAAG fue reemplazado por el montaje Mark V, más ligero y
sencillo, y su equipo de control de tiro asociado se ubicó de forma
remota. Posteriormente, fue reemplazado por el Mark VII y, finalmente,
por el sistema de misiles GWS20 Seacat.
Estos sonares Tipo 170B y Tipo 174, montados en el casco, se complementaban entre sí y estaban asociados al misil Squid y, posteriormente, al mortero LIMBO. Utilizaban cúpulas independientes para cubrir todos los ángulos; el Tipo 170 era el sonar de haz de ataque (10 grados, si no recuerdo mal) y el Tipo 174 o "Espada" era un sonar de profundidad (alcance inclinado) y de búsqueda de alcance medio.

Perfil de la clase Weapons, tal como fue convertida en patrulla de radar después de la guerra.
presupuesto |
|
| Desplazamiento | 1.980 toneladas (estándar), 2.825 toneladas (lleno) |
| Dimensiones | 365 x 8 x 14,5 pies (111 x 12 x 4,4 m) |
| Propulsión | 2 ejes Parsons DRGST, 2 calderas Foster-Wheeler WT: 40.000 shp (30.000 kW) |
| Velocidad | 31 nudos (57 km/h) |
| Rango | 630 toneladas de petróleo, 5.000 millas náuticas (9.300 km) a 20 nudos (37 km/h) |
| Armamento | 2×2 QF 4 in/L/45 Mk.XVI, 2×2 STAAG Mk.II, 2×1 Mk.III Bofors, 2×5 TT, 2 x Squid ASWRL |
| Sensores (1947) | Tipo 293M TIR, Tipo 291 AWR, Tipo 275 FCR (Director Mk. VI(M), Tipo 262 STAAG. |
| Multitud | 234 (256 en Battleaxe) |

Tras la guerra, esta clase de buques se convirtió en una
rareza y fue dada de baja en 1956, mientras el Almirantazgo decidía qué
hacer con ellos. Se optó por convertirlos en buques de dirección aérea
(A/D) de flota rápida para acompañar a la fuerza de ataque de
portaaviones. Entre 1958 y 1959, los cuatro buques terminados
funcionaron esencialmente como patrullas de radar. También servían como
destructores de cobertura antiaérea, pero su función principal, derivada
de la experiencia de la Armada estadounidense en el Pacífico, era la de
dirigir la cobertura de cazas a larga distancia. Se trataba solo de una
medida transitoria, ya que la clase Battle, de mayor tamaño, se
modificaría para esta función; por lo tanto, como solución provisional,
la clase Weapons tuvo una conversión más "austera" (véase más abajo). Y
el buque de patrulla de radar desapareció con la aparición de radares de
largo alcance más potentes.
-Radar Tipo 965 de vigilancia, conjunto de antenas AKE-1. En una nueva celosía en la popa.
-Radar Tipo 293Q de indicación de objetivos
-Radar Tipo 262R de control de tiro en director MRS-8 (Mejora para los cañones principales)
-Radar Tipo 262 STAAG de control de tiro (mantenido).
-Radar Tipo 974 para cobertura general
-Sonar Tipo 170/174, igual que antes, pero actualizado para el Limbo Mark 10.
-Sistema ECM UA-3, una novedad, primer kit de guerra electrónica para destructores convencionales.
El gran mástil de celosía en el centro del buque se instaló para soportar el robusto radar de largo alcance Tipo 965, equipado con una antena de matriz AKE-1 de una sola pieza. Todos los tubos lanzatorpedos fueron retirados y reemplazados por oficinas de radar. El director también fue reemplazado por un sistema MRS-8 más ligero, lo que permitió compensar el peso en la parte superior asociado con el Tipo 965. Los cañones se estandarizaron en la popa, con todos los cañones en la proa. El radar de determinación de altura fue omitido, ya que el nuevo radar de dirección de aeronaves de los Battles lo poseía.
El armamento final seguía compuesto por dos cañones de proa de 102 mm o 4 pulgadas/45 Mk 19, dos cañones gemelos STAAG Mk 2 de 40 mm/60, dos cañones individuales 40 mm/60 Mk 9, sin tubos lanzatorpedos y dos lanzacohetes antisubmarinos triples Squid Mk 4 de 12 pulgadas (305 mm). El caso del Scorpion es diferente, ya que su par de Squid de popa fue reemplazado por un único lanzacohetes antisubmarinos triple Limbo Mk 10 de 305 mm. La tripulación pasó de 286 a 234 hombres. Después de la conversión de la clase Battle, pasaron directamente a la reserva hasta su venta a BU.

El Battleaxe (D118 en 1959) fue el primero de su clase,
encargado a Yarrow and Company, Scotstoun en 1942, puesto en quilla el
22 de abril de 1944, botado el 12 de junio de 1945 y completado el 23 de
octubre de 1947. Se convirtió en el líder de la Flota Nacional, 6.ª
Flotilla de Destructores (6DF), que se completó gradualmente con los
únicos cuatro destructores de la clase Weapon jamás construidos. Entre
1946 y 1949 estuvo bajo el mando de Charles Madden. En 1953, participó
en la Revista Naval para celebrar la Coronación de la Reina Isabel II.
En 1955 realizó un despliegue en la Flota del Mediterráneo, de abril de
1955 a marzo de 1956, pero no participó directamente en la crisis de
Suez. Más tarde, en 1956, fue dado de baja y puesto en reserva como su
buque gemelo, a la espera de una decisión del Almirantazgo sobre su
destino.
En 1957, al igual que su hermana, se decidió: fue seleccionada para su conversión a patrullera de radar. El Battleaxe fue el primero en comenzar la conversión, en el astillero de Rosyth: se retiraron los tubos lanzatorpedos, se instaló un nuevo mástil de celosía para un radar de búsqueda aérea de largo alcance Tipo 965 y se habilitaron superestructuras para equipos y operadores adicionales. Los morteros Squid reemplazaron la torreta "X" y se instaló un sistema de control de tiro más moderno. Fue puesta nuevamente en servicio en febrero de 1959 y se unió al nuevo 2.º Escuadrón de Destructores del Mediterráneo, donde prestó servicio hasta abril de 1960. Fue transferida de regreso a casa, asignada al 5.º Escuadrón de Destructores y, entre otras cosas, asumió patrullas de protección pesquera.
El 25 de agosto de 1960, mientras realizaba pruebas de vapor limitadas en puerto tras una breve reparación, amarrada junto al minador Apollo en Portsmouth. Sin embargo, un error provocó una salida excesiva de vapor y avanzó rápidamente, rompiendo las amarras del Apollo, que a su vez colisionaron con la fragata Wakeful, liberándose de sus amarras y golpeando el cajón de la entrada de un dique. La proa del Apollo necesitó reparaciones, y la Wakeful sufrió deformaciones en las planchas debido al impacto. El cajón también necesitó reparaciones. La noche del 18 al 19 de septiembre, estaba atracada en Londonderry para una reparación limitada, a punto de zarpar para un ejercicio, cuando un tripulante cortó por error el cable de alimentación del radar Tipo 965. Averiada, la nave tuvo que trasladarse a Rosyth para reparaciones y el responsable fue juzgado, se declaró culpable y fue condenado a 18 meses de prisión, siendo destituido con deshonor.
El 1 de agosto de 1962, durante un ejercicio nocturno en el estuario del Clyde, el Battleaxe colisionó con la fragata Ursa (tipo 15) cuando esta la embistió, creyendo que con una maniobra completa el Battleaxe tendría tiempo de evitar la colisión, pero no contaba con su planta motriz. Era demasiado lenta para evitarla. Su casco sufrió graves daños (sin víctimas), hasta el punto de que la inspección reveló que su reparación no sería rentable. El Almirantazgo decidió mantenerla amarrada en Rosyth, a la espera de su desguace. El incidente no se atribuyó a la lenta respuesta de la maquinaria, sino a la incapacidad de anticipar adecuadamente la situación y evitar la colisión con la fragata. Como resultado, el comandante y dos oficiales fueron reprendidos oficialmente por un consejo de guerra. Posteriormente, fue vendida para desguace y remolcada a la compañía Blyth Shipbuilding Company para su desguace el 20 de octubre de 1964.
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El
HMS Broadsword, un destructor de la clase Weapon, fue construido por
Yarrow en Scotstoun en el marco del Programa de Guerra de 1943 y
finalizado en 1948. Prestó servicio en aguas británicas hasta 1953,
cuando pasó a la reserva. La fotografía lo muestra tras su conversión en
buque de patrulla de radar entre 1957 y 1958. Operó en aguas británicas
y del Mediterráneo hasta 1963, y finalmente fue desguazado en 1968.
El Broadsword fue el segundo de su clase (el D31 en 1959), encargado a Yarrow and Co. Scotstoun, su construcción comenzó el 20 de julio de 1944 pero se suspendió en 1945, se reanudó y se botó el 5 de febrero de 1946 para su finalización el 4 de octubre de 1948. Entró en servicio el 17 de septiembre, realizó pruebas de mar y permaneció en dique seco durante mucho tiempo para la subsanación de defectos, con un taller de electrónica instalado en el astillero de Chatham, en noviembre y hasta diciembre de 1948.
Luego se unió a la 6.ª Flotilla de Destructores de la Flota Nacional y a sus otros buques gemelos el 29 de diciembre. El 25 de marzo de 1949, disparó accidentalmente sus cañones de 4 pulgadas mientras estaba atracada en Portsmouth y el proyectil pasó sobre la ciudad de Portsmouth y cayó al mar. De septiembre a diciembre de 1949 fue reacondicionada en Chatham. Posteriormente, se reacondicionaron sus sistemas de sonar y eléctricos en Portsmouth entre abril y mayo de 1950. El 14 de enero de 1951, se produjo un incendio a bordo; un marinero murió por inhalación de humo mientras lo combatía. Un segundo marinero resultó herido al intentar rescatarlo.
En abril de 1953, el Broadsword pasó a la reserva en Chatham. Fue reemplazado en el 6.º Escuadrón de Destructores por el HMS Comet. Posteriormente, en abril de 1955, fue transferido de Chatham a Portsmouth como buque de patrulla marítima (HP), permaneciendo aún en reserva. En 1957, fue reacondicionado y convertido en buque de patrulla de radar, complementando a las nuevas fragatas de la clase Salisbury. El Broadsword fue convertido en Rosyth hasta su puesta en servicio nuevamente en octubre de 1958, asignado al 7.º Escuadrón de Destructores, alternando entre aguas territoriales y del Mediterráneo. Fue dado de baja en 1963.
El Cutlass fue encargado a Yarrow and Co. Scotstoun, su construcción comenzó el 28 de septiembre de 1944, fue botado el 20 de marzo de 1946 pero nunca se completó y se canceló el 23 de diciembre de 1945, siendo desguazado en Troon en 1946.
El Dagger fue encargado a Yarrow and Co. Scotstoun, su construcción comenzó el 7 de marzo de 1945, nunca fue botado y su encargo se canceló el 23 de diciembre de 1945, siendo desguazado en seco.

El Crossbow fue el primer buque encargado a John I.
Thornycroft and Co. Woolston, cuya quilla se colocó el 26 de agosto de
1944, se botó el 20 de diciembre de 1945 y se completó el 4 de marzo de
1948. Se unió a la 6.ª Flotilla de Destructores (y posteriormente
Escuadrón), Flota Nacional, y a sus tres buques gemelos de la clase
Weapon. En 1953, participó en la Revista Naval, con motivo de la
Coronación de la Reina Isabel II en Spithgead. En 1955, fue reemplazado
en el 6.º Escuadrón de Destructores por el HMS Contest y enviado a la
reserva. En 1957, fue seleccionado, al igual que su gemelo, para una
remodelación y conversión en buque de patrulla de radar como complemento
de las nuevas fragatas de la clase Salisbury. El Crossbow fue
convertido en el astillero de Chatham en 1958 y puesto de nuevo en
servicio en 1959, siendo asignado al 2.º Escuadrón de Destructores.
También estuvo presente en las Jornadas Navales de Chatham en abril de
1960.
Sin embargo, su servicio fue breve, ya que solo tres años
después de su puesta en servicio, en 1963, pasó a la reserva operativa.
En 1966, relevó al destructor HMS Solebay como buque escuela portuario,
en la base terrestre HMS Sultan. A principios de 1970, el HMS Diamond la
dio de baja, la incluyó en la lista de desguace, la vendió a Thos. W.
Ward y la desguazó en Briton Ferry, siendo remolcada hasta aquí el 21 de enero de 1972.
El Culverin fue encargado a Thornycroft, su construcción comenzó el 27 de abril de 1944, se suspendió en 1945, se botó en marzo de 1946 para liberar el dique seco, nunca se completó y fue desguazado en Grays en 1946.
El obús fue colocado en Thornycrift el 26 de febrero de 1945, nunca fue botado, su construcción fue suspendida, luego cancelada el 15 de octubre de 1945 y desguazado en el astillero.
El Longbow fue colocado en los astilleros de Thornycroft el 11 de abril de 1945, pero nunca fue botado. Su construcción se suspendió en 1945, luego se canceló el 15 de octubre de 1945 y fue desguazado en el astillero.

El Scorpion se llamaba inicialmente Tomahawk, y antes de
eso fue uno de los últimos destructores del programa de emergencia de la
clase Ce de 1942, el HMS Centaur. En 1958 su gallardete cambió a D64.
Fue el primero en ser puesto en quilla en J. Samuel White, Cowes, el 16
de diciembre de 1944, la construcción se suspendió en 1945, pero no se
canceló, fue seleccionado y los trabajos se reanudaron después de la
guerra, fue botado el 15 de agosto de 1946 y completado el 17 de
septiembre de 1947.
Su cambio de nombre fue resultado del pesar del Almirante
de la Flota, Vizconde Cunningham, quien expresó su tristeza por la
pérdida del Scorpion original, que fue su primer mando en 1910, y la
transferencia del nuevo HMS Scorpion (G72) a la Marina Real de los
Países Bajos. Así, el comité de nombres de buques del Almirantazgo
renombró el HMS Tomahawk como Scorpion. Esto era más "británico"
también, como una forma medieval de balista, más apropiada para la clase Weapon que las armas de los nativos americanos que los "casacas rojas"
solían usar en el pasado...
Tras su puesta en servicio, fue asignada a la 6.ª Flotilla de Destructores y
a sus otras hermanas de la clase Weapon. En 1953, estuvo presente en la
Revista Naval de la Coronación de la Reina. En 1954, el Scorpion fue
reacondicionado con el mortero de cargas de profundidad Limbo en lugar
de sus dos Squids. Esto fue una prueba de modernización, pero por
motivos de reducción de costes, no se implementó en los demás. Fue
asignada a la Flota del Mediterráneo como sus hermanas en 1955 y 1956,
pero su base principal permaneció en el Reino Unido. No participó en la
crisis de Suez. A finales de 1956, fue puesta en reserva como excedente.
En 1957, fue seleccionada para su conversión en un piquete de radar,
que se realizó en el astillero de Devonport. También fue el último buque
de la clase Weapon en volver a ponerse en servicio en 1959, asignado
solo al 7.º Escuadrón de Destructores. Los cuatro, de hecho, añadieron
orgánicamente sus capacidades en diferentes escuadrones. Estuvo en
servicio activo hasta que fue puesta en reserva en abril de 1963 tras su
desmantelamiento. Sin embargo, posteriormente se utilizó para ensayos
de explosivos submarinos en Rosyth, volvió a ser puesta en reserva,
hasta que fue dada de baja y vendida por BU a P. & W. MacLellan,
desguazada en Bo'ness en junio de 1971.
El Sword fue encargado inicialmente como un destructor adicional de la clase Ce, llamado HMS Celt. Su construcción comenzó el 17 de septiembre de 1945 en White, pero no llegó a ser botado, se suspendió y canceló el 15 de octubre de 1945, y finalmente fue desguazado en el astillero.
Se planeaba comenzar la construcción del Musket en el astillero White, pero nunca se inició y se canceló el 15 de octubre de 1945.
El Lance pasó a llamarse Rapier según lo ordenado, pero esto pronto quedó en suspenso, ya que fue cancelado el 15 de octubre de 1945 sin que se le asignara ningún gallardete.
El Carronade fue encargado a Scotts Shipbuilding & Engineering Company, Greenock, su construcción comenzó el 26 de abril de 1944, pero se suspendió al cancelarse el 23 de diciembre de 1945. Fue botado el 4 de abril de 1946 para salir del dique seco y remolcado para su desguace en Troon en 1946.
La construcción del Claymore estaba prevista por Scotts, pero nunca se llegó a iniciar, sino que se botó y se canceló el 15 de octubre de 1945, aunque algunos elementos fueron desguazados en el astillero.
Dirk corrió una suerte similar: fue encargado a Scotts, se le atribuyó un banderín, pero se canceló el 15 de octubre de 1945, sin que se llegara a botar ni a utilizar.
También se encargó una granada a Scotts, pero el pedido se canceló el 22 de noviembre de 1944 y nunca se fabricó.
También se encargó el Halberd a Scotts, pero el encargo se canceló el 22 de noviembre de 1944 y nunca se llegó a construir.
El avión Poniard también fue encargado a Scotts, pero su construcción se canceló el 22 de noviembre de 1944 y nunca se botó.
El buque Rifle fue botado en los astilleros William Denny & Bros. de Dumbarton el 30 de junio de 1944, pero su construcción se canceló el 27 de diciembre de 1945 y fue desguazado en el astillero.
El barco Spear fue botado en los astilleros William Denny & Bros. de Dumbarton el 29 de septiembre de 1944, pero su construcción se canceló el 27 de diciembre de 1945 y fue desguazado en el astillero.
Excelentes en teoría, pero completadas después de la guerra, las armas solo podían considerarse una hipótesis sobre su papel en tiempos de guerra contra los kamikazes a principios de 1946. Sin embargo, presentaban varios problemas que solo se harían evidentes en la práctica, en comparación con sus innovaciones teóricas: en primer lugar, los nuevos STAAG solo eran excelentes en teoría y en el campo de tiro, pero las vibraciones, combinadas con componentes sensibles, los convirtieron en tanques mucho menos fiables de lo previsto. Además, su peso final de montaje de 17 toneladas, situado en la parte delantera, degradaba significativamente la estabilidad y aumentaba el balanceo. Fueron una gran decepción en la posguerra y su servicio se interrumpió en la década de 1950, siendo reemplazados en la mayoría de los casos por montajes más clásicos.
Otra revelación se refería a las nuevas y problemáticas turbinas de vapor de Parsons: los únicos cuatro buques que se completaron mostraron problemas en las pruebas, pero aún más en servicio: su maquinaria reveló numerosos fallos de diseño. Esto se solucionó eliminando la alimentación de vapor a la mitad inferior de la turbina de inversión, aunque esto redujo a la mitad la potencia de inversión. La consecuencia fue que estos buques eran lentos para desacelerar y su maniobrabilidad era deficiente. Esto tuvo graves consecuencias para el HMS Battleaxe: cuando la fragata Ursa en el Clyde se le acercó a gran velocidad, embistió al destructor, incapaz de maniobrar con la suficiente rapidez. Esto ocurrió en 1962 y los daños fueron tales que se le dio por perdida por completo.