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sábado, 25 de abril de 2026

Malvinas: Historial operativo de la PNA

Síntesis de la labor cumplida por la Prefectura Naval Argentina en el área Malvinas

  • Bajas, heridos, unidades asignadas y material perdido.

REVISTA GUARDACOSTA

 

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:


Grupo Terrestre:

El 16 de abril de 1982 arribaron a las islas el personal superior y subalterno que constituyó la avanzada de la Prefectura Islas Malvinas, la que se habilitó desde esa fecha mediante el ejercicio del poder de policía naval que le compete a la Prefectura Naval Argentina en el archipiélago austral (ley 18.398 art. 4, inc. b y arts. 5 y 6; ley 18.711, art. 9, inc. b), componente terrestre que estuvo a cargo del prefecto Francisco Manuel Martínez Loydi.

Complementaban aquella labor policial el personal superior del grupo guardacostas (GC-82 "Islas Malvinas" y GC-83 "Río Iguazú") y cinco cabos procedentes de la agrupación "Albatros", grupo que se instaló en Puerto Argentino, ocupando un edificio existente en el acceso al muelle de la gobernación, que junto con carpas allí levantadas conformaron el asiento provisorio de la dependencia, izándose el mismo día el Pabellón Nacional y el distintivo de la Prefectura Naval Argentina por primera vez en las Islas Malvinas. El personal de la dependencia, además de brindar seguridad a las instalaciones portuarias y buques amarrados, también cumplía misiones asignadas a bordo de los guardacostas en patrulla.

Los servicios policiales específicos de la institución se cumplimentaron dentro de las posibilidades que los medios disponibles y las circunstancias emergentes de las operaciones bélicas lo permitían, pudiéndose destacar entre otras, el practicaje realizado a buques mercantes de la empresa ELMA como el "Formosa" y el "Río Carcarañá" en el acceso a Puerto Argentino, generalmente en condiciones meteorológicas adversas, con la permanente amenaza del ataque enemigo, debiendo los guardacostas guiarlos a través de zonas minadas. También se dio entrada y salida a los buques, controlando la seguridad de su amarre o fondeo, tránsito portuario y navegación, pudiéndose destacar entre aquellos el despacho de salida formalizado al buque "Formosa" el 1° de mayo a las 11.35 horas, cuando arreciaba un fuerte bombardeo y ametrallamiento sobre Puerto Argentino.

El 19 de mayo se verificó el fallecimiento del marinero Jorge Eduardo López, asignado a la dotación de la Prefectura Islas Malvinas, quien a cargo de un vehículo doble tracción sigla "CTR TT-24" y de pertrechos para esa dependencia, se hallaba a bordó del buque "Isla de los Estados", cuando fue atacado y hundido mientras navegaba por el Estrecho de San Carlos. Fue ascendido con aquella fecha a cabo segundo "post mortem", mereciendo su accionar la condecoración "La Nación Argentina al Muerto en Combate".

Una misión destacada le cupo a los guardacostas al concretar el patrullaje de las aguas argentinas en tales condiciones, realizando tareas de búsqueda y rescate, especialmente de los pilotos que se eyectaban de sus aviones y caían al mar. En colaboración con la Dirección Nacional de Migraciones, la Institución autorizaba los casos especiales de embarque, desembarque o transbordo de tripulantes -con la oportuna comunicación a aquel organismo-, hasta tanto se efectivizara la delegación de las funciones migratorias.

En su relación con el ámbito civil autóctono, la dependencia a través de los patrullajes marítimos tomaba contacto con los asentamientos más alejados, llevando correspondencia, alimentos y medicamentos, posibilitando las eventuales evacuaciones sanitarias o el auxilio a los pobladores ante cualquier siniestro.

Con la finalización de la guerra el 14 de junio, el personal propio embarcó en el buque "Almirante Irízar", que zarpó de Puerto Argentino con destino a Comodoro Rivadavia el 16 de junio a las 1400 horas, con el sinsabor del resultado adverso de entonces, pero con la esperanza de que en un día no muy lejano vuelvan a flamear el Pabellón Nacional y el distintivo de la Institución al rehabilitarse la Prefectura Islas Malvinas,

Grupo Aéreo:

Fueron asignados al área (Aeropuerto de Puerto Argentino -Teatro de Operaciones Islas Malvinas) los aviones Short Skyvan PNA "PA-50" y "PA-54" y el helicóptero Puma "PA-12". Con anterioridad el "PA-54" había efectuado apoyo aéreo a la navegación de los guardacostas "Islas Malvinas" y "Río Iguazú" hacia las islas. Junto con las otras aeronaves mencionadas, realizaron en el continente vuelos de control de frontera en la isla de Tierra del Fuego, traslado de cargamento entre Río Grande, Río Gallegos y Ushuaia, búsqueda y rescate, etc. Tales unidades actuaron en Malvinas desde el 30 de abril al 15 de mayo, del 21 de abril al 6 de mayo y del 16 de abril al 9 de mayo de 1982 respectivamente. La valiente intervención de nuestra aviación en el campo de batalla es obvia. Esto lo confirman las misiones extremadamente riesgosas que consistían en el avistaje directo sobre los barcos ingleses.   

Tanto los aviones como el helicóptero de la Prefectura, emprendían vuelos rasantes hasta lograr avistar la flota enemiga. Cabe consignar que en varias oportunidades estas máquinas se vieron entre dos fuegos: el del enemigo y de la artillería de la costa. Todas estas misiones fueron consideradas con admiración por los hombres que se encontraban en el conflicto. También efectuaron reconocimientos aéreos, traslado de personal, alimentos y municiones, salvamento, barridos de radar para detectar blancos navales enemigos y tareas de búsqueda y rescate de aeronaves argentinas. Como consecuencia de las operaciones, fue totalmente destruido el avión "PA-50", mientras que el avión "PA-54" y el helicóptero "PA-12", con diversas averías, fueron apresados por las fuerzas británicas de ocupación. Estas unidades fueron distinguidas con la condecoración "Operaciones en Combate".

Grupo Naval:

Fueron afectados al área (Base Puerto Argentino - Teatro de Operaciones Islas Malvinas) los guardacostas PNA GC-82 "Islas Malvinas" y GC-83 "Río Iguazú", que cumplieron la hazaña de navegar 600 millas náuticas burlando el bloqueo inglés e incluso evitar el asedio de un submarino nuclear británico detectado durante la travesía. Habían zarpado desde la dársena "E" del puerto de Buenos Aires el 6 de abril a las 0800 horas, siendo despedidos por la plana mayor de la Institución. Actuaron en Malvinas desde el 13 de abril al 14 de junio y 22 de mayo de 1982 respectivamente. Llevaron a cabo, entre otras, las tareas de acompañamiento en navegación a buques de bandera argentina, inteligencia mediante barrido de radar para detectar posibles incursiones enemigas, practicaje de buques nacionales a través de la zona minada en el acceso a Puerto Argentino, apoyo y logística, reconocimiento de la zona Oeste de la isla principal.

Además, dichos guardacostas cumplieron patrullajes casi permanentemente, diurnos y nocturnos, en la bahía interior de Puerto Argentino y en la bahía exterior (Puerto Groussac). Cada uno de ellos navegó más de 1500 millas entre las islas, con tripulación propia y a veces con buzos tácticos que realizaban tareas de su especialidad con el apoyo de nuestras naves.

El guardacostas "Islas Malvinas" fue el primero en entrar en combate. El 1° de mayo de 1982, siendo aproximadamente las 0800 horas, se hallaba en la bahía de la Anunciación cuando un helicóptero Sea King, sobrevolando el guardacostas durante 10 minutos, efectuó sucesivos disparos de ametralladora, siendo respondido con el fuego de las armas policiales. La nave sufrió numerosos impactos en la superestructura, resultando herido el cabo 2a Antonio Grigolatto, maquinista del buque que en ese momento tenía el puesto de combate en el puente alto, sobre la banda de babor.

El cabo Grigolatto sufrió heridas de consideración que fueron atendidas inicialmente por el cabo segundo enfermero Roberto Borello de la Armada a bordo del guardacostas, siendo intervenido quirúrgicamente en Puerto Argentino y posteriormente trasladado a Buenos Aires, vía Comodoro Rivadavia. En esta acción cabe destacar la valerosa y decidida acción del ayudante de 3ra. Marcelino Blatter, maquinista del guardacostas, ya que al iniciarse el ataque británico éste se hallaba fondeado y no podía levar el ancla que se había atascado en el fondo rocoso. Ante esta circunstancia, y teniendo en cuenta que era imperioso el traslado del cabo herido y recuperar la plena maniobrabilidad de la nave para aumentar su capacidad de defensa, Blatter se desplaza por la cubierta de proa -desde donde venía el ataque del helicóptero-, portando como única arma una sierra de mano con la que pudo cortar la gruesa cadena en un titánico esfuerzo, reiniciando el guardacostas su navegación al retirarse la aeronave enemiga.

Este guardacostas, a pesar de haber sufrido el 30 de abril una avería en una hélice y línea de eje que limitaba su capacidad propulsora al 50% - lo que no pudo subsanarse-, cumplió igualmente con el 100% de las misiones encomendadas. Finalizadas las operaciones, fue apresado por las fuerzas invasoras.

A la bandera del guardacostas GC-82 "Islas Malvinas" se le otorgó la distinción "Operaciones de Combate" por: "Romper el bloqueo inglés a las Islas Malvinas entre el 11 y el 13 de abril y haber realizado el 100% de las misiones de reconocimiento y apoyo logístico asignadas durante el conflicto en el Teatro de Operaciones Malvinas, misiones que conllevaban la posibilidad de detección de la flota enemiga, siendo atacado con fuego naval en varias oportunidades; asimismo por haber enfrentado el ataque inglés a Puerto Argentino, destacándose su tripulación por repeler dicho ataque con fuego de fusilería y armas portátiles luego de trabarse las ametralladoras antiaéreas, con las que se contestó inicialmente el fuego enemigo."

El guardacostas "Río Iguazú" por su parte no escapó a la agresión inglesa. El 22 de mayo zarpó a horas 0500 con destino a Puerto Darwin transportando dos baterías de 105 mm Otto Melara y 15 hombres del Ejército Argentino a cargo del subteniente José E. Navarro y el cabo segundo enfermero de la Armada Osear Guzmán; a horas 0825 el guardacostas fue atacado por dos aviones ingleses Sea Harrier, repeliéndose el ataque con las ametralladoras Browning 12,7 mm propias, derribándose uno de los aviones enemigos, Como consecuencia de las averias sufridas en el casco a raíz del ataque, lo que producía un severo apopamiento por la entrada de agua, el buque fue embicado en una isla a trece millas al Este de Puerto Darwin, en el interior del seno Choiseul, en inmediaciones de la bahía Button, disponiéndose su abandono ante la eventualidad de nuevos ataques, quedando prácticamente inutilizado.

En dichas acciones perdió la vida el cabo 2° Julio Ornar Benítez mientras operaba la ametralladora Browning 12,7 mm asignada, contra una de las aeronaves enemigas, resultando además heridos el oficial principal Gabino O. González, el ayudante de 3ra. Juan José Baccaro y el cabo 2- Carlos Bengochea. En esa oportunidad, el cabo 2S José Raúl Ibáñez tomó la posición que ocupaba Benítez y con el arma de a bordo repelió la agresión logrando derribar a uno de los aparatos.

Todo el personal fue evacuado por medio de helicópteros de la Fuerza Aérea Argentina a Puerto Darwin y posteriormente a Puerto Argentino donde arribaron el 26 de mayo. El 24 de mayo a las 1800 horas el cabo Benítez fue inhumado en las alturas próximas al extremo Noroeste de la pista de aterrizaje de Darwin con honras fúnebres presididas por el teniente coronel ítalo Ángel Piaggi, Jefe del Regimiento 12 de Infantería "General Arenales" y de la Fuerza de Tareas "Mercedes" que operó en el área Darwin - Goose Green. Formó personal superior y efectivos del Ejército y de la Fuerza Aérea, además de los tripulantes del Guardacostas "Río Iguazú"; el responso estuvo a cargo del R.P. Santiago Mora, Capellán del Ejército Argentino.

Los elementos transportados por el guardacostas, las dos baterías OM de 105 rnm, herramientas, balsas salvavidas, equipos de comunicaciones, víveres, etc., fueron luego recuperados y trasladados por medio aéreo a Darwin, con lo que la misión original asignada al "Río Iguazú" -transportar las armas de apoyo pesadas que resultarían vitales durante la heroica defensa protagonizada días después por la antes mencionada Fuerza de Tareas en el combate de Goose Green- fue cumplida.

Con fecha 22 de mayo de 1982 Benítez fue promovido "post mortem" al grado de cabo primero, distinguiéndose su accionar con la medalla "La Nación Argentina al Muerto en Combate". El cabo Ibáñez recibió la condecoración "La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate".

A la bandera del guardacostas "Río Iguazú" se le otorgó la distinción de "Honor al Valor en Combate" por: "Romper el bloqueo inglés a las Islas Malvinas entre el 11 y el 13 de abril y haber realizado el 100% de las misiones de reconocimiento y apoyo logístico asignadas durante el conflicto en el Teatro de Operaciones Malvinas, misiones que conllevaban la posibilidad de detección de la flota enemiga, siendo atacado con fuego naval en varias oportunidades. Asimismo por haber enfrentado en proximidades de Puerto Darwin el día 22 de mayo el ataque de dos Sea Harrier, abatiendo a uno de ellos no obstante la evidente inferioridad de medios." Por otro lado, las banderas de ambos guardacostas recibieron una condecoración de la provincia de Santa Fe el 15 de noviembre de 1985, consistente en una medalla con la inscripción "El Gobierno y el Pueblo de la Provincia de Santa Fe a la Bandera que Combatió en el Atlántico Sur. 1982", en el anverso, y un grabado con la Cruz del Sur en el reverso.

El personal que resultó herido fue distinguido con la medalla "La Nación Argentina al Herido en Combate", y todos los que participaron en las Islas Malvinas y en los espacios aéreos y marítimos fuera de las doce millas náuticas del continente recibieron el distintivo "Operaciones en Malvinas". En cuanto al guardacostas "Río Iguazú", constituyó la única unidad de superficie desde la que fue abatido un avión enemigo, circunstancia que dio lugar al comunicado N° 90 del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

miércoles, 22 de abril de 2026

Argentina: El gaucho marinero

El gaucho y el marinero

REVISTA GUARDACOSTA



Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°60      Autor:Carlos Alfredo Zemborain




De alguna manera el gaucho desciende del marinero; éste al desembarcar de la carabela debió montar a caballo y cambiar el cabo por el lazo, necesaria y natural prolongación de su brazo; el nuevo escenario dentro del cual le tocó actuar tenía algo en común con el anterior, lo cual facilitó su rápida adaptación; Justo P. Sáenz, profundo observador de las cosas nuestras —en su relato "Frontera . . .— "nos recuerda la similitud entre la inmensidad de los pajales con un "extraño mar de sargazos".

A veces eran marinos de alta profesión —como el piloto Pablo Zizurlos que dirigían las tropas de carretas que surcaban lentamente la llanura semejando flotas de extraños bajeles, y esto era lógico ya que quién se podría orientar mejor que un marino en aquel mar de pastizales, en el que no había más puntos de referencia que el sol y las estrellas.

Para corroborar esta visión retrospectiva señalaremos el significativo aporte de los hombres de mar que hoy rescatamos en las palabras, elementos, usos y costumbres del hombre de campo.

Comenzaremos por la naturaleza: al pequeño piquete próximo al casco de la estancia se lo llama "ensenada": accidente de la costa. Isla o Isleta —en el campo— es un espacio cubierto con árboles bajos o un fachinal. Postrera es la última isla que toca el navio antes de internarse en el mar océano; Isla postrera se llamó la conocida estancia de Crámer que luego pasó a la familia Alzaga y terminó denominándose "La Postrera" a secas. Punta se le dice a una afilada sierra; playa o desplayado a un lugar limpio de pastos generalmente situado en torno a una aguada; ya nos dice Martín Fierro:

"Y en las playas corcoviando

 pedazos se hacía el sotreta".

Morro es un monte o pequeño peñasco en la costa del mar, que ahora lo encontramos en tierra adentro.

Siguiendo con los elementos de uso cotidiano, recordemos al facón, palabra derivada de faca o gran cuchillo marinero, cuya hoja semeja el ala del halcón o "faucon", en francés; chifle es el cuerno en el cual se guardaba pólvora pero que el gaucho utiliza como recipiente para llevar agua; galleta es el pan cocido dos veces, práctico para llevar a bordo, ya que se puede conservar mucho tiempo en buenas condiciones.

La mozamorra marinera, a diferencia de la criolla, es una sopa hecha con migajas de galleta, inteligente manera de aprovechar todo lo que se tenía a bordo.

Rebenque fue un látigo para castigar a los galeotes, y chicote un pedazo de cabo.

Retranca es el collar que sujeta la verga al palo o mastelero; de la misma manera se denomina un elemento del arnés que presente cierta similitud con aquél.

Rasqueta es una planchuela de hierro que sirve para roer y limpiar los palos, cubierta y costados de las embarcaciones.

Corsario se dice del padrillo demasiado fogoso en sus ansias naturales y de la misma manera se tilda al joven con iguales características.

Escarceador es el caballo que agita su cabeza al compás de la andadura y escarceo el movimiento o efervescencia, que acompañado de cierto rumor se percibe en ciertos lugares del mar en donde se producen corrientes encontradas.

Rancho es la construcción u obra muerta de algunos barcos destinada a vivienda.

En alguna vieja litografía vemos al hijo de un gaucho durmiendo en un "coy" —hamaca o cama indígena— adoptada por los marinos y rescatada más adelante por el hombre de nuestra campaña.

Los vasos y copas llamados de pulpería, probablemente provengan de la vajilla de los barcos; el desmesurado peso concentrado en su parte inferior aseguraba el equilibrio necesario en los "movidos" bajeles de lejana época; asimismo el notable grosor del vidrio se debe a la necesidad de preservar contra roturas a aquello que no se puede reemplazar en los largos viajes.

Hormiguero se le dice a la enfermedad que ataca a los caballos en el candado de los bazos, pero para los marinos era el hueco producido por pudrición en algún elemento de madera de una embarcación.

Baqueano es el conocedor de las profundidades de ríos y costas de mar y que tiene su paralelo en el experto y campesino geógrafo tan magistralmente pintado por Sarmiento.

Chusma se llamaba a los forzados o galeotes; en cambio en la pampa se denominó así al grupo de indios con sus hijos que seguían a un malón.

El nudo "potreador" no es más que un nudo marinero que tiene la propiedad de poderse aflojar fácilmente aunque esté muy ceñido.

Así como el domador "amadrina" al potro recién "agarrado" ciñéndolo del cabestro a la coyera de la yegua, el antiguo marino "amadrinaba" una embarcación a otra o juntaba dos cabos "amadrinándolos".

Lo curioso de esto que llamaremos "trasculturación" del marinero al gaucho, es que después de centenares de años, en pleno campo, gente que ni siquiera ha visto el mar, sigue empleando palabras, modismos y técnicas de los antiguos marinos.

En medio del campo, bien tierra adentro, donde suele "apretar" la sequía al oír hablar al hombre de campo nos parece a veces sentir una brisa marina, o bien percibir un espejismo del desierto; allá, entre secos cardales, en medio de la polvareda que se levanta de los corrales y la manga, nuestra imaginación llevada por el verdadero sentido de las palabras diseña un paisaje de playas y velas animado por el ajetreo de una marinería en acción, en el que de pronto, tras un ademan elegante como un paso de "ballet", vuela un cabo describiendo la misma curva sinuosa y precisa de un lazo .. .

lunes, 20 de abril de 2026

ARA: La vida de los marinos (actividad, personal, salarios y salud)

Actividad operativa, personal, salarios y salud en la Armada

El contraalmirante Martí Garro habló de la importancia del patrullaje oceánico, la tarea del resto de la flota, la incorporación de medios y jóvenes profesionales o con oficio, y la OSFA (ex IOSFA). 

Fotos: La Nueva.

El Comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada, contraalmirante José Alberto Martí Garro, dialogó con La Nueva. y LU2 sobre todas las cuestiones inherentes a su función y la actualidad de temas sensibles como el sistema de salud y los salarios, y la incorporación de jóvenes mediante los diferentes programas.

Sostuvo, por caso, que la actividad operativa de la Marina no tuvo un cierre en 2025 y un inicio en 2026, sino que fue continua.

"Tenemos una corberta que está llegando a Río de Janeiro, escoltando la Regata Buenos Aires-Río, el aviso 'Puerto Argentino' haciendo campaña antártica junto con el rompehielos 'Almirante Irízar', que zarparon en noviembre pasado, el aviso 'Bahía Agradable' que zarpó en diciembre y está haciendo la Patrulla Antártica Naval Combinada con la Marina de Chile para la salvaguarda de la vida humana en el mar y en el sector antártico, teniendo un buque desplegado para atender cualquier emergencia".

También "las aeronaves de la Aviación Naval B12 para cubrir la segunda parte de la estación en Ushuaia, y desde diciembre las patrullas de control del mar, con los distintos patrulleros oceánicos".

"La cobertura del COAA tiene bajo su responsabilidad a los componentes del poder naval, que son la Flota de Mar, la Aviación Naval, Infantería de Marina, las Fuerzas Especiales, las Fuerzas Submarinos y las tres áreas navales fluvial, atlántica y austral", agregó.

En el mar

Respecto al patrullaje en el mar, dijo que "es una preocupación permanente. Hoy hay muchos sistemas de monitoreo que permiten tener una imagen digital de cuál  sería el estado actual y la posición de los buques, pero son todos sistemas cooperativos. El más común es el AIS. El problema es que las embarcaciones que van a cometer una actividad ilícita lo hacen sin ese sistema encendido".

"Por eso, la importancia de poder realizar patrullas de vigilancia y control de los espacios marítimos. El monitoreo es permanente pero la patrulla es la que realmente permite discriminar colaborativos de no colaborativos".

Esta tarea se hace con los medios de la Armada por agua y aire, bajo el Control Operativo de Comando Conjunto Marítimo y nuestra responsabilidad es alistar los buques y adiestrar al personal para ponerlos a disposición y cumplir los planes a rigor que tenemos como Estado nacional para proteger la pesca".

Salud

Sobre la obra social OSFA (ex IOSFA) "lo primero que puedo decir es que es una preocupación permanente. A lo largo del año pasado, hubo mucho esfuerzo presupuestario de la Armada para atender cuestiones de sostenimiento de hospitales y paliar la situación de la obra social".

"No dejo de ser un afiliado al igual que mi familia, con lo cual tengo la misma preocupación que tenemos todos".

"Como es de público conocimiento, con el decreto que emitió este año el Poder Ejecutivo, entendemos que es el principio de solución de un problema complejo y que no será inmediata su resolución. Seguramente habrá una transición y estamos tratando de atender cada una de las situaciones particulares que se desarrollan en los distintos lugares, donde hay o no hospitales navales".

Equipamiento

El comandante indicó que la Armada tiene un proyecto de reequipamiento de medios que lleva unos cuantos años, donde está claramente definida la necesidad de la recuperación de la capacidad submarina, como prioridad número uno.

"Pero también es cierto que la incorporación de los medios de superficie es igualmente necesaria. Tenemos personal altamente calificado, mantenemos nuestros buques en servicio, y desplegamos, por ejemplo, un destructor hasta Estados Unidos el año pasado, durante más de tres meses". 

De todos  modos, "no deja de ser cierto que los buques tienen más de cuatro décadas y estamos inmersos en un proceso de recuperación de medios. Con los tiempos que llevan estas adquisiciones, los oficiales que ingresan hoy en la Marina podrían embarcar en buques distintos".

Personal civil

Mencionó que hoy la Armada es la fuerza que mayor cantidad de personal civil tiene, frente al Ejército y la Fuerza Aérea. "Es un tema que no está en mi órbita de decisión como COAA. Y el problema salarial que tiene el personal civil lo comparto, porque además lo tenemos el personal militar también".

"De todas formas, si bien no es resorte de la Armada, es una preocupación del Ministerio de Defensa que fijó sus prioridades en resolver la problemática de IOSFA, el tema salarial del personal militar y civil, y lograr el reequipamiento de los medios".

Policía

El contraalmirante señaló que “teníamos pendiente un tema con el sistema previsional de la Policía de Establecimientos Navales. El señor jefe del Estado Mayor tomó la decisión de autorizar el pasaje a la caja previsional de la Policía Federal Argentina".

"Es un trámite que ya se inició, que ahora tendrá un tratamiento del Ministerio de Seguridad, de la caja de la Policía Federal y la Secretaría General de Presidencia, para luego contar con un decreto para que se haría efectivo a mediados de año".

Incorporación

La Armada está incorporando personal en sus múltiples facetas, ya sea las tradiciones como las escuelas de Oficiales y Suboficiales, y otros programas que se han ido aggiornando a la realidad de los jóvenes y las necesidades de la Marina como los programas CARNA (Curso de Asimilación Regional Naval) "que nos permiten incorporar profesionales regionales, médicos, enfermeros, ingenieros, y CUIM (Curso de Integración Militar) con personal técnico y con oficio con un proceso más ágil", según señaló.

Y, además -acotó- "estamos sumando marineros de maestranza y tenemos previsto para el transcurso de este año el ingreso de 1.000 marineros de tropa voluntaria".

Fragata e Irízar

Martí Garro dijo que la Fragata "Libertad" está en Buenos Aires y zarpará en su viaje de instrucción, el 11 de abril. "Entró a dique de Puerto Belgrano el año pasado. Y este año el viaje tiene una particularidad y es que se cumplen los 250 años de la independencia de los Estados Unidos. Normalmente el viaje es de mayo a octubre/noviembre. Veremos si este año llega a Puerto Belgrano para que abra sus puertas al público".

A propósito del "Irízar" sostuvo que "no tiene necesidad de pasar por Puerto Belgrano. Hay costos portuarios que a veces no podemos obviar, con la contratación de remolcadores de terceros. Entonces solemos optar por no ingresar con el rompehielos y desplegamos aviones hacia el lugar donde se encuentra".



lunes, 6 de abril de 2026

Paraguay: La Armada Argentina visita Asunción

Armada Paraguaya invita a vivir “una experiencia naval” a bordo de buques de Argentina

Tres emblemáticos buques de la Armada Argentina atracarán en el Puerto de Asunción y la gente se podrá subir a los barcos. Esto se podrá realizar este domingo.

Última Hora


 
El buque Multipropósito Ara Ciudad de Rosario atracará en el Puerto de Asunción.
Foto: Armada Argentina.

“Subite a bordo y viví la experiencia naval”, señala la invitación de la Armada Paraguaya en la que informa sobre la presencia de los buques argentinos en el Puerto de Asunción

La ciudadanía podrá subirse a los navíos este domingo entre las 13:00 y 17:00, con entrada libre y gratuita.



“Tenés la oportunidad única de conocer tres emblemáticos buques de la Armada Argentina en el Puerto de Asunción”, agregan en su publicación en las redes sociales.




Uno de los buques es el Multipropósito Ciudad de Rosario que fue botado el 4 de abril de 1964 en el United States Coast Guard Yard, en Curtis Bay (EEUU) y comisionado a la Guardia Costera de los Estados Unidos de Norteamérica (USCG) bajo el nombre de USCG Red Wood.

En junio de 1999, el Red Wood, luego de 34 años, fue retirado del servicio en la USCG y posteriormente transferido a la Armada Argentina. En el vecino país está operativo desde el año 2000.

El segundo navío es la Lancha Patrullera ARA Río Santiago que fue construida en el astillero Curtis Bay (Maryland, EEUU) en el año 1971 cuando cumplió servicios como guardacostas. Fue adquirida por la Armada Argentina para participar en tareas de patrullaje agosto de 2000.

Sus tareas principales son el control y vigilancia de los espacios fluviales en jurisdicción del Área Naval Fluvial, donde realiza actividades de apoyo a la comunidad, salvamento y transporte de personal.

La tercera embarcación es la Lancha Patrullera ARA Punta Mogotes que fue construida en el astillero de United States Coast Guard Yard, Curtis Bay (EEUU). Presta servicios en la Armada Argentina desde el 13 de julio de 1999.

Entre sus tareas principales cuentan el apoyo a operativos con submarinos; funciona como plataforma para operaciones de buceo de salvamento; operaciones con Buzos Tácticos; operaciones de búsqueda y rescate en el mar, apoyo a buques pesqueros de la zona y seguridad y escolta a actividades deportivas náuticas.


domingo, 5 de abril de 2026

Argentina: Sin un portaaviones, ¿no sirve desarrollar al COAN?

¿Sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?

Esteban McLaren




Es una de esas ideas que suenan razonables hasta que se las mira con criterio militar. Argentina no tiene hoy, ni parece probable que tenga en el corto o mediano plazo, un portaaviones operativo. De ahí, algunos saltan a una conclusión apresurada: si no hay cubierta, no hace falta aviación naval. Pero esa lectura confunde plataforma con función, instrumento con doctrina, y nostalgia con necesidad estratégica. La aviación naval no existe para justificar un portaaviones; existe para darle profundidad al poder naval. Su razón de ser no es despegar desde el mar, sino pelear por el mar.

Eso cambia por completo la discusión. El COAN no debería medirse por la ausencia de un casco tipo CATOBAR o STOBAR, sino por una pregunta mucho más dura y mucho más seria: ¿puede la Armada Argentina vigilar, proteger, disputar y, llegado el caso, negar el espacio marítimo sin un componente aéreo propio, doctrinalmente naval, entrenado para pensar como marina y no como una prolongación administrativa de otra fuerza? La respuesta, si se mira el mapa y no la nostalgia, es bastante clara: no.

La Argentina no tiene un problema costero; tiene un problema marítimo. Tiene una ZEE inmensa, un Atlántico Sur crecientemente sensible, una cuestión Malvinas abierta, una proyección antártica inevitable y una geografía austral que empuja a pensar en distancias, meteorología, dispersión, logística y permanencia. En ese tablero, una aviación naval basada en tierra no es un remiendo: es una forma perfectamente racional de ejercer poder naval con los medios disponibles. De hecho, para un país sin portaaviones y con restricciones presupuestarias crónicas, probablemente sea la única forma seria de sostener una aviación naval útil.

La clave es entender que el COAN no se define por desde dónde despega, sino para quién combate y bajo qué lógica operacional lo hace. Un avión puede salir de una base en Tierra del Fuego y seguir siendo un medio naval si su misión es explorar el mar, alimentar a la flota con información, cazar submarinos, designar blancos para armas de superficie, proteger una agrupación naval, vigilar la ZEE o ejecutar un ataque antibuque. Lo naval no está en el pavimento o en la catapulta. Lo naval está en la misión, en la doctrina y en la cadena de mando intelectual que une al sensor, al vector y al objetivo en el espacio marítimo.

Visto así, la existencia de un COAN terrestre no es una anomalía sino una necesidad. La flota de superficie, por sí sola, ve poco y tarde. Un buque es una pieza valiosa, pero también lenta en cobertura, limitada por el horizonte radar y vulnerable si actúa sin información. La aviación naval extiende ese horizonte, acelera la detección, multiplica la presencia y comprime el tiempo entre encontrar y actuar. En el mar, donde el primero que detecta suele ser el primero que impone condiciones, eso vale tanto como el tonelaje.

El escenario más evidente para la Argentina es la protección y vigilancia de la ZEE. Ahí la discusión no es romántica sino brutalmente concreta. La guerra contemporánea en el mar no empieza siempre con misiles; muchas veces empieza con pesca ilegal, con nodrizas, con buques que apagan identificadores, con inteligencia encubierta, con plataformas de investigación de doble uso o con simples operaciones de presencia persistente. En esa zona gris, una patrulla marítima sin dientes sirve para mirar; una aviación naval integrada sirve para mirar, seguir, clasificar, coordinar, intimidar y, si escalara la situación, golpear. El salto entre una cosa y la otra es la diferencia entre un Estado que observa cómo le ordeñan el mar y un Estado que realmente lo controla.

Para eso hacen falta los MPA tradicionales, sí, pero no alcanza con ellos. También hacen falta helicópteros embarcados, enlaces de datos, drones marítimos, guerra electrónica y, si se quiere hablar en serio de negación del mar, una aviación de ataque aeronaval. No como lujo de exhibición ni como emulación en pequeño de una fuerza aérea completa, sino como herramienta específica para el combate naval. Un cazabombardero del COAN no tendría que pensarse como “otro caza más” del sistema de defensa argentino, sino como una batería naval de largo alcance con alas: un vector especializado en exploración armada, ataque antibuque, apoyo a operaciones anfibias limitadas, cobertura de corredores marítimos y castigo sobre objetivos costeros ligados a una campaña naval.

Malvinas vuelve ese razonamiento todavía más claro. Si la Argentina imaginara un escenario de crisis o de conflicto limitado en torno a las islas, no tendría sentido fantasear con reconstruir una capacidad de control aeronaval de alta mar comparable a la de una gran potencia. Lo razonable sería diseñar una arquitectura de negación del mar. Es decir: una fuerza capaz de volver incierta, costosa y peligrosa la presencia de una agrupación naval enemiga en el teatro. Y esa arquitectura no se construye solo con barcos ni solo con aviones. Se construye con bases dispersas, endurecimiento, reabastecimiento en vuelo, radares, sensores pasivos, patrulla marítima, inteligencia, submarinos, drones, señuelos, enlaces y una aviación naval de ataque que entienda la lógica del blanco marítimo. En otras palabras: una kill chain naval argentina, continental, austera pero letal.

La enseñanza de 1982 sigue vigente justamente por eso. No como mito para la épica fácil, sino como demostración técnica de algo que muchos olvidan: la aviación naval basada en tierra puede tener efectos estratégicos reales sobre el mar. Cuando el COAN atacó desde el continente, mostró que la ausencia de portaaviones no equivale a impotencia. Equivale, sí, a restricciones; pero también obliga a una virtud muy argentina cuando se la hace bien: la combinación de audacia, alcance, precisión y doctrina.

Hay además un horizonte que hoy parece lejano, pero que cualquier planeamiento serio debe empezar a mirar: la Antártida de la segunda mitad del siglo XXI. No porque el tratado “caiga” automáticamente, que no es así, sino porque la combinación de presión sobre recursos, cambios tecnológicos, competencia logística y presencia sostenida puede transformar el continente blanco en un espacio mucho más friccionado de lo que fue hasta ahora. Y si ese futuro llega, no será una cuestión de grandes flotas de batalla desfilando entre hielos. Será una cuestión de quién tiene mejor cadena logística, mejor movilidad aérea, mejor capacidad SAR, mejor enlace entre bases, mejor protección de accesos y mayor habilidad para sostener nodos avanzados bajo clima hostil.

En ese escenario, la aviación naval terrestre sería central. No tanto para “conquistar” la Antártida en un sentido decimonónico, sino para hacer lo que en el siglo XXI vale más que una bandera aislada: conectar, abastecer, evacuar, patrullar, vigilar, proteger y sostener presencia. Entre Ushuaia, Tierra del Fuego, las bases antárticas y los corredores marítimos australes, el COAN podría transformarse en el sistema nervioso aéreo de una estrategia antártica argentina más robusta. Y ahí el valor combinado de aeronaves de patrulla, transporte táctico, helicópteros navales, medios no tripulados e Infantería de Marina especializada se vuelve enorme. La colonización futura, si alguna vez adopta formas más competitivas, probablemente no se parezca a una carrera por plantar mástiles, sino a una competencia por infraestructura, permanencia y control funcional del espacio.

Incluso en hipótesis más remotas, como un deterioro severo del entorno regional con Chile o Brasil, una aviación naval propia seguiría teniendo sentido. No porque hoy deban verse como enemigos, sino porque las fuerzas armadas no se diseñan sobre simpatías coyunturales sino sobre capacidades, geografías y potenciales de fricción. Chile plantea una lógica de canales, islas, archipiélagos, litoral austral complejo y operaciones en clima extremo. Brasil plantea la lógica contraria: masa, profundidad oceánica, persistencia y proyección en el Atlántico Sur occidental. En ambos casos, la Armada argentina necesitaría un instrumento aéreo que piense la campaña desde el mar y no como apéndice de la maniobra terrestre o de la defensa aérea general.

Eso lleva a otra cuestión incómoda pero necesaria: la autonomía funcional de la IMARA y del COAN. En un sistema moderno, todo debe ser conjunto en la conducción. Pero conjunto no significa indiferenciado. La Armada necesita una Infantería de Marina y una aviación naval que conserven una personalidad operativa propia, porque su razón de ser no es repetir al Ejército ni a la Fuerza Aérea. Su razón de ser es resolver problemas específicamente navales. La IMARA, llevada al siglo XXI, no debería ser solo una infantería “con uniforme distinto”, sino una fuerza anfibia-litoral más autónoma, capaz de proteger bases navales, defender instalaciones críticas, operar en islas, ejecutar raids, usar drones, integrar fuegos costeros y, en un horizonte más ambicioso, aportar incluso baterías antibuque móviles. El COAN, del mismo modo, no tendría que justificarse como sustituto parcial de la FAA, sino como componente aeronaval con cultura propia, aunque eso implique cierto solapamiento de funciones.

Y ese solapamiento no tendría que escandalizar a nadie. Las fuerzas eficaces aceptan redundancias útiles cuando responden a necesidades operativas distintas. Un helicóptero antisubmarino embarcado no duplica un helicóptero terrestre; cumple otra función, en otro medio y con otra lógica táctica. Una escuadrilla de ataque antibuque naval no es simplemente “más aviones”; es una capacidad especializada para matar buques, sobrevivir en el entorno marítimo y operar integrada a la flota. El error argentino durante décadas fue creer que toda superposición debía eliminarse por prolijidad burocrática. El combate enseña otra cosa: a veces la duplicación inteligente es resiliencia.

Si hubiera que elegir un modelo de referencia para pensar una aviación naval basada en tierra, probablemente el mejor espejo no sea una marina obsesionada con portaaviones, sino Japón. La Fuerza Marítima de Autodefensa japonesa ofrece quizá el ejemplo más sólido de aviación naval terrestre como instrumento de un Estado marítimo serio. Su centro de gravedad está en la vigilancia, la patrulla marítima, la guerra antisubmarina, la integración con la flota y la persistencia operativa. No es una fuerza hecha para posar junto a un gran símbolo; es una fuerza hecha para controlar espacios marítimos, seguir contactos, construir conocimiento táctico continuo y convertir ese conocimiento en ventaja naval. Para la Argentina, que no puede copiar escalas pero sí doctrinas, ése es el espejo correcto.

Por eso, la pregunta “¿sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?” está mal formulada desde el principio. La pregunta correcta es otra: ¿puede la Argentina renunciar a una aviación naval propia y seguir siendo una potencia marítima con ambición de defender su ZEE, sostener su reclamo en Malvinas, proyectarse hacia la Antártida y conservar una Armada capaz de pensar como tal? La respuesta es no. Sin COAN, la flota pierde ojos. Sin aviación naval de ataque, pierde alcance ofensivo. Sin IMARA fuerte, pierde músculo litoral. Y sin esas tres cosas, el poder naval argentino corre el riesgo de convertirse en una presencia administrativa sobre el agua, pero no en una herramienta de poder.

Un país continental puede resignarse a vivir de espaldas al mar. La Argentina, si quiere seguir llamándose atlántica, austral y antártica, no debería hacerlo. El portaaviones podrá no volver. La necesidad de una aviación naval, en cambio, sigue ahí, intacta. Tal vez más urgente que nunca.


viernes, 27 de marzo de 2026

ARA San Juan: Nunca debió salir a navegar según una pericia

Una auditoría interna de la Armada de 2016 advirtió que el ARA San Juan tenía fuertes deficiencias técnicas

En marzo del 2017, el comandante del ARA San Juan había pedido entrar a dique seco; cuando zarpó por última vez, la unidad llevaba más de 40 meses sin inspección, excediendo en más del doble el tiempo máximo permitido por las reglamentaciones de seguridad


Mariela Arias || La Nación
Corresponsal en Santa Cruz


El capitán de navío destituido Claudio Javier Villamide, junto a su abogado Juan Pablo Viglieron, durante una audiencia del Juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, Horacio Córdoba

EL CALAFATE.- Un informe de la Auditoría de la Inspección General de la Armada del 20 de diciembre de 2016 sobre el Comando de la Fuerza de Submarinos, COFS, había advertido casi un año antes de la tragedia que el submarino ARA San Juan presentaba deficiencias técnicas que comprometían la seguridad del material y del personal. Del informe fueron notificados formalmente la cúpula de la Armada y el ministerio de Defensa.

La auditoría, que se encontraba bajo secreto militar, fue uno de los documentos centrales que se analizaron este miércoles en la séptima audiencia del juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan y la trágica muerte de sus 44 tripulantes, que instruye el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos.

La audiencia puso el foco en las auditorías y procedimientos administrativos que giraron en torno al buque en el último año antes de la tragedia. También, se difundió una nota dirigida al comandante de la fuerza de submarinos, Claudio Villamide, con fecha del 27 de marzo de 2017, en la cual el comandante del ARA San Juan solicitaba las limitantes del buque y la necesidad que el mismo ingrese a dique seco.

Entre las conclusiones más relevantes de la auditoría que lleva la firma del contraalmirante (R.E.) Guillermo Luis Lezana, quien se desempeñó como Inspector General de la Armada, dictaminó que las fallas encontradas en el equipamiento operativo del ARA San Juan dificultaban su capacidad para cumplir con los planes navales en vigor, advirtió formalmente que el submarino no cumplía con los mantenimientos programados en dique seco con la periodicidad establecida, señalando que para febrero de 2017 la unidad cumpliría tres años sin inspección.


Conclusiones de la auditoría interna de la Armada sobre el Comando de Submarinos realizada en diciembre del 2016.-Captura zoom

La auditoría señaló que, al no tener la certificación de sus escotillas, el submarino estaba imposibilitado de realizar entrenamientos de escape y rescate con otras fuerzas. Lezana quien prestó declaración testimonial en la causa y figuraba como testigo propuesto por el Ministerio Público Fiscal, no compareció este miércoles a declarar por encontrarse atravesando un problema de salud, según informó el Tribunal. “Creemos que es oportuno que el testimonio sea incorporado por lectura y se posponga su declaración para el momento oportuno”, propuso el fiscal Gastón Pruzán, y fue acompañado por las defensas.

En las declaraciones que constan en el auto de procesamiento, quedó acreditado que la cúpula de la Armada y el Ministerio de Defensa fueron notificados formalmente de que el submarino presentaba deficiencias técnicas.


Conclusiones de la Auditoría de la Armada sobre el Comando de Submarinos.Captura zoom

Sobre el derrotero de la Auditoría en cuestión, se refirió el testigo de fiscalía, Eduardo Pérez Bacchi, -hoy retirado de la fuerza- quien asumió como Inspector General de la Armada el 27 de diciembre de 2016 y aportó declaraciones fundamentales sobre el proceso de seguimiento de la auditoría realizada al ARA San Juan y el estado de sus fallas durante el año 2017.

Este martes, Pérez Bacchi detalló el itinerario administrativo del informe de auditoría, aprobado originalmente en enero de 2017, para que las unidades corrigieran sus fallas: fue remitido al Comando de Adiestramiento y Alistamiento, se enviaron observaciones a la Dirección General del Material de la Armada, una copia del informe fue girado al Ministerio de Defensa y en abril al Comando de la Fuerza de Submarinos.

El 1 de julio del 2017, según Bacchi, vencía el plazo para que los organismos observados informaran sus avances. Señaló que la primera remisión de julio fue un poco confusa por lo que pidió telefónicamente una reformulación que recién llegó de manera clara el 11 de agosto de 2017.

El testimonio de Pérez Bacchi fue crucial durante la instrucción para demostrar que la cúpula naval sabía que el submarino operaba con “fallas de seguridad no subsanadas” y que el proceso de reparación se encontraba demorado o con informes poco claros durante la mayor parte del año 2017.

El auditor también se refirió durante la audiencia que el 25 de noviembre de 2017, cuando habían pasado diez días de la última comunicación del ARA San Juan, por orden del Jefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina, almirante Marcelo Srur, efectuó una auditoría en la Base Naval Mar del Plata para verificar la existencia, vigencia y grado de actualización de la documentación que sustente el nivel de alistamiento y las actividades operativas del submarino, se dio mientras aún estaba vigente la búsqueda del buque.

En este punto, el abogado Juan Pablo Vigliero, defensor de Villamide, pidió que su defendido amplíe la declaración indagatoria para responder los informes de auditoría presentados este miércoles en el juicio y darle el derecho a defensa.

“Villamide quiere explicar, defender sobre lo que ustedes han expuesto en pantalla”, afirmó Vigliero y se excusó de hacerle preguntas al auditor sobre el que dijo que presentaba “inexactitudes, sobre las cuales no podría conjugar una línea de interrogatorio” y recordó: “Srur le metió una auditoría cuando Villamide estaba embarcado buscando el submarino”. El Tribunal debe definir cuándo se tomará la ampliación de declaratoria.

El pedido del comandante Pedro Martín Fernández

Durante la audiencia también se reprodujo la nota N° 02/17 “S” SUSJ 3FY, de fecha 27 de marzo de 2017, a través de la cual, el comandante del ARA San Juan, Pedro Martín Fernández, detalló una serie de fallas críticas que limitaban el desempeño operativo de la unidad, tras cumplirse 37 meses desde que el buque fuera puesto a flote después de su reparación de “media vida” y solicitaba el ingreso a dique seco.

En la nota, el marino destacó el estado de los periscopios, el periscopio de observación estaba “fuera de servicio” por el deterioro de sus actuadores hidráulicos, y el de ataque presentaba “cojinetes desalineados”, lo que obligaba a limitar su uso para evitar daños mayores. Fernández advirtió que, si ambos fallaban, el buque quedaría “no operativo”.


Nota interna del comandante del ARA San Juan solicitando el ingreso a dique seco, de fecha 27 de marzo del 2017.Captura zoom

También se refirió a la restricción de profundidad en la operatividad hasta un máximo de 100 metros que tenía el submarino debido a una “pinchadura previa en una tubería” a 85 metros de profundidad, y recuerda que restaba realizar la “prueba hidráulica a 62,5 bares” del sistema de refrigeración principal.

El comandante también recordó que se reportó un “fuerte ruido” cada vez que se ordenaba parar máquinas, lo que provocaba una “gran indiscreción” (facilidad de ser detectado) y requería chequear el sistema de transmisión de potencia, por todo lo cual indicaba que eran señales que realizar tareas de carenado. Fernández recordó que, según la normativa para el uso de máquinas navales (NOCEM), estos trabajos deben hacerse cada “24 meses”, y según el plan para submarinos TR1700, cada “18 meses”, plazos que ya estaban ampliamente vencidos.

A pesar de la urgencia del planteo del comandante, la solicitud fue postergada sistemáticamente por las instancias superiores. En abril de 2017, el Consejo Asesor del Arma Submarina, basándose en el pedido de Fernández, recomendó tramitar la “imperiosa entrada a dique”, pero la programó para el primer semestre del año 2018. Según se mostró, el comandante de la Fuerza de Submarinos, Claudio Villamide, incluyó la solicitud para esa fecha.

Cuando el submarino zarpó en su última misión en octubre de 2017, la entrada a dique seguía pendiente. Para ese entonces, la unidad llevaba más de 40 meses sin entrar a dique seco, excediendo en más del doble el tiempo máximo permitido por las reglamentaciones de seguridad de la propia Armada.


El contralmirante retirado Luis Enrique López Mazzeo, durante el Juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, ocurrido en noviembre de 2017, Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos, Santa Cruz.- horacio cordoba

En la jornada de este miércoles también declararon en calidad de testigos el contraalmirante Gerardo Lestingi, quien se desempeñó como Director General del Material de la Armada (DGMN), el contraalmirante Ángel Cucoresse, jefe de la Jefatura de Mantenimiento y Arsenales de la Armada, -un organismo técnico con sede en la Base Naval de Puerto Belgrano- y Carlos Guillermo Torrissi, jefe de logística de la Fuerza de Submarinos en 2016.

En la sala junto a sus defensas particulares siguen el juicio de manera presencial dos de los cuatro exoficiales superiores de la Armada Argentina imputados: el contralmirante retirado Luis Enrique López Mazzeo y el capitán de navío destituido Claudio Javier Villamide. En tanto que de modo remoto siguen las audiencias el capitán de navío retirado Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata retirado Hugo Miguel Correa.
Por Mariela Arias

domingo, 22 de marzo de 2026

Armada Argentina: El D-24 ARA Storni

Destructor D-24 ARA Storni





El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.


Escudo de armas del destructor Clase "Fletcher" modernizado a nivel SCB-74A, Clase "Almirante Brown" en Armada Argentina, D-24 ARA "Almirante Storni".

Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 



Piezas de artillería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-23 ARA "Almirante Domecq García", buque gemelo del ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un Granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima. 




Dos marinos posan delante de las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-24 ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



El destructor DD-547 USS "Cowell" de la US Navy que como advertimos ya reacondicionado bajo el proyecto SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s,
Este buque de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, fue luego el D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, conformando la Clase "Brown" con otros 4 buques del mismo tipo, y conformando la 2ª Fivisión junto al D-22 ARA "Rosales" y D-23 ARA "Almirante Domecq García" hacia el final de ciclo de los "Fletcher" con la Armada Argentina. De 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann") que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Destructor D-24 ARA "Almirante Storni" fotografiado desde el periscopio de un submarino argentino durante un ejercicio naval en los años 70s. El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Lancha de salvamento y abordaje del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" de la Armada Argentina. Esta embarcación iba a ser empleada para abordar al buque infractor británico RRS "Shackleton" el 4 de febrero de 1976, al ser inteceptado por el destructor argentino a 125,5 kms. al sur de Cabo Pembroke, en las costas de las Islas Malvinas, pero el navío británico decidió fugar rumbo a Port Stanley y el destructor argentino, que en ningún momento su comandante tuvo la intención de dañar o hundir al navío incursor, se conformó con efectuar unos disparos de advertencia y escoltarlo, más que perseguirlo, hasta unos 11 kms. del acceso al puerto colonial inglés en territorio usurpado a la Argentina. 



El Capitán de Fragata Ramón Arosa era el comandante del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" durante el incidente con el buque de investigación científica RRS "Shackleton" británico, el 4 de febrero de 1976. Aquí lo vemos en una foto de la década del '80, durante la Presidencia del masón izquierdista de la Internacional Socialista Raúl Ricardo Alfonsín (quien comenzó una vendetta política e ideológica contra las Fuerzas Armadas y dió inicio al unilateral desarme de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y desarticulación del aparato de Defensa y Seguridad), ya luciendo el grado de Vicealmirante y ejerciendo el cargo de Comandante en Jefe de la Armada Argentina.

domingo, 1 de marzo de 2026

Tomando mate con Grok: Opciones navales para la ARA

Charlando con la IA sobre temas navales de la ARA







En febrero de 2026, la Armada Argentina (ARA) está enfocada en adquirir fragatas (FFG) usadas de segunda mano con buena vida operativa restante (idealmente 15–25+ años por delante tras modernización), para reemplazar principalmente los destructores inactivos Tipo 42 (ARA Hércules y ARA Santísima Trinidad) y el MEKO 360 dado de baja (ARA Heroína). No hay destructores (DDG) propiamente dichos de alta gama disponibles en el mercado de usados realistas para la ARA en este momento.Las opciones más concretas y discutidas públicamente (basadas en negociaciones activas, ofertas y disponibilidad 2025–2026) son europeas, ya que EE.UU. no ofrece destructores ni fragatas AAW de primer nivel de segunda mano a la región (solo LCS o patrulleros, como mencioné antes).Aquí las principales candidatas disponibles o en negociación, con estimación de vida útil restante (asumiendo modernización adecuada):




¿Cuáles tienen más chances reales en 2026?


  • Iver Huitfeldt → La más avanzada en conversaciones (desde julio 2025, mencionada por funcionarios como Battaleme y Almirante Allievi). Buques relativamente modernos con radar APAR y SM-2 (alcance ~160 km), ideales para recuperar defensa aérea área perdida con los Tipo 42.
  • Fridtjof Nansen → Interés creciente por su ASW polar y diseño stealth; Noruega las libera pronto.
  • Maestrale → Opción "barata y rápida" si el presupuesto es muy ajustado, pero con menor vida útil y capacidades limitadas sin gran inversión.

Destructores puros (DDG con Aegis o similar) no están disponibles usados para Argentina: ni Arleigh Burke, ni Hobart, ni Álvaro de Bazán, etc. La alternativa interna es modernizar los MEKO 360 restantes con Aselsan (Turquía), pero eso no suma unidades nuevas.La decisión final depende de presupuesto (restricciones fuertes), financiamiento (posible FMS o créditos europeos), transferencia tecnológica y geopolítica (acercamiento OTAN vs. otras opciones). Las prioridades declaradas son: 
  1. submarinos, 
  2. estas 2 fragatas multipropósito, 
  3. modernización MEKO.


Corea del Sur se ha posicionado como un exportador naval competitivo en los últimos años, con empresas como HD Hyundai Heavy Industries (HHI) y Hanwha Ocean liderando la producción de fragatas (FFG) y destructores (DDG) nuevos. Sus diseños son modernos, incorporan tecnologías stealth, sistemas integrados de combate (como KVLS para misiles) y son compatibles con estándares OTAN, lo que los hace atractivos para clientes como Argentina, que busca modernizar su flota con énfasis en defensa aérea, antisubmarina (ASW) y multipropósito en el Atlántico Sur. No hay negociaciones públicas específicas con la Armada Argentina (ARA) en 2026, pero Corea del Sur ha expandido ventas a Latinoamérica (ej. Perú con 4 buques en 2024) y ofrece paquetes con transferencia tecnológica, financiamiento flexible y construcción local parcial, similar a lo que han hecho con Filipinas y Tailandia.

Opciones clave de fragatas y destructores nuevos surcoreanos

Estos diseños se basan en clases domésticas como FFX (Incheon/Daegu/Chungnam) para fragatas y KDX para destructores, adaptados para exportación. Precios varían por configuración, pero son más accesibles que equivalentes estadounidenses o europeos (ej. una fragata de ~3,200 tons cuesta alrededor de US$ 300-400 millones por unidad, con paquetes para múltiples buques bajando costos).
thedefensepost.com Para Argentina, con restricciones presupuestarias, podrían incluir offsets industriales (construcción en astilleros locales como ARS o CINAR) y integración con sistemas existentes (ej. MEKO).


Ventajas para Argentina: Corea enfatiza "One Team" para exportaciones, dividiendo superficie (HHI) y subs (Hanwha), con MOUs para integrar armamento occidental.
hub-and-spokes.com +1 Hanwha incluso ofrece construir en EE.UU. (Philadelphia), pero para LatAm priorizan transferencia tech para impulsar industria local. Desventajas: Dependencia de componentes coreanos iniciales y posibles tensiones geopolíticas si Argentina busca neutralidad.


Posibilidad de asociación en el programa de submarino nuclear surcoreano

Corea del Sur avanzó significativamente en su programa K-SSN (nuclear-powered attack submarine) tras la aprobación de Trump en octubre 2025, durante la cumbre APEC en Gyeongju. El plan involucra construcción inicial en astilleros Hanwha en Filadelfia (EE.UU.), usando tecnología US para reactores y evitando proliferación bajo el NPT (Corea es NNWS, como Argentina y Brasil). Basado en KSS-III (diesel, con AIP), pero con propulsión nuclear (posible SMR coreano o Virginia-class Block IV adaptado).

¿Podría Argentina asociarse similar a Brasil con Francia (SN-BR, transferencia tech para reactor nuclear en submarino convencional)? Teóricamente sí, pero con barreras significativas:
  • Precedentes y modelo: Brasil se asoció con Naval Group (Francia) para Scorpène nuclear, con transferencia de know-how pero sin fuel nuclear directo (Brasil enriquece su propio uranio bajo safeguards IAEA). Corea podría ofrecer algo similar: co-desarrollo de un SSN basado en KSS-III, con construcción parcial en Argentina (ej. ARS), entrenamiento y tech transfer. Pero el programa coreano es nuevo (primer SSN esperado ~2030s), dependiente de US (123 Agreement para fuel), y enfocado en amenazas norcoreanas/chinas, no exportación inmediata.
  • Viabilidad: Alta en teoría por similitudes (ambos NNWS, firmantes NPT; Argentina tiene experiencia nuclear civil vía INVAP). Podría involucrar un "LatAm AUKUS-like" con safeguards IAEA para verificación no-proliferación. Costos: US$ 2-4B por unidad, más infraestructura (bases, training). Argentina ya explora subs convencionales (ej. Scorpène o TKMS), pero un SSN daría endurance ilimitada para patrulla Antártida/Malvinas.
  • Barreras:
    • NPT/IAEA: Requiere acuerdos para fuel (no armas nucleares, solo propulsión); Argentina necesitaría negociar con IAEA, similar a Brasil/Australia. Podría generar tensiones regionales (ej. con Brasil, que ve SSNs como prestige).
    • Geopolítica: US debe aprobar (dado rol en K-SSN); Corea prioriza aliados Indo-Pacífico (posible US-ROK-Japón trilateral). Argentina's neutralidad y lazos con China/Rusia podrían complicar.
    • Realismo en 2026: Baja probabilidad a corto plazo; Corea no exporta SSNs aún, y Argentina enfrenta déficits fiscales. Más factible: Asociación en subs convencionales (KSS-III export, como a Polonia/Canadá).