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sábado, 10 de octubre de 2026

Guillermo Rogers, marino galés en la Patagonia

Guillermo Rogers, marino


REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:prefecto Ricardo O. Montini




En un anterior artículo sobre los guardacostas desconocidos del Chubut, mencionaba en tal comisión al Capitán Guillermo Rogers, de la colonia galesa. Su vida aventurera ha adquirido para sus connacionales ribetes de leyenda. Dada la función que cumpliera no sólo en el aspecto citado, sino como verdadero pionero de la marina mercante en la costa sur, creo de interés resumirla.

Nació en Llanelly, Gales, el 28 de abril de 1827. En 1851 ingresa en la armada británica, interviniendo en varias batallas y en la campaña de Crimea. Como Cabo de Cañón formó parte de la brigada naval que en 1854 desembarcó en Balaclava.

Mientras su agrupación permanecía durante un tiempo en el campo de operaciones, el "Britannia" regresa a Inglaterra, perdiéndose en algún momento previo los libros de dotación. Por ello se lo dio por muerto, dejando su esposa de percibir la media paga de marino. Seis meses después ante la sorpresa de sus familiares, regresó a Inglaterra en el "Vengeance".

Sólo quince días pudo permanecer en su casa, ya que fue nuevamente comisionado a Sebastopol donde permaneció hasta el fin de la campaña de Crimea.

Su última asignación fue a bordo del "Victory", del Almirante Nelson, obteniendo su baja con excelentes calificaciones y cinco medallas, entre ellas las de Inkerman, Sebastopol y Turquía.

Su espíritu inquieto no le permitió quedarse mucho tiempo en su hogar; al poco tiempo viaja a los Estados Unidos de Norteamérica a visitar a un hermano, quien le insiste para que se radique allí. Vuelve a buscar a su familia y se afinca en Hyde Park, Penssylvania, donde vivió catorce años, naturalizándose y obteniendo la patente de Capitán.

Un día conoce a dos galeses que se encontraban en búsqueda de interesados para emigrar a la recientemente creada colonia galesa en la Patagonia, quienes lo invitan a unirse al grupo. Adquieren una embarcación de 60 toneladas, el "Electric Spark", que ponen bajo su comando, partiendo con un grupo de inmigrantes el 30 de abril de 1874.

A la altura de Paranahibo, en Brasil, debido a un violento temporal el buque encalla en la costa. Logran salvarse pasajeros y tripulantes, pero a costa de la mayor parte de los implementos y equipaje que traían.

Luego de varias vicisitudes y trasbordos hacia Río de Janeiro y Buenos Aires, logran llegar a la colonia. Cuando Rogers conoció las. bondades del lugar y su gente, resuelve regresar a Estados Unidos para comunicar a los galeses allí residentes, las ventajas del lugar, y tratar de obtener un nuevo barco para la colonia.

Ya en Estados Unidos y en sociedad con otros futuros colonos, compran el "Lúceme", de sólo 54 Tn. Con treinta familias galesas a bordo zarpa rumbo al Chubut, arribando en un viaje directo de 117 días cuando ya se les había acabado el agua y sólo tenían almidón, que se reservaba para las mujeres.

Rogers recibe como todos los colonos 360 acres, instalando su chacra. Pero el mar continúa llamándolo, y siempre al mando del "Lúceme" navega durante tres años al servicio de la colonia.

Luego de la venta del "Lúceme", nuestra costa sur lo ve pasar hasta el Plata al comando de varias naves, tales como el "Amalia", "Rodolfo Alice", "Don Diego", "Stephano" e "Idea Jones", esta última una pequeña balandra de apenas 15 Tn de registro. Con el "Jessie" zarpa en diciembre de 1885 a ejercer la policía de la caza y pesca marítimas, actividad referida en el artículo ya citado.

Hallándose a la caza de lobos en San José con la "Idea Jones" y mientras la tripulación faenaba en tierra, es sorprendido por un violento temporal que desarbola la nave y la arroja contra unos escollos. Por su habilidad de nadador salva su vida y la de un tripulante que también se hallaba a bordo, remolcándolo hasta la costa atado al extremo de un chicote.


Licencia de despacho de la balandra "Idea Sones" al mando de - Guillermo Rogers  extendido en la Sub-prefectura del Chubut el 3 de Abril de 1882

También su pericia salvó en otra oportunidad de un casi seguro naufragio al "Amalia", mientras corría un temporal a la altura del Golfo San Matías. Tripulantes y viajeros se hallaban siempre dispuestos a navegar con él, ya que era creencia que navegando con el Capitán Rogers nadie podía perderse en el mar.

Pero quizás lo que mejor describe su temple de marino, son sus innumerables viajes de 250 millas entre la Colonia y Carmen de Patagones en el Cutter "Juan Dillon", de apenas cuatro toneladas. En estas travesías era acompañado sólo por el propietario de la nave, Juan Murray Thomas, quien sería luego Sub-Prefecto del Puerto del Chu-but (Guardacostas, N? 57). Llevaban pieles de guanacos, plumas de avestruz, quesos y otros productos de la Colonia, trayendo mercadería en general.

Su fama trasciende las fronteras y, cuando ya retirado viaja en 1904 a Gales, es solicitado por la prensa para relatar sus experiencias.

A su muerte, acaecida en Gaimán el 1° de enero de 1909, el Gobernador decretó honores oficiales. También a su memoria, en un artículo dedicado a la marina mercante en nuestro sur aparecido en la revista "Argentina Austral", se ha dedicado un pensamiento que considero el mejor cierre para estos renglones:

"Si hay sepulcros en los cuales parece que aún pulsa el corazón, manteniendo latente el recuerdo del hombre valiente que se fue, éste es uno de ellos, sin duda, puesto que el Capitán William J. Rogers, representa para los del Chubut el símbolo heroico de los marinos galeses."


Tumba del capitán Rogers en el cementerio de Gaiman

martes, 29 de septiembre de 2026

Biografía: Almirante Farragut cuando pasó por el Río de la Plata

Biografía de 

ADMIRAL FARRAGUT

por 

Capitán A. T. MAHAN, U. S. Navy

Fuente



CAPÍTULO V.
COMANDANTE Y CAPITÁN.


1841-1860.


Inmediatamente después del fallecimiento de su esposa, Farragut solicitó ingresar en la marina; y el 22 de febrero de 1841, fue destinado al Delaware, un navío de línea que se encontraba en preparación para la navegación en Norfolk y que lo llevaría por tercera vez a la estación de Brasil. En ese entonces, figuraba entre los tenientes de mayor rango de la marina; pero, como era costumbre que un comandante fuera el segundo al mando de un navío de línea, su ascenso, una vez recibido, no le obligaría a abandonar su puesto. Transcurrió algún tiempo antes de que el Delaware estuviera completamente listo para zarpar. Antes de partir, fue enviado por la bahía de Chesapeake hasta la desembocadura del río Severn, donde recibió la visita de numerosas personas de la cercana ciudad de Annapolis, así como de nutridas comitivas de congresistas y funcionarios públicos de Washington, entre los que se encontraba el entonces Secretario de Marina. Fue mientras estaba fondeado frente a Annapolis, el 27 de septiembre de 1841, que Farragut recibió su nombramiento como comandante de la marina. Su antigüedad como tal era desde el 8 de septiembre de 1841. Unos días después, el Delaware regresó a Hampton Roads y desde allí zarpó hacia su estación el 1 de noviembre. El[90] 12 de enero ancló en Río de Janeiro. Después de una estancia de seis semanas allí, todo el escuadrón zarpó hacia el Río de la Plata, el lugar habitual de los barcos en esa estación durante los meses de verano del hemisferio sur, cuando la fiebre amarilla suele ser frecuente en Río de Janeiro. El 1 de junio de 1842, Farragut recibió la orden de comandar el Decatur, una pequeña balandra de guerra, relevando al comandante Henry W. Ogden; Quien, como guardiamarina del Essex, había sido su compañero de comedor casi treinta años antes, se vio obligado a abandonar su barco por una enfermedad que le impidió retomar el ejercicio activo de su profesión. El traspaso del mando parece haberse realizado en el puerto de Río de Janeiro. Al romper su vínculo con el Delaware, con su nuevo rango, Farragut sintió que se había despedido definitivamente de las tareas subordinadas de su vocación; y, como rara vez sucede, pasó directamente del ejercicio activo del puesto inferior al de mayor rango. Su diario registra este hecho con un comentario característico: «Así concluyó mi servicio a bordo del Delaware como oficial ejecutivo; un servicio que siempre recordaré con satisfacción, pues fue el último escalón en la escala de tareas subordinadas, y me enorgullece pensar que lo desempeñé con el mismo celo que el primero». Tenía entonces casi cuarenta y un años.

El 2 de julio, el Decatur zarpó hacia La Plata junto con el Delaware. Poco después de llegar a Montevideo, el comodoro Morris embarcó en el primero y se dirigió en él a Buenos Aires; los barcos del tamaño del Delaware no podían acercarse a esa ciudad debido a la gran distancia que la separaba de ella, incluso aguas poco profundas. Después de intercambiar las cortesías oficiales habituales y[91] realizar algunos negocios con Rosas, quien entonces encarnaba en su persona todos los poderes del estado, el comodoro regresó a Montevideo; pero el Decatur pronto fue enviado de vuelta, y Farragut pasó la mayor parte de la segunda mitad de 1842 en Buenos Aires, en constante contacto, tanto oficial como social, con Rosas y su familia. De estos últimos, al igual que la mayoría de los oficiales navales estadounidenses que visitaban La Plata en ese momento, recibió impresiones muy agradables; y dado que, como oficial al mando, sus deberes eran menos exigentes y tenía mucho más tiempo a su disposición que como ejecutivo, dio rienda suelta a la disposición social que era prominente en su carácter. Gran parte de su diario durante su estancia se dedica a relatar los eventos sociales y oficiales en los que participó. «Durante el mes de septiembre», escribe, «me propuse pasar dos o tres noches a la semana en casa del gobernador» (Rosas). «El 5 de noviembre fui invitado a un baile en el Teatro Victoria, donde, como en todas las ocasiones similares, bailé la primera cuadrilla con la encantadora Manuelita, hija de Rosas». Las agradables y familiares relaciones que así se establecieron le permitieron realizar numerosos actos de bondad hacia los Unitarios, cuyas vidas corrían peligro constante por acusaciones políticas, si no por delitos reales.

Rosas mismo ejercía entonces plenamente el poder dictatorial que le había sido otorgado años antes, tras negarse a la reelección como gobernador de Buenos Aires. Su gobierno, que se prolongó con sucesivas renovaciones de su cargo hasta 1852, fue arbitrario y sangriento. pero en la desorganización de las provincias en aquel entonces, un hombre de su fuerza de carácter parecía necesario para[92] evitar los horrores mayores de la constante lucha interna. «Concluimos, a partir de nuestras observaciones», anota Farragut en su diario, «que era un hombre de mente y energía extraordinarias y, en general, razonable; pero en lo que respecta a las sociedades secretas, era un loco, a juzgar por su furiosa denuncia de ellas» y constituían, en efecto, el único recurso de los acobardados Unitarios, y eran el principal peligro que lo amenazaba entonces. «Tuvimos una excelente oportunidad para formarnos una idea de su carácter, ya que parecía deshacerse de toda restricción mientras estaba con nosotros. Pero el comodoro nos informó que, tan pronto como le presentó asuntos de negocios, Rosas era otra persona; era tranquilo y mesurado en sus modales y en su lenguaje». Las damas de la familia eran amables, inteligentes y hospitalarias; pero, como todas las mujeres de Buenos Aires en aquel entonces, eran necesariamente fervientes federalistas y detestaban a los «salvajes Unitarios». Farragut menciona un incidente ocurrido en una festividad oficial en honor de Rosas, que muestra la barbarie que yacía bajo la superficie del carácter argentino en aquel entonces, y que fácilmente encontraba una expresión repugnante en la constante lucha civil y en el gobierno descontrolado del dictador. En el salón de baile había un cuadro que habría avergonzado incluso a la sociedad más bárbara. Era una figura de tamaño natural que representaba a un soldado federal, con un unitario tendido en el suelo. El federal presionaba sus rodillas entre los hombros de la víctima, cuya cabeza era sujetada hacia atrás con la mano izquierda y a la que le cortaban la garganta de oreja a oreja, mientras el verdugo alzaba triunfante un cuchillo ensangrentado y parecía reclamar el aplauso de los espectadores. Estoy seguro de no equivocarme al decir que todos los de nuestro grupo sintieron un escalofrío involuntario al contemplar esta escena; y después no recuperamos el ánimo, pues toda la alegría que mostramos durante la noche fue forzada y antinatural.

Resulta de cierto interés, aunque menor, observar que Farragut menciona a Garibaldi en este momento, en relación con las guerras que se libraban entonces. El patriota italiano, cuyo nombre distaba mucho entonces de tener la fama que alcanzaría posteriormente, llevaba tiempo participando en las luchas revolucionarias del lado popular en las provincias del sur de Brasil. De allí pasó a Uruguay, donde se convirtió en profesor de matemáticas en Montevideo. Rosas ambicionaba incorporar a la confederación argentina todas las provincias que antaño formaban el virreinato de Buenos Aires, del que Uruguay era una; y, aprovechando las disensiones civiles de estas últimas, había iniciado hostilidades como aliado de un partido del Estado. Garibaldi, que había comenzado su vida como marinero, comandaba las fuerzas navales uruguayas y, en esa calidad, se encargó de transportar provisiones a Corrientes, un punto importante en la cuenca alta del río Paraná. «Al encontrar numerosos obstáculos en su camino», señala Farragut, «el almirante argentino Brown logró alcanzarlo. Garibaldi encalló su navío en una ensenada y opuso una resistencia desesperada; luchó hasta agotar toda su munición, luego desembarcó a su tripulación y prendió fuego a su navío». El 17 de octubre se ofreció un gran baile en honor a este éxito, al que asistió el comandante Farragut, como a todas las demás celebraciones durante su estancia en Buenos Aires.

El Decatur ya llevaba tiempo en la zona cuando Farragut asumió el mando, y había llegado el momento de su regreso a casa. Tras zarpar de Buenos Aires, hizo breves escalas en Montevideo, Río de Janeiro, Maranham y Pará, este último puerto del río Amazonas. El 18 de febrero de 1843 llegó a Norfolk, y Farragut fue relevado. Su salud era delicada en ese momento, por lo que pasó el verano siguiente en Fauquier Springs, Virginia.

En otoño regresó de las montañas a Norfolk; y allí, el 26 de diciembre de 1843, contrajo matrimonio con la señorita Virginia Loyall, hija mayor del señor William Loyall, un ciudadano de Norfolk muy conocido y respetado.

En abril de 1844, el comandante Farragut fue destinado como oficial ejecutivo al buque receptor en Norfolk, el Pennsylvania, un barco de ciento veinte cañones; que, en la época de los veleros, era con mucho el buque más grande que Estados Unidos había tenido jamás, y uno de los más grandes del mundo. Tiempo después fue trasladado al astillero naval del mismo lugar, donde prestaba servicio cuando estalló la guerra con México.

Tan pronto como las dificultades ya existentes con ese país comenzaron a tornarse ominosas, Farragut escribió al Departamento de Marina solicitando servicio en el Golfo. En su solicitud, expuso las aptitudes que creía poseer, gracias a su conocimiento y estudio minucioso del terreno, y a su dominio del español. Hizo referencia, en particular, a las ocasiones en que había trabajado en esa zona y al minucioso estudio que había tenido el privilegio de realizar in situ durante las operaciones del almirante Baudin. Aunque el Secretario de Marina en aquel entonces era el capaz e ilustrado Sr. George Bancroft, esta carta no recibió respuesta; y una segunda, enviada después del comienzo de la guerra, apenas fue acusada de recibo sin que se tomara ninguna medida. Después de que el Sr. Bancroft dejara el Departamento, Farragut renovó su solicitud, expresando una decidida opinión de que el castillo de San Juan de Ulloa podía tomarse mediante un ataque de artillería o una escalada; se ofreció a emprender la tarea con el Pennsylvania y dos balandras de guerra. Si no se consideraba que tuviera el rango suficiente para tal mando, estaba dispuesto a regresar al puesto de segundo al mando del Pennsylvania para, en esa capacidad, organizar la tripulación para el ataque. La opinión así expresada contradecía los prejuicios habituales de la época y, viniendo de un oficial que aún no había tenido la oportunidad de demostrar su valía, más que mejorar, perjudicó sus posibilidades de empleo. No fue hasta febrero de 1847, casi un año después del comienzo de la guerra, y entonces con "mucha dificultad", que obtuvo el mando de la balandra de guerra Saratoga; pero cuando llegó a Veracruz con ella, el castillo ya había pasado a manos de los Estados Unidos, tras haberse rendido a las fuerzas del general Scott el 26 de marzo. Que esta captura la hubiera realizado el ejército en lugar de la marina fue una gran decepción para Farragut, quien durante tanto tiempo había albergado la esperanza de que su caída hubiera sido el logro más brillante de su propio servicio. En su humillación, empleó una expresión que, a la luz de su posterior trayectoria, parece una doble profecía: «La marina estaría hoy en una posición muy diferente si nuestros barcos hubieran participado en el ataque. Era todo lo que podíamos hacer, y debíamos haberlo hecho a toda costa. Sin embargo, el comodoro Conner pensaba diferente, y los viejos oficiales en casa respaldaban su opinión; pero todos pagaron las consecuencias: ninguno de ellos lucirá el estandarte de almirante, algo que sí habrían hecho si aquel castillo hubiera sido tomado por la marina, lo cual sin duda habría sido el resultado de un ataque». Fue gracias a esta iniciativa, llevada a cabo por los hombres de su época, entre los que él fue el más destacado, que la marina finalmente obtuvo el estandarte de almirante que tanto tiempo había anhelado en vano.

La frustración de esta gran ambición no fue la única desgracia que Farragut sufrió a raíz de la guerra con México. Contrajo fiebre amarilla en la base, casi perdiendo la vida; y posteriormente se vio envuelto en una disputa con el comodoro del escuadrón, a quien consideraba discriminado injustamente en la asignación de tareas, debido a una animosidad personal hacia él. La correspondencia no tuvo éxito; pero tales disputas rara vez son sino perjudiciales para el oficial subalterno involucrado. No es singular, por lo tanto, que hable de este crucero como el más humillante de todos los servicios que había prestado desde que ingresó en la marina. "Tengo poco", repitió, "que recordar con satisfacción o placer en este momento, excepto la conciencia de haber cumplido con mi deber". Dolido por la creencia de que se le estaba imponiendo algo, escribió al Departamento de Marina quejándose de la injusticia y solicitando que lo relevaran de su cargo o que enviaran el barco de regreso a casa. Admite con franqueza que el Secretario de Marina consideró impropias sus cartas, pero el Saratoga recibió la orden de regresar a Estados Unidos y fue dado de baja en Nueva York en febrero de 1848. Durante su breve travesía, se registraron [97] cien casos de fiebre amarilla entre sus ciento cincuenta tripulantes, y su comandante se vio obligado, en sus propias palabras, a expulsar a cinco de sus oficiales subalternos y, el último día, a llevar al primer teniente a juicio por embriaguez. En conjunto, la guerra con México y la travesía del Saratoga parecen haber marcado el punto más bajo de decepción y disgusto que Farragut tuvo que afrontar durante su carrera naval.

Inmediatamente después de abandonar el Saratoga, Farragut fue reincorporado a su antiguo puesto en el astillero naval de Norfolk. Dos años más tarde, fue llamado a Washington para redactar, junto con otros oficiales, un libro de Reglamentos de Artillería para la marina. Esto lo ocupó durante dieciocho meses. Al igual que cuando estuvo en New Haven veinticinco años antes, donde aprovechó la oportunidad de asistir a las conferencias del Yale College, en este último período también asistió regularmente a las del Instituto Smithsonian, perdiéndose, según relata, solo una. «Rara vez se sale de tales conferencias», añade, «sin ser algo más sabio de lo que se entró». Ciertamente, no podía prever dónde exactamente podría aplicarse ese conocimiento, pero siempre actuó bajo el principio de que cualquier conocimiento podría resultar útil en algún momento; del mismo modo que, cuando estuvo en Veracruz, aunque en ese momento no preveía una guerra con México, examinó detenidamente cada punto de interés, pues «he hecho de mi vida una regla de vida tomar nota de estas cosas con miras al posible futuro».

Cuando se terminaron las Regulaciones de Artillería, en la primavera de 1852, Farragut fue destinado nuevamente al astillero naval de Norfolk y se le ordenó utilizar la experiencia adquirida en su compilación impartiendo[98] conferencias semanales sobre artillería a los oficiales de la base. En persecución de la misma línea tras finalizar su trabajo profesional, poco después se le ordenó realizar una serie de experimentos en Old Point Comfort, cerca de Norfolk, para determinar ciertas cuestiones relacionadas con la resistencia de los cañones de hierro. Los disparos se prolongaron con uno o dos cañones de cada clase hasta que estallaron. Se obtuvieron resultados muy importantes; pero la circunstancia más relevante de esta misión es que Farragut trabajó con el teniente Percival Drayton, quien posteriormente fue su capitán de bandera y jefe de estado mayor en la batalla de la bahía de Mobile. La estrecha relación que forjaron durante este año de trabajo experimental en Old Point perduró durante toda su vida.

Poco después estalló la guerra de Crimea. El deseo de Farragut de superarse profesionalmente y de contribuir al progreso de la Armada lo llevó a solicitar al Departamento de Marina ser enviado al frente de batalla para "visitar las flotas de Inglaterra y Francia y determinar si, en cuanto a equipamiento y preparación para la guerra, presentaban alguna ventaja sobre nuestros propios buques de guerra y, de ser así, en qué consistían". No cabe duda de la utilidad de tal misión, y sus ocupaciones de los últimos años lo prepararon particularmente para tal investigación. Si el Departamento de Marina hubiera tenido entonces algún registro sistemático de la aptitud demostrada por los oficiales individuales y del trabajo realizado por ellos, habría reconocido la peculiar idoneidad de Farragut para tareas de este tipo; las cuales desde su época se han organizado y se les ha dado un alcance más amplio bajo la Oficina de Inteligencia del Departamento de Marina. Tal como fue, su solicitud no recibió más respuesta que un cortés acuse de recibo.[99] Una comisión, compuesta por tres oficiales del Cuerpo de Ingenieros del ejército, fue enviada por el Departamento de Guerra a visitar Europa y el escenario de la guerra, y a su regreso hizo un informe detallado; Pero en este período crítico del progreso naval, cuando la vela cedía terreno claramente al vapor, cuando se realizaban los primeros intentos de construir baterías acorazadas y cuando los enormes cambios en el armamento que se habían producido desde entonces eran ciertamente, aunque aún vagamente, evidentes, al Gobierno de los Estados Unidos no le pareció lo suficientemente importante investigar, in situ, el funcionamiento práctico de los nuevos instrumentos en condiciones de guerra.

Aunque sin duda no fuera esa su intención, el Departamento de Marina recalcó su decisión de no enviar a Farragut al Este asignándole un puesto tan al oeste como lo permitían entonces los intereses navales de los Estados Unidos dentro de sus propias fronteras. En agosto de 1854, cuatro meses después de su solicitud para el puesto mencionado, fue destinado a California como primer comandante del astillero naval de Mare Island. El emplazamiento había sido seleccionado en 1852 por una comisión de tres oficiales, pero aún no existía ningún astillero. La tarea específica de Farragut sería planificarlo y construirlo siguiendo las instrucciones generales del Departamento. Su selección para este difícil y oneroso cargo, pero a la vez muy halagador, fue uno de los primeros resultados evidentes del esfuerzo diligente y minucioso que había caracterizado su carrera profesional. Solo por eso había tenido la oportunidad de destacarse entre la mayoría; pero gozaba de gran estima por parte del comodoro Joseph Smith, entonces y durante muchos años antes y después, jefe de la Oficina de Astilleros y Muelles, bajo cuya dirección recayó la gestión y el desarrollo de los astilleros navales. En el momento crítico en que se debía seleccionar a un oficial para comandar el ataque a Nueva Orleans, Smith, quien mantenía una estrecha relación de confianza con el Secretario de Marina, siempre sostuvo que Farragut era el hombre idóneo para el puesto.

El emplazamiento del nuevo astillero se encontraba en la extensa franja de aguas interiores conectada con la bahía de San Francisco, a unas treinta millas de la ciudad. Al no haber alojamiento en la isla, Farragut, con su familia, vivió durante unos siete meses a bordo de una vieja balandra de guerra anclada cerca. Permaneció en este puesto durante cuatro años, durante los cuales se hicieron grandes progresos en el desarrollo del astillero; pero el deber, aunque de suma importancia y particularmente responsable, debido al tiempo que requería la correspondencia para ir y venir de Washington, no dio frutos. Eran los turbulentos primeros tiempos de California: los días del Comité de Vigilancia y del Partido Ley y Orden. Los oficiales militares de los Estados Unidos no tenían una preocupación adecuada con estos problemas internos del Estado; pero existía continuamente la posibilidad de que se vieran obligados a tomar partido por la interferencia de uno u otro bando con los funcionarios civiles del Gobierno de los Estados Unidos, o que se vieran inducidos, por una solicitud de las autoridades, a actuar con el argumento de que no había tiempo para consultar a Washington para obtener instrucciones. No es necesario entrar en ningún examen del curso de Farragut durante este período, aunque los asuntos con los que se ocupó de la situación que tuvo que afrontar se tornó, en ocasiones, crítica y delicada. Baste decir que el Departamento de Marina, tras recibir sus informes, aprobó su conducta por haber sido prudente y, a la vez, caracterizada por un espíritu apropiado.

En julio de 1858, Farragut regresó al Este por la única ruta disponible en aquel entonces: el Istmo de Panamá. Durante su ausencia, el 14 de septiembre de 1855, había sido ascendido al rango de capitán, que, antes de la Guerra Civil, era el grado más alto en la Armada de los Estados Unidos; el título de comodoro, que entonces se aplicaba con frecuencia a los oficiales de mayor antigüedad, era simplemente un título de cortesía otorgado a un capitán que había comandado un escuadrón de varios buques, pero que por ello no dejaba de figurar como capitán en el Registro de la Marina. Poco después de su llegada, Farragut recibió la orden de comandar el Brooklyn, uno de los seis balandros de guerra a vapor que acababan de terminarse. Pertenecía a aquella nueva armada de hacía treinta años que el Gobierno de los Estados Unidos, para su gran fortuna, había decidido construir, y que estuvo disponible justo a tiempo para las exigencias de la Guerra Civil.

Se ha dicho, incluso en el Congreso por un político prominente de su partido, que la historia pasada enseña que la preparación para la guerra es innecesaria para los Estados Unidos, y se han citado las condiciones previas a las guerras de 1812 y 1861 para respaldar esta afirmación. Ciertamente, nadie que conozca los hechos negará que los Estados Unidos estaban lamentablemente desprevenidos para ambas guerras en lo que respecta al tamaño de su armada; pero en ambas ocasiones, más por suerte que por buena gestión, la armada de la que disponía era de una calidad excepcional y, en la medida en que su número lo permitía, era generalmente perfectamente adecuada para la labor que debía realizar. Sin embargo, no podía ni siquiera acercarse a la totalidad del servicio que debería haber prestado. En 1812, no pudo proteger ni la bahía de Chesapeake ni el Misisipi; fue bloqueada en sus propios puertos, escapando solo mediante la evasión; no pudo proteger el comercio estadounidense, que sufrió más que el de Gran Bretaña. En 1861, si su número de efectivos hubiera sido mínimamente suficiente, podría haber actuado con prontitud para anticiparse a los preparativos del enemigo y, mediante la prevención, haber obtenido ventajas inmediatas que posteriormente solo se lograron con un gran desembocadura de tiempo y combates. Tales fueron las consecuencias de la falta de preparación. A la escasa preparación —a los excelentes barcos y al armamento superior, ambos insuficientes— se debieron los éxitos de ambas épocas. Las fragatas y balandras de 1812 se encontraban entre las mejores de su clase, con potentes baterías y una excelente tripulación; mientras que en la década anterior al inicio de la Guerra Civil se habían construido dieciocho o veinte nuevos buques de vapor, admirablemente eficientes para su época y con armamento avanzado y potente. Sobre estos recayó el peso principal de los combates navales que siguieron. Estos barcos, y en particular los de la clase Brooklyn, fueron la columna vertebral de la flota de Farragut durante todas sus acciones, incluso en la última en Mobile en 1864. Si hubiera habido el triple, el trabajo se habría realizado antes y, por lo tanto, a menor costo; pero si la falta de preparación en 1861 hubiera sido igual a la de 1851 o 1881, cabe preguntarse si alguno de sus éxitos se habría podido lograr.

Cuando Farragut tomó el mando del Brooklyn, habían transcurrido diez años desde su última navegación, años marcados por cambios navales. Nunca antes había servido en un vapor, salvo por un breve período en uno primitivo perteneciente a la flota Mosquito de Porter, en 1823. Los cambios en la disposición y el manejo de los cañones no habían sido radicales. Todavía estaban dispuestos "en andanada", a lo largo de los dos costados del buque; Tampoco eran nuevos los cañones pivotantes —que, como su nombre indica, podían girar hacia un lado u otro, según la posición del enemigo—. En estos asuntos había habido mejoras y desarrollo, pero no una revolución. Pero si bien el modo de colocación y manejo era esencialmente el mismo, los cañones mismos habían aumentado mucho de tamaño y habían recibido importantes modificaciones en su diseño. El sistema entonces en boga era el asociado con el nombre del difunto almirante Dahlgren. La forma del cañón se había adaptado a las tensiones producidas por la descarga en sus diversas partes, según lo determinado por cuidadosos experimentos; y en lugar del cañón de 32 libras, o de seis pulgadas, que había sido el arma principal de los barcos anteriores, las baterías de las nuevas fragatas y balandras estaban compuestas principalmente por cañones de nueve pulgadas, con uno o más pivotes de ánima de diez u once pulgadas. El proyectil de obús, cuyos efectos destructivos habían provocado los comentarios de Farragut en 1838, era ahora el tipo de proyectil reconocido; y los nuevos cañones eran denominados distintivamente como cañones de proyectiles, porque no se esperaba que usaran proyectiles sólidos en circunstancias normales. El Brooklyn y sus compañeros, entre los que se encontraba el futuro buque insignia de Farragut, el Hartford, aunque los vapores de hélice también contaban con la misma potencia de vela que los antiguos veleros, eran embarcaciones de madera, no de hierro.

El servicio del Brooklyn, bajo el mando de Farragut, se limitó principalmente a sus antiguas rutas de crucero en las Indias Occidentales y México. En este último país, desde el fin de la guerra con Estados Unidos en 1848, se habían sucedido constantemente revoluciones; y en la época del crucero del Brooklyn, se había establecido en Veracruz un partido constitucional, encabezado por Benito Juárez, legítimo aspirante a la presidencia. En oposición a este, en la Ciudad de México, se encontraba el partido liderado por el general Miramón, quien había usurpado por la fuerza la autoridad del predecesor de Juárez. Estados Unidos apoyó a Juárez, y a su ministro, Robert McLane, se le permitió utilizar el Brooklyn para transportarlo de un punto a otro de la costa. Si bien no se ejerció la fuerza, el respaldo a las protestas del ministro, con la presencia constante de un poderoso buque de guerra, sirvió para enfatizar la política del Gobierno, que había reconocido a Juárez. Este reconocimiento fue seguido tiempo después por una medida similar por parte de los ministros de Inglaterra, Francia y España. El Sr. McLane continuó a bordo del Brooklyn durante gran parte de 1859, y en diciembre de ese año regresó en él al Misisipi, donde desembarcó en una plantación cerca de Nueva Orleans. Esta visita a su antiguo hogar estuvo marcada por una triste coincidencia para Farragut. Su hermano mayor, William, teniente de la marina, se había retirado hacía tiempo del servicio activo, para el cual no estaba capacitado debido al reumatismo. En consecuencia, no había recibido ascensos, permaneciendo a la cabeza de la lista de tenientes y siendo asignado al puesto naval de Nueva Orleans. Cuando el Brooklyn entró en el río, yacía al borde de la muerte, pero oyó de la llegada de su hermano y expresó su esperanza de vivir lo suficiente para volver a verlo tras tantos años de separación. Su deseo no se cumplió. Aunque ignoraba el peligro, el capitán Farragut se apresuró a ir a la ciudad, esperando con ilusión el encuentro; pero llegó justo a tiempo para ver a su hermano muerto y acompañarlo hasta la tumba.

Farragut permaneció a bordo del Brooklyn durante dos años. En octubre de 1860, fue relevado por el capitán W. S. Walker y regresó a su hogar en Norfolk. Con esto finalizó su servicio naval antes de la Guerra Civil, y como capitán de un solo barco. A partir de entonces, durante el breve pero importante resto de su carrera militar, comandaría grandes flotas.

sábado, 9 de mayo de 2026

Almirante: Manuel Domecq García

Manuel Domecq García


Almirante Manuel Domecq Garcia

(01) Robo de niños (Guerra del Paraguay)
(02) El niño Manuel
(03) El hombre Domecq Garcia
(04) Fuentes
(05) Artículos relacionados

Robo de niños (Guerra del Paraguay)

 

Desde el inicio de la Guerra del Paraguay y las primeras acciones, muchos oficiales aliados robaban prisioneros que eran vendidos como esclavos en brasil o como sirvientes en la argentina. La documentación al respecto no deja dudas. El propio Mitre lo confirma este robo de prisoneros en nota al vicepresidente Marcos Paz en carta del 4 de octubre de 1865, en que le da cuenta de la disminución del número de prisioneros tomados en las acciones de Uruguayana:


“Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos, lo que muestra a usted el desorden de esa tropa, la falta de energía de sus jefes y la corrupción de esa gente, pues los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta de Mitre a Marcos Paz - 4 de octubre de 1865 - JMR.La guerra del Paraguay.p.239)


Esta conducta pervesa se mantuvo a lo largo del conflicto, lo que provocó energicas protestas de Solano López, desmentidas cínicamente por Mitre y otros jefes aliados.

Durante la ocupación y saqueo de Asunción en febrero de 1869, los brasileños que entraron a la ciudad se dedicaron al sistemático saqueo y otros crímenes aberrantes, saqueando hasta las tumbas del cementerio. Las tropas argentinas se mantuvieron inectivas en las afueras de asunción, mientras la soldadesca brasileña se dedicaba a violar mujeres, robar templos y hasta delegaciones extrajeras, como para que el saqueo sea “más democrático”.

D.F.Sarmiento



El presidente Sarmiento, con vistas a la historia, aprueba este proceder del General Emilio Mitre: “Aplaudo la determinación prudentísima de Ud. de no entrar en Asunción, dejando a la soldadesca brasileña robar a sus anchas. Esta guerra tomará proporciones colosales en la historia y es bueno que nuestro nombre figure limpio de reproche” (Sarmiento a Emilio Mitre. Buenos Aires, 21 de enero de 1969- Obras Completas, 10 tomos. Buenos Aires 1888-1913) Extraña actitud de Sarmiento felicitando y aplaudiendo al jefe Argentino “dejando a la soldadesca robar a sus anchas” la ciudad tomada.

Efectivamente saquearon a sus anchas la ciudad, donde arrancan hasta puertas y ventanas de algún valor, y quemando el resto, para cargarlos en la rada del puerto los barcos, que a carga completa, conducían el producto del saqueo hasta Río de Janeiro o Buanos Aires, donde eran rematadas al mejor postor. Esto fue tan a cara descubierta, que el propio príncipe de su Alteza Real y yerno de Pero II, más conocido como el sádico conde D´Eu, en su visita a Sarmiento que lo recibe en la Casa de Gobierno con motivo de la inauguración del nuevo mobiliario y tapicería francesa de la Casa de Gobierno, deja asentado en su diario: “se dice que pertenecieron a López” (Archivo del conde d´Eu. Archivo de la familia real en Petrópolis)

“Novecientas mujeres que cayeron en poder de los brasileños fueron víctimas de la lascivia de la soldadesca…Los brasileños, posesionados de la ciudad, se entregaron al más implacable saqueo y devastación. Ni las legaciones, ni los consulados, ni los sepulcros, ni las iglesias fueron respetados. La tarea destructora siguió varios días. Durante la noche, las casas de fácil combustión, incendiadas después de saqueadas, y grandes fogatas alimentadas por los muebles sin valor y por puertas y ventanas, alumbraban el cortejo de vehículos que transportaban hasta los buques los frutos del saqueo. Las embarcaciones zarparon hacia Buenos Aires y Río de Janeiro repletas de objetos de valor. La escuadra brasileña también se prestó a esa tarea” (Cardozo, Efraín. “Paraguay independiente”.p.245, en Historia de América y de los pueblos americanos, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta. t.XXI. Barcelona 1949)


Guerra del Paraguay - Leonardo Castagnino A esta salvajada, llevada a cabo por “los civilizadores de Paraguay”, no escaparon los niños paraguayos de la más corta edad, que durante el saqueo deambulaban desorientados por las calles de Asunción, ya huérfanos o separados de sus padres y parientes, y que fueron victimas del robo o secuestro para ser canjeados o vendidos en el lugar, o trasladados como esclavos y sirvientes.

La historia nos da muchos nombres de niños que fueron secuestrados y llevados a los países vecinos, como los casos de Ramón Grance, Mateo Rivas, José Cantero o Manuel Domecq García. Otros quedaron perdidos en las oscuras páginas del pasado, pues no solo fueron secuestrados sino robadas sus propias identidades. Relatos de sobrevivientes refieren estos hechos lamentables, donde cientos de niños harapientos y famélicos eran secuestrados por la soldadesca y llevados aguas abajo por miembros de los ejércitos invasores, en medio de dramáticas escenas de parte de sus parientes, imposibilitados de evitar tal despojo, pues fuertes cordones de soldados no dejaban acercarse a parientes y conocidos para despedirse de los desgraciados.

Bartolomé Yegros, paraguayo niño en aquella época, y que sobrevivió a la tragedia, nos deja esl siguiente testimonio:

"Yo contaba entonces nueve años de edad. Centenares de criaturas hambrientas y desparramadas llegaban de la campaña a la capital, tras los peregrinos que regresaban de los desiertos, extraviados por causas múltiples, de nuestras familias o tutores, rastreándolos inútilmente. Y amedrentados por los que robaban niños en la ciudad, los que podíamos escapar a estas persecuciones huíamos de nuevo al interior, vagando hasta encontrar alguna persona piadosa en las poblaciones cercanas, que habían sido abandonadas y empezaban de nuevo a ser pobladas.

"Esta caza de menores había durado de 1869 a 1870, o hasta más tarde. Yo retrocedí hasta el pueblo de Capiatá, amparándome en una señora de la familia de Mongelós, hasta que una única hermana mía regresó de Cerro Corá, y hubo de recogerme consigo en la capital. Mis hermanos varones sucumbieron todos. El hecho que dejo relatado no puede considerarse un caso aislado, porque lo realizaban sistemáticamente, pues los mismos soldados argentinos salían a recorrer las calles, en busca de pequeños errantes, o de los hijos de los mismos vecinos, que habían vuelto a ocupar sus casas, para llevarlos a distribuir después, en son de dádiva, a sus familiares, como trofeos vivientes o como "cautivos". He tenido ocasión de conocer a muchos de esos desgraciados, tanto en la capital federal argentina, como en los pueblos de las provincias, antes y después que permanecí en el ejército de dicho país".


El niño Manuel

El caso del niño Manuel Domecq García es relevante, pues con el tiempo llegó a ser una personalidad notable y respetadísima en la sociedad argentina. Había nacido en el pueblo de Tobatí el 12 de junio de 1859 y, con apenas seis años, fue arrastrado por la vorágine de la guerra. Su padre, Tomás Domecq, médico militar, perdió la vida en el cerco de Humaitá, en 1868, y su madre, doña Eugenia García Ramos de Domecq, habría fallecido en la batalla de Peribebuy del 12 de agosto de 1869 o a causa de las penurias siguiendo al ejército paraguayo como residenta.

Con las fuerzas aliadas llegaron al país numerosas familias que, hasta entonces, vivían en el exilio, como el caso de la familia Decoud Domecq, conformado por don Juan Francisco Decoud, segundo jefe de la Legión Paraguaya (1), y su esposa, doña Concepción Domecq de Decoud, padres de don José Segundo Decoud Domecq, periodista, convencional de 1870 y ministro de estado , Juan José, Adolfo, Diógenes y Héctor Francisco Decoud Domecq.

Según un informe proporcionado por la propia señora Concepción Domecq de Decoud al doctor Estanislao Zeballos, el niño Manuel Domecq García había sido recogido por soldados de las fuerzas brasileñas de ocupación. "Después del regreso de las familias a la Asunción, cuenta el doctor Zeballos, una noche que en la casa del señor Decoud (Juan Francisco) se celebraba una comida en regocijo de la reunión de la familia, llamaron a la puerta unos brasileños. Salió el joven José Segundo a inquirirse del objeto de la visita, y ellos dijeron que querían hablar con la señora”.

Cuando doña Concepción se presentó, ella con dos de sus hijos, se desarrolló el siguiente diálogo:

- Usted busca un sobrino, señora; nosotros lo tenemos".
- Traiganlo, pues".
- Es necesario que nos pague el servicio"
- Tráiganlo, les daré una libra esterlina (una cifra elevada, en la época)".


Los brasileños se negaron a entregar al niño por esa suma y recién luego de varios minutos de puja, se acordó la entrega, cuando la señora de Decoud ofreció entregar ocho libras esterlinas por el rescate del niño, quien se encontraba escondido en una carpa en el campamento brasileño.

Ante la ausencia de los padres del niño Manuel Tomás Domecq García y de su hermana Eugenia, de unos cinco años, también rescatada por sus tíos, y ante el clima de desolación que se vivía en Asunción, los niños fueron enviados a la Argentina para ser criados por un tío materno, don Manuel García Ramos, fuerte estanciero de la época.

En un momento dado del largo viaje a la Argentina, el pequeño Manuel Domecq se extravío, ante la desesperación de la persona qe los trasladaba. Los esfuerzos por encontrarlos no tuvieron resultado y continuaron viaje a Buenos Aires comunicando al don Manuel García Ramos de la desaparición del niño.

Don Manuel recurrió entones a cuanto recurso estaba a su alcance para recuperar a su sobrino.. Apeló a muchos amigos, tanto en la Argentina, como en Uruguay y en Brasil. Logró que las autoridades emitieran un bando que decía así:

"Circular. Dirigida a varios Jefes y Oficiales del Ejército Aliado en operaciones en el Paraguay y otras personas residentes en el mismo País, pidiendo noticias del niño Manuel Domecq que se ha extraviado.

Se suplica a cualquiera persona a cuyas manos llegue este impreso, que si tiene alguna noticia del paradero del niño Manuel Domecq de diez años, blanco, ojos negros, pelo negro; tenga la bondad de transmitirla al señor Comisionado Argentino en la Asunción Coronel D. Pedro José Agüero, directamente si le es posible y si no al jefe más inmediato, a quien también se pide que haga llegar la noticia a dicho Coronel.

Este niño venía con la señora a cuyo cargo hallaba, entre un grupo de familias que fueron recogidas por las fuerzas aliadas en el mes de agosto próximo pasado. Durante la marcha a pie para la estación de Ferrocarril el niño se cansó o se enfermó y un oficial brasilero lo tomó en ancas de su caballo y en la confusión se extravió, no pudiendo darse con él hasta ahora.

"La familia que se encuentra desolada con la pérdida de este niño agradecerá profundamente y gratificará a la persona que le proporcione indicaciones sobre su paradero. "En Buenos Aires puede ocurrirse a la calle Perú esquina Rivadavia".

Este bando se repartió por todas partes, pero, por suerte, tuvo efecto y, luego de cuatro meses de angustiosa espera, el niño Manuel Tomas Domecq García pudo reunirse con la familia de su tío.

¿Qué pasó con el niño, el tiempo que estuvo nuevamente desaparecido? Cuando viajaba para reunirse con su tío Manuel García Ramos, el niño sube a la grupa del caballo de un oficial brasileño, quien le llevó al Brasil, donde fue recogido por mariscal Luis Alves de Lima e Silva, duque de Caxías, quien llegó a encariñarse tanto con él que quiso adoptarlo.

Luego sus familiares lo localizaron y su tío viajó al Brasil a rescatarlo. Ya en Buenos Aires, el niño Manuel y su hermana Eugenia, pasaron a vivir en la casa de una hermana de su madre, doña Demofila García Ramos de Lanús.


El hombre Domecq García

A partir de entonces la historia de Manuel Domeq Garcia es un poco mas coocida o facil de rastrear, pero vale la pena hacer una breve reseña sobre la actuación de este hombre notable.

En 1877, de joven, ingresa a la Escuela Naval Argentina fundada en 1873, y que por entonces funcionaba en el buque Almirante Brown, destacándose como alumno y egresando como el primero de su promoción.

Ya egresado participa en varias expediciones de relevamientos hidrográficos en los ríos Paraná, Iguazu y Pilcomayo, que lo convierten en un experimentado conocedor de esos ríos, ingresando en 1886 a la Comisión Argentina de Limites con Brasil, a las órdenes del comandante Valentin Virasoro, efectuando relevamientos de los ríos San Antonio y Pepiry-Guazu.

Posteriormente, este paraguayo nacionalizado argentino, es encargado de variso fuciones relevantes por parte el gobierno argentino.

Es enviado a Europa para contratar la construcción de la fragata Sarmiento, destinada a ser buque escuela de la Armada Argentina. Luego de estudiar las diversas propuestas de astilleros europeos, finalmente, en 1896, se contrató con la firma Laird Brothers, establecida en Birkenhead, Inglaterra. Terminada la construcción de la fragata Sarmiento, Domecq retornó a su país, siendo designado comandante en Jefe de la División del Río de la Plata.

Luego el gobierno del general Julio Argentino Roca lo designa presidente de la omision argentina encargada de la construcción de los cruceros acorazados Moreno y Rivadavia en los astilleros Gio Ansaldo de Genova. Pese la muerte por entonces de su hija mayor, se dedicó de lleno a la fiscalización de la construcción de estos dos buques, los más avanzados de la época en materia naval, además de otros ya entregados a la Armada Argentina: Garibaldi, San Martín, Belgrano y Pueyrredón. (2)

El destino final de aquellos buques no seria la Armada Argentina, por cuanto en 1902 la Argentina firmó con Chile un pacto de desarme y de equiparación del poder naval de ambos países, y los acorazos terminados de construir en 1904 fueron vendidos al Imperio del Japón. Domecq García, como jefe de la Misión Naval en Génova, fue el encargado de entregar los buques a los enviados japoneses, que rebautizaron los acorazados con los nombres de Kasuga y Nisshin. Durante la guerra Ruso-japonesa, el Imperio de Japón invita a la Argentina a que designase un oficial de la Armada como observador de esa guerra. La designación recayó en Manuel Domecq García, quien desde Génova se trasladó hasta el escenario de guerra, permaneciendo en el teatro de la guerra durante dos años, donde embarcado presenció varios combares navales. Retresa a la Argentina en mayo de 1906

El 19 de mayo de 1908, a los cuarenta y nueve años, Manuel Tomás Domecq García recibió las palmas del almirantazgo al ser ascendido a Contralmirante, luego de una larga postergación como capitán de navío, prestando servicios en la Armada en diferentes destinos.

El 17 de diciembre de 1908, el presidente Figueroa Alcorta le designara Presidente de la Comisión Naval en Europa, para estudiar las propuestas y recoger informes de los distintos astilleros que construirían buques para reforzar el poder naval argentino.

Con ese objeto viajó nuevamente a Europa y Estados Unidos, donde encargó la construcción de los dos buques de guerra más grandes del mundo en ese momento y que costaron al país cinco millones de libras esterlinas. Estos dos acorazados fueron nuevamente bautizados con los nombres Moreno y Rivadavia.

Luego de tres años al frente de la misión naval en los EE.UU., Domecq García retornó a la Argentina, siendo designado comandante en jefe de la Escuadra de Mar. Comandó el acorazado Moreno, y ya con el grado de Vicealmirante, comandó el buque insignia argentino, el acorazado Rivadavia.

En 1922, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear fue elegido presidente de la República y designa Ministro de Marina al marino más prestigioso del momento: Manuel Domecq García. Desde sus funciones ministeriales, Domecq García fue factor preponderante de la modernización de la Armada Argentina, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos, que se sumaron a la flota argentina, algunos años más tarde.

Tanto el presidente Alvear como el almirante Domecq García alentaron la construcción de submarinos por la Armada Argentina y promovieron el equipamiento de un astillero especial. Ese astillero fue bautizado con el nombre de su principal mentor: "Astillero Ministro Manuel Domecq García", y que actuamente se haya ubicado en la costanera Sur del la Capiltal Federal.

También fue uno de los fundadores, durante su juventud, del Centro Naval argentino. En 1912, fue uno de los propulsores de la creación de la Aeronáutica.

Como Ministro de Marina de la República Argentina, Manuel Domecq García fue el redactor, entre otras cosas, del proyecto de acuerdo con la República del Uruguay para la determinación de la jurisdicción de ambos países. Impulsa la formación de la Marina Mercante argentina de ultramar; la explotación de minerales ferrosos y plumbíferos de la mina Valcheta, entre otras realizaciones.

Siendo Ministro, y por cumplir el límite de edad, se retiró de la actividad naval. Retirado de la actividad pública, los gobiernos que vinieron supieron recurrir a su experiencia. El rey Jorge V de Inglaterra le honró con la condecoración de Caballero del Imperio Británico.

Cuando estalló la guerra que ensangrentó a las Rpúblicas de Paraguay y Bolivia (1932-1935), el almirante Domecq García, tan unido al Paraguay por lazos de sangre y amistad, adhirió a la suerte paraguaya y fue uno de los principales promotores de la ayuda argentina al Paraguay. Fue personalmente fundador de la Asociación Fraternal Pro Cruz Roja Paraguaya, que envió al frente uniformes, frazadas, alimentos, etc. Integra, como asesor especial, la Comisión Argentina que, presidida por el Canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, que logró finalmente el acuerdo de paz entre los beligerantes, firmado en Buenos Aires el 12 de junio de 1935.

En la posguerra, el almirante Domecq García siguió fiel a sus lazos de amistad hacia el Paraguay. Ante el desesperado pedido del general José Félix Estigarribia, prisionero luego del derrocamiento del presidente Eusebio Ayala, acogió en su domicilio a la esposa y a la hija del héroe paraguayo y se ocupó en movilizar a las autoridades de la Argentina y de Brasil, hasta obtener finalmente su libertad.

En 1938, Domecq García fue uno de los propulsores de la candidatura del general Estigarribia a la presidencia de la República del Paraguay, diciéndole, entre otras cosas: "...así como en la guerra pasada se movilizó el pueblo entero del Paraguay para defenderlo, Ud. debe movilizar en su gobierno, si es que llega como lo deseo, a ese mismo pueblo para el trabajo, para que la pala y el pico, en lugar del fusil, sean las armas del progreso".

Manurl Domeq Garcia fallece el 11 de enero de 1951, a los noventa y dos años de edad, dejando al morir al morir, en herencia, una casa hipotecada, un automóvil de veinte años de antigüedad, sus uniformes, sus cartas, sus galardones y el recuerdo y asdmiracion de algunos de sus compatriotas argentinos.

(1) La Legión Paraguaya estaba formada por disidentes paraguayos que participaron en la guerra en contra de Paraguay, sostenidos por los aliados.

(2) Lamientamos que algunos buques hayan sido bautizados con nombres como Sarmieto, Rivadavia o Garibaldi.

                          


Fuentes


- Obras citadas
- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

La Gazeta

miércoles, 22 de abril de 2026

Argentina: El gaucho marinero

El gaucho y el marinero

REVISTA GUARDACOSTA



Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°60      Autor:Carlos Alfredo Zemborain




De alguna manera el gaucho desciende del marinero; éste al desembarcar de la carabela debió montar a caballo y cambiar el cabo por el lazo, necesaria y natural prolongación de su brazo; el nuevo escenario dentro del cual le tocó actuar tenía algo en común con el anterior, lo cual facilitó su rápida adaptación; Justo P. Sáenz, profundo observador de las cosas nuestras —en su relato "Frontera . . .— "nos recuerda la similitud entre la inmensidad de los pajales con un "extraño mar de sargazos".

A veces eran marinos de alta profesión —como el piloto Pablo Zizurlos que dirigían las tropas de carretas que surcaban lentamente la llanura semejando flotas de extraños bajeles, y esto era lógico ya que quién se podría orientar mejor que un marino en aquel mar de pastizales, en el que no había más puntos de referencia que el sol y las estrellas.

Para corroborar esta visión retrospectiva señalaremos el significativo aporte de los hombres de mar que hoy rescatamos en las palabras, elementos, usos y costumbres del hombre de campo.

Comenzaremos por la naturaleza: al pequeño piquete próximo al casco de la estancia se lo llama "ensenada": accidente de la costa. Isla o Isleta —en el campo— es un espacio cubierto con árboles bajos o un fachinal. Postrera es la última isla que toca el navio antes de internarse en el mar océano; Isla postrera se llamó la conocida estancia de Crámer que luego pasó a la familia Alzaga y terminó denominándose "La Postrera" a secas. Punta se le dice a una afilada sierra; playa o desplayado a un lugar limpio de pastos generalmente situado en torno a una aguada; ya nos dice Martín Fierro:

"Y en las playas corcoviando

 pedazos se hacía el sotreta".

Morro es un monte o pequeño peñasco en la costa del mar, que ahora lo encontramos en tierra adentro.

Siguiendo con los elementos de uso cotidiano, recordemos al facón, palabra derivada de faca o gran cuchillo marinero, cuya hoja semeja el ala del halcón o "faucon", en francés; chifle es el cuerno en el cual se guardaba pólvora pero que el gaucho utiliza como recipiente para llevar agua; galleta es el pan cocido dos veces, práctico para llevar a bordo, ya que se puede conservar mucho tiempo en buenas condiciones.

La mozamorra marinera, a diferencia de la criolla, es una sopa hecha con migajas de galleta, inteligente manera de aprovechar todo lo que se tenía a bordo.

Rebenque fue un látigo para castigar a los galeotes, y chicote un pedazo de cabo.

Retranca es el collar que sujeta la verga al palo o mastelero; de la misma manera se denomina un elemento del arnés que presente cierta similitud con aquél.

Rasqueta es una planchuela de hierro que sirve para roer y limpiar los palos, cubierta y costados de las embarcaciones.

Corsario se dice del padrillo demasiado fogoso en sus ansias naturales y de la misma manera se tilda al joven con iguales características.

Escarceador es el caballo que agita su cabeza al compás de la andadura y escarceo el movimiento o efervescencia, que acompañado de cierto rumor se percibe en ciertos lugares del mar en donde se producen corrientes encontradas.

Rancho es la construcción u obra muerta de algunos barcos destinada a vivienda.

En alguna vieja litografía vemos al hijo de un gaucho durmiendo en un "coy" —hamaca o cama indígena— adoptada por los marinos y rescatada más adelante por el hombre de nuestra campaña.

Los vasos y copas llamados de pulpería, probablemente provengan de la vajilla de los barcos; el desmesurado peso concentrado en su parte inferior aseguraba el equilibrio necesario en los "movidos" bajeles de lejana época; asimismo el notable grosor del vidrio se debe a la necesidad de preservar contra roturas a aquello que no se puede reemplazar en los largos viajes.

Hormiguero se le dice a la enfermedad que ataca a los caballos en el candado de los bazos, pero para los marinos era el hueco producido por pudrición en algún elemento de madera de una embarcación.

Baqueano es el conocedor de las profundidades de ríos y costas de mar y que tiene su paralelo en el experto y campesino geógrafo tan magistralmente pintado por Sarmiento.

Chusma se llamaba a los forzados o galeotes; en cambio en la pampa se denominó así al grupo de indios con sus hijos que seguían a un malón.

El nudo "potreador" no es más que un nudo marinero que tiene la propiedad de poderse aflojar fácilmente aunque esté muy ceñido.

Así como el domador "amadrina" al potro recién "agarrado" ciñéndolo del cabestro a la coyera de la yegua, el antiguo marino "amadrinaba" una embarcación a otra o juntaba dos cabos "amadrinándolos".

Lo curioso de esto que llamaremos "trasculturación" del marinero al gaucho, es que después de centenares de años, en pleno campo, gente que ni siquiera ha visto el mar, sigue empleando palabras, modismos y técnicas de los antiguos marinos.

En medio del campo, bien tierra adentro, donde suele "apretar" la sequía al oír hablar al hombre de campo nos parece a veces sentir una brisa marina, o bien percibir un espejismo del desierto; allá, entre secos cardales, en medio de la polvareda que se levanta de los corrales y la manga, nuestra imaginación llevada por el verdadero sentido de las palabras diseña un paisaje de playas y velas animado por el ajetreo de una marinería en acción, en el que de pronto, tras un ademan elegante como un paso de "ballet", vuela un cabo describiendo la misma curva sinuosa y precisa de un lazo .. .

jueves, 16 de octubre de 2025

ARA: Contraalmirante Vicente Estanislao Montes (1864-1945)

Biografía: Vicealmirante Vicente Estanislao Montes (1864-1945)





Tengo la fortuna de ser bisnieto de Vicente Estanislao Montes (1864-1945) que fue uno de los hombres de la Armada de Guerra de fin del siglo XIX y primeras décadas del XX que se aventuraron en campañas de nueve meses de duración por año para hacer de la Argentina una nación orgullosa de su presencia marítima y austral. Fuerte, Soberana y Digna.
A estos hombres hechos de acero humano les debemos el haber construido palmo a palmo los límites con la hermana república de Chile, el haber remontado cada río del sur para estudiar sus aptitudes y ser artífices del progreso de una colonización pujante, próspera y feliz que llegó a la Patagonia a cumplir el sueño de la América que prometía. Nunca estuvieron solos ya que a su lado iban los misioneros Salesianos llevando el alma de la Fe en el único y verdadero Señor de la Historia.
Mi bisabuelo guiado por los indios lugareños llegó hasta el lago central de la isla de Tierra del Fuego al que denominó Fagnano en homenaje al sacerdote salesiano cuyo coraje y obra eran la causa de su reconocimiento entre machos paridores de una misma Patria. Tomando su cantimplora se acercó a la orilla y lo bautizó en el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo.
A lo largo de la extensa carrera llegó a ser comandante de la II Escuadra Naval y de su nave insignia, el acorazado Garibaldi, y luego de la novel Fragata y buque escuela de la Armada Presidente Domingo Faustino Sarmiento. También fue agregado naval en el Reino Unido y Francia. Hacedor del Puerto Belgrano se retiró con el grado de Vicealmirante. Sentó las bases de la aviación naval, defensor a ultranza de la dignidad humana trabajó denodadamente por la Cruz Roja y para no andar con rodeos llegó hasta a hipotecar su casa para apoyar las campañas del partido político que había abrazado, la Unión Cívica Radical.
Fue un marino cabal que dio todo por su país, pero no era él sino la institución que integraba la dueña de los logros. Era la gloriosa Marina de Guerra equipada y en operaciones. Vivió como un marino y murió pobre como correspondía a un hombre de su talla.
La misma fuerza que sin medir costos fue en pleno a enfrentar la flota británica en el mar abierto durante la campaña de mayo de 1982 y que sólo una cuestión climática impidió lo que iba a ser la batalla naval sangrienta y determinante de la guerra a suerte y verdad.


jueves, 4 de abril de 2024

Biografía: Alférez José María Sobral (Argentina)

Año 1910

José María Sobral y su familia.





José María Sobral (Gualeguaychú, 14 de abril de 1880-Buenos Aires, 14 de abril de 1961) fue un explorador, militar y geólogo argentino.
José María Sobral ingresó en la Armada Argentina y realizó el primer viaje de la fragata Sarmiento. En 1902 viajó a la Antártida en la expedición científica de Otto Nordenskjöld, permaneciendo veinte meses entre los hielos.
A fines de 1901 se organizó en Suecia, con donaciones privadas, una expedición integrada por científicos navegantes, con la misión de explorar el desconocido continente antártico, invernando en él para realizar estudios y mediciones. Estaba dirigida por el sabio geólogo sueco Otto Nordenskjöld y la nave que la realizó fue el velero Antarctic, que comandaba Carl Anton Larsen.
A instancias del teniente Ballvé, Nordenskjöld invitó al gobierno argentino a integrar la expedición con un representante: la elección recayó en el alférez José María Sobral, de 21 años. A su regreso, el júbilo y delirio que despertó en la población argentina lo convirtieron en un personaje muy popular.
Solicitó su baja de la Armada en 1904 con el grado de alférez de navío (luego pasó a denominarse teniente de fragata). Al año siguiente, viajó a estudiar geología en Suecia, y allí obtuvo el doctorado en la Universidad de Upsala.
Se casó y tuvo nueve hijos, cuatro suecos y cinco argentinos.
Regresó a la Argentina en 1914 y fue designado director de Hidrología, hasta 1930. Intrigas y envidias lo desplazaron de su puesto, pero el presidente general Agustín P. Justo lo nombró embajador en Noruega. Sobral hablaba nueve idiomas y escribió artículos en Europa.
En 1930 también fue declarado por la Sociedad Hispánica de Nueva York el sabio geógrafo más grande del Hemisferio Sur.
En Suecia, los científicos de ese país llamaron "Sobral" al mineral piroxmangita descubierto allí en 1913.
Dpto. Documentos Fotográficos. Inventario 94744. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)(WF INC.│Wikimedia Foundation, Inc.)

martes, 5 de diciembre de 2023

Conquista del Chaco: La gloriosa campaña del capitán Juan Page

La campaña del Norte Argentino

Los olvidados y sacrificados por la Patria: 1890.
La exploración del río Pilcomayo y la muerte del Capitán de Fragata Juan Page




Capitán de fragata Juan Page.

  Cinco años después de la Campaña del Desierto en 1884, se decidió hacer una campaña análoga en el Norte Argentino, para lo cual se fundaron una serie de fortines y se exploraron los ríos de la zona. Una de estas exploraciones fué la del Pilcomayo en 1890.
  La preparación del nuevo proyecto para la exploración del Pîlcomayo fué muy prolijo, construyéndose en astilleros ingleses tres barcos de buenas máquinas, ruedas a popa y calado reducido. Dos de ellos, "General Paz" y "Caaguazú" eran relativamente grandes y de once a doce nudos de velocidad; el tercero, el "Bolivia", menor y de 8 nudos, que fué finalmente el núcleo de la malhadada expedicion que le costó la vida al Capitán Page.
  Se adquirió tambien una embarcacion reforzada, la "Perseverancia", provista de elemenos auxiliares especiales, entre ellos una cabria de 10 toneladas destinada a arrancar raigones, embarcacion que fué de gran utilidad y que siguió prestando servicios hasta 1930. Tenía una sierra circular para cortar leña, aparejos para actuar por proa como draga y una bomba centrífuga de gran poder, todos ellos accionados por vapor. Todas estas embarcaciones llegaron en partes al país y aquí se armaron.
  El 12 de Marzo se inició la navegación en el río Pilcomayo con el "Bolivia", insignia, y el "General Paz". Pronto se hizo evidente que el cauce era estrecho para el "General Paz", que tropezaba con las barrancas y tenía que maniobrar continuamente a botador. Treinta y cinco millas antes de alcanzar las Juntas de Fontana, después de grandes fatigas, Page resolvió desprenderse del "General Paz", dejándolo allí a manera de base intermedia (Fortin Altamirano) y seguir con el "Bolivia" solamente, hasta donde lo admitiese el escaso caudal de agua para luego hacer desde allí exploraciones terrestres.
  Destacó a un oficial en demanda de auxilio al gobernador del Chaco, General Donovan y estableció dos fortines con la tropa de línea que llegaba. Hecho esto, se interna el 21 de marzo con el barco en el brazo norte del río, cuyo escaso caudal era sin embargo superior al del brazo sur, afrontando la resistencia creciente de los barrajes de troncos y raigones. El hilo de agua es cada vez más insignificante y el barco avanza penosamente a fuerza de represas sucesivas, cuya construccion rinde a las tripulaciones, hasta quedar detenido el 15 de Abril por poca agua. El Teniente Coronel Racedo, el Alferez Donovan y 5 hombres se dirigieron por tierra hacia la "General Paz" para solicitar víveres y refuerzos: Al llegar a las Juntas no la encontraron pues había tenido que llevar tropas a Buenos Aires por la Revolución del 90; tampoco estaba la "Perseverancia", en reparaciones en Corrientes ni la "Caaguazú", que fuera detenida por una bajante cuando iba en ayuda y luego enviada a Buenos Aires con tropas. Ante esta dramatica situacion Racedo volvió a la "Bolivia", que encontró recién el 20 de mayo.
  Entre tanto, Page había continuado su viaje por medio de ingeniosos diques que construyó con tremendo esfuerzo. Así pudo adelantar unos 30 kms, hasta varar en un punto que llamó Infierno (Como habrían sido los padecimientos!). Después, con nuevos diques, se navegaron otros 40 kms, donde fué alcanzado por Racedo. Allí se construyó el Fortin Donovan. Una vez hecho Racedo salió nuevamente en busca de la "Perseverancia", dado que era aguda la escasez de víveres y los problemas de salud.
  Nuevos diques le permiten a Page avanzar 25 nms. más, pero entonces se construyó una canoa para seguir la exploracion, ya que la "Bolivia" no habría podido pasar. El 25 de junio una lluvia permitió subir otros 15 kms río arriba. Pero la canoa debió bajar con urgencia trayendo al doctor Vignoli a Barranqueras, gravemente enfermo: murió en el viaje.
  La mala alimentación mina la constitución del jefe y éste concluye por caer enfermo. Su dolencia se agrava hasta imponer, como recurso desesperado, el envío el 20 de julio del enfermo aguas abajo en una canoa, acompañado de tres marineros, con la esperanza de llegar a tiempo a puerto donde pueda hospitalizársele. Para apresurar esta trágica navegación rómpese el dique que contiene las aguas. . . .
  Pero es tarde ya; el viaje del bote resulta penosísimo, y a las dos semanas, el 2 de agosto de 1890 fallece Juan Page. Fué enterrado por su gente a orillas del Pilcomayo, en las proximidades de Las Juntas, luego sería exhumado y trasladado a Buenos Aires.
  Muerto el Capitán Juan Page, no tardó en disolverse la escuadrilla y el nombre de aquél pasó al olvido, hasta que a principios del siglo XX dos marinos que ejercieron cargos oficiales en esos territorios hicieron un primer acto de justicia erigiendo una pirámide de piedra en el lugar donde descansaron los restos por un tiempo y dando su nombre a un puente carretero sobre el arroyo Porteñito, donde se colocó una placa conmemorativa.
 Hoy, en honor a este excelso marino y Héroe Nacional argentino, existe la localidad de Capitán Juan Page, de apenas 0.40 kilómetros cuadrados de superficie y sólo 348 habitantes, perteneciente al departamento de Rivadavia de la provincia de Salta, Nación Argentina.
  El 2 de agosto es el Día del pequeño poblado, en honor al Capitán de Fragata Juan Page, ya que esa fue la fecha de 1890 que este valiente falleció. Está en la frontera provincial colindante con la provincia de Formosa, y a 639 metros de altitud sobre el nivel del mar.
  Según el Censo 2010 existen 98 hogares en un total de 110 viviendas, de los cuales sólo tienen acceso a red pública de agua el 72.45 %; el 52.04% de los hogares son viviendas que habitan los hogares que moran en habitaciones de inquilinato, hotel o pensión, viviendas no destinadas a fines habitacionales, viviendas precarias y otro tipo de vivienda. Se excluye a las viviendas tipo casa, departamento y rancho; con condiciones sanitarias: incluye a los hogares que no poseen retrete; o con hacinamiento, que se considera que existe hacinamiento crítico cuando en el hogar hay más de tres personas por cuarto; con asistencia escolar que tienen al menos un niño en edad escolar (6 a 12 años) que no asiste a la escuela; y con hogares que tienen cuatro o más personas por miembro ocupado y que tienen un jefe no ha completado el tercer grado de escolaridad primaria. Como energìa a gas para calefaccionarse y cocinar sólo hay un 11.22%, y no existe ni gas de red ni red cloacal o de desagüe alguno.
  El 85.56% de jefes de Hogar que pose como máximo educación media incompleta; sólo el 2.04 % de hogares poseen computadora; y el 20.41% poseen teléfono celular. Ubicado en las coordenadas Max: -62.3690238, -23.6856296 y Min: -62.379991, -23.6911958, con el cercano paso ronterizo de Pozo Hondo a 145 kms. de distancia, el Ferrocaril General Belgrano y la Ruta Nacional 81 son las vìas de conexiòn próximas. La mitad de los alumnos de la Escuela Nª 4538 es wichi y la otra mitad criolla. Cuentan con una salita de primeros auxilios pero insolitamente no cuentan con un destacamento policial, por más que en esa región hoy se alardea que está puesto todo el esfuerzo del Estado en combatir a las mafias y el narcotráfico.
  La Fiesta Patronal es el 13 de Junio en honor a San Antonio de Padua.
 Desde entonces la situación socioeconómica de la población no ha mejorado, y se requiere con urgencia una mayor infraestructura caminera para reactiva su economía que actualmente es su subsistencia, y desde ya no permitir que la pobreza y marginaciòn vuelque a esos argentinos a los brazos de mafias, narcotráfico y terrorismo, que es la mezquindad y abandono del Estado, el maltrato deliberado de los ciudadanos de la Nación, lo que suele arrojarlos a los brazos de criminales organizados que con muy poca inversión pueden brindarles mejores beneficios y porvenir que el que les brinda el Estado e incluso su pacífico y modesto, pero realmente miserable y sin porvenir, modo de vida.
  Como vemos, en 1890 había mayor voluntad del Estado argentino en desarrollar, y desde ya defender, invirtiendo en ello, sobre esos espacios territoriales, que el que grotescamente hemos visto en Kadena Nacional y Actos Públicos a los polítiquitos de turno hoy, anunciando un "Escudo Norte" que de escudo no tiene nada, o un "Fronteras Protegidas" donde no se protege ni a las fronteras ni a los pobrísimos argentinos que en esas regiones habitan.
  Si el Capitán de Fragata Juan Page levantara la cabeza de su eterna morada para ver lo que aprovechándose de su patriótico y heroíco sacrificio, los políticos de hoy hicieron, hacen, y ya dieron a conocer la grotesca infamia que quieren seguir haciendo, no es de imaginar que tan grande sería su decepción por el sacrificio hecho ...




2_El "Bolivia".


3_El "Bolivia" detenido por la bajante de las aguas.



4_La escuadrilla salió de Buenos Aires el 1º de Enero de 1890 y se concentró y organizó en Barranqueras, frente a Corrientes.


5_A flote luego de construir una represa detrás del buque.


6_Uno de los diques, detrás de él el agua represada. Al fondo el "Bolivia" entre la maleza.


7_Punto extremo al que llego el "Bolivia". Muestra las aguas que se derraman por un canal artificial después de ser contenido por el dique de embalse. Este es pues el caudal de agua que mantenía el brazo norte durante la bajante.





8_ Placa del monumento levantado en Puerto Pilcomayo   -   Foto Derecha: Placa que ordenó colocar el gobernador Jorge Yaloar en el puente del Arroyo Porteñita.



9 y 10_Lo que se conoce como Colonia Clorinda debería llamarse Comandante Page, por haberlo dispuesto así el General Uriburu en 1892.


11_Imágen satelital de la localidad de Capitán Page.


12_Argentinos de origen wichi, que en la localidad de Capitán Page son una gran proporción de sus habitantes (Fotografía: Alejandra Boot).


13 al 17_Ubicación de Capitán Page, en Salta.  









18_USS "Water Witch"


19_Comodoro Thomas Jefferon Page de la US Navy, padre del Capitán de Fragata y Héroe Nacional Argentino, Juan Page.





20_Campaña del comodoro Thomas Jefferson Page con la USS "Water Witch" por los ríos del norte argentino



21 y 22_ USS "Water Witch"




23 a 25 _Reconstrucciòn de la USS "Water Witch"