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jueves, 11 de junio de 2026

ARA: Maniobras en el argentinísimo Canal de Beagle


Adiestramiento integrado en el Canal Beagle

Gaceta Marinera






Participaron unidades y personal con asiento en el Área Naval Austral.



Tierra del Fuego – Durante la semana pasada, personal del Batallón de Infantería de Marina N°4, dependiente de la Brigada de Infantería de Marina Austral, junto a miembros de la Compañía de Seguridad de la Base Naval Ushuaia, se adiestraron junto con unidades de superficie de la División Patrullado Austral (DVPA), en aguas y costas del Canal Beagle. 



Por parte de la DVPA participaron la lancha rápida ARA “Indómita”; las lanchas patrulleras ARA “Concepción del Uruguay”, ARA “Baradero”, ARA “Barranqueras” y ARA “Clorinda”, a las que se sumó el patrullero oceánico ARA “Contraalmirante Cordero”, de la División Patrullado Marítimo, destacado como buque de estación en Ushuaia para cubrir guardia de Búsqueda y Rescate en el Mar (SAR).



Durante el ejercicio, efectivos de la Infantería de Marina desembarcaron para efectuar reconocimientos tanto diurno como nocturno de la zona, en el marco de procedimientos ofensivos, mientras que las unidades de superficie prestaron apoyo a las operaciones anfibias. Asimismo, en su repliegue a la capital fueguina, las unidades se adiestraron en maniobras tácticas.



Este tipo de adiestramiento integrado entre unidades de Infantería y de superficie, contribuye a optimizar las capacidades operativas y de respuesta previstas para la defensa de la región más austral de la República Argentina.



martes, 9 de junio de 2026

ARA: Reconocimiento en Punta Colorada

La Armada realizó tareas de reconocimiento en Punta Colorada

Gaceta Marinera




Se trata del área costera rionegrina desde donde se exportarán hidrocarburos de Vaca Muerta.




Río Negro – La Armada Argentina llevó adelante tareas de relevamiento costero y reconocimiento en el golfo San Matías y en particular en la zona de Punta Colorada, donde se están llevando megaobras de infraestructura para la exportación de hidrocarburos.



Punta Colorada es un área costera rionegrina en el Golfo San Matías, que ha sido elegida como epicentro de una serie de grandes obras de infraestructura a cargo de Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) para recibir, almacenar y exportar hidrocarburos desde la cuenca neuquina.


Además de un oleoducto de más de 400 kilómetros, allí se construye una playa de tanques de almacenamiento y su consiguiente oleoducto hasta la costa y luego de manera submarina, hasta las monoboyas a instalar en el lugar, en profundidades aptas para la utilización de los buques petroleros respectivos.



En tal sentido el patrullero oceánico ARA “Almirante Storni”, al mando del Capitán de Fragata Maximiliano Gastón Freire, en su repliegue como buque de estación en Ushuaia y luego de realizar una visita a Puerto Deseado, realizó la navegación costera a lo largo de las extensas playas del golfo San Matías, fondeando en proximidades de Punta Colorada. En ese momento realizó tareas con sus embarcaciones menores en proximidades del muelle existente y aledaños.



De manera análoga y durante el desarrollo de una de las etapas de adiestramiento individual, el aviso ARA “Teniente Olivieri”, al mando del Capitán de Corbeta Sebastián Eduardo Poleman, hizo relevamientos costeros de la zona, además de reconocimientos diurnos y nocturnos del ingreso al puerto de San Antonio Este y adiestramientos en navegación costera y en aguas restringidas.



Asimismo, el Comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada, Contraalmirante José Alberto Martí Garro, visitó el predio donde VMOS construye los tanques de almacenamiento y la terminal marítima. Durante su recorrida, se interiorizó sobre las obras y la importancia del proyecto que se posiciona como uno de los más relevantes dentro de la estrategia energética nacional.


En dicha oportunidad tomó contacto con la comitiva del Servicio de Hidrografía Naval que se encontraba en la zona portuaria realizando el relevamiento batimétrico mediante el empleo de una embarcación de dicho Servicio con la utilización de un sonar de barrido lateral y el equipamiento hidrográfico asociado.



lunes, 8 de junio de 2026

El cruce entre la ARA Libertad y el HMS Fife




El destructor de clase County HMS Fife escolta al buque escuela argentino ARA Libertad en 1968. 

Libertad había cruzado el Atlántico para visitar Europa durante su crucero de entrenamiento de 1968. Durante su tránsito por el Canal de la Mancha, recibió una escolta de la Royal Navy. 

La ARA Libertad se incorporó a la Armada Argentina en 1963 después de varios años de pruebas. Sigue en servicio en la actualidad, actuando como buque escuela y embajador de buena voluntad. También es una competidora frecuente en numerosas regatas de grandes veleros y ha acumulado múltiples victorias en el proceso.

domingo, 7 de junio de 2026

ARA: Desembarco anfibio low-cost

Se realizó un desembarco anfibio


Gaceta Marinera



Estuvo bajo la conducción del Comando de la Brigada Anfibia de la Infantería de Marina y el Comando de la Flota de Mar.




Puerto Belgrano – El pasado martes, el transporte ARA “Canal Beagle” (TRCB) zarpó desde la dársena de la Base Naval Puerto Belgrano con personal del Batallón de Infantería de Marina N°2 para realizar un ejercicio de desembarco. La actividad se extendió por dos jornadas, durante las cuales se cumplieron diferentes instancias de adiestramiento bajo la conducción de los Comandos de la Brigada Anfibia de Infantería de Marina (BRIM) y de la Flota de Mar.



La unidad, al mando de la Capitán de Corbeta Érica Bibbo, llevó a bordo 242 tripulantes entre los cuales se encontraban 120 infantes de Marina y 58 Aspirantes de la Escuela de Suboficiales de la Armada pertenecientes a diferentes especialidades. También embarcaron Guardiamarinas que revistan en diferentes unidades de la Flota de Mar.



Las actividades tuvieron como propósito central el desarrollo de un adiestramiento integrado; un ejercicio de comando y control; el conocimiento mutuo entre componentes en el desarrollo de operaciones anfibias; y la preparación para futuros ejercicios planificados por el comando superior.


La campaña inició con una incursión anfibia proyectada desde el TRCB y con apoyo de fuegos de la corbeta ARA “Gómez Roca”.La operación contó además con el apoyo de la Compañía de Botes de Asalto del Batallón de Vehículos Anfibios N°1 (BIVH), un grupo de enlace del Batallón de Comunicaciones N°1, y la Sección de Exploración de la Compañía Apoyo Operativo (CKAO) de la BRIM.



Luego, las fracciones de reconocimiento obtuvieron información detallada sobre la situación enemiga planteada en el terreno, procedimiento que resultó clave para ajustar las órdenes antes de proceder al asalto contra el objetivo. Paralelamente al avance terrestre, se ejecutaron tareas de spoteo de fuego naval, dirigiendo y ajustando con precisión los apoyos de artillería simulados para la neutralización de objetivos clave.


También se emplearon en el adiestramiento vehículos aéreos no tripulados de la CKAO, dotados con cámaras térmicas, que proporcionaron precisión para el guiado de las fracciones antes de traspasar la línea de partida, en condiciones de visibilidad reducida, y para el guiado de apoyos de fuego.



Este tipo de adiestramientos integrados, que combinan eficazmente los medios de la Flota de Mar con las unidades de la BRIM, reafirman la capacidad de la Armada Argentina de proyectarse a tierra, consolidando a sus Batallones como herramientas fundamentales para la defensa de la soberanía nacional.
gacetamarinera.com.ar, el sitio oficial de noticias de la Armada Argentina


Adiestramiento de unidades de superficie




Durante la primera jornada, el TRCB permaneció junto a la CBRO en el fondeadero “Charly”, desde donde se llevó a cabo la incursión anfibia en dos oleadas de desembarco distribuidas en 8 botes: 6 pertenecientes al BIVH y 2 al transporte de la Armada.



Una vez concretada la actividad, las unidades realizaron por la noche ejercicios de comunicaciones, banderolas y foco, mientras que a la mañana siguiente se adiestraron en procedimientos de visita, registro y captura (VRC) y prácticas con embarcaciones menores.




Luego, el TRCB determinó una zona de operaciones cerca de la boya faro para iniciar un adiestramiento individual, donde pudo desarrollar ejercicios de abandono, lucha contra incendios, control de averías, gobierno desde estaciones secundarias y maniobras de hombre al agua.



lunes, 20 de abril de 2026

ARA: La vida de los marinos (actividad, personal, salarios y salud)

Actividad operativa, personal, salarios y salud en la Armada

El contraalmirante Martí Garro habló de la importancia del patrullaje oceánico, la tarea del resto de la flota, la incorporación de medios y jóvenes profesionales o con oficio, y la OSFA (ex IOSFA). 

Fotos: La Nueva.

El Comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada, contraalmirante José Alberto Martí Garro, dialogó con La Nueva. y LU2 sobre todas las cuestiones inherentes a su función y la actualidad de temas sensibles como el sistema de salud y los salarios, y la incorporación de jóvenes mediante los diferentes programas.

Sostuvo, por caso, que la actividad operativa de la Marina no tuvo un cierre en 2025 y un inicio en 2026, sino que fue continua.

"Tenemos una corberta que está llegando a Río de Janeiro, escoltando la Regata Buenos Aires-Río, el aviso 'Puerto Argentino' haciendo campaña antártica junto con el rompehielos 'Almirante Irízar', que zarparon en noviembre pasado, el aviso 'Bahía Agradable' que zarpó en diciembre y está haciendo la Patrulla Antártica Naval Combinada con la Marina de Chile para la salvaguarda de la vida humana en el mar y en el sector antártico, teniendo un buque desplegado para atender cualquier emergencia".

También "las aeronaves de la Aviación Naval B12 para cubrir la segunda parte de la estación en Ushuaia, y desde diciembre las patrullas de control del mar, con los distintos patrulleros oceánicos".

"La cobertura del COAA tiene bajo su responsabilidad a los componentes del poder naval, que son la Flota de Mar, la Aviación Naval, Infantería de Marina, las Fuerzas Especiales, las Fuerzas Submarinos y las tres áreas navales fluvial, atlántica y austral", agregó.

En el mar

Respecto al patrullaje en el mar, dijo que "es una preocupación permanente. Hoy hay muchos sistemas de monitoreo que permiten tener una imagen digital de cuál  sería el estado actual y la posición de los buques, pero son todos sistemas cooperativos. El más común es el AIS. El problema es que las embarcaciones que van a cometer una actividad ilícita lo hacen sin ese sistema encendido".

"Por eso, la importancia de poder realizar patrullas de vigilancia y control de los espacios marítimos. El monitoreo es permanente pero la patrulla es la que realmente permite discriminar colaborativos de no colaborativos".

Esta tarea se hace con los medios de la Armada por agua y aire, bajo el Control Operativo de Comando Conjunto Marítimo y nuestra responsabilidad es alistar los buques y adiestrar al personal para ponerlos a disposición y cumplir los planes a rigor que tenemos como Estado nacional para proteger la pesca".

Salud

Sobre la obra social OSFA (ex IOSFA) "lo primero que puedo decir es que es una preocupación permanente. A lo largo del año pasado, hubo mucho esfuerzo presupuestario de la Armada para atender cuestiones de sostenimiento de hospitales y paliar la situación de la obra social".

"No dejo de ser un afiliado al igual que mi familia, con lo cual tengo la misma preocupación que tenemos todos".

"Como es de público conocimiento, con el decreto que emitió este año el Poder Ejecutivo, entendemos que es el principio de solución de un problema complejo y que no será inmediata su resolución. Seguramente habrá una transición y estamos tratando de atender cada una de las situaciones particulares que se desarrollan en los distintos lugares, donde hay o no hospitales navales".

Equipamiento

El comandante indicó que la Armada tiene un proyecto de reequipamiento de medios que lleva unos cuantos años, donde está claramente definida la necesidad de la recuperación de la capacidad submarina, como prioridad número uno.

"Pero también es cierto que la incorporación de los medios de superficie es igualmente necesaria. Tenemos personal altamente calificado, mantenemos nuestros buques en servicio, y desplegamos, por ejemplo, un destructor hasta Estados Unidos el año pasado, durante más de tres meses". 

De todos  modos, "no deja de ser cierto que los buques tienen más de cuatro décadas y estamos inmersos en un proceso de recuperación de medios. Con los tiempos que llevan estas adquisiciones, los oficiales que ingresan hoy en la Marina podrían embarcar en buques distintos".

Personal civil

Mencionó que hoy la Armada es la fuerza que mayor cantidad de personal civil tiene, frente al Ejército y la Fuerza Aérea. "Es un tema que no está en mi órbita de decisión como COAA. Y el problema salarial que tiene el personal civil lo comparto, porque además lo tenemos el personal militar también".

"De todas formas, si bien no es resorte de la Armada, es una preocupación del Ministerio de Defensa que fijó sus prioridades en resolver la problemática de IOSFA, el tema salarial del personal militar y civil, y lograr el reequipamiento de los medios".

Policía

El contraalmirante señaló que “teníamos pendiente un tema con el sistema previsional de la Policía de Establecimientos Navales. El señor jefe del Estado Mayor tomó la decisión de autorizar el pasaje a la caja previsional de la Policía Federal Argentina".

"Es un trámite que ya se inició, que ahora tendrá un tratamiento del Ministerio de Seguridad, de la caja de la Policía Federal y la Secretaría General de Presidencia, para luego contar con un decreto para que se haría efectivo a mediados de año".

Incorporación

La Armada está incorporando personal en sus múltiples facetas, ya sea las tradiciones como las escuelas de Oficiales y Suboficiales, y otros programas que se han ido aggiornando a la realidad de los jóvenes y las necesidades de la Marina como los programas CARNA (Curso de Asimilación Regional Naval) "que nos permiten incorporar profesionales regionales, médicos, enfermeros, ingenieros, y CUIM (Curso de Integración Militar) con personal técnico y con oficio con un proceso más ágil", según señaló.

Y, además -acotó- "estamos sumando marineros de maestranza y tenemos previsto para el transcurso de este año el ingreso de 1.000 marineros de tropa voluntaria".

Fragata e Irízar

Martí Garro dijo que la Fragata "Libertad" está en Buenos Aires y zarpará en su viaje de instrucción, el 11 de abril. "Entró a dique de Puerto Belgrano el año pasado. Y este año el viaje tiene una particularidad y es que se cumplen los 250 años de la independencia de los Estados Unidos. Normalmente el viaje es de mayo a octubre/noviembre. Veremos si este año llega a Puerto Belgrano para que abra sus puertas al público".

A propósito del "Irízar" sostuvo que "no tiene necesidad de pasar por Puerto Belgrano. Hay costos portuarios que a veces no podemos obviar, con la contratación de remolcadores de terceros. Entonces solemos optar por no ingresar con el rompehielos y desplegamos aviones hacia el lugar donde se encuentra".



lunes, 6 de abril de 2026

Paraguay: La Armada Argentina visita Asunción

Armada Paraguaya invita a vivir “una experiencia naval” a bordo de buques de Argentina

Tres emblemáticos buques de la Armada Argentina atracarán en el Puerto de Asunción y la gente se podrá subir a los barcos. Esto se podrá realizar este domingo.

Última Hora


 
El buque Multipropósito Ara Ciudad de Rosario atracará en el Puerto de Asunción.
Foto: Armada Argentina.

“Subite a bordo y viví la experiencia naval”, señala la invitación de la Armada Paraguaya en la que informa sobre la presencia de los buques argentinos en el Puerto de Asunción

La ciudadanía podrá subirse a los navíos este domingo entre las 13:00 y 17:00, con entrada libre y gratuita.



“Tenés la oportunidad única de conocer tres emblemáticos buques de la Armada Argentina en el Puerto de Asunción”, agregan en su publicación en las redes sociales.




Uno de los buques es el Multipropósito Ciudad de Rosario que fue botado el 4 de abril de 1964 en el United States Coast Guard Yard, en Curtis Bay (EEUU) y comisionado a la Guardia Costera de los Estados Unidos de Norteamérica (USCG) bajo el nombre de USCG Red Wood.

En junio de 1999, el Red Wood, luego de 34 años, fue retirado del servicio en la USCG y posteriormente transferido a la Armada Argentina. En el vecino país está operativo desde el año 2000.

El segundo navío es la Lancha Patrullera ARA Río Santiago que fue construida en el astillero Curtis Bay (Maryland, EEUU) en el año 1971 cuando cumplió servicios como guardacostas. Fue adquirida por la Armada Argentina para participar en tareas de patrullaje agosto de 2000.

Sus tareas principales son el control y vigilancia de los espacios fluviales en jurisdicción del Área Naval Fluvial, donde realiza actividades de apoyo a la comunidad, salvamento y transporte de personal.

La tercera embarcación es la Lancha Patrullera ARA Punta Mogotes que fue construida en el astillero de United States Coast Guard Yard, Curtis Bay (EEUU). Presta servicios en la Armada Argentina desde el 13 de julio de 1999.

Entre sus tareas principales cuentan el apoyo a operativos con submarinos; funciona como plataforma para operaciones de buceo de salvamento; operaciones con Buzos Tácticos; operaciones de búsqueda y rescate en el mar, apoyo a buques pesqueros de la zona y seguridad y escolta a actividades deportivas náuticas.


domingo, 5 de abril de 2026

Argentina: Sin un portaaviones, ¿no sirve desarrollar al COAN?

¿Sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?

Esteban McLaren




Es una de esas ideas que suenan razonables hasta que se las mira con criterio militar. Argentina no tiene hoy, ni parece probable que tenga en el corto o mediano plazo, un portaaviones operativo. De ahí, algunos saltan a una conclusión apresurada: si no hay cubierta, no hace falta aviación naval. Pero esa lectura confunde plataforma con función, instrumento con doctrina, y nostalgia con necesidad estratégica. La aviación naval no existe para justificar un portaaviones; existe para darle profundidad al poder naval. Su razón de ser no es despegar desde el mar, sino pelear por el mar.

Eso cambia por completo la discusión. El COAN no debería medirse por la ausencia de un casco tipo CATOBAR o STOBAR, sino por una pregunta mucho más dura y mucho más seria: ¿puede la Armada Argentina vigilar, proteger, disputar y, llegado el caso, negar el espacio marítimo sin un componente aéreo propio, doctrinalmente naval, entrenado para pensar como marina y no como una prolongación administrativa de otra fuerza? La respuesta, si se mira el mapa y no la nostalgia, es bastante clara: no.

La Argentina no tiene un problema costero; tiene un problema marítimo. Tiene una ZEE inmensa, un Atlántico Sur crecientemente sensible, una cuestión Malvinas abierta, una proyección antártica inevitable y una geografía austral que empuja a pensar en distancias, meteorología, dispersión, logística y permanencia. En ese tablero, una aviación naval basada en tierra no es un remiendo: es una forma perfectamente racional de ejercer poder naval con los medios disponibles. De hecho, para un país sin portaaviones y con restricciones presupuestarias crónicas, probablemente sea la única forma seria de sostener una aviación naval útil.

La clave es entender que el COAN no se define por desde dónde despega, sino para quién combate y bajo qué lógica operacional lo hace. Un avión puede salir de una base en Tierra del Fuego y seguir siendo un medio naval si su misión es explorar el mar, alimentar a la flota con información, cazar submarinos, designar blancos para armas de superficie, proteger una agrupación naval, vigilar la ZEE o ejecutar un ataque antibuque. Lo naval no está en el pavimento o en la catapulta. Lo naval está en la misión, en la doctrina y en la cadena de mando intelectual que une al sensor, al vector y al objetivo en el espacio marítimo.

Visto así, la existencia de un COAN terrestre no es una anomalía sino una necesidad. La flota de superficie, por sí sola, ve poco y tarde. Un buque es una pieza valiosa, pero también lenta en cobertura, limitada por el horizonte radar y vulnerable si actúa sin información. La aviación naval extiende ese horizonte, acelera la detección, multiplica la presencia y comprime el tiempo entre encontrar y actuar. En el mar, donde el primero que detecta suele ser el primero que impone condiciones, eso vale tanto como el tonelaje.

El escenario más evidente para la Argentina es la protección y vigilancia de la ZEE. Ahí la discusión no es romántica sino brutalmente concreta. La guerra contemporánea en el mar no empieza siempre con misiles; muchas veces empieza con pesca ilegal, con nodrizas, con buques que apagan identificadores, con inteligencia encubierta, con plataformas de investigación de doble uso o con simples operaciones de presencia persistente. En esa zona gris, una patrulla marítima sin dientes sirve para mirar; una aviación naval integrada sirve para mirar, seguir, clasificar, coordinar, intimidar y, si escalara la situación, golpear. El salto entre una cosa y la otra es la diferencia entre un Estado que observa cómo le ordeñan el mar y un Estado que realmente lo controla.

Para eso hacen falta los MPA tradicionales, sí, pero no alcanza con ellos. También hacen falta helicópteros embarcados, enlaces de datos, drones marítimos, guerra electrónica y, si se quiere hablar en serio de negación del mar, una aviación de ataque aeronaval. No como lujo de exhibición ni como emulación en pequeño de una fuerza aérea completa, sino como herramienta específica para el combate naval. Un cazabombardero del COAN no tendría que pensarse como “otro caza más” del sistema de defensa argentino, sino como una batería naval de largo alcance con alas: un vector especializado en exploración armada, ataque antibuque, apoyo a operaciones anfibias limitadas, cobertura de corredores marítimos y castigo sobre objetivos costeros ligados a una campaña naval.

Malvinas vuelve ese razonamiento todavía más claro. Si la Argentina imaginara un escenario de crisis o de conflicto limitado en torno a las islas, no tendría sentido fantasear con reconstruir una capacidad de control aeronaval de alta mar comparable a la de una gran potencia. Lo razonable sería diseñar una arquitectura de negación del mar. Es decir: una fuerza capaz de volver incierta, costosa y peligrosa la presencia de una agrupación naval enemiga en el teatro. Y esa arquitectura no se construye solo con barcos ni solo con aviones. Se construye con bases dispersas, endurecimiento, reabastecimiento en vuelo, radares, sensores pasivos, patrulla marítima, inteligencia, submarinos, drones, señuelos, enlaces y una aviación naval de ataque que entienda la lógica del blanco marítimo. En otras palabras: una kill chain naval argentina, continental, austera pero letal.

La enseñanza de 1982 sigue vigente justamente por eso. No como mito para la épica fácil, sino como demostración técnica de algo que muchos olvidan: la aviación naval basada en tierra puede tener efectos estratégicos reales sobre el mar. Cuando el COAN atacó desde el continente, mostró que la ausencia de portaaviones no equivale a impotencia. Equivale, sí, a restricciones; pero también obliga a una virtud muy argentina cuando se la hace bien: la combinación de audacia, alcance, precisión y doctrina.

Hay además un horizonte que hoy parece lejano, pero que cualquier planeamiento serio debe empezar a mirar: la Antártida de la segunda mitad del siglo XXI. No porque el tratado “caiga” automáticamente, que no es así, sino porque la combinación de presión sobre recursos, cambios tecnológicos, competencia logística y presencia sostenida puede transformar el continente blanco en un espacio mucho más friccionado de lo que fue hasta ahora. Y si ese futuro llega, no será una cuestión de grandes flotas de batalla desfilando entre hielos. Será una cuestión de quién tiene mejor cadena logística, mejor movilidad aérea, mejor capacidad SAR, mejor enlace entre bases, mejor protección de accesos y mayor habilidad para sostener nodos avanzados bajo clima hostil.

En ese escenario, la aviación naval terrestre sería central. No tanto para “conquistar” la Antártida en un sentido decimonónico, sino para hacer lo que en el siglo XXI vale más que una bandera aislada: conectar, abastecer, evacuar, patrullar, vigilar, proteger y sostener presencia. Entre Ushuaia, Tierra del Fuego, las bases antárticas y los corredores marítimos australes, el COAN podría transformarse en el sistema nervioso aéreo de una estrategia antártica argentina más robusta. Y ahí el valor combinado de aeronaves de patrulla, transporte táctico, helicópteros navales, medios no tripulados e Infantería de Marina especializada se vuelve enorme. La colonización futura, si alguna vez adopta formas más competitivas, probablemente no se parezca a una carrera por plantar mástiles, sino a una competencia por infraestructura, permanencia y control funcional del espacio.

Incluso en hipótesis más remotas, como un deterioro severo del entorno regional con Chile o Brasil, una aviación naval propia seguiría teniendo sentido. No porque hoy deban verse como enemigos, sino porque las fuerzas armadas no se diseñan sobre simpatías coyunturales sino sobre capacidades, geografías y potenciales de fricción. Chile plantea una lógica de canales, islas, archipiélagos, litoral austral complejo y operaciones en clima extremo. Brasil plantea la lógica contraria: masa, profundidad oceánica, persistencia y proyección en el Atlántico Sur occidental. En ambos casos, la Armada argentina necesitaría un instrumento aéreo que piense la campaña desde el mar y no como apéndice de la maniobra terrestre o de la defensa aérea general.

Eso lleva a otra cuestión incómoda pero necesaria: la autonomía funcional de la IMARA y del COAN. En un sistema moderno, todo debe ser conjunto en la conducción. Pero conjunto no significa indiferenciado. La Armada necesita una Infantería de Marina y una aviación naval que conserven una personalidad operativa propia, porque su razón de ser no es repetir al Ejército ni a la Fuerza Aérea. Su razón de ser es resolver problemas específicamente navales. La IMARA, llevada al siglo XXI, no debería ser solo una infantería “con uniforme distinto”, sino una fuerza anfibia-litoral más autónoma, capaz de proteger bases navales, defender instalaciones críticas, operar en islas, ejecutar raids, usar drones, integrar fuegos costeros y, en un horizonte más ambicioso, aportar incluso baterías antibuque móviles. El COAN, del mismo modo, no tendría que justificarse como sustituto parcial de la FAA, sino como componente aeronaval con cultura propia, aunque eso implique cierto solapamiento de funciones.

Y ese solapamiento no tendría que escandalizar a nadie. Las fuerzas eficaces aceptan redundancias útiles cuando responden a necesidades operativas distintas. Un helicóptero antisubmarino embarcado no duplica un helicóptero terrestre; cumple otra función, en otro medio y con otra lógica táctica. Una escuadrilla de ataque antibuque naval no es simplemente “más aviones”; es una capacidad especializada para matar buques, sobrevivir en el entorno marítimo y operar integrada a la flota. El error argentino durante décadas fue creer que toda superposición debía eliminarse por prolijidad burocrática. El combate enseña otra cosa: a veces la duplicación inteligente es resiliencia.

Si hubiera que elegir un modelo de referencia para pensar una aviación naval basada en tierra, probablemente el mejor espejo no sea una marina obsesionada con portaaviones, sino Japón. La Fuerza Marítima de Autodefensa japonesa ofrece quizá el ejemplo más sólido de aviación naval terrestre como instrumento de un Estado marítimo serio. Su centro de gravedad está en la vigilancia, la patrulla marítima, la guerra antisubmarina, la integración con la flota y la persistencia operativa. No es una fuerza hecha para posar junto a un gran símbolo; es una fuerza hecha para controlar espacios marítimos, seguir contactos, construir conocimiento táctico continuo y convertir ese conocimiento en ventaja naval. Para la Argentina, que no puede copiar escalas pero sí doctrinas, ése es el espejo correcto.

Por eso, la pregunta “¿sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?” está mal formulada desde el principio. La pregunta correcta es otra: ¿puede la Argentina renunciar a una aviación naval propia y seguir siendo una potencia marítima con ambición de defender su ZEE, sostener su reclamo en Malvinas, proyectarse hacia la Antártida y conservar una Armada capaz de pensar como tal? La respuesta es no. Sin COAN, la flota pierde ojos. Sin aviación naval de ataque, pierde alcance ofensivo. Sin IMARA fuerte, pierde músculo litoral. Y sin esas tres cosas, el poder naval argentino corre el riesgo de convertirse en una presencia administrativa sobre el agua, pero no en una herramienta de poder.

Un país continental puede resignarse a vivir de espaldas al mar. La Argentina, si quiere seguir llamándose atlántica, austral y antártica, no debería hacerlo. El portaaviones podrá no volver. La necesidad de una aviación naval, en cambio, sigue ahí, intacta. Tal vez más urgente que nunca.


domingo, 22 de marzo de 2026

Armada Argentina: El D-24 ARA Storni

Destructor D-24 ARA Storni





El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.


Escudo de armas del destructor Clase "Fletcher" modernizado a nivel SCB-74A, Clase "Almirante Brown" en Armada Argentina, D-24 ARA "Almirante Storni".

Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 



Piezas de artillería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-23 ARA "Almirante Domecq García", buque gemelo del ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un Granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima. 




Dos marinos posan delante de las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-24 ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



El destructor DD-547 USS "Cowell" de la US Navy que como advertimos ya reacondicionado bajo el proyecto SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s,
Este buque de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, fue luego el D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, conformando la Clase "Brown" con otros 4 buques del mismo tipo, y conformando la 2ª Fivisión junto al D-22 ARA "Rosales" y D-23 ARA "Almirante Domecq García" hacia el final de ciclo de los "Fletcher" con la Armada Argentina. De 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann") que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Destructor D-24 ARA "Almirante Storni" fotografiado desde el periscopio de un submarino argentino durante un ejercicio naval en los años 70s. El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Lancha de salvamento y abordaje del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" de la Armada Argentina. Esta embarcación iba a ser empleada para abordar al buque infractor británico RRS "Shackleton" el 4 de febrero de 1976, al ser inteceptado por el destructor argentino a 125,5 kms. al sur de Cabo Pembroke, en las costas de las Islas Malvinas, pero el navío británico decidió fugar rumbo a Port Stanley y el destructor argentino, que en ningún momento su comandante tuvo la intención de dañar o hundir al navío incursor, se conformó con efectuar unos disparos de advertencia y escoltarlo, más que perseguirlo, hasta unos 11 kms. del acceso al puerto colonial inglés en territorio usurpado a la Argentina. 



El Capitán de Fragata Ramón Arosa era el comandante del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" durante el incidente con el buque de investigación científica RRS "Shackleton" británico, el 4 de febrero de 1976. Aquí lo vemos en una foto de la década del '80, durante la Presidencia del masón izquierdista de la Internacional Socialista Raúl Ricardo Alfonsín (quien comenzó una vendetta política e ideológica contra las Fuerzas Armadas y dió inicio al unilateral desarme de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y desarticulación del aparato de Defensa y Seguridad), ya luciendo el grado de Vicealmirante y ejerciendo el cargo de Comandante en Jefe de la Armada Argentina.

viernes, 23 de enero de 2026

ARA: Presenta el mockup de su proyecto ARA USV

Proyecto ARA USV






Proyecto ARA USV, presentado por la Jefatura de Investigación y Desarrollo de la Armada.Un vehículo de superficie no tripulado de 3,4 m de eslora y 1,4 m de manga,con capacidad para transportar hasta 120 kg de carga útil y diseño modular para alojar diferentes sensores y cargas (cámaras, sonares superficiales, comunicaciones). El mismo está integrado con el autopiloto Kalman y enlaces de comunicaciones de alta velocidad para telemetría y video en tiempo real. 



Pensado para operar tanto en ambientes fluviales como en áreas costeras del Río de la Plata 
para ser capaz de desminado y guerra antisubmarina,actuar como plataforma ofensiva y defensiva de combate naval; contribuir a la vigilancia y control de los espacios marítimos y brindar apoyo logístico, ya que es capaz de transportar equipo y armamento a una zona de conflicto.




El Capitán de Fragata Aníbal Fonseca Atrio, de la Jefatura de Intereses Marítimos, brindó la exposición “Buques autónomos de superficie (MASS): desafíos normativos”, donde planteó la necesidad de comenzar a pensar en un diseño normativo que ampare estas nuevas tecnologías.