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lunes, 28 de septiembre de 2026

Guillermo Brown: 200 años del combate naval de Quilmes

“Es preferible irse a pique antes que rendir el pabellón”: se cumplen 200 años del Combate Naval de Quilmes

Gaceta Marinera

El 29 y 30 de julio de 1826, una escuadra al mando del Almirante Guillermo Brown enfrentó, en dos jornadas consecutivas, a una fuerza imperial brasileña de 23 unidades frente a las costas de Quilmes. Sin capturas ni rendiciones de por medio, el combate frustró el intento del Imperio del Brasil de ocupar esa posición y ceñir el cerco sobre Buenos Aires, y dejó una de las divisas morales más recordadas de la historia naval argentina.

Hacia 1826, el control del Río de la Plata no era una cuestión de prestigio sino de supervivencia económica y militar para las Provincias Unidas.

Cinco años antes, en 1821, el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve había anexado la Provincia Oriental bajo el nombre de Provincia Cisplatina, alterando el equilibrio regional y convirtiendo el estuario en un teatro de asedio permanente.

En abril de 1825, la expedición de los Treinta y Tres Orientales, al mando de Juan Antonio Lavalleja y con respaldo logístico y político argentino, inició la recuperación del territorio ocupado. El 25 de agosto de ese año, el Congreso de Florida declaró la independencia de la Provincia Oriental y su reincorporación a las Provincias Unidas; el Congreso argentino ratificó esa unión el 25 de octubre.

La respuesta del Imperio del Brasil fue la declaración formal de guerra el 10 de diciembre de 1825, seguida doce días después por el inicio del bloqueo naval al puerto de Buenos Aires. La estrategia imperial no buscaba una invasión terrestre inmediata, sino la asfixia comercial: cortar el ingreso de mercaderías y la salida de producción ganadera hasta forzar la capitulación económica de la joven república. Para el gobierno de Bernardino Rivadavia, sostener la aduana porteña — principal fuente de ingresos del Estado— se volvió tan urgente como sostener el frente de batalla en la Banda Oriental.

Para enfrentar esa presión, el Congreso dispuso en enero de 1826 la organización de una escuadra nacional y puso al frente al entonces coronel Guillermo Brown. La tarea era desafiante: buena parte de los hombres reclutados no tenía experiencia marinera, y los buques debieron adquirirse casi con la misma urgencia con la que se los ponía en servicio.

Fragata 25 de Mayo, 1826. Acuarela de Emilio Biggeri.


Fuerzas dispares, tácticas distintas

La disparidad entre ambas escuadras trascendía el simple conteo de cañones. Brasil operaba con una fuerza de proyección oceánica, cuya oficialidad conservaba una cohesión y una "memoria táctica" ganadas tras tres años de campaña conjunta en la guerra de independencia contra Portugal. La escuadra argentina, en cambio, era una fuerza de defensa costera recién ensamblada, con capitanes que apenas habían operado juntos.

Al llegar julio de 1826, el orden de batalla reflejaba esa brecha. Argentina alineaba sus unidades: la corbeta “25 de Mayo” como único buque de gran porte, los bergantines “Independencia”, “República”, “General Balcarce” y “Congreso”, las goletas “Río de la Plata”, “Pepa” y “Sarandí”, y nueve lanchas cañoneras. Del otro lado, el Imperio del Brasil desplegaba 23 unidades en línea de batalla, entre ellas las fragatas “Niterói” e “Imperatriz” y la corbeta “María da Glória”, además de diecinueve bergantines de vanguardia y soporte.

Fragata "25 de Mayo", pintura de Emilio Biggeri del histórico buque insignia comandado por el Almirante Guillermo Brown y Tomás Espora durante la Guerra del Brasil (1826-1828).

Pese a esa inferioridad numérica, Brown conocía una ventaja que ningún conteo de cañones reflejaba: el calado. La flota imperial, diseñada para aguas profundas, perdía buena parte de su superioridad de fuego en cuanto se aproximaba a la costa. Esa sería, en los hechos, la clave del combate que se avecinaba.

 

Tras el Combate Naval de Los Pozos, en junio de ese mismo año, la escuadra brasileña adoptó una táctica de acecho frente a Buenos Aires, a la espera de que Brown se moviera de sus posiciones. El 29 de julio, un informante advirtió que las fuerzas imperiales planeaban cruzar hacia la ciudad, dato que se confirmó con el avistaje de 19 velas que fondeaban al este del canal exterior, en dirección a Quilmes.

"Es preferible irse a pique antes que rendir el pabellón"

Brown interpretó la maniobra como una amenaza directa: Quilmes quedaba demasiado cerca de Buenos Aires como para esperar refuerzos. Reunió a la escuadra y, durante la noche, zarpó desde Los Pozos rumbo a Quilmes con la “25 de Mayo” como insignia, al mando del coronel Tomás Espora.

El control brasileño detectó el movimiento antes de lo previsto, y la sorpresa se perdió. En la oscuridad, solo la goleta “Río de la Plata”, al mando de Leonardo Rosales, secundó a la nave insignia contra la vanguardia imperial encabezada por la fragata “Niterói”. El resto de los comandantes patriotas, por indecisión o falta de instrucciones, se mantuvo al margen. El episodio terminó sin bajas graves, pero le costó a la escuadra una severa amonestación de Brown.

El genio táctico de Brown, que adaptó el esquema de Nelson en Trafalgar a las aguas poco profundas de Quilmes, fue determinante para el desenlace del combate.

Para la mañana del 30, la división imperial había recibido refuerzos y sumaba 23 unidades, dispuestas en línea de batalla a dos millas del canal exterior. Brown decidió repetir una variante de la táctica que Nelson había usado en Trafalgar: cortar la línea enemiga para desarticular su formación y obligar a los buques de mayor calado a maniobrar en aguas que no les eran propias. Antes del ataque, izó la señal que quedaría grabada en la tradición naval argentina: “Es preferible irse a pique antes que rendir el pabellón”.

La “25 de Mayo” cortó la línea imperial a la altura del bergantín “Caboclo” y sostuvo, junto a la “Río de la Plata”, tres horas de fuego cruzado contra las unidades brasileñas. Espora resultó gravemente herido; su nave recibió 30 impactos sobre la línea de flotación y 3 por debajo, y quedó desarbolada de proa y escorada.

En la “Río de la Plata”, agotada la munición, la tripulación de Rosales fabricó cartuchos improvisados con pólvora suelta y jirones de su propia ropa para no dejar de responder el fuego. Cuando la “25 de Mayo” estuvo a punto de ser abordada, la goleta “Sarandí” y las cañoneras la rescataron; Brown trasladó su insignia al bergantín “República” y continuó hostigando al enemigo.

AR-IAADEHN, FDEHN-RF-Am-0043_d Combate de Quilmes. Departamento de Estudios Históricos de la Armada.

El río que cambió el combate

La geografía de Punta Quilmes, de escaso calado, resultó hostil para los buques oceánicos brasileños. Brown, que conocía el terreno, explotó esa ventaja con sus unidades de fondo más plano. El punto de inflexión llegó cuando la fragata “Niterói”, insignia de James Norton, comenzó a sondar poca agua y encalló durante la persecución. Con la bajante amenazando a sus buques pesados, Norton ordenó la retirada general. La escuadra argentina, maltrecha pero invicta en su determinación, regresó a Buenos Aires empavesada como en día de gala.

La escuadra regresó a Buenos Aires con la “25 de Mayo” prácticamente inutilizada. Espora, herido de gravedad, fue trasladado a tierra para su recuperación; según relatos de la época, había pedido a sus oficiales que, de ser abordada la nave, arrojaran su cuerpo al mar antes que dejarlo como trofeo del enemigo. Días más tarde, ya sin posibilidad de reparación, la corbeta se hundió en Los Pozos: fue la única pérdida material de peso para la escuadra argentina en todo el combate.

La guerra continuaría casi dos años más, con nuevos enfrentamientos navales antes de desembocar en la Convención Preliminar de Paz de 1828, mediada por Gran Bretaña, que reconoció la independencia de la Banda Oriental y dio origen a la República Oriental del Uruguay.

Los tres valientes, 200 años después

Terminado el combate, Brown resumió lo ocurrido con una frase que se repite todavía en la Armada Argentina: “No conozco más valientes que Brown, Espora y Rosales”. El reconocimiento a los tres protagonistas de Quilmes no quedó solo en los libros de historia. Hoy, la Armada Argentina opera las corbetas ARA “Espora” (P-41) y ARA “Rosales” (P-42), de la clase MEKO 140, en homenaje a ambos comandantes; la casa donde vivió Espora, en la avenida Caseros de Buenos Aires, es hoy el Museo de Historia Naval Coronel de Marina Tomás Espora, con una estatua del prócer a su entrada, y su nombre identifica además a la Base Aeronaval Comandante Espora, en Bahía Blanca.

La corbeta “25 de Mayo”, tan dañada que se hundió días después en Los Pozos, no volvió a navegar. Pero la determinación de sostener el combate frente a una fuerza muy superior —y la frase que Brown izó esa tarde— se convirtió en una de las referencias morales que la Armada Argentina sigue invocando en cada aniversario.

Un legado que no depende del resultado

El Combate Naval de Quilmes no fue una victoria en el sentido clásico: no hubo capturas ni rendición enemiga. Fue, en cambio, una victoria de denegación: impidió que el Imperio del Brasil ocupara Quilmes y estrechara el cerco sobre Buenos Aires, y demostró los límites del dominio imperial sobre el estuario. Junto con Los Pozos, Juncal, Carmen de Patagones, Monte Santiago y Punta Lara, integra el conjunto de acciones navales que, entre 1826 y 1828, terminarían allanando el camino hacia la Convención Preliminar de Paz y la independencia de la Banda Oriental.

A 200 años de aquellas dos noches de julio, Quilmes se sigue recordando no por el resultado táctico, sino por lo que representa: que el conocimiento del propio terreno y la determinación de no rendirse pueden compensar la inferioridad frente a una fuerza mayor.


miércoles, 1 de octubre de 2025

Guerra contra Brasil: Combate naval de Quilmes

Guerra contra Brasil: El combate naval de Quilmes





30 de Julio del año 1826, combate naval de Quilmes. El día anterior Brown, a bordo de la fragata 25 de Mayo, acompañada por tres bergantines, tres goletas, una barca y ocho cañoneras, zarpa de Buenos Aires, y en horas de la noche, en aguas cercanas a Quilmes, se enfrenta con una flota brasileña compuesta por 19 naves. Se produce un corto combate sin consecuencias para bando alguno. El día 30 se reinicia la lucha y Brown iza una señal comunicando a sus tripulaciones: "Es preferible irse a pique que rendir el pabellón". De inmediato se inicia el combate. El Almirante Brown iza su insignia en la fragata 25 de Mayo, cuyo comandante es el bravo Espora. Debe enfrentar a fuerzas navales imperiales que lo aventajan en número de buques y poder de fuego. Luego de una encarnizada lucha en la cual Brown únicamente es apoyado por la goleta Río de la Plata, al mando de Rosales. La actuación de la dotación de la goleta rayó en el heroísmo a punto tal que algunos marineros de la misma (Francisco Caparróz, Reyes Cosio, Luis Badley, Santos Gaona, Félix Acosta y Juan Arrascaeta) al agotarse los saquetes de pólvora, con las piernas de sus pantalones y las mangas de sus blusas y pólvora a granel improvisaron los saquetes faltantes, para seguir disparando el único cañón con el cual estaba artillado aquella goleta. No se sabe el destino final de estos valientes artilleros, como tampoco el de los gavieros (gente de mar) que al pié del velamen sin descanso mantuvieron su nave navegando y combatiendo. La historia no los menciona, únicamente sabemos que Arrascaeta llegó a Condestable (artillero) en la Armada. Brown se ve obligado a abandonar la 25 de Mayo, que es remolcada a Buenos Aires tras sufrir muy graves averías en aquel combate. Continúa la lucha a bordo del bergantín República. Ante el temor de quedar varados por la bajante, las naves brasileñas se retiran, y la Escuadra de Brown, empavesada como en días de gala, llega al puerto de Buenos Aires. Espora fue herido gravemente en este combate.

miércoles, 5 de julio de 2023

Guerra de la independencia: Combate naval de Martín García (segunda fase)

𝟭𝟱 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗿𝘇𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟴𝟭𝟰 - 𝗖𝗼𝗺𝗯𝗮𝘁𝗲 𝗡𝗮𝘃𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻 𝗚𝗮𝗿𝗰𝗶́𝗮 (𝗦𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮 𝗳𝗮𝘀𝗲)


El Almirante Brown ocupa esa isla. A las cuatro de la madrugada desembarcan en la parte sudoriental 240 soldados y marineros al mando del teniente de Dragones Pedro Orona. El desembarco se opera en el mayor orden, desafiando el fuego de fusilería enemigo, bajo la dirección del Sargento Mayor de Marina Ricardo Baxter. Brown salió en demanda de los buques enemigos para entretenerlos en el fondeadero con un simulacro de ataque.
El combate de Martín García, que comenzó tan desfavorablemente en las jornadas del 10 y 11 de marzo de 1814, terminó finalmente con una gran victoria, pues al quedar la isla en nuestro poder, dividió el poderío naval español en dos, quedando Romarate encerrado en el río Uruguay y el resto en Montevideo.


miércoles, 28 de junio de 2023

Guerra contra Brasil: Brown define la partida pese a estar 11 contra 17 en Juncal

11 naves contra 17: así fue la desigual batalla naval en la que Guillermo Brown triunfó en Juncal en 1827

La historia se escribe por la acción de los historiadores, que son hombres que intentan científicamente recordar otras acciones de otros hombres que cambiaron el devenir de los hechos y que han hecho posible el presente histórico de la humanidad. Pero, a veces, se ignoran grandes condicionantes como el espacio geográfico, el espacio ambiental y sobre todo lo inexorable del paso del tiempo, no sólo como un episodio más del almanaque sino en su aspecto climático. En este último sentido, el gran ejemplo es el invierno ruso, que ha sido el más feroz enemigo de los ejércitos de dos conquistadores implacables como Napoleón Bonaparte y Adolfo Hitler.

En nuestro suelo sudamericano, la más austral ciudad que haya construido la España imperial, Buenos Aires, al convertirse en la cabeza revolucionaria desde 1810 en adelante, y luego como sede de la jefatura nacional en la primera guerra internacional que las Provincias Unidas del Río de la Plata llevaron adelante contra el imperio del Brasil, esa ciudad tenía una condición geográfica determinante para establecer las temporadas de las campañas militares, cuyas operaciones más importantes siempre se desarrollaron entre el fin de la primavera y los inicios del otoño, por lo que no debe llamar la atención la enorme cantidad de batallas durante el mes de febrero: nuestro mes de las batallas.

Hoy recorreremos los grandes episodios guerreros de 1827, cuando el país se demostró como una potencia militar, luego de los 14 años continuados de la guerra de la Independencia, en la guerra contra el Imperio del Brasil.

Juncal: 8 y 9 de febrero de 1827

Para entender algunos momentos de nuestra historia, es necesario retroceder en el tiempo para ordenar los acontecimientos. En 1817, las tropas portuguesas del Brasil habían invadido la Banda Oriental del río Uruguay, aprovechando la crisis entre el Directorio de las Provincias Unidas y la Liga de los Pueblos Libres liderada por José Gervasio de Artigas. Es bueno recordar que el trono portugués se había trasladado a Río de Janeiro como consecuencia de la invasión de Napoleón a toda la península ibérica en 1808, permaneciendo en América hasta 1821, cuando Juan VI regresó a Europa. El intento de mantener al Brasil como colonia dependiente de Lisboa hizo que el hijo del rey, Pedro I hiciera causa común con los independentistas y asumió como emperador en 1822. Es notable destacar que Brasil se hizo independiente sin guerra: lo hizo por medio de la secesión de la casa real de los Braganza.


Las embarcaciones de Brown para la batalla de Juncal en ilustraciones de la época.

En lo que nos atañe, en 1821 desde Río de Janeiro se creó la provincia Cisplatina, incorporada al Brasil. Los 33 orientales encabezaron la rebelión contra los ocupantes desde el 19 de abril de 1825, cuando desembarcaron en la Playa Agraciada luego de partir desde San Isidro. El apoyo a esta gesta por parte del Congreso reunido en Buenos Aires con diputados de todas las provincias terminó con la declaración de guerra al Brasil el 1° de enero de 1826. Esto forzó el nombramiento del primer presidente argentino Bernardino Rivadavia el 8 de febrero de ese año para enfrentar la guerra con un mando político unificado..

Para 1826, el Brasil era una potencia naval y estableció su escuadra en el río de la Plata para dominar la costa oriental, bloquear los puertos argentinos y controlar el río Uruguay. La Argentina por entonces carecía de buques y el gobierno argentino encargó al entonces coronel de marina Guillermo Brown, la formación de una flota de guerra. Como pudo, el irlandés logró organizar flotillas y dislocó el bloqueo por medio de combates olvidados, como Punta Colares, Banco de Ortiz, Patagones y Monte Santiago; jalonados por otros recordados como Quilmes y Los Pozos. Pero la gran batalla naval de esta guerra iba a tener lugar aguas arriba de la isla Martín García, frente a la isla Juncal, cerca del pueblo de Carmelo.

Brown, ya conocido por su audacia, y luego de fortificar Martín García, decidió con sus 3 buques potentes y 8 embarcaciones menores, bloquear la salida del río Uruguay a la 3° División brasileña, compuesta por 17 naves, al mando del capitán Jacinto de Sena Pereira. Los combates comenzaron al mediodía del 8 de febrero de 1827. Una súbita sudestada descalabró las maniobras de las dos flotas y al atardecer cesaron los cañonazos. Al día siguiente, quedó en claro que los argentinos habían aprovechado la oscuridad para reagruparse y a las 8 de la mañana comenzaron un certero ataque contra los dispersos buques brasileños, que a la tarde ya se batían en retirada.

El saldo fue tan grave para el imperio que la nave insignia ni siquiera pudo arriar su bandera porque: “no había a bordo hombre sano que subiera a desclavarla. Estaban contusos, heridos y muertos sus tripulantes, siendo de los primeros el jefe y muertos cuatro timoneles”. Brasil perdió quince buques entre los hundidos, capturados y abandonados, y se cree que murió un tercio de sus 750 hombres, mientras que la flota de Brown conservó todas las naves y sólo tuvo 17 caídos.

Sena Pereira se rindió ante Brown, aunque aprovechó la primera oportunidad para fugarse. Juncal es uno de los casos más notables de una victoria categórica por parte de la flota más débil en la historia naval universal, y se destacaron junto a Brown tres de sus capitanes: el porteño Francisco Seguí, el inglés Guillermo Granville y el escocés Francisco Drummond, que ya era el novio de la hija de Brown, siendo protagonistas ambos de una romántica historia posterior a estos hechos que terminaría en tragedia.

Ituzaingó: 20 de febrero de 1827

Carlos de Alvear es uno de los personajes fundacionales más controvertidos de nuestra historia. Pero su actuación como comandante militar en la guerra contra el Brasil fue descollante. Quienes no lo quieren atribuyen sus logros a la casualidad, y los que lo admiran lo adjudican a su condición de estratega genial. El cruce del río Uruguay, en lo que hoy se llama Paso de los Libres, dio lugar a un golpe notable, ya que los brasileños esperaban un ataque de esas tropas contra Montevideo. Alvear y el ejército republicano, que por primera vez se llamó argentino, se dirigieron hacia Porto Alegre, con la intención de dividir el territorio que se hallaba en manos de las tropas imperiales. Es la primera campaña militar en la que el comandante en jefe lo es del Ejército Argentino, ya que hasta entonces cada ejército patriota tenía su propio nombre: del Norte, del Paraguay o de los Andes.

Carlos de Alvear, jefe controvertido de la campaña en Brasil.


Al norte de Bagé, hoy en Rio Grande do Sul, el grueso del ejército al mando de Alvear se topó con las barrancas del río Santa María, y entonces el comandante decidió presentar batalla con sus 8.000 hombres frente a los 10.000 soldados brasileños que lo perseguían al mando del marqués de Barbacena. En ese momento, el jefe argentino ordenó a sus jefes de caballería atacar por los flancos al enemigo. Uno de ellos, el parisino Federico Brandsen, un oficial de los ejércitos franceses y luego veterano de las campañas de Chile y del Perú, le recriminó: “Ud. nos envía a la muerte”; a lo que el general le contestó: “No me lo imagino a ud. cuestionando a Napoléon”. Se debate aún si Alvear puso en orden a un oficial que no le obedecía frente al enemigo, o si quiso compararse con el “pequeño corso”.

Lo cierto es que la carga de Brandsen significó la victoria argentina, pero también la muerte del coronel. Los brasileños perdieron unos mil hombres y a su segundo jefe, el barón de Cerro Largo. Terminada la batalla unos oficiales patriotas encontraron dispersas las hojas de una partitura compuesta por el emperador Pedro I, que debía estrenarse en la primera victoria brasileña. La pieza musical fue entregada a Alvear, quien la bautizó “Marcha de Ituzaingó” y la remitió al presidente Rivadavia. Con el tiempo, se convirtió en un atributo presidencial, junto con la banda y el bastón, y hasta hace no tantos años, cuando el primer mandatario argentino cumplía con algún acto protocolar se interpretaba esta marcha, un poco más cadenciosa que las tradicionales argentinas, dejando traslucir su origen carioca. En el propio campo de batalla, fue ascendido a general Juan Lavalle, hasta hoy el más joven de la historia: 29 años.

Ituzaingó fue una gran victoria argentina en territorio enemigo. Para los brasileños, la peor derrota de su ejército en la historia, a tal punto que se la omite en los relatos de la guerra “por la Provincia Cisplatina”. Incluso, hemos sido testigos que hasta hace pocos años ni siquiera se la consideraba dentro del guión del Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.


La batalla de Ituzaingó en cuadros de la época,

Esta guerra contra el imperio del Brasil se desarrolló a favor de la Argentina en el terreno militar, pero las disidencias políticas en torno a la sanción de una Constitución, que a pesar de la guerra se siguió discutiendo en el Congreso reunido en Buenos Aires, hizo que la negociación diplomática para dar fin a la contienda terminara en un escándalo para el país: los brasileños mantenían su posesión sobre la Banda Oriental y la Argentina debía pagar indemnizaciones. El canciller era Manuel J. García y el tratado preliminar de paz provocó la renuncia de Rivadavia a la presidencia y la posterior disolución del Congreso.

El gobernador porteño Manuel Dorrego rechazó la convención de paz, lo que hizo posible la independencia de la República Oriental del Uruguay. Pero la llegada del Ejército Argentino, triunfante en los campos de batalla, a Buenos Aires hizo que la noticia de la derrota diplomática ante el Brasil desencadenara una revolución contra Dorrego, encabezada por el jefe de las tropas, el general Juan Lavalle, que culminaría con el fusilamiento del gobernador depuesto, hecho que marca el comienzo de la guerra civil que se caracterizaría por la lucha entre federales y unitarios. Como curiosidad el almirante Brown fue nombrado por la revolución como gobernador delegado y realizó ingentes negociaciones para lograr salvar la vida de Dorrego, lo que no logró. El mes de las batallas se completará con el relato de los combates febrerianos en la guerra civil de los argentinos.

(*) Eduardo Lazzari es historiador.



domingo, 24 de octubre de 2021

Guerra contra Brasil: Los Pozos marca una brillante victoria naval de Guillermo Brown

Pocos barcos contra la poderosa flota brasileña, pero mucho coraje: la victoria del Almirante Brown con 12 mil porteños como espectadores

El Combate de los Pozos tuvo lugar el domingo 11 de junio de 1826 a escasa distancia de la ciudad de Buenos Aires, con los vecinos trepados a los techos. Los brasileños tenían el triple de barcos y hombres, pero la arenga de Brown fue poderosa: “Fuego rasante, que el pueblo nos contempla”
Por Adrián Pignatelli ||  Infobae


Oleo que representa el combate de Los Pozos, librado a escasas millas de dársena norte, frente a la ciudad de Buenos Aires.

Ese domingo no había altura en la ciudad de Buenos Aires que no estuviera tomada por los vecinos. Terrazas, techos y campanarios de las iglesias desbordaban de gente, todos mirando fijamente hacia el río. Se calculó que eran cerca de doce mil las personas que esa tarde de otoño estaban expectantes ante el combate naval que se desarrollaría entre la poderosa escuadra brasileña y la modesta flota argentina.

La guerra había llegado al Río de la Plata.

La disputa entre las Provincias Unidas y el Brasil por la Banda Oriental estalló cuando los famosos 33 Orientales, al mando de Juan Lavalleja y Manuel Oribe emprendieron en 1825 su cruzada para incorporar ese territorio a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Luego que en los combates de Rincón de las Gallinas y Sarandí derrotaron a fuerzas brasileñas, éstas bloquearon todos los puertos de nuestro territorio y reforzaron con tropas la Banda Oriental. En noviembre, Juan Gregorio de Las Heras rompió relaciones diplomáticas y el 10 de diciembre de 1825 Brasil nos declaró la guerra.

El almirante Guillermo Brown fue un hábil e inteligente marino que comandó con éxito la escuadra naval patriota.

Ese notición, tema excluyente en bares, tertulias y calles de Buenos Aires, exaltó y preocupó a los porteños. Ellos disponían de una poderosa flota naval y nosotros unos pocos barcos, muchos de ellos mercantes, que hubo que artillarlos de apuro. La reforma militar impulsada por Martín Rodríguez y por su ministro Bernardino Rivadavia había hecho ahorrar mucho dinero al erario, pero había debilitado al ejército, y no se había pensado en armar una verdadera escuadra naval.

Bernardino Rivadavia le ofreció a su amigo el capitán de navío Roberto Ramsay hacerse cargo de la flota, pero éste aseguró que la mejor persona para el trabajo era el marino más experimentado de la ciudad. El mayor coronel Guillermo Brown, que vivía retirado en su quinta Casa Amarilla, fue puesto a cargo de la escuadra. Su segundo era el francés Juan Bautista Azopardo y se desempeñó como mayor de órdenes Martín Warnes, aunque meses después éstos dos militares dejarían la flota al ser acusados injustamente por su desempeño en el combate de Punta Colares. De las cañoneras se ocuparon Bartolomé Ceretti, Leonardo Rosales, Nicolás Jorge, Antonio Richitelli, Juan Francisco Seguí, Felipe Scaillet y Victorio Francisco Dandreis.

Y se lanzó a la guerra naval, con el Río de la Plata como escenario.

El primer encuentro con los brasileños ocurrió el 9 de febrero, donde la flota patriota ocasionó serios daños a la fragata Itaparica; el 1 de marzo asaltó Colonia; el 11 del mes siguiente atacó a la fragata Niteroy y el 28 de abril realizó un ataque nocturno a la fragata Emperatriz. Sobresalía el genio militar de Brown, que sería alabado por los propios enemigos.

Luego vino Los Pozos.

En el amanecer del domingo 11 de junio de 1826 se vieron 23 barcos y ocho balandras cañoneras, que navegaban con viento a favor. Era una poderosa flota brasileña al mando del capitán de navío James Norton, comandante de una división que debía mantener el bloqueo a los puertos e intentar destruir la escuadra patriota. Hacía dos días que había cumplido 37 años.

Los Pozos era un fondeadero que se veía desde la ciudad, ubicado a escasas tres millas de lo que hoy es Dársena Norte. Brown había elegido ese punto porque lo consideró una posición favorable por sus bancos de arena, lo que lo convertía en un lugar de peligrosa navegabilidad. La fuerza patriota estaba conformada por la fragata 25 de Mayo, los bergantines República e Independencia, la barca Congreso y seis cañoneras, y contaba con una tripulación de 750 hombres reclutada con marinos, muchos extranjeros, y a partir de levas de vagos, delincuentes y aventureros, a quienes hubo que formarlos de apuro.

Los comandantes patriotas leyeron la proclama que Brown hizo distribuir: “Marinos y soldados de la república, ¿veis esa gran montaña flotante? Son treinta y un buques enemigos, mas no creáis que vuestro comandante abriga ningún recelo, pues que no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la 25 de Mayo, que será echada a pique antes que rendida. Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la patria. Guillermo Brown. Pozos, frente al enemigo, 11 de junio de 1826”.

El almirante Guillermo Brown, ya anciano, en un daguerrotipo.

La fragata insignia enemiga, Niteroy y otros buques no pudieron avanzar por su gran calado y por la poca agua. Norton, pasado a la corbeta Itaparica, dio la señal de ataque a su flota formada por 31 embarcaciones, 266 bocas de fuego y cerca de 2300 hombres, que los porteños veían pasar en una interminable caravana frente a la ciudad.

Norton sabía que Brown tenía su escuadra fraccionada, ya que el día 6 el teniente Leonardo Rosales había llevado a Colonia tropas en las goletas Balcarce, Sarandí, Río y Pepa y en las cañoneras Número 8 y Número 9.

Viendo la debilidad de naves de Brown, Norton dispuso convertirlas en cenizas. Pero el marino irlandés sabía lo que haría. Ordenó: “Fuego rasante, que el pueblo nos contempla”.

Desde la ciudad, todo era humo y destellos rojizos que despedían el fuego de los cañones. Los brasileños no podían acercarse lo suficiente a los barcos argentinos, protegidos tras bancos de arena.

Treinta minutos después, Brown ordenó suspender el fuego. Los porteños que presenciaban el espectáculo temieron que al disiparse el humo, nuestra flota apareciese destrozada. Grande fue la sorpresa cuando comprobaron que ninguna había sido hundida. Todo fue júbilo y algarabía, y sombreros y pañuelos fueron revoleados por los aires.

Llegó al lugar de la acción un grupo de embarcaciones al mando del comandante Rosales que se acercó por el banco de las Palmas. Y los brasileños vieron la oportunidad de atacarlo. Pero Brown, rápido de reflejos, a bordo de la cañonera Número 12, seguida por otras cinco fue al encuentro de las naves brasileñas que ya tenían a Rosales en la mira. Hubo un intenso cañoneo que los brasileños interrumpieron por la escasa profundidad del río y al anochecer, finalmente, se retiraron.

Cuando Brown desembarcó en el puerto para ir a dar cuenta al gobierno en la Fortaleza, el pueblo lo llevó en andas. En el trayecto Carmen Somellera le colocó una guirnalda de flores en la cabeza y dicen que de la emoción la mujer cayó desmayada en los brazos del marino.

“A pesar de haber sido hoy atacado por treinta y un buques enemigos, han sido rechazados sin haber tenido la menor novedad en nuestra escuadra (…) No puedo sino ponderar a Vuestra Señoría el valor y entusiasmo de la oficialidad y tripulaciones de los buques que tengo el honor de mandar”, escribió Brown en el parte.

El 3 de julio, en un acto realizado en la Sala Argentina, un grupo de damas le obsequió una bandera con la fecha del 11 de junio de 1826 bordada en oro. Se la entregó María Sánchez de Mendeville. Todo en la ciudad era entusiasmo. Se abrieron colectas públicas para repartir lo recaudado entre las tripulaciones, así como víveres y enseres para los buques.

La bandera que las damas le obsequiaron a Guillermo Brown, y que fue enarbolada en distintos combates navales.

Después Brown fue al colegio de Ciencias Morales a exhibir la bandera a los alumnos y fue recibido por el rector Manuel de Irigoyen. Era el ídolo del momento y hubo quienes lo veían como el salvador de la patria.

El 22 de julio se estrenó la comedia “Los montañeses”, interpretada por aficionados ingleses, que la representaron en ese idioma. Lo recaudado fue repartido entre la tripulación que se había batido en Los Pozos.

La bandera que le habían obsequiado las damas porteñas fue enarbolada en distintos combates navales que libraría. Su último acto de servicio de esta enseña fue cubrir el féretro que contenía los restos del viejo almirante, al que Juan Manuel de Rosas llamaba “el viejo Bruno”, aquel que con unos pocos barcos, había hecho historia. De la grande.

Fuentes: Guillermo Oyarzábal: Guillermo Brown, Librería Editorial Histórica EmilioJ. Perrot; Felipe Bosch, Guillermo Brown, biografía de un almirante, editorial Alborada; Miguel Angel De Marco, Corsarios Argentinos, Planeta.

domingo, 14 de junio de 2020

Combate de los Pozos: El coraje de Brown

¡Fuego rasante que el pueblo nos contempla!


La República Argentina se encuentra en guerra contra el Brasil, guerra que había declarado el Imperio, acusándonos de apoyar a los 33 Orientales y su intento de expulsar al portugués de suelo charrúa.
Era el 11 de junio de 1826, y Buenos Aires se hallaba sitiada por una poderosa escuadra brasileña, compuesta por treinta y un navíos de guerra.
La escuadra argentina era insignificante. Pero la diferencia se volcaba a nuestro favor, ya que teníamos en el mando de aquella armada, a un irlandés cabrón y testarudo, pero con un valor, coraje y sapiencia inigualables.
Eran 31 buques brasileños, contra 11 argentinos. Pero la presencia del Coronel Mayor William Brown, equilibra la balanza.
El inmortal irlandés, reunió a su Oficialidad a bordo de la Fragata 25 de Mayo, la nave capitana, y pronunció una de las arengas más bellas y gloriosas dichas por un Oficial Argentino:
"Marinos y soldados de la República: ¿véis esa gran montaña flotante? ¡Son los 31 buques enemigos! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la Veinticinco de Mayo, que será echada a pique antes que rendida. Camaradas: ¡confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!"
El pueblo de Buenos Aires se agolpa en las playas de la ciudad. Mira incrédulo como aquel puñado de valientes se prepara para enfrentar aquella poderosa escuadra invasora.
Brown, conocedor de aquella situación, da la orden de ataque:
" ¡Fuego rasante, que el pueblo nos contempla!".
Y comienza la batalla. Aquellos marinos, tripulando siete pequeñas cañoneras y sólo cuatro buques de guerra, arremeten contra el invasor portugués. No se pide ni se da cuartel. En tanto el pueblo porteño ve como esos valientes combaten con bravura y honor.
Y el milagro se produce. Después de recibir continuos ataques, la Armada Brasileña huye en ignominiosa derrota. Es un triunfo de las armas de Patria. Tan glorioso fue ese triunfo que solamente se tuvo que llorar la muerte de un sólo marino argentino.
Esa noche, cuando el Viejo Bruno desembarcó, el pueblo de Buenos Aires lo recibió con verdadera y auténtica gratitud. Aquel Veterano marino, llegado de allende los mares, lo había rescatado de las garras de los Imperiales portugueses.
Fue en un día como hoy, 11 de junio, pero de 1826, en un lugar del Río de la Plata, llamado "Los Pozos", pasando a nuestra historia nacional como el "Combate de los Pozos".


lunes, 11 de noviembre de 2019

ARA Libertad: Homenaje a Guillermo Brown en Foxboro


Los tripulantes de la fragata ARA “Libertad” participaron de un homenaje al Almirante Brown en Foxford


Los marinos argentinos integraron el desfile y posterior misa en honor al Gran Almirante en su ciudad natal.

La Gaceta Marinera



Irlanda – Más de 200 marinos argentinos, tripulantes de la fragata ARA “Libertad”, participaron del desfile militar en Foxford, Condado de Mayo (Irlanda), ciudad natal del Almirante Guillermo Brown.




Asistieron a la ceremonia la Embajadora argentina en Irlanda, Laura Bernal; el Agregado de Defensa, Comodoro Marcelo Monetto; el Alcalde de Foxford, un Concejal del Condado de Mayo y una Concejal de Foxford; junto con el Comandante del buque escuela de la Armada Argentina, Capitán de Navío Juan Carlos Romay.





Durante la ceremonia se colocaron ofrendas florales al Almirante Brown; y luego se procedió a una misa en la iglesia de Saint Michael, donde participó el presbítero de a bordo, padre David Ochoa.

Durante el fin de semana el público pudo visitar la fragata ARA “Libertad”. El sábado, a pesar del clima lluvioso, asistieron 1800 personas. En tanto que el domingo lo hicieron 4778.




lunes, 14 de enero de 2019

Guerra naval en la Guerra de la Independencia

Las guerras latinoamericanas por la independencia: Historia naval

Weapons and Warfare


Pintura del Primer Escuadrón de la Armada de Chile comandada por Cochrane.

El poder naval casi no jugó ningún papel en la lucha inicial después de las revoluciones de 1810. Los patriotas locales se comprometieron con las guarniciones españolas y los realistas locales en batallas relativamente pequeñas. La improvisada presencia naval de España incluía mercantes armados y corsarios encargados por el virrey en Perú, un baluarte realista; Varias de las nuevas repúblicas también emitieron cartas de marca y armaron algunos buques mercantes. La primera acción naval en la costa del Pacífico se produjo en mayo de 1813, cuando el corsario peruano Warren bloqueó Valparaíso, un puerto defendido por los mercaderes armados chilenos Perla y Potrillo. Los mercaderes españoles en Valparaíso persuadieron a los oficiales y hombres de Perla para que desertaran a los realistas, y al comienzo de la batalla que siguió, Perla se unió a Warren para obligar a Potrillo a rendirse. Las fuerzas españolas entonces ocuparon Valparaíso y lo utilizaron como base para abastecer su reconquista de Chile. En el exilio a través de los Andes en Argentina, los amargos patriotas chilenos quedaron impresionados con la necesidad de una armada y se convencieron de que, para operarlo, los extranjeros contratados serían más confiables que los veteranos de la armada española o la marina mercante.

Los argentinos posteriormente encargaron una pequeña marina dirigida por William Brown, un ex oficial de la marina británica. En el verano de 1815-16, Brown tomó dos corbetas y dos buques de guerra más pequeños alrededor del Cabo de Hornos y en la costa del Pacífico, atacando el Callao y Guayaquil. Hizo poco daño real, pero demostró la vulnerabilidad del comercio y las comunicaciones españolas. En el verano de 1816-17, los generales José de San Martín y Bernardo O'Higgins cruzaron los Andes con un ejército argentino-chileno que derrotó a los españoles en Chacabuco en febrero de 1817, abriendo el camino para la restauración de la República en Chile bajo la presidencia. de O'Higgins. En el campo de Chacabuco, O'Higgins comentó que "este triunfo y cien más serán insignificantes si no controlamos el mar". Pronto envió agentes a Gran Bretaña y Estados Unidos, países en los que el regreso a pie en tiempos de paz. 1815 dejó personal naval en busca de empleo en el extranjero.


Para 1818, cientos de marinos extranjeros habían entrado en el servicio chileno, muchos de ellos a bordo de barcos comprados para la nueva marina. Estos incluían una corbeta, dos escoltas y los antiguos británicos de las Indias Orientales Cumberland y Windham, reacondicionados como el barco de 60 cañones de la línea San Martin y la fragata de 46 cañones Lautaro, respectivamente. Para comandar la marina, un agente chileno contrató a Thomas, Lord Cochrane, y más tarde al décimo conde de Dundonald, un oficial británico veterano y condecorado que vivía en el exilio en Francia, luego de haber caído en desgracia en un escándalo bursátil en 1814. Cochrane partió para Chile en agosto de 1818, tres meses después de que la antigua fragata rusa, María Isabel, saliera de España hacia Chile, al frente de una fuerza que incluía once transportes que transportaban 2,000 tropas. Los chilenos recibieron la noticia de que los refuerzos españoles estaban en camino y resolvieron interceptar su convoy en lugar de esperar a que llegara Cochrane. El mando de la escuadra chilena fue para Manuel Blanco Encalada, un oficial de artillería de 28 años de Buenos Aires que había servido los siete años anteriores en los ejércitos de Argentina y Chile. O’Higgins lo nombró porque había sido un maestro en la marina española durante cuatro años antes de eso, y por lo tanto tenía más experiencia naval que cualquier otro oficial patriota. En octubre de 1818 salió de Valparaíso con los cinco buques de guerra, para buscar en los mares la fuerza española que se aproximaba. La Maria Isabel logró evadirlo, llegando al puerto de Talcahuano con dos transportes, y luego quedó atrapada allí el 27 de octubre por el buque insignia de Blanco, San Martín, al que la fragata española se rindió después de un breve duelo. Los transportes españoles restantes fueron capturados a medida que avanzaban, completando el triunfo.

Así, Chile estaba seguro cuando Cochrane asumió el control de la marina, en diciembre de 1818, con el rango de vicealmirante. Blanco aceptó convertirse en su subordinado como contraalmirante, impresionando a Cochrane con su "interés patriótico" en el asunto del comando. Dirigieron su atención a un asalto al Perú realista, que había que conquistar para asegurar la independencia tanto de Chile como de Argentina. Debido a que el desierto costero de Atacama que separa a Perú de Chile representaba un obstáculo más formidable que los Andes, el poder naval era esencial para transportar al ejército patriota hacia el norte para el ataque. Primero, sin embargo, Cochrane tuvo que establecer el dominio de Chile sobre el mar frente a la costa occidental del continente. En los veranos de 1818-19 y 1819-20 impuso bloqueos en el Callao y se apoderó de barcos de bandera española en alta mar, utilizando a la capturada Maria Isabel (renombrada O’Higgins) como su buque insignia. Pero los españoles temían más a San Martín, el único barco de la línea en el teatro; se negaron a salir del Callao para luchar, a pesar de que las dos armadas tenían un número igual de fragatas y buques de guerra más pequeños. En mayo de 1819, España envió dos barcos de la línea y una fragata como refuerzos, pero solo la fragata llegó al Callao. El escurridizo Alejandro I, anteriormente un acorazado ruso, tuvo que regresar a Cádiz, y el San Telmo se perdió con todas las manos en una tormenta frente al Cabo de Hornos. Otras adiciones a la marina chilena incluyeron una corbeta construida en los Estados Unidos, dos brigadas más y una goleta. En febrero de 1820, Cochrane dirigió brevemente su atención a Valdivia, un puesto de avanzada español en el sur de Chile, que capturó con los O’Higgins, un bergantín y una goleta, en el proceso de perder el bergantín.


Una pintura de la captura de Valdivia en el museo naval y marítimo de Chile.

La invasión de Perú finalmente comenzó a fines de agosto de 1820. Cochrane, en O'Higgins, lideró una fuerza de un barco de la línea, dos fragatas, una corbeta, tres bergantines y una goleta, escoltando a diecisiete transportes que transportaban a San Martín y 4.000 tropas. La flota incluía todos los buques de guerra chilenos disponibles, menos una corbeta, que se desplegó para vigilar el último bastión realista en el sur, la isla de Chiloé. El escuadrón español en Callao no hizo nada para desafiar los desembarques chilenos. Las fragatas Prueba y Venganza partieron antes de que llegaran los invasores, para evitar ser bloqueados, y la fuerza desesperadamente superada en número que dejaron atrás sufrió un golpe paralizante el 5 de noviembre de 1820, cuando Cochrane capturó a la fragata española restante, la Esmeralda, en una audaz incursión en la puerto. El agresivo Cochrane se enfrentó con el cauteloso San Martín durante toda la campaña. Cochrane quería que la marina asaltara el Callao mientras el ejército marchaba sobre Lima, pero San Martín prefería negociar su camino hacia la capital peruana. El virrey en Lima finalmente accedió a un armisticio en abril de 1821, y tres meses después, San Martín se declaró "protector" de un Perú independiente.

Pasaron muchos años antes de que España reconociera la independencia de cualquiera de las repúblicas latinoamericanas, y Cochrane se negó correctamente a considerar que la guerra había terminado. Rechazando la oferta de San Martín de convertirse en almirante de una nueva armada peruana, él permaneció leal a Chile y se embarcó en la búsqueda. de los últimos buques de guerra españoles significativos en el Pacífico oriental, las dos fragatas que habían escapado de la captura en Callao el año anterior. Varios de los oficiales y marineros británicos de Cochrane se negaron a ir con él y en cambio ingresaron al servicio de Perú, en parte porque San Martín se negó a pagarles mientras permanecieran en el servicio chileno. Después de una búsqueda de cinco meses, desde el norte de Baja California, en marzo de 1822, Cochrane finalmente bloqueó la Prueba y Venganza en Guayaquil. Allí, las dos fragatas se rindieron a las autoridades locales leales a San Martín y terminaron en la armada peruana. La Prueba, renombrada como Protector, se convirtió en el buque insignia de uno de los antiguos capitanes de Cochrane, George Martin Guise, que ahora se desempeña como comandante naval peruano. Negados estos últimos premios de la guerra, en junio de 1822, Cochrane regresó a Valparaíso con los restantes barcos de la flota. Para entonces la armada chilena mostraba las tensiones de años de operaciones continuas. Las numerosas deserciones al final de la campaña en Perú obligaron a Cochrane a abandonar el barco de la línea San Martin, y se abandonó a una brigada que necesitaba reparaciones. Esto dejó a la flota con un núcleo de tres fragatas, tres corbetas y dos bergantines.

miércoles, 18 de julio de 2018

Argentina: La falta de política naval y defensa de intereses marítimos

Por qué la Argentina es un país de espaldas al mar 

En el Día de los Intereses Argentinos en el Mar, la historia de los almirantes Segundo Storni, Guillermo Brown e Irizar. Y el determinante rol de Manuel Belgrano, quien estudió la importancia económica de la plataforma continental para la economía del país

Por Fernando Morales | Infobae


Los marinos Guillermo Brown, Julián Irizar y José María Sobral

Argentina es un país de espaldas al mar, no mira esa fuente inagotable de recursos que supera en superficie al territorio que pisan sus habitantes.

La relación del país con su vasto litoral marítimo resulta cuando menos curiosa, más aún si se considera que desde los colonizadores españoles hasta las grandes corrientes migratorias que forjaron buena parte la estructura socioeconómica nacional actual, bajaron de los barcos.

Un solo dato del presente bastará para poner en contexto la importancia del mar para la Nación: más del 90% del comercio exterior se transporta por agua.

El país tiene 5.000 kilómetros de costas marinas y un territorio marino con soberanía plena hasta las 12 millas de la costa y más allá de las mismas y hasta las 350 millas potestad económica respecto a su lecho

Muchos han sido los factores que han impedido que la sociedad argentina conozca la importancia económica, estratégica y política que los más de 4.500.000 kilómetros cuadrados de mar continental tienen para el país. No obstante desde Manuel Belgrano al Almirante Segundo Storni, han sido varias las personalidades que han intentado despabilar la conciencia marítima nacional.

Segundo Storni y el despertar de cara al mar

 Segundo Storni nació en Tucumán el 16 de Julio de 1876. Y fue esta fecha la que tomó el Congreso Nacional para sancionar la ley Número 25860/03 que instauró a nivel nacional la celebración del Día de los Intereses Argentinos en el Mar.

En 1916 el por entonces capitán de fragata Storni era mucho más que un tradicional oficial naval. Criado lejos del océano, su vocación lo llevó a considerar el mar como mucho más que un medio en el que librar una batalla: fue el primer estudioso que abordó de lleno la cuestión de la "plataforma continental" y su implicancia económica para el país.


Segundo Storni, el almirante por cuya fecha de nacimiento se celebra Día de los Intereses Argentinos en el Mar

Retomó el pensamiento de Belgrano al sostener la importancia del comercio marítimo, el desarrollo pesquero, la industria naval, las vías navegables y los puertos como fuente de integración con los siempre lejanos mercados europeos y asiáticos, tan buscados en el presente.

Con un proceder poco habitual para la época, y a pesar de no tener jerarquía suficiente para desenvolverse en forma autónoma respecto a su cadena de mandos, dictó conferencias y hasta editó un libro sobre la temática marítima no militar, que mantiene plena vigencia en nuestros días.

La principal vía fluvial internacional (la Hidrovía Paraná Paraguay) es mantenida en un 75% por el país (dragado y balizamiento) y navegada en un 95% por buques extranjeros

Su carrera militar lo llevó hasta la jerarquía de vicealmirante, pero tuvo un abrupto final cuando, siendo Ministro de Relaciones Exteriores, se proclamó partidario del ingreso de Argentina en la Segunda Guerra Mundial como aliada a los Estados Unidos. Esta idea, totalmente opuesta a la de sus camaradas, provocó que el presidente de facto Pedro Ramírez pusiera fin a su carrera política y militar.

Guillermo Brown, Irizar y el alférez Sobral

Dejando de lado el talento excepcional de Guillermo Brown –un marino mercante irlandés que adoptó a Buenos Aires como su hogarm armó la primera escuadra naval y es considerado como el primer Almirante y "Padre de la Patria en el Mar"-, fue Manuel Belgrano quien comprendió, varios años antes, que la posición geográfica de la metrópoli la ataba a sus aguas circundantes y por añadidura el vasto Océano Atlántico.

"Una nación que deja hacer por otra, una navegación que puede realizar por sí misma, compromete su futuro y el bienestar de su pueblo". La célebre frase pronunciada por Belgrano, como Secretario del Real Consulado, sintetiza la iniciativa que lo llevó a crear en 1799 una escuela de ciencias náuticas, la "Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano", formadora de marinos hasta nuestros días.

Guillermo Brown


En junio de 1810, con la firma de Mariano Moreno, se crean las "Capitanías de Puerto", lo que hoy es la Prefectura Naval Argentina, y finalmente Guillermo Brown, con su hazaña libertaria en el Río de la Plata el 17 de mayo de 1814, se convertirá en el creador de la Armada Argentina.

Casi 100 años después la pujante Buenos Aires, Capital Federal de la República Argentina, asomaba al mundo como una urbanización edificada de exprofeso dando la espalda al inmenso Río de la Plata. Algo totalmente opuesto a lo que ocurría en la "vecina orilla", Montevideo.

Pero en 1903 hubo un hecho que hizo voltear la mirada de los argentinos hacia el Atlántico Sur. Una expedición científica sueca, a cargo del Dr. Otto Nordenskjold, quedó atrapada en los espesos hielos de la Antártida y condenada a un irremediable final. A bordo de la infortunada nave llamada "Antartic" viajaba un joven oficial de la marina de guerra, el alférez José María Sobral.

Argentina perdió casi por completo la capacidad de transportar su comercio exterior por vía marítima

La extrema situación de este grupo de expedicionarios determinó que la corbeta "Uruguay" (la misma pequeña embarcación que hoy es museo en Puerto Madero) partiera al rescate. Al mando de esa frágil nave de 46,36 metros de eslora y 7,63 de manga, con casco de hierro forrado en teca, iba el teniente de navío Julián Irizar, en cuyo honor lleva su nombre el actual rompehielos.

La hazaña fue tan grande que cuando la "Uruguay" regresó al puerto metropolitano, el 2 de diciembre de ese año, más de 100.000 personas se acercaron a darle la bienvenida. Una cantidad de público enorme si se considera que la población de la ciudad en aquellos años no llegaba al millón de habitantes.


La Corbeta Uruguay hoy, en Puerto Madero

A raíz de este acontecimiento un grupo de marinos y civiles comenzaron a pergeñar la creación de alguna entidad que pudiera "despertar en la población el interés por las cosas del mar". La idea se concretaría recién en 1933 con la creación de la Liga Naval Argentina. Entre aquellos entusiastas fundadores se encontraba el joven marino Segundo Storni, quien para ese entonces ya tenía bien ganado un lugar en la historia.

Un submundo aún desconocido

El país cuenta con más de 5.000 kilómetros de costas marinas. Ríos de curso internacional que son navegados en un 95% por buques extranjeros -pero dragados a costa del presupuesto nacional-, un territorio marino con soberanía plena hasta las 12 millas de la costa y más allá de las mismas y hasta las 350 millas (según lo dispuesto por la ONU recientemente) potestad económica respecto a su lecho, subsuelo y sus otros recursos.

Una riqueza ictícola vasta, que convierte a Argentina en uno de los caladeros de mayor potencial del mundo. Pero, por alguna inexplicable razón, distintos gobiernos a lo largo de la historia no han prestado la atención que esto merece.

"Cualquier chico termina el colegio primario, sabiendo que es la pampa húmeda, cuántos tipos de ganado existen, dónde está la Cordillera de los Andes y quién fue San Martín. Muy poco saben sobre la plataforma continental, las variedades ictícolas, y la obra de Brown", grafican desde la Liga Naval Argentina.

Las cifras del desinterés

Argentina perdió casi por completo la capacidad de transportar su comercio exterior por vía marítima. Teniendo en cuenta lo que el país deja de percibir en concepto de fletes de exportación y lo que paga por el mismo concepto en sus importaciones, se evaporan anualmente unos USD 5.000 millones, que podrían contribuir en modo sustantivo a paliar el siempre presente déficit comercial.

Al iniciarse la década del 90, la cantidad de buques estatales y flota comercial privada de bandera nacional, ubicaban al país como la potencia marítima más importante de la región. Hoy el elenco de buques mercantes de pabellón argentino no supera la decena de unidades y solo aptas para un tráfico de cabotaje.

La principal vía fluvial internacional (la Hidrovía Paraná Paraguay) es mantenida en un 75% por el país (dragado y balizamiento) y navegada en un 95% por buques extranjeros. Paraguay cuenta con la segunda flota fluvial más grande del mundo, superado solo por Estados Unidos.

Embarcaciones extranjeras depredan la zona económica exclusiva, poniendo en riesgo la conservación del recurso y evadiendo miles de millones de dólares al año en materia de derechos pesqueros

Decenas de astilleros han cerrado sus puertas y el país que supo construir desde súper petroleros, buques de guerra y hasta la fragata Libertad, hoy apenas si logra poner a flote a pequeños barcos pesqueros, remolcadores de puerto y barcazas sin propulsión para transporte fluvial.

Por el lado de la explotación y custodia de los recursos marinos, el sector se encuentra afectado desde varios ángulos. Por un lado por falta de presupuesto y por ende de equipamiento, la custodia del mar argentino es pobre. Centenares de embarcaciones extranjeras depredan la zona económica exclusiva, poniendo en riesgo no solo la conservación del recurso, sino además evadiendo miles de millones de dólares al año en materia de derechos pesqueros.
 
El buque pesquero Rigel

En lo que respecta a la flota pesquera nacional, el envejecimiento de los buques determina que se hagan a la mar naves con más de 50 años y en condiciones de mantenimiento paupérrimas.

En los últimos años más de 100 pescadores perdieron la vida en siniestros evitables. En los últimos doce meses, los pesqueros "El Repunte" y "Rigel" mantienen movilizada a la sociedad marplatense que intenta dar contención a viudas, madres, hermanos e hijos de marinos desaparecidos.

Este 16 de julio encuentra a la gente de mar y al país muy lejos de los intereses marítimos que Belgrano, Brown, Moreno y Storni supieron avizorar hace ya muchísimo tiempo. Argentina, increíblemente, sigue siendo un país de espaldas al mar.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Anecdotario histórico argentino: Brown envuelto en la bandera

Una hazaña de Brown 

El 22 de enero de 1816, el Comodoro Guillermo Brown y el capitán Hipólito Buchard, que navegaban en común, atacaron con 4 navíos el puerto de Callao, y tres semanas después se presentaban ante Guayaquil, primer astillero del Pacífico. 
En medio de la acción, que era favorable a los patriotas, una recia ráfaga del norte, que coincidió con la bajante de la marea, arrebató al bergantín Trinidad que fué a varar cerca de la playa. 
El Comodoro se lanzó al agua tratando de alcanzar la goleta para acercarla al Trinidad y cubrirla con sus fuegos. Pero la nave había sido ya abordada por una columna de infantería y se vió precisada a arriar su bandera para salvar la vida de sus últimos tripulantes, pero el furor del enemigo no se apaciguó a pesar de que el acto de rendición así se lo exigía. 
Brown, al ver la matanza, regresó y, tomando un machete y un fanal encendido en la otra mano, se dirigió desnudo como estaba a la santa bárbara, amenazando que haría volar a todos si no se respetaban las leyes de la guerra. 
Esta actitud decidida del marino inglés surtió efecto y poco después, recibía la palabra de honor del gobernador, de que se trataría a todos como prisioneros de guerra. 





Al desembarcar, no quiso el futuro vencedor de Juncal, abandonar su bandera y, como no encontraba otra vestimenta, pues la nave había sido saqueada, se envolvió en ella y así atravesó rodeado de sus valientes las calles de la ciudad, hasta los cuarteles adonde lo conducían. 
Al pasar ante la multitud, un realista dijo: 
—¡De dónde es el pirata? ¿Cuya la bandera? 
Y alguien le contestó a su espalda, desapareciendo luego: 
—No es un pirata, es un insurgente. La bandera es de un pueblo libre.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Historia argentina: El combate de Costa Brava (1842)

Combate de Costa Brava (1842) 

 

El Combate de Costa Brava fue un enfrentamiento naval librado el 15 y 16 de agosto de 1842 entre la escuadra de la Confederación Argentina al mando de Guillermo Brown y la escuadra riverista al mando del italiano Giuseppe Garibaldi. Se luchó en las cercanías de Esquina, Provincia de Corrientes (Argentina), por dos días en agua y tierra hasta que Garibaldi previendo su derrota hizo volar sus barcos para no entregárselos a Brown y escapó a tierra firme. Los argentinos, al querer perseguirlo para ultimarlo, fueron detenidos por Brown quien exclamó "dejenlo escapar ese gringo es un valiente". Esta es una de las Batallas mas Importantes de Argentina, junto a Batalla de la Vuelta de Obligado y del Quebracho 

El Combate 
El Almirante Brown mandó gente a tierra para que hicieran de sirgadores (remolcar el barco desde la orilla por medio de cuerdas), pues había decidido avanzar a la sirga con cuatro naves que maniobraban ceca de tierra, donde había suficiente profundidad, hacia el enemigo, viendo que era difícil y peligroso atacar a Garibaldi de un modo frontal. A la vez, dispuso que el ala izquierda fondeara al Suroeste del enemigo a distancia de tiro, hostigando y perturbando la reacción enemiga contra el ala derecha con los cañones que pudiera presentar. Por su lado, Garibaldi, que había advertido la maniobra enemiga, mandó su infantería con el Tte. 1º Rodríguez fuera de la estacada para tirotear a los sirgadores y a las tripulaciones. Se dió cuenta Brown y ordenó a Montaña ir a tierra con 100 hombres en tres columnas: una de 20 hombres al mando del Tte Mariano Cordero - del Echagüe- se dirigiría por la ribera; la derecha también de 20 hombres al mando del Tte French y la 3a en el centro con 60 infantes, al mando de Montaña y los Subtenientes Montandón y Castellanos. Montaña no tardó en repeler al enemigo desalojando la orilla de los tiradores emboscados. A partir de ese momento el ala derecha de Brown pudo moverse con mayor libertad y alcanzar la distancia de tiro. 
Veamos ahora a qué distancia media de tiro se hizo el combate. No se ha podido conocer fehacientemente la elevación que podían alcanzar los cañones de Costa Brava. Para esa época en estas latitudes, los cañones a raso podían tirar desde los 350 metros (de a 6) a los 600 metros (de a 4); con una elevación de 8º llegaban hasta los 2.200 metros y con 22º a unos 2.700, con poca diferencia entre un cañon de a 24 y otro de a 12. Por el problema de la puntería, el alcance eficaz quizás era de unos 1.000 metros. Los autores estiman que sin problemas de puntería (no había marejada) el ala izquierda de Brown artillada con cañones de a 12 fondeó al Suroeste a unos 1.500 metros de los orientales para que hubiera efectividad en el hostigamiento. El ala derecha entretanto se acercaba a una distancia similar considerándose que los cuatro buques debían entrar en fuego indefectiblemente con el máximo de cañones. 
Cuando las unidades argentinas entraron a distancia de tiro de las orientales, Garibaldi abrió el fuego soportado estoicamente por el ala derecha, auxiliada a la vez por el ala izquierda que ya debía haber alcanzado la posición asignada. Brown pudo hacer maniobrar a los buques para presentar la banda de babor al enemigo, entrando en combate todos ellos. 
 

1. Buques orientales codados de Este a Oeste: Constitución (al centro), Pereyra y Joven Esteban, con babor al enemigo.
2. Escuadrilla correntina, buque hospital y 4 barquitos.
3. Personal de infantería de Marina oriental en tierra hostigando a los sirgadores argentinos.
4. Buques argentinos: Echagüe, Chacabuco, Americano y 9 de Julio, presentan su babor al enemigo, el 9de Julio abarloado en parte al Americano.
5. Ala izquierda con La Argentina, Republicano y Libertad.
6. Personal de Infantería de Marina argentina limpiando el terreno de tiradores enemigos.
7. Los tres lanchones de Brown que no intervinieron.


Se presentaban así: el Echagüe era el más próximo al enemigo, con su proa sobre la ribera; cerca y al Sur, aprovechando la inclinación de la costa, lo seguía la Chacabuco evitando tener que tirar por arriba de aquél, tercero también cerca y al Sur se colocó el Americano, tomando las mismas precauciones y Brown abarluó a la goleta 9 de Julio y al Americano desde su centro a popa. 
A las 12.00 el fuego se había generalizado, iniciándose el ablandamiento del enemigo con la artillería, sin apresurar abordajes. El combate se frenó cerca de las 16 para que la gente pudiera comer, reanudándose poco después hasta el oscurecer, con ambos bandos tomando disposiciones de seguridad nocturnas y atención de los buques y del personal herido o muerto. 



Giuseppe Garibaldi 



Con la noche vino una pausa que Garibaldi aprovechó para lanzar dos brulotes, uno de los cuales fue interceptado eficazmente y otro mantuvo consecuencias.

También fue inútil un ataque al “Echagüe”, apoyado en la orilla y al amanecer del día 16 se renovó la lucha.

El ardor de las acciones fue motivo de que la escuadrilla Garibaldina consumiera todas sus municiones.

Entonces el líder italiano acoderó los barcos “Constitución” y “Pereyra”, los roció con pólvora y aguardiente y llevó la tripulación a la goleta “Prócida”.

Esto produjo una notable explosión; Garibaldi y su gente se prepararon para huir por tierra. Cuando los tripulantes de la Confederación se disponían a rematar a sus enemigos, un gesto de nobleza de Brown le salvó la vida al italiano. Dijo el Almirante: “Déjenlo que se salve, ese gringo es un valiente”.

El intento fluvial de Rivera fracasó, Brown regresó a Buenos Aires, donde como dice Piccirilli se le tributaron encendidos homenajes. Garibaldi, en otra aventura más, regresó a Montevideo donde lo aguardarían nuevos e importantes sucesos. En tanto, el complemento terrestre del triunfo en Costa Brava fue la batalla de Arroyo Grande, ganada por Oribe al mismo Rivera, el 6 de diciembre de ese año de 1842 (zona próxima a la actual ciudad de Concordia).



Wikipedia
Congreso Nacional de Historia