sábado, 22 de agosto de 2026

Royal Navy: El hundimiento del HMS Victoria

El hundimiento del H.M.S. "Victoria"






'Victoria' sinking - drawing from 'The Graphic' July 1893 - reproduced from 'Admirals in Collision' by Richard Hough

Por Luis Jar Torres, Publicado en la Revista General de Marina de España Revista  y en http://www.grijalvo.com/index.htm - Revista General de Marina

Don Juan Manuel Grijalvo tiene un magnifico sitio web en http://www.grijalvo.com/index.htm. Entre los muchisimos articulos que hay allí y que vale la pena explorar, hay una serie correspondiente a las notas que el oficial de la marina española, ex marino mercante, ex Capitán de Puerto y ex Inspector de Seguridad Marítima don Luis Jar Torre escribiera para la Revista General de Marina, de España. Nos han otorgado permiso para publicar algunas de sus historias, entre las que se encuentra ésta. Recomiendo que lean directamente de Grijalvo las correspondientes a accidentes, en el indice: http://www.grijalvo.com/Batracius/y_presentacion.htm. No tienen desperdicio!- Agradezco muy especialmente a don Luis Jar Torre por compartir con nosotros ésto!.

En términos generales puede afirmarse que, detrás de la pérdida de un buque en el mar, siempre se esconde el mal cálculo de alguien. Hay malos cálculos que, en buena lógica, nadie hubiera podido mejorar, como un ciclón de trayectoria atípica o, forzando mucho las cosas, una pérdida de estabilidad por acumulación de hielo en cubierta. A este tipo de “mal cálculo” en el derecho marítimo anglosajón se le llama “acto de Dios”. Pero la mayoría de los malos cálculos se quedan en lo que su nombre indica y entonces se dice que el buque se ha perdido por “fallo humano”.

Existen fallos humanos excusables, como los originados por limitaciones frente a la enfermedad o el agotamiento. Otros, al menos resultan comprensibles y permiten al “culpable” no perder la cara y hundirse con su buque con cierta dignidad. Algunos más, siendo tan “humanos” como los anteriores, son mucho menos misericordiosos y palabras como “negligencia” o “impericia” arruinan la vida profesional de los implicados.

Joseph Conrad, que había sido capitán mercante antes de convertirse en uno de los mejores escritores en lengua inglesa de todos los tiempos, dejó escrito que algunos accidentes son “... una equivocación más o menos disculpable. Un barco puede dar a la costa a causa del temporal. Es una catástrofe, una derrota”. En cambio, otros “... tienen la mezquindad, el patetismo y el amargor del error humano”.

Finalmente, unos pocos buques se pierden en accidentes tan estúpidos, que nos obligan a pensar que su capitán eligió ahogarse antes que explicar lo ocurrido. A diferencia de los accidentes anteriores, que al menos crean doctrina sobre “lo que no hay que hacer”, estos últimos son más intrascendentes en el campo doctrinal, posiblemente porque casi nadie entre los colegas del “culpable” se ve a sí mismo capaz de darse un golpe tan tonto.

Este trabajo trata de uno de esos accidentes particularmente estúpidos, con la salvedad de que sus protagonistas, lejos de ser unos estúpidos, constituían la élite de la armada más prestigiosa de su época, a la que aportaban una formación y dedicación excepcionales y, en el caso del principal implicado, un espíritu innovador que haría parecer fósiles a muchos “progresistas” contemporáneos. El aspecto castrense de este accidente fue una auténtica desgracia que cuestionó principios considerados incuestionables y atrajo sobre la organización militar la crítica y, peor aún, la rechifla de personas bien formadas pero no tan bien informadas. Si algo de positivo tiene esta historia, es la llamada de atención que supuso, en pleno siglo XIX, sobre conceptos tan actuales como “obediencia ciega” y “obediencia inteligente”.

En la década de los setenta del siglo XIX, la armada británica envió al baúl de los recuerdos la propulsión a vela y uno de los compañeros de viaje que la acompañaron al baúl fue un libro. Llevaba por título “Signal Book”, que no era un libro particularmente ameno, pero tenía almacenadas en sus páginas las lecciones y experiencias de más de veinticinco siglos de guerra en la mar. Eliminado el viento como factor táctico, gran parte de su contenido era, en términos metafóricos, lo que algunas veces había sido en términos reales: papel mojado.

Uno de los oficiales navales que con más entusiasmo se entregó a la tarea de reescribir este libro fue el vicealmirante Sir George Tryon. No debemos engañarnos por el “Sir” ni por el empleo, era un innovador y un inconformista. También tenía un elevado nivel de exigencia para con sus subordinados, a los que intentaba transmitir su espíritu de iniciativa y a los que, en todo caso, conseguía transmitir una fuerte impresión. Además era una persona difícil.

No hay que ser un genio de la táctica para comprender el problema de Sir George. Los buques de su época ya tenían (grosso modo) la velocidad y maniobrabilidad de los actuales pero, en el mar, no disponían aún de otro sistema de comunicaciones que las señales visuales. Bastaban unos minutos de navegación para que una unidad se desconectara de “la voz de su amo”. Por añadidura, la táctica heredada por la Era del Vapor estaba orientada a mantener en formación unidades con la velocidad de una tortuga, las cualidades evolutivas de una vaca lechera y el alcance artillero de una hondera. Hoy puede resultarnos inconcebible, pero baste recordar la “melée” en que degeneró la batalla de Trafalgar, el problema de “comunicaciones” de Villeneuve y Dumanoir o la “distancia eficaz” a la que debía estar Nelson cuando un prosaico mosquetazo le envió desde la cubierta del “Victory” a los libros de historia.


El vicealmirante Sir George Tryon, Jefe de la Flota Británica del Mediterráneo en 1893

La Revolución Industrial regaló a las marinas la propulsión a vapor y velocidades “de vértigo”, pero los “juguetes” venían sin manual de empleo táctico. En un reflejo casi cómico, se exhumó el “manual” de las últimas unidades de propulsión mecánica conocidas, ¡las galeras! En la batalla de Lissa (1866), un agresivo Almirante Tegetthof borró de la superficie al sorprendido Comandante del “Re d’Italia”, junto con su preciosa fragata acorazada de vapor, en tres minutos mediante el “novedoso” (y expeditivo) procedimiento de embestirles con su buque insignia. Y así, durante dos decenios de desbarajuste táctico en que buques, armas y corazas quedaban anticuados de un año para otro, un pasmado Neptuno vio formaciones de acorazados ¡con espolón! surcar sus dominios a velocidades del siglo XX, pero manteniendo distancias propias del siglo XVIII.

Sir George entra en nuestra historia cuando ya solamente faltaba el “pequeño detalle” de la radiotelegrafía para “emancipar” la flota. Pero, en 1890, Marconi tenía 16 años y, seguramente, otras prioridades. Faltaban todavía cinco para que consiguiera su primera transmisión inalámbrica y catorce para que su invento comenzara a generalizarse en las unidades navales.

Mientras, en su afán de ir más allá del “Signal Book” el vicealmirante Tryon estudiaba fórmulas tales como utilizar el rumbo y velocidad del buque insignia como una señal en sí mismos, persistía en el espíritu de iniciativa de sus comandantes y, finalmente, degeneraba en un virtuoso perfeccionista de las maniobras en formación, en las que exigía precisión milimétrica.



El 22 de junio de 1893 sorprendió al vicealmirante Tryon frente a las costas de Siria y al mando de la Flota Británica del Mediterráneo. Era un día bochornoso, suponemos que el interior de un acorazado sin aire acondicionado frente a Siria sería inaguantable y, en el caso de Sir George, su origen “nórdico” no ayudaría en nada a mantener las ideas frescas. Aquella tarde su flota tenía previsto fondear a las 1600 horas frente al puerto de Trípoli, actualmente libanés pero entonces ubicado en la provincia siria del Imperio Otomano. Dispuestos a mostrar la bandera a “la competencia”, el plan del almirante era una compleja maniobra de fondeo, un ejercicio de virtuosismo que produjera un golpe de efecto y una fuerte impresión a los observadores de la costa. Aunque no exactamente en los términos que había planeado, se salió con la suya.

Sir George izaba su insignia en el acorazado “Victoria”, una de las unidades británicas más modernas y, al tiempo, una víctima del desbarajuste conceptual antes mencionado. Desplazaba 10.420 toneladas y montaba la primera máquina de vapor de triple expansión de la armada británica, pero tal “modernidad” quedaba compensada por el arcaico espolón de su roda y por su artillería principal, una única torre a proa con dos monstruosos cañones Armstrong de 413 mm y 110 toneladas de peso por cabeza que, aunque disparaban proyectiles de 1.600 libras, lo hacían a un ritmo tan lento que constituían una seria amenaza de muerte por aburrimiento para el enemigo. Obviamente, si el enemigo no colaboraba y se colocaba arteramente por la popa, se creaba un maldito inconveniente que había que confiar a la artillería secundaria.


El HMS “Dreadnought” en dique seco, permitiéndonos apreciar la configuración de un espolón de la época. El día de autos este buque navegaba en la misma línea de fila y dos puestos detrás del HMS “Victoria”.

 Para redondear la tarea, en grada le habían cambiado su nombre original (“Renown”), dejándole a merced de la consabida mala suerte. Se ha escrito que el diseño de este buque “... must be considered a retrograde step after previous Royal Navy designs”. En español hubiéramos dicho que se trataba de un engendro. En las fotografías que se acompañan pueden apreciarse sus estilizadas líneas, híbrido de caja de zapatos y hangar vagamente hidrodinámico.

Al comenzar los preparativos para el fondeo la flota navegaba proa hacia alta mar, dejando por la popa el punto de fondeo previsto. La formación consistía en diez acorazados y cruceros pesados de unas 10.000 toneladas, acompañados de un buque-aviso, navegando en dos líneas de fila paralelas y con una distancia entre buques en cada línea de 400 yardas. La columna de estribor estaba compuesta por seis unidades, con el “Victoria” en cabeza en funciones de guía de columna y de formación. La columna de babor contaba con cinco unidades y su guía era también el buque de cabeza, en este caso el acorazado “Camperdown”, donde izaba su insignia el bastante más convencional contralmirante Markham, segundo de Sir George.

Aunque no era su estilo, en esta ocasión el vicealmirante Tryon había informado el plan de fondeo a su Estado Mayor. Constaba de dos fases, la primera consistía en formar los buques en dos columnas separadas 1.200 yardas e invertir el rumbo mediante una caída simultánea de 180º de ambas columnas hacia el interior de la formación, manteniéndose ambas líneas de fila al seguir cada buque la estela del precedente.


El HMS Victoria haciendo fuego con su montaje de proa y ahumando a la concurrencia.

Una vez completada esta fase, la formación debería quedar aproada a tierra con la misma distancia entre columnas que la ya existente entre buques, 400 yardas. La segunda fase, ya en las proximidades del fondeadero, consistiría en la caída simultánea de 90º a babor de todas las unidades y, poco después, el fondeo sincronizado de toda la flota en perfecta formación al nuevo rumbo (paralelo a la costa).


Croquis que muestra la formación y distancias de las naves de la flota

El “público” del puerto de Trípoli quedaría con la boca abierta ante una coreografía propia del mejor ballet ejecutada por acorazados. Este plan nos habla de la habilidad y el pragmatismo de su creador, ya que la segunda caída, que sin duda causaría un efecto espectacular vista desde tierra, serviría además al astuto Sir George para disimular posibles errores posicionales en la primera fase, permitiendo a su flota fondear con precisión milimétrica sin necesidad de hacer cosas extrañas con la formación.

El Comandante del “Victoria” había indicado al almirante que una separación inicial entre columnas de 1.200 yardas era insuficiente, y el jefe de estado mayor sugirió prudentemente que 1.600 “estarían mejor”. Aunque en aquel momento el almirante estuvo de acuerdo con 1.600, posteriormente envió a su teniente de bandera con la orden de cerrar la formación a 1.200 yardas.

En el mar, hay ocasiones en que la prudencia con el medio exige ser imprudente con las personas, pero la imprudencia con un Almirante debe ser especialmente difícil en un idioma como el inglés de clase alta, pleno de sobreentendidos y referencias indirectas. En este entorno lingüístico, una afirmación rotunda puede hacer que el mayordomo arroje al exterior con violencia al entrometido, circunstancia que, sin duda, éste verá reflejada en sus informes. En todo caso, “alguien” debería haber sacado al almirante de su pasmoso lapsus, recordándole que, para una evolución “standard”, el diámetro táctico de sus buques era 800 yardas y la distancia correcta 2.000.

Apenas se había izado la señal preventiva para cerrar la formación cuando, a su vista, el jefe de estado mayor indicó al teniente de bandera que forzosamente debía estar en un error, ya que el almirante había indicado 1600 yardas. El mareado teniente volvió al camarote del Almirante y tuvo la osadía de preguntarle si había querido decir 1200 o 1600, indicándole que ya se había izado 1200, a lo que el irritado Almirante le respondió que 1200 era la distancia correcta y que diera la ejecutiva de inmediato.


El HMS “Victoria” visto de través. Se aprecia el montaje doble de proa y lo poco agraciado de su aspecto en general.

La velocidad de la formación se aumentó a cerca de 9 nudos, se dio la ejecutiva y ambas columnas quedaron a la distancia ordenada. Poco después, el Almirante ordenó al teniente de bandera que se izaran dos señales preventivas, una ordenando a la columna de estribor caer 180º a babor en línea de fila y otra con la misma orden para la columna de babor, pero cayendo a estribor. En el puente del “Victoria” esta vez no se escuchó ninguna sugerencia del escarmentado estado mayor y las dos señales fueron izadas.

Pero todavía faltaba alguien por escarmentar. En el puente del “Camperdown”, a 1200 yardas por el través de babor del buque de Sir George, el contralmirante Markham debía repetir la izada como guía de su propia columna. Como posiblemente no se consideraba ningún mago de la táctica, no tuvo empacho en repetirla a media driza para indicar su estupefacción a la concurrencia, al tiempo que ordenaba transmitir “no comprendo la señal” por semáforo luminoso.

Vano intento, la radio estaba por inventarse pero, a corta distancia, Sir George se hacía entender con rapidez. Antes que el semáforo del “Camperdown” transmitiera su mensaje, el contralmirante Markham recibió un doble impacto en su amor propio en forma de señal semafórica (“¿Qué está usted esperando?”) al tiempo que veía izar (¡horror de los horrores!) su propio distintivo en el “Victoria”. Era demasiado hasta para un contralmirante así que anuló el mensaje y, segundos más tarde, su señal izada a tope hacía juego con nueve gallardetes de inteligencia indicando que, en otras nueve unidades, nueve capitanes de navío tampoco tenían nada que sugerir.

Con todo el mundo finalmente de acuerdo, poco después de las 1530 se dio la ejecutiva y los dos buques-guía iniciaron la caída hacia el interior de la formación, donde tras coincidir en su punto intermedio en estricto cumplimiento de las leyes de la geometría, fracasaron estrepitosamente en su intento de burlar las de la física, que no permiten a dos cuerpos ocupar simultáneamente un mismo lugar en el espacio.

 En consecuencia, el inevitable espolón del “Camperdown” hizo un agujero de nueve metros cuadrados en el casco del “Victoria”, un trabajo redondo si se tiene en cuenta que acertó a dar con precisión matemática en un mamparo transversal. El “Victoria” se hundió a cinco millas de Trípoli en apenas trece minutos, ayudado por la infinidad de puertas, portas y portillos abiertos aquella tórrida tarde, llevándose con él a 348 hombres y al vicealmirante Tryon, que tuvo la gallardía de asumir toda la culpa de lo ocurrido (“it´s all my fault”) antes de morir ahogado.

Hay que decir en descargo del comandante del “Victoria” (capitán de navío Burke) que tuvo que pedir permiso tres veces para dar atrás con la hélice de babor. El “Camperdown” se salvó por los pelos, pero su “hazaña” no pasó inadvertida a los partidarios del espolón, que seguían en sus trece a las puertas del siglo XX. Ochocientas yardas por la popa del “Camperdown” el acorazado “Sans Pareil”, único gemelo del “Victoria”, ya podía lucir sin faltar a la verdad un nombre que, dadas sus características, ahora tenía doblemente merecido.

 

El HMS “Camperdown”, a bordo del cual navegaba el contralmirante Markham.

Se ha escrito que el vicealmirante Tryon pudo confundir radio de giro con diámetro táctico. Creemos que,  tratándose de Sir George, tal suposición sería una ofensa a su memoria y que su “bloqueo mental” muy bien pudo deberse a un problema médico originado por las altas temperaturas de aquel día. Entre los 357 supervivientes rescatados estaba el segundo comandante del “Victoria”, un empapado capitán de fragata de 33 años que súbitamente se veía en situación de “disponible forzoso” pero que, con el tiempo, llegaría a mandar la “Grand Fleet” en la Batalla de Jutlandia y a convertirse en el Almirante Sir John Jellicoe, primer conde de Jellicoe y Primer Lord del Almirantazgo.


El HMS “Victoria” (a la derecha.) se hunde ante las narices, o más bien ante la popa del HMS “Nile” (a la izda.), que navegaba entre él y el antes citado HMS “Dreadnought”. Puede apreciarse que el buque ha dado la voltereta, mostrándonos la zona del codaste y ambas hélices. Sobre la carena (a babor) se ve a varios miembros de su dotación tratando de no arruinar definitivamente la tarde.

Como ya quedó dicho, hay accidentes y accidentes. La pérdida del almirante de la Flota Británica del Mediterráneo, su buque insignia y media dotación abordados por su segundo “en cumplimiento de lo ordenado”, mientras medio escalafón se miraba atentamente las uñas, es el tipo de accidente que sólo deja dos opciones, un largo silencio o unas larguísimas explicaciones. Con el periódico ya inventado, la opción elegida fue la segunda.

A la llegada de la flota a Malta, y a bordo del HMS “Hibernia”, dio comienzo lo que podríamos llamar la “fase formal” de las explicaciones, con la instrucción del inevitable consejo de guerra al contralmirante Markham por abordar y hundir a su jefe y al capitán de navío Burke, por la pérdida de su buque. Requeridos a justificar lo que un caballero inglés habría descrito como “un extraordinario comportamiento”, su defensa fue de una sencillez rayana en la genialidad.



El contralmirante Markham, ante la inevitable pregunta de por qué aceptó una orden obviamente imposible, respondió que tenía tal fe en su almirante que creía que éste, finalmente, resolvería el problema con alguno de sus “trucos”. Aunque al contralmirante Markham se le ha asignado el papel de “tonto” en casi todas las versiones de esta historia, explicó al Tribunal que Sir George podía finalmente haber hecho caer las dos columnas de modo no simultáneo, o bien hacer caer al “Victoria” con menos grados de caña que al “Camperdown” y, tras cruzar su popa, quedar al nuevo rumbo por la banda de fuera, lo que hubiera constituido una maniobra en verdad sorprendente.



Naturalmente también salió a relucir la “necesidad” de obedecer las órdenes por lo que, a título personal, creemos que la “infinite faith” que los implicados dijeron tener en su almirante facilitó bastante el trabajo de un tribunal consciente del peligroso precedente que una sentencia condenatoria supondría en una institución poco partidaria de someter las órdenes a “juicios críticos”. En consecuencia, el vicealmirante Tryon fue declarado único culpable de lo sucedido, a lo que éste no tuvo nada que alegar. Siempre por delante de sus contemporáneos, ya se había culpado a sí mismo antes de morir ahogado.



Transcurrido más de un siglo, lo ocurrido aquella tarde continúa siendo objeto de explicaciones. Descartadas las basadas en el poco académico recurso de la descalificación global, ataque a instituciones y los etcéteras habituales, queda la pregunta de qué puede acabar simultáneamente con las funciones racionales de todo un grupo de personas formadas y equilibradas. En teoría, la respuesta compete a un psicólogo y, dado lo peculiar del medio, a un especialista en psicología militar. En 1974, Norman Dixon escribió el tratado “On the Psychology of Military Incompetence”. El Dr. Dixon ha sido Oficial del Ejército Británico durante diez años, miembro de la British Psychological Society, Reader de sicología en el University College de Londres y es doctor en filosofía y doctor en ciencias.

Hechas las presentaciones, el Dr. Dixon afirma en la obra citada que “...el Vicealmirante Tryon era el producto de una infancia feliz y segura. Era un hombre tremendamente seguro de sí mismo, afirmativo, franco, autócrata, partidario de una disciplina estricta, pero no un autoritario”, “...era un innovador, con tendencia a destacar profesionalmente, dedicado a aumentar la eficacia y la iniciativa de sus subordinados”, “...se casó con acierto y se preocupó mucho por el bienestar de sus hombres”. Peor librado sale el Contralmirante Markham, que “...había emergido de su infeliz infancia en manos de unos durísimos padres puritanos como un hombre sensible, anormalmente cortés, solitario, obstinado y malhumorado”, “...era un hombre convencional, ansioso, conformista, tradicionalista, dedicado a no meterse en líos y a no disgustar a sus superiores”.



Por si fuera poco, “...era un soltero que parece que jamás gozó de nada que se pareciese a relaciones físicas con un miembro del otro sexo. Su antihedonismo se expresó en forma de sermones dirigidos a sus tropas sobre los males del alcohol y el tabaco. Y esa otra característica de la personalidad autoritaria que es la represión de los impulsos agresivos que era evidentemente lo que impedía a Markham plantar cara a sus superiores, encontró una salida en la matanza de animales salvajes”. La conclusión de Dixon es que “...los dos hombres eran inteligentes, entregados y llenos de conciencia, pero el autoritarismo de uno chocó contra la autocracia del otro con la misma rigidez con que la quilla durísima del Camperdown chocó y rompió el casco más blando del Victoria”.



Fue Sir Francis Bacon quien, hace cuatro siglos, dejó sentado que “si un mismo hecho lo explican varias hipótesis, la correcta es la que contiene menos premisas”. Confesamos que en psicología lo ignoramos casi todo, pero creemos que, desde una perspectiva diferente, cualquier militar de cierta antigüedad sería capaz de construir una hipótesis con menos premisas que la del Dr. Dixon. Desde la óptica civil, la respuesta a una orden imposible es una cuestión baladí (para eso están los sindicatos).

Pero treinta minutos después de entrar en la Escuela Naval, ante una orden aparentemente imposible (¡suba allí!, ¡arrójese desde allá!), puntuaba más surcar los aires con rapidez que argüir sofisticados razonamientos. Es lógico, en los ejércitos la eficacia puede ser literalmente un asunto de vida o muerte y, desde los tiempos de los hititas, se sabe que una organización militar basada en la disciplina es más eficaz que otra basada en la participación colegiada de todos sus componentes en la discusión y redacción de las órdenes a impartir.

Aunque pocos militares profesionales habrá que, en algún momento, no se hayan planteado qué hacer en una situación límite ante una orden realmente “imposible”, costaría trabajo encontrar alguno que ignore la “conveniencia” de cumplir dicha orden salvo que se tengan las cosas muy, pero que muy claras.



Y es así porque, aunque la calificación profesional para juzgar la “imposibilidad” de una orden normalmente es superior en quien la emite que en quien la recibe, existe un argumento definitivo: cualquier componente de un sistema jerárquico que se plantee desobedecer abiertamente una orden “extraña”, es consciente de la abismal desproporción entre el castigo si se equivoca y la (hipotética) “palmadita en la espalda” si obra correctamente. Por irracional que parezca, un sistema jerárquico que estimule los “juicios críticos” de las órdenes recibidas está echando arena en sus engranajes.

Herman Wouk, antes de hacerse famoso como escritor, permaneció embarcado tres años en la Armada Norteamericana durante la campaña del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial. En la edición original de “El motín del Caine”, la obra que ganó el Pulitzer, el teniente de navío Maryk, un competente pero mal informado y peor aconsejado ex-marino civil, releva del mando en un espantoso tifón a su paranoico comandante, definitivamente “inutilizado” precisamente al tratar de obedecer una orden “imposible” de la Flota.

Tras conseguir salvar su buque en un alarde de virtuosismo, y verse enfrentado a un Consejo de Guerra, se queja amargamente a su abogado militar de que el único medio de demostrar lo correcto de su actuación, habría sido no relevar al comandante y permitir que el buque se perdiera, como de hecho les había ocurrido a otros tres peor gobernados. La paradigmática respuesta de su abogado es que otros cuarenta buques más permanecieron a flote sin necesidad de que el segundo relevara al comandante. Aunque se trata de una obra de ficción, la escena es perfectamente ilustrativa de por dónde van los tiros.



Tanto a escala individual como colectiva, en la historia contemporánea es una constante la disparidad de lo que, podíamos llamar, “circuitos lógicos” de civiles y militares enfrentados a un mismo problema. También son una constante las indeseables consecuencias de esta disparidad, desde la mutua incomprensión y desconfianza hasta episodios particularmente traumáticos. Un historiador nos diría que, a partir del siglo XVIII, la sociedad civil ha evolucionado desde el Antiguo Régimen hacia otro de mayores libertades individuales, un proceso en el que las organizaciones militares no han podido participar con la misma intensidad por razones obvias.

En la sociedad civil contemporánea, donde cada componente posee su propio criterio y escala de valores, es difícil comprender las pautas de conducta de las organizaciones militares, donde determinados símbolos y virtudes lo son todo. Por ello, el que en una situación extrema un militar actúe de acuerdo con lo que le ordena su prestigioso y mentalmente bloqueado Almirante e ignore lo que le indican sus ojos, aún a riesgo de morir ahogado, no creo que indique necesariamente una infancia infeliz. En nuestra opinión indica más bien lo que, en medicina, se llama un “reflejo condicionado” y, en el entorno militar, obediencia ciega.

Se enfoque como se enfoque el problema de la obediencia, al final siempre descubrimos que cualquier sociedad que confía un medio de destrucción masiva (llámese acorazado o misil estratégico) a uno de sus componentes valora más la fiabilidad del candidato que su creatividad, virtud ésta que, sabiamente, los dirigentes citados prefieren reservarse en exclusiva y transmitirle a través de la cadena de mando. Puede que como resultado de esta política, la formación de un militar no profundice excesivamente en sutilezas filosóficas y nos deje a merced de ingeniosos polemistas y, en casos extremos como el de esta historia, expuestos a la rechifla general. Pero no debemos engañarnos, el modelo ha funcionado razonablemente bien los últimos cuatro mil años y un acorazado ocasional es un precio asumible ante el horror de otras alternativas. A fin de cuentas, también el cinturón de seguridad es un peligro en sí mismo en el 10% de los accidentes de automóvil, y su ausencia potencialmente mortal en el 90% restante.

Características del HMS “Victoria”
Botado en 1887 en los astilleros de Sir W. G. Armstrong, Whitworth & Co., Ltd., de Newcastle-on-Tyne, Inglaterra. Dio nombre a su clase, compuesta, además por el “Sans Pareil”. Debió llamarse “Renown”, pero antes de su alistamiento se le cambió el nombre por “Victoria”, para festejar el jubileo de los 50 años de reinado de la soberana.
Desplazamiento: 11.020 toneladas. Eslora: 104 metros (340 pies). Manga: 21,30 metros (70 pies). Calado: 8,80 metros (29 pies). Propulsión: Máquina de vapor de triple expansión, 7.500 HP. Velocidad máxima: 16.75 nudos. Tripulación: 700 hombres. Armamento: 2 cañones de 413 mm, de 110 toneladas, Armstrong, en una única torre; 1 cañón de 254 mm; 12 de 152 mm; 12 x 6 pounder 2.7 kg, 6 tubos lanzatorpedos de 356 mm. Coraza: 457 mm en cintura.
    
  

 
    

Arqueología marítima





            


Los restos del “Victoria" fueron descubiertos, en septiembre de 2004, por los buzos Christian Francis y Mark Ellyat, a 140 metros de la costa de Trípoli. El casco del buque se encuentra en posición vertical, muy probablemente por el excesivo peso de su torre proel. Los restos fueron declarados cementerio marino, zona de exclusión, y se dispuso que los gobiernos de Inglaterra y Líbano determinaran su estatus legal. 
    
       
    
       

 Bibliografía


 - Conrad, Joseph, “El Espejo del Mar”, Ed. Orbis, Barcelona
- Dixon, N, “Sobre la Psicología de la Incompetencia Militar”, Anagrama, Barcelona
- Gordon, Andrew, “The Rules of the Game”, Naval Institute Press, Annapolis
- Hough, Richard, “Admirals in Colission”
- Humble, Richard, “Battleships and Battlecruisers”, Winchmore Publ. London
- Ireland, Bernard, “Barcos de Guerra”, Ed. Noguer, Barcelona
- Marriot, John, “Disaster at Sea”, Ian Allan Ltd, Shepperton
- Pickford, Nigel, “Atlas of Shipwrecks”, Dorling Kindersley, London
- Wouk, Herman, “The Caine Mutiny”, Jonathan Cape Ltd, London  

viernes, 21 de agosto de 2026

Apoyo de vida submarino: Generación de oxígeno por eletrólisis

¡Respirando el océano!




Un submarino nuclear puede permanecer sumergido durante meses sin salir a la superficie, ¡pero su tripulación de 150 marineros necesita oxígeno para respirar! Como no pueden llevar suficientes tanques de oxígeno para una misión de 6 meses, ¡generan su propio aire directamente del océano! Este milagro de la química se logra mediante un generador de oxígeno que utiliza electrólisis. El submarino aspira agua de mar fría y salada y la purifica hasta que está completamente limpia. Esta agua destilada (H₂O) se bombea a una cámara llena de placas metálicas especializadas. Al hacer pasar una corriente eléctrica masiva y continua (suministrada por el reactor nuclear) a través del agua, la intensa energía separa físicamente las moléculas de agua. El agua se divide en oxígeno puro (O₂) y gas hidrógeno, ambos respirables. El oxígeno fresco se bombea a través del sistema de ventilación hacia los pulmones de la tripulación, mientras que el hidrógeno residual, altamente inflamable, se comprime de forma segura y se bombea de vuelta a las profundidades del océano. ¡Aire respirable ilimitado, creado a demanda!

jueves, 20 de agosto de 2026

UAV: Proyecto AEW con UAV en China



Proyecto AEW con UAV en China




Otro proyecto en desarrollo de AEW con UAV. Mi respuesta sobre cómo proporcionar una plataforma AEW de ala fija para portaaviones de la clase Liaoning o Kuznetsov.



El tamaño base es similar al del Eurodrone (16 m de longitud y 30 m de envergadura). El radar es un sistema monobloque de banda C (6 GHz) con una apertura de 6 x 1,5 m.



El motor es algo más potente que el Al-20 o el WJ-6 base (al menos me lo imagino para un portaaviones chino), ya que debe realizar despegues y aterrizajes. Se espera que la versión UAV sea mucho más ligera que la versión tripulada. Esto facilitará el despegue y aterrizaje cortos (STOL).



En cuanto a las tareas de AEW, tanto la detección como el seguimiento tienen un alcance de 500 km. Esto parece factible con un peso y una demanda de refrigeración razonables en banda C. (En banda S o superior, el peso sería excesivo). La potencia principal requerida es de 43 kW y la demanda de refrigeración, de 26 kW.



El techo de servicio será de entre 8000 y 9000 m. Quizás un poco menos. Por lo tanto, el alcance de detección contra objetivos que vuelan a baja altura (por ejemplo, 4 m) podría no ser el ideal. Esto supone un vuelo a 8000 m sobre el nivel del mar.


miércoles, 19 de agosto de 2026

Japón Imperial: El plan 8-8 de la Entreguerra

 Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial los japoneses querían tener una flota de 16 unidades principales, que contaban con 8 acorazados y 8 Cruceros de Batalla.


martes, 18 de agosto de 2026

Prototipo: Northrop N-63

Northrop N-63





El Northrop N-63 fue una propuesta de aeronave VTOL (despegue y aterrizaje vertical) poco convencional presentada al Concurso de Cazas Protectores de Convoyes de la Armada de los Estados Unidos en 1950, del cual surgieron finalmente el Convair XFY-1 Pogo y el Lockheed XFV-1.

El N-63 era un caza monoplaza de alto rendimiento diseñado para proteger a los buques de convoyes de los ataques de aeronaves enemigas. Podía despegar verticalmente sin ayuda y aterrizar en pequeñas plataformas a bordo de buques o en tierra. El N-63 presentaba un ala recta con un diedro pronunciado y una cola en T ventral de gran tamaño. Su armamento consistía en cuatro cañones de 20 mm montados en grandes góndolas en las puntas de las alas. La aeronave estaba propulsada por un motor turbohélice Allison XT-40-A-8 que accionaba dos hélices contrarrotatorias. El Northrop N-63 fue diseñado para el aterrizaje vertical sobre un robusto soporte central de aterrizaje integrado en una aleta de cola plegable, junto con pequeños amortiguadores ubicados en las puntas de las alas traseras y el estabilizador vertical. Estos puntos de apoyo para el aterrizaje se separaron para mejorar la estabilidad en la cubierta.

Finalmente, la Armada de los Estados Unidos rechazó el proyecto N-63, y solo se seleccionaron y probaron el Convair XFY-1 Pogo y el Lockheed XFV-1, aunque finalmente se descartaron por considerarse demasiado complejos para su desarrollo.

domingo, 16 de agosto de 2026

Polonia: Nace la Fragankenstein, la clase Wicher

La nueva fragata polaca es un pequeño bijou de tecnología que será pilotada gracias al savoir-faire francés de Thales





Casco británico, motores alemanes, misiles llegados de toda Europa… y cerebro francés. Polonia acaba de botar el Wicher, primera de las tres nuevas fragatas del programa Miecznik.

Con cerca de 7 000 toneladas, 138 metros de eslora y una velocidad de 28 nudos, el buque marca un cambio de escala espectacular para una marina polaca que aún se apoyaba en gran medida en antiguas fragatas estadounidenses de la Guerra Fría.

Y Francia ocupa un lugar particularmente importante a bordo. Thales suministra el sistema de gestión de combate TACTICOS, verdadero centro nervioso de la fragata, pero también una gran parte de sus sensores: radares, sistema infrarrojo panorámico y suite sonar. En resumen, una buena parte de los ojos, los oídos y el cerebro del Wicher hablan francés.

En cuanto al armamento, Varsovia no ha escatimado: lanzador vertical Mk41 de 32 celdas que puede acoger hasta 128 misiles CAMM, misiles antinavíos NSM, cañón de 76 mm y torpedos MU90. Suficiente para disponer de un buque particularmente bien armado para operar frente a la flota rusa en el Báltico.

Este programa representa alrededor de 3.500 millones de euros para tres fragatas, construidas directamente en Polonia. El Wicher debe entrar en servicio en 2029 y simboliza tanto el rearme espectacular de Varsovia como el regreso en fuerza de su industria naval.

En nuestro artículo, les explicamos por qué esta nueva fragata constituye un verdadero salto tecnológico para Polonia, cómo Thales se ha impuesto en el corazón de su sistema de combate y por qué el programa Miecznik podría cambiar profundamente el equilibrio naval en el Báltico.



sábado, 15 de agosto de 2026

Diseño naval: El concepto CCV británico

El concepto CCV británico 



El concepto CCV de Babcock, basado en el AH140/Type 31, desplaza el VLS a la cubierta de proa e integra la bahía de misión de Rolls Royce del Type 26 en la sección central. Los embudos se rediseñan y la cubierta de vuelo se eleva para permitir el lanzamiento de USV desde bahías laterales en la popa.



Las imágenes publicadas por Babcock muestran el mismo radar NS 110 y los mismos cañones BAES Bofors de 57 mm y 40 mm que el buque Tipo 31, pero operando como buque de mando con un LUSV Tipo 94 equipado con un gran radar de panel plano de 360 grados y un LUSV Tipo 91/Romulus con sistemas de armas en contenedores.



MCV



viernes, 14 de agosto de 2026

ORBAT: Lo que queda de la Flota del Mar Negro rusa

ORBAT de "Lo que queda" de la Flota rusa del Mar Negro


Yo usaría precisamente esa idea: «la Flota rusa del Mar Negro… o mejor dicho, lo que queda de ella en los puertos». Tiene fuerza y encaja con la imagen.

🚨 ACTUALIZACIÓN DE LA FLOTA RUSA DEL MAR NEGRO… O MEJOR DICHO, DE LO QUE QUEDA EN LOS PUERTOS

El último ataque ucraniano contra Novorossiysk habría vuelto a golpear algunos de los principales buques supervivientes de la Flota rusa del Mar Negro.

Según las primeras evaluaciones, los afectados serían:

⚓ Almirante Makarov — fragata Proyecto 11356R. Daños en la zona de los lanzadores de misiles Kalibr y en la superestructura de popa, donde se encuentran sistemas de radar.

⚓ Almirante Essen — otra 11356R. Daños en la zona de los lanzadores Kalibr. Cada fragata dispone de 8 celdas de lanzamiento.

⚓ Un dragaminas Proyecto 266M.

⚓ El Viktor Cherokov, Proyecto 20360.

⚓ Un patrullero Proyecto 22160, todavía sin identificar.

La imagen permite entender la evolución de la guerra naval desde 2022: buques hundidos, dañados o forzados a permanecer protegidos en puerto, mientras Ucrania, prácticamente sin una flota convencional, continúa atacando a la Marina rusa mediante drones y misiles.

El Mar Negro se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de cómo está cambiando la guerra naval.



jueves, 13 de agosto de 2026

Unión Soviética: Asignación operativa y táctica del crucero Proyecto 66

Asignación operativa y táctica para el crucero Proyecto 66 y sus primeros ajustes 




En el artículo anterior, presenté al estimado lector la historia del diseño de cruceros con cañones principales de 220 mm, hasta el inicio de los trabajos en el crucero "medio" Proyecto 66. Ahora es el momento de pasar a la creación del "sesenta y seis", el diseño final de un buque de artillería pesada de la URSS.

Crucero Proyecto 66: el comienzo

El desarrollo de los cruceros pesados de la Unión Soviética siguió una trayectoria particular. Antes de la guerra, como parte de la creación de la "Gran Flota ", se planeó construir un crucero con artillería de 254 mm, pero posteriormente se aumentó el calibre a 305 mm y se amplió su función táctica para incluir la neutralización de acorazados pequeños. El crucero pesado resultante del Proyecto 69 (TKR) se aproximaba al desplazamiento de los acorazados rápidos. Por consiguiente, se necesitaba un buque más ligero, económico y apto para la producción en serie, que, sin embargo, tuviera ventajas sobre los cruceros "Washington" en cuanto a rendimiento.

No obstante, el intento de diseñar dicho buque, el crucero pesado del Proyecto 82, resultó en un aumento progresivo del calibre, primero de 203 mm a 220 mm y luego de nuevo a 305 mm, lo que elevó el desplazamiento estándar del crucero pesado del Proyecto 82 a 36.500 toneladas. Así, el crucero pesado del Proyecto 82 siguió la trayectoria del Proyecto 69, cuyo desplazamiento estándar, en el momento de su construcción, se había previsto en 35.250 toneladas.

Y al igual que el Proyecto 69, el crucero pesado del Proyecto 82 resultó demasiado grande y caro para ser un "crucero destructor pesado". Si bien era capaz de destruir cualquier crucero en una batalla de artillería, solo se planificó la construcción de cuatro cruceros pesados ​​del Proyecto 82: dado el desplazamiento y el coste del buque, la producción a gran escala era completamente imposible.

La visión de I. V. Stalin sobre el papel táctico del crucero pesado del Proyecto 82 es sumamente interesante. En una reunión celebrada en marzo de 1950, preguntó a los marineros para qué planeaban utilizar el crucero. I. S. Yumashev y P. S. Abankin, presentes en la reunión, respondieron que el crucero pesado del Proyecto 82 era necesario para destruir cruceros pesados ​​enemigos. Sin embargo, Stalin no estuvo de acuerdo con esta opinión. Replicó:

No tenemos motivos para entablar combate con los buques pesados ​​enemigos. La misión principal de un crucero pesado debería ser otra: combatir a los cruceros ligeros enemigos. Necesitamos aumentar su velocidad a 35 nudos para que pueda sembrar el pánico entre los cruceros ligeros enemigos, dispersarlos y destruirlos. Este crucero debe volar como una golondrina, ser un pirata, un verdadero bandido. Debe ser capaz de evadir a los buques pesados enemigos.

En otras palabras, I.V. Stalin ciertamente no quería que el crucero pesado del Proyecto 82 se enfrentara a cruceros pesados ​​enemigos, y mucho menos a buques de guerra de mayor tamaño. Sin embargo, también señaló que Estados Unidos estaba incorporando cruceros con cañones de 203 mm, mientras que nuestros cruceros del Proyecto 68-bis contaban con cañones principales de 152 mm y serían incapaces de combatir a los buques estadounidenses más modernos. Por lo tanto, Stalin autorizó la creación de un crucero intermedio de tamaño medio. Los requisitos para este crucero se formularon de la siguiente manera: un calibre principal de 220 mm, que superara el alcance de los sistemas de artillería estadounidenses de 203 mm; una velocidad superior a la de los cruceros pesados ​​estadounidenses más modernos; y un desplazamiento estándar de aproximadamente 24 000 toneladas.

En vista de estas instrucciones, N. G. Kuznetsov, entonces Ministro de Marina, aprobó la OTZ para el crucero del Proyecto 66 el 27 de noviembre de 1951.

Propósito del barco

Cabe decir que era bastante vago. El primer punto requería que un crucero del Proyecto 66 se enfrentara con éxito a cruceros armados con artillería de 203 mm y destruyera cruceros ligeros. Los cruceros ligeros estaban claros, pero ¿qué constituía un "enfrentamiento exitoso" con cruceros pesados enemigos? Aparentemente, se esperaba que un crucero del Proyecto 66 fuera superior a los cruceros pesados estadounidenses, pero no tanto como para garantizar su destrucción en caso de encuentro.

El segundo punto exigía la supresión de baterías de calibre medio y la destrucción de fortificaciones costeras enemigas. No me queda claro por qué se centraron en las baterías de calibre medio, ya que la capacidad de destruir cualquier objetivo terrestre depende de sus defensas, no del calibre de los cañones que monta, pero así estaba redactado.

Finalmente, el tercer y último punto era clásicamente vago: "Proporcionar estabilidad a las acciones de las fuerzas navales ligeras ". No se especificaba qué fuerzas, dónde ni contra quién se debía garantizar esta estabilidad.

Armamento

La batería principal (GB) constaría de nueve cañones de 220 mm en tres torretas triples. No se especificó el peso de los proyectiles, pero la velocidad inicial sería de 950–1000 m/s, y el alcance de disparo sería de hasta 50 km (273 KBT). Las torretas tendrían puntería vertical independiente para los cañones, y la carga de munición sería de 100 proyectiles por cañón.

Calibre antiaéreo de largo alcance (LAC). Se desarrollaría en dos versiones:

Versión 1: 8 cañones de 130 mm en torretas dobles no estabilizadas, carga de munición: 200 proyectiles por cañón. Disposición: lineal, dos torretas en la proa y la popa;

Opción 2: 12 cañones de 130 mm en montajes de torreta de cubierta estabilizados (aparentemente algo similar al SM-5-1 de 100 mm, que armaba a los cruceros del Proyecto 68-bis). Además del número de cañones, también era necesario aumentar la carga de munición a 250 proyectiles por cañón.

Artillería antiaérea de pequeño calibre (SAA) : 6 cañones automáticos de 4 x 45 mm y 6 cañones automáticos de 4 x 25 mm.

El OTZ no contemplaba armamento antiaéreo ni torpedos. En cuanto a los sistemas de control de tiro, según el OTZ, debían proporcionar:

Para la batería principal: fuego centralizado contra un único objetivo marítimo o costero, o fuego dividido contra dos de dichos objetivos, con la preparación de todos los datos necesarios para disparar a ambos. También se previó la capacidad de disparar a objetivos aéreos "de manera simplificada ". Asimismo, se estipuló que debía haber un único puesto de mando y control. En caso de fallo del sistema centralizado de control de tiro, las torretas 2 y 3 debían estar equipadas con equipos de control de tiro independientes. Aunque no se indicó explícitamente, se dio a entender que la primera torreta podría disparar basándose en los datos generados por la segunda.

Para el ZKDB, los requisitos eran prácticamente idénticos: el sistema de control de tiro debía ser compatible con el fuego contra el primer o segundo objetivo naval o aéreo. Además, se requería la capacidad de disparar individualmente para cada torreta.

Para el MCA, se exigía el disparo en batería con dispositivos de control de tiro basados ​​en radar. Una batería se definía como ocho cañones de 45 mm o 25 mm de calibre, o dos montajes cuádruples.

Centros de control

En este sentido, la OTZ contempló un esquema clásico: todos los datos obtenidos mediante radar y otros equipos de vigilancia se enviarían a un puesto de información de combate (CIP), donde se procesarían, y el buque sería controlado desde el puesto de mando principal (GKP). Dado que se esperaba que el crucero del Proyecto 66 liderara una formación, además del GKP, también se planeó contar con un puesto de mando insignia (FCP) independiente.

Equipos de radar y radiotécnicos

Además de los requisitos clásicos para el radar, como la detección de objetivos de superficie y aéreos y la generación de designaciones de objetivos para los mismos, así como elementos de reconocimiento electrónico (detección de la irradiación del buque por radares de terceros), también existía el requisito de instalar equipos de guerra electrónica para interferir con las estaciones de radar que irradiaban el buque.

Blindaje, protección contra minas e insumergibilidad.

En general, los requisitos de blindaje eran los siguientes: la protección de la ciudadela, las tuberías de suministro, la torre de control principal y la torre de control primaria debían garantizar que un proyectil perforante de 203 mm, ya fuera intacto o fragmentado, no penetrara el blindaje a una distancia de 90 kbt o más. La cubierta y los extremos exteriores de la ciudadela debían estar protegidos por un blindaje ligero que resistiera los fragmentos de un proyectil de 203 mm. El proyectil perforante para el que se diseñó la protección pesaba 152 kg y su velocidad inicial se fijó en 762 m/s.


La torreta de la batería principal del crucero pesado Salem (clase Des Moines): los cruceros del Proyecto 66 fueron diseñados para resistir estos cañones.

En el momento del diseño del OTZ, se asumió que dicha protección la proporcionaría un cinturón blindado de 150 mm y una cubierta de 90 mm. En cuanto al blindaje de las torretas de 220 mm, se instaló según las especificaciones SM-6, es decir, 300 mm en el frente, 265 mm en la parte trasera, 180 mm en los laterales y entre 135 y 145 mm en el techo.

El OTZ también requería protección contra minas en los laterales y en el fondo (PMZ). Sin embargo, no se especificó la resistencia a la explosión que debía soportar la PMZ; esto se determinaría durante el proceso de diseño.

El buque debía mantenerse a flote incluso con cinco compartimentos inundados.

Velocidad y alcance, autonomía y navegabilidad

No se especificó la potencia del sistema de propulsión OTZ, pero debía proporcionar una velocidad máxima de al menos 35 nudos y una velocidad económica de 18 nudos, con una autonomía de crucero de 5000 millas a velocidad económica. La autonomía de reserva debía ser de 20 días. La navegabilidad debía garantizar la navegación en todas las condiciones y el uso de armas en estados del mar de hasta grado 8 inclusive. El diámetro del círculo de giro no debía ser superior a cinco esloras del buque.

Dimensiones

Según la OTZ, el desplazamiento estándar del crucero del Proyecto 66 sería de 22 000 toneladas, y el desplazamiento máximo de 26 000 toneladas. No se especificaron las demás dimensiones del buque, pero su silueta sería similar a la de los cruceros del Proyecto 82.

Otro

El buque debía ser capaz de navegar en hielo con un espesor de hasta 20 cm. Los camarotes y alojamientos de la tripulación debían estar ubicados lo más cerca posible de sus puestos de combate. Tanto los puestos de combate como los alojamientos debían estar equipados con material que permitiera su funcionamiento en cualquier clima. El crucero debía recibir un tanque de combustible lleno en un plazo de ocho horas. El buque debía estar equipado con defensas químicas, incluyendo, entre otras cosas, una alarma automática capaz de alertar a la tripulación sobre la presencia de agentes de guerra química en el aire. No se proporcionó protección antinuclear (aparentemente debido a la incertidumbre sobre los factores de daño de una explosión nuclear).

Además, la OTZ establecía numerosos requisitos para equipos de comunicaciones, equipos de navegación y otras características, que probablemente no sean de interés para el estimado lector.

En general, la OTZ parecía bastante comprensible y razonable para un crucero que aspiraba a formar parte de una armada.

Desarrollo de las especificaciones técnicas y ajustes iniciales

Las especificaciones de diseño del Proyecto 66 fueron revisadas y actualizadas repetidamente, pero los primeros cálculos realizados en TsKB-17 y TsNII-45 mostraron que era imposible cumplir con los requisitos de desplazamiento del buque con el desplazamiento declarado.

Al adherirse a las especificaciones de diseño para armamento, velocidad y alcance, habría sido posible crear un buque con un desplazamiento estándar de 23.000 toneladas, que ya era 1.000 toneladas más que los requisitos. Sin embargo, incluso este resultado se habría logrado solo a costa de una protección de blindaje debilitada y la eliminación completa de la PMZ. Si se hubieran seguido estrictamente todas las especificaciones de diseño, el desplazamiento estándar del crucero del Proyecto 66 habría aumentado de 23.000 a 24.800 toneladas. El aumento de 1.800 toneladas se explicó de la siguiente manera: 
  1. Aumentar el espesor del cinturón de blindaje de 150 a 160 mm, y el espesor de la cubierta de 90 a 110 mm. Los cálculos mostraron que la protección contra proyectiles de 203 mm que pesan 152 kg y con una velocidad inicial de 762 m/s a una distancia de 90 cables requeriría un blindaje más grueso de lo que se pensaba anteriormente. El cumplimiento de este requisito implicó un aumento en el desplazamiento del buque en 660 toneladas;
  2. Reforzar la protección del compartimento de dirección para que cumpliera con los requisitos de nivel de protección para la ciudadela - 200 toneladas;
  3. Aumentar el espesor de la viga blindada de la ciudadela, las barbetas de las torretas de calibre principal y las paredes del puesto de mando principal para garantizar la invulnerabilidad de dichos elementos a proyectiles de 203 mm con ángulos de rumbo de 0-55 grados a una distancia de 75 cables o más - 70 toneladas;
  4. Equipar el crucero con PMZ, capaz de soportar la detonación de 250 kg de TNT (bomba aérea de 500 kg) directamente en el costado del buque y 600 kg de TNT (mina o torpedo) a una distancia de 7 m del fondo - 720 toneladas;
  5. Otros pesos - blindaje de chimeneas, aclaración del tamaño de la tripulación, provisión para almacenar polvo de nitroglicerina, defensas adicionales para los primeros disparos de las ametralladoras de 25 mm, etc. - 150 toneladas.

Acerca de las reservas

Existe una peculiaridad difícil de explicar relacionada con la zona de protección del crucero Proyecto 66. Normalmente, los buques utilizaban blindaje cementado y homogéneo. Las placas de blindaje cementado solían formar la protección vertical (el cinturón blindado, la torre de mando, la barbeta, etc.), es decir, las zonas donde se esperaba que los proyectiles perforantes enemigos impactaran con una desviación relativamente pequeña de la trayectoria normal. Por el contrario, la protección horizontal, donde se esperaba que los proyectiles impactaran en un ángulo tangencial, estaba hecha de acero homogéneo. La razón es obvia: el blindaje cementado ofrecía mayor resistencia, pero el blindaje homogéneo, al ser impactado en un ángulo mayor, ofrecía una mayor probabilidad de rebote.

Todo esto es clásico y bien conocido por cualquiera interesado en las armadas de la era del blindaje y el vapor. Sin embargo, los respetados A. V. Vasiliev y A. B. Morin, en su obra "El crucero mediano del almirante N. G. Kuznetsov", "Proyecto 66", indicaron que para el crucero Proyecto 66, las enmiendas a la OTZ prescribían el uso de blindaje homogéneo únicamente, tanto horizontal como vertical.

Esto me pareció tan extraño que me tomé la libertad de verificar esta información utilizando la fórmula de De Marr. El cañón estadounidense Mark 16 de 203 mm/55, montado en los cruceros pesados ​​de la clase De Moines, con un ángulo de elevación de 45,28 grados, disparaba un proyectil perforante de 152 kg con una velocidad inicial de 762 m/s a una distancia de 27.889 m. En consecuencia, el coeficiente de forma del proyectil era de 0,5808, y cuando se disparaba a una distancia de 90 cables de artillería, su ángulo de incidencia sería de 22,4 grados y la velocidad de 382,8 m/s. Si el De Moines tiene un ángulo de rumbo de 90 grados, y si, en el momento del impacto, el crucero Proyecto 66 está en posición horizontal, el proyectil impactará su placa de blindaje vertical con un ángulo de 22,4 grados.

Para penetrar 160 mm de blindaje con estos parámetros, su coeficiente de De Marr "K" debería ser de tan solo 1845. Pero en este caso, el objetivo no era penetrar el blindaje, sino evitar la penetración, por lo que para nuestro blindaje, este coeficiente debería ser algo mayor. En cualquier caso, está claro que hablamos específicamente de blindaje homogéneo, ya que para el blindaje cementado de posguerra, se esperaría que este coeficiente fuera de 2400 o superior.

Por consiguiente, no hay razón para dudar de la información presentada por los estimados A. V. Vasiliev y A. B. Morin. Pero la pregunta sigue siendo: ¿por qué, y lo más importante, por qué abandonamos el blindaje cementado? Resulta bastante obvio que el uso de blindaje cementado para la protección vertical aumentaría significativamente la protección del crucero o, por el contrario, permitiría reducir el grosor del blindaje manteniendo el mismo nivel de protección, ahorrando así desplazamiento.

La única teoría que se me ocurre es que los diseñadores se vieron obligados a abandonar el blindaje cementado porque no podían producir placas de blindaje con las dimensiones geométricas requeridas, o en las cantidades y plazos necesarios para la construcción de cruceros.

Ubicación de la artillería universal

Una de las primeras modificaciones al OTZ fue la directiva de montar las cuatro torretas gemelas de 130 mm del crucero en una configuración lineal elevada, por encima de las torretas de la batería principal. Es decir, contando desde la proa, la torreta de la batería principal con el cañón de 220 mm n.° 1 se ubicaba primero, seguida de la torreta de la batería principal n.° 2, y luego las torretas de doble propósito n.° 1 y 2, elevándose cada torreta subsiguiente por encima de la anterior.


En consecuencia, la popa, contando desde la popa, presentaba la tercera torreta de la batería principal, seguida de la cuarta torreta de doble propósito y, finalmente, la tercera.

Esta disposición de la artillería de doble propósito ofrecía ventajas tangibles y desventajas significativas. Los arcos de tiro eran ideales: cuatro de los ocho cañones podían disparar hacia la proa y los ocho hacia un costado. Sin embargo, al elevar tanto las torretas de doble propósito, los diseñadores aumentaron considerablemente el peso máximo del crucero Proyecto 66. Además, este diseño requería barbetas muy altas que, por razones de peso, no podían protegerse de los proyectiles de 203 mm.