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lunes, 9 de febrero de 2026

Royal Navy en Malvinas: HMS Plymouth (F126)

HMS Plymouth (F126)





La HMS Plymouth (F126) fue una fragata de la Marina Real británica nombrada en honor a la ciudad inglesa de Plymouth. Entró en servicio en 1959, siendo uno de 12 barcos clase Rothesay. Estuvo en servicio activo durante la Guerra Fría, sirvió en el Extremo Oriente y Australia, donde fue el principal buque de varios escuadrones. En 1982, el Plymouth fue uno de los primeros buques en llegar al Atlántico Sur durante la guerra de las Malvinas.

Astillero HMNB Devonport
Clase Rothesay
Tipo Fragata
Operador Marina Real británica
Asignado 11 de mayo de 1961
Destino Baja
Desplazamiento 2150 toneladas y 2560 toneladas
Eslora 110 metros
Manga 12 metros
Calado 5,3 metros
Potencia 22 000 kilovatios
Velocidad 30 nudos
Autonomía 5200 millas náuticas



Historia

La clase Rothesay a la que pertenecía la Plymouth fue ordenada en 1955 y se constituyó por otras ocho fragatas: Yarmouth, Lowestoft, Brighton, Rothesay, Londonderry, Falmouth, Berwick y Rhyl.[1]​ La construcción de la Yarmouth fue llevada a cabo por el HMNB Devonport. La puesta de quilla fue el 1 de julio de 1958, la botadura el 20 de julio de 1959 y la entrada al servicio el 11 de mayo de 1961.[1]​ Tenía una eslora de 112,7 m, una manga de 12,5 m y un calado de 3,9 m con un desplazamiento de 2560 t. Podía alcanzar los 29 nudos de velocidad gracias a sus dos turbinas de engranajes de 30 000 shp de potencia. Su armamento consistía en un lanzador cuádruple de misiles antiaéreos Sea Cat, dos cañones de 115 mm de calibre, otros dos de 40 mm, un mortero antisubmarino triple y 12 tubos lanzatorpedos de 533 mm.[1]​[2]​

Guerra de las Malvinas

En un incidente separado, la fragata HMS Plymouth soportó el ataque de seis IAI Dagger de la Fuerza Aérea Sur, que la golpearon con cuatro bombas de 1000 libras. El buque sufrió severos daños y cinco marineros fueron heridos. Aunque todas las bombas no explotaron, el ataque causó la explosión de al menos una carga de profundidad sobre su cubierta. El barco se hallaba en el estrecho de San Carlos, frente a Puerto Darwin, bombardeando el área del monte Rosalía.



Los Dagger armados cada uno con dos bombas retardadas por paracaídas se dirigieron a atacar objetivos navales formados en dos secciones: la primera ―indicativo Perro― al mando del capitán Carlos Rohde, los primeros tenientes José Gabari y Jorge Óscar Ratti. Realizó varias misiones de ataque a buques y posiciones enemigas en San Carlos y Bahía Agradable, al colaborar en las averías de una fragata y un destructor -Plymouth uno de ellos-, que motivaron la retirada parcial de la flota enemiga en uno de los días más negros para los británicos. También fue condecorado con la medalla "Al valor en combate".] y la segunda sección ―indicativo Gato―, al mando del capitán Amílcar Cimatti, secundado por el Mayor Carlos Napoléon Martínez y el teniente Carlos Antonietti.

Fue retirada del servicio en 1988.

Referencias

Moore, John, ed. (1981). Jane's Fighting Ships 1981-82 (en inglés). Jane's Publishing Limited Company. p. 569. ISBN 0-7106-0728-8.

    Conway's All the World's Fighting Ships 1947-1995 (en inglés). Annapolis: Naval Institute Press. 1995. p. 519. ISBN 1-55750-132-7.

Fuentes

domingo, 1 de febrero de 2026

Malvinas: La frustada noche del Banzai

 

La Noche del Banzai




Breve Crónica de un frustrado ataque a la Flota Británica —- El 25 de abril los ingleses recuperan las islas Georgias del Sur, a partir de ese momento comenzó una tensa calma en las islas Malvinas en espera de la presencia del enemigo en ellas. Por entonces la Flota de Mar argentina procuraba interdictar los movimientos de la Flota británica. Para los cual había desplegado dos Grupos de Tareas, uno al norte de Malvinas, y otro al Sudeste de las mismas.
El primero de ellos se centraba en el portaaviones A.R.A 25 de Mayo, desde el cual los aviones Tracker realizaban misiones de Exploración para detectar el enemigo, sobre el cual en los últimos días de abril se autorizó abrir fuego. El 29 de abril con el buque a unas 150/200 Millas Naúticas al Norte del Estrecho San Carlos comenzaron vuelos de exploración a máxima distancia que al día siguiente, 30 de abril, por la noche dieron como resultado que se obtuvieran contactos MAE de frecuencia de radares ingleses al N-NE de Puerto Argentino.
En las primeras horas del 1 de mayo se materializa el ataque de un avión británico Vulcan al aeropuerto de esa localidad, a ello se sumó horas más tarde bombardeo naval inglés, la vigilia en Malvinas había terminado. Ese día a primera hora se había realizado un vuelo de exploración desde el portaaviones sin llegar a tener contactos radar. Un segundo vuelo a 1513 horas obtiene contacto radar con seis buques medianos y uno grande, era un Grupo de Tareas de la Flota británica. Ambos Grupos estaban a 150/200 millas de distancia, uno el argentino sabía donde estaba el enemigo, no así el británico. La ventaja táctica estaba de nuestro lado. Sin embargo la falta de capacidad de ataque y operación nocturna de los A4Q, impidió que se materializaran acciones ofensivas de inmediato. En este punto se continuaron las tareas de exploración desde el portaviones a fin de mantener la posición de la Flota inglesa, para que a primeras horas del día 2 de mayo se materializara un ataque con seis aviones A4Q con cuatro bombas MK82 cada uno. La última posición del enemigo se obtuvo a 2300 del 1 de mayo por medio de un vuelo de exploración de un Tracker. 1- El Comandante británico sabía que había sido detectado, pero no tenía la certeza de la posición de la Fuerza naval argentina. Su problema era ubicarnos, para ello ordenó vuelos de exploración con sus aviones Harrier. Uno de ellos interceptó al avión Tracker mencionado en el párrafo anterior, avión que pudo eludir a su perseguidor volando nocturno a ras del agua. Pero ese Harrier obtuvo la posición, cuanto menos bastante aproximada, de la Flota argentina.
Esto se tradujo en que en la misma se cubrieran puestos de combate y se autorizara al destructor Santísima Trinidad a lanzar sus misiles sobre el avión inglés, que nunca entró en el alcance de los mismos.
En la noche de marras por lo menos tres veces se tocó “combate” en el Grupo de Batalla argentino, cada vez que secciones de acciones Harrier se acercaran al Grupo de Batalla argentino, que hizo que pocos durmieran, esto permitió la Comandante británico conocer la posición de los buques argentinos, como asimismo apreciar cabalmente su capacidad de combate.
El Comandante del H.M.S. Invencible luego del Conflicto refirió que: ”Los Tracker a lo largo de los 45 días de combate fueron un serio dolor de cabeza, porque sabiendo que me habían detectado, en diez y siete oportunidades envié a mis Harrier para derribarlos, sin poder concretar nunca este objetivo”.
La situación táctica obligaba a mantener la posición del enemigo británico, así fue como a 0528 del 2 de mayo se destacó un avión Tracker a confirmar su presencia, para que luego en pocas horas más despegara un segundo avión con la tarea de ir al punto dato que obtuviera o confirmara el primero, y mantener exploración en contacto con el enemigo para guiar el ataque de seis aviones A4Q. 2- El prevuelo de la misión lo realizó el Personal del Departamento Operaciones del buque, en el mismo estaban presentes los tripulantes del avión explorador y los Oficiales de la Tercera Escuadrilla Aeronaval de Ataque, con quienes se determinaron todos los detalles de la operación a realizar. Un hecho demoró la ejecución de la tarea, la falta de viento, cosa poco común en esas latitudes. Para explicarlo en pocas palabras hay Tablas que determinan la cantidad y el tipo de bombas que se necesitan para batir un blanco, ellas determinaban que en esa situación táctica el número era cuatro. El viento real, casi nulo, permitía que con el buque a máxima velocidad, alcanzara una velocidad relativa que sólo se traduciría en una carga de una bomba por avión. Así las cosas con el prevuelo realizado se decidió esperar más viento real para lanzar el ataque.
Si analizamos la capacidad aérea y contraaérea británica de los seis aviones A4Q que hubiesen despegado, cuatro tenían posibilidad de llegar al blanco y lanzar sus bombas y dos podrían haber regresado a al buque. De dieciséis bombas lanzadas, el 25 %, cuatro, hubiese alcanzado un buque, que si hubiese sido un portaaviones hubiese significado su neutralización. Salir con una bomba por avión no hubiese causado daño significativo alguno al enemigo, con pérdida de vidas y de la mitad de la capacidad aérea de ataque e interceptación embarcada propia. 3- El avión Tracker que había sido lanzado a 0528 no obtuvo contacto con la Flota inglesa, la misma había tomado un arrumbamiento E en alejamiento del Grupo de batalla argentino, no obstante durante esa mañana aviones Harrier se aproximaron al mismo en repetidas oportunidades para conocer su posición, con el consabido toque de combate en nuestras Unidades.
Cabe recordar que existía la posibilidad cierta de un ataque aéreo sobre el Grupo naval propio, lo que obligaba a tener una sección de A4Q sobre cubierta a cinco minutos de aviso como Interceptores. De hecho el tiempo de catapultaje se cumplió en cada alarma de combate y, en al menos una o dos oportunidades, se lanzó una segunda Sección que estaba de reserva.
En una pausa de combate, el Comandante del Portaaviones conversa con el copiloto del avión explorador guiador y le da su apreciación táctica: la capacidad antiaérea de ambas Flotas era la misma, la capacidad misilística antisuperficie también, se suponía que los Harrier embarcados era un número similar a los A4Q y que estos podrían enfrentarlos con éxito, cuando habló de la amenaza submarina dijo algo así como mejor no pensarlo.



Empeñar seis A4Q en una misión a ataque, significaba además que la capacidad de interceptación con esos aviones desde el portaaviones quedaba reducida a cero. La sección, dos aviones, que quedaría abordo preveía mantener un avión como de reserva para el ataque y el segundo como tanquero, para reabastecer los aviones atacantes en su regreso al portaaviones en caso de ser necesario. 4- El demorado vuelo de exploración despegó a 1435 horas, se realizó a exploración máxima distancia, obtuvo contactos radar y MAE sobre el enemigo, aterrizó a 1900 horas, su tripulación vió que en el personal del buque rostros con distinta expresión que a la mañana, el crucero A.R.A General Belgrano había sido hundido, la amenaza submarina se había materializado. Seguirían días y noches interrumpidos por cubrir puestos de combate.
Si el 2 de mayo de 1982 se hubiese materializado el ataque a la Flota inglesa, quizás se recordaría como el día de la Aviación Naval, pero no fue así. Sin embargo dos días más tarde una sección de aviones Super Etendart, guiados por un avión Neptune, hundieron el destructor británico H.M.S. Sheffield sin duda una clara muestra de nuestra voluntad de presentar batalla. Y así ese día que significó en Bautismo de Fuego de la Aviación Naval argentina luego fue instituido como día de la “Aviación Naval Argentina”.
La noche del 1 al 2 de mayo quedó en el imaginario de sus protagonistas como la llamada “Noche del Banzai”. TEXTO: Por CL VGM (RE) Rafael L. Sgüeglia PINTURA🖼: Iustrativa, hecha por Caros Adrian Garcia
@aviationart_argentina 🎨

domingo, 16 de noviembre de 2025

Estrategia naval: Guerra de maniobras en el mar

Guerra de Maniobras en el Mar

Por el Comandante Robert J. Kelsey, USN
Septiembre de 1982
Actas
Vol. 108/9/955 || USNI



En el conflicto entre el Reino Unido y Argentina por las Islas Malvinas, la estrategia y las operaciones de la Royal Navy constituyen un excelente ejemplo de una doctrina naval orientada a la maniobra. Si bien tuvo éxito en el Atlántico Sur y fue muy popular entre los estrategas de salón y los reformistas militares, el lugar de la guerra de maniobras en la Armada de los Estados Unidos —si es que lo tiene— aún está por definirse.

Atraídos por una visión de la historia que ofrece numerosos ejemplos de campañas terrestres victoriosas por parte de ejércitos más pequeños y presumiblemente más económicos, un número creciente de influyentes críticos de la defensa abogan por una doctrina de combate orientada a la guerra de maniobras.¹ Algunos críticos han expresado su preocupación de que, dado que el poder militar estadounidense ya no es supremo, la doctrina cultivada en torno a la "guerra de desgaste" ya no es realista. Abrumar a los soviéticos en hombres, material y sistemas de armas no es asequible en términos de recursos ni de costos sociales. Además, muchos analistas de defensa argumentan que parece que se gasta más para una menor capacidad. Los temores se intensifican ante la evaluación de que la disuasión se está viendo socavada y de que “si la guerra llegara mañana, Estados Unidos perdería”.

La mayor parte de la atención dedicada al debate doctrinal se ha centrado en la batalla terrestre en Europa. Pero ahora que la Armada estadounidense ya no tiene un margen claro de superioridad, la estrategia naval se ha incluido en este debate doctrinal. ¿Qué son las guerras de desgaste y de maniobra? ¿Tiene alguno de estos conceptos relevancia para la doctrina naval? ¿Es la doctrina orientada a la maniobra un camino hacia la superioridad naval?

Guerra de Desgaste: El Dr. Edward Luttwak, investigador principal en estudios estratégicos del CSIS de la Universidad de Georgetown, describe la guerra de desgaste como “en la que las decisiones importantes de mando son, de hecho, decisiones logísticas... El enemigo es tratado como un mero inventario de objetivos y la guerra consiste en reunir recursos superiores para destruir sus fuerzas mediante la potencia de fuego y el peso del material”. El objetivo es destruir la voluntad de lucha del enemigo destruyendo directamente sus medios. La esencia de la guerra de desgaste reside en crear y explotar:

  • Poder destructivo
  •  Protección para minimizar la destrucción sufrida por el poder enemigo


Movilidad para concentrar rápidamente el poder destructivo o evitar el poder enemigo.4

' La doctrina puede resumirse como fuerza contra fuerza. El resultado, según los críticos, es una destrucción generalizada como base para romper el frente enemigo y, en la guerra terrestre, para apoderarse y mantener objetivos terrestres. En la guerra de desgaste, las tasas de intercambio y la capacidad residual se convierten en indicadores de éxito.

La guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial es un ejemplo definitivo de guerra de desgaste pura. Las acciones ofensivas se llevaron a cabo en frentes amplios contra puntos de fuerte resistencia. Las defensas se organizaron en profundidad mediante cinturones sucesivos de terreno fortificado. El resultado fue el estancamiento y un enorme gasto de recursos, ya que los avances se realizaban por rutas de resistencia reforzada. Enormes ejércitos, una potencia de fuego concentrada y enormes necesidades logísticas, respaldadas por una red de defensas, suprimieron la movilidad y la sorpresa. El éxito en la Primera Guerra Mundial dependió directamente de la cantidad de recursos disponibles y de la capacidad para aprovecharlos.

La Segunda Guerra Mundial también tuvo ejemplos de guerra de desgaste. De hecho, a menudo se argumenta que el éxito de los Aliados dependió directamente del poderío industrial (capacidad de producción y base tecnológica) de Estados Unidos. Para Sample, el éxito en la campaña del Atlántico se medía por el número de hombres y la cantidad de armas y suministros que llegaban a Europa. Sin embargo, el mejor ejemplo de guerra de desgaste fue la campaña rusa; la inmensidad de los recursos militares comprometidos en la guerra en Occidente y las pérdidas sufridas palidecen en comparación con las invertidas en el Frente Oriental. Si se contara con el tiempo suficiente para movilizarse hoy, Estados Unidos probablemente podría alcanzar la producción industrial necesaria para apoyar la doctrina de desgaste contra la Unión Soviética. Sin embargo, la aceptación de las pérdidas resultantes sería otra cuestión. ^ Crítica de la doctrina y los modelos de desgaste: La masacre asociada con la guerra de desgaste moderna es a menudo la principal crítica a la doctrina de desgaste, "las enormes pérdidas que se sufrirán son el resultado de problemas doctrinales que la tecnología moderna amplifica.

Según el coronel John Boyd, de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (retirado), un defensor de la guerra de maniobras, el concepto de guerra de desgaste concuerda con la doctrina Clausewitziana y sufre algunos de los mismos problemas que esta. La estrategia de guerra de Karl von Clausewitz consistía en “dejar al enemigo impotente” mediante: * Agotarlo influenciándolo para que aumentara su esfuerzo

► Buscar “centros de gravedad” (puntos de los que dependen todo poder y movimiento) y, de ser posible, reducirlos a uno solo

► Concentrar todo el esfuerzo contra esos centros en la menor cantidad de acciones posible

► Subordinar todas las acciones secundarias al máximo

► Moverse con la máxima velocidad

► Buscar la batalla decisiva (con superioridad numérica y de condiciones) que prometa la victoria.5

El coronel Boyd critica esta estrategia por sobreenfatizar la “batalla decisiva” y subestimar la maniobra estratégica. Si bien Clausewitz agotaría al adversario influenciándolo para que aumentara su esfuerzo, su estrategia ignora la idea de paralizarlo negándole la oportunidad de esforzarse. Clausewitz concluyó que, dado que “un centro de gravedad siempre se encuentra donde la masa se concentra con mayor densidad... este es el lugar donde debe concentrarse la fuerza y ​​donde debe tomarse la decisión. Este enfoque en los puntos fuertes del adversario ignora la posibilidad de que existan centros de gravedad vulnerables. También ignora la idea de generar muchos centros de gravedad no cooperativos atacando las conexiones vulnerables, pero críticas, que permiten su existencia.

La estrategia y la doctrina de desgaste de Clausewitz también enfatizan el método y la rutina a nivel táctico. A Clausewitz le preocupaba reducir la "niebla" (incertidumbre) y la "fricción" (interacción de muchos factores que impiden la actividad) de la guerra. Sin embargo, no abordó suficientemente la idea de magnificar la niebla y la fricción del adversario.

Clausewitz, sin embargo, consideraba la fricción como el factor central que distinguía la guerra real de los análisis teóricos. La existencia de fricción significaba que la guerra no es un proceso determinista: "ninguna otra actividad está tan continua o universalmente ligada al azar". En contraste, el análisis de campañas, que enfatiza las tasas de intercambio (doctrina de desgaste), considera la guerra como una interacción inanimada entre fuerzas mecánicas que actúan y reaccionan de forma predecible: letalidad precisa, capacidad de supervivencia y patrones de interacción en combate. El tamaño inicial de las fuerzas opuestas y la letalidad de sus armas determinan el resultado.

La utilidad de los modelos de desgaste se ve limitada por los elementos impredecibles, y por lo tanto no cuantificables, del comportamiento humano y el azar. Se ignora el impacto de la sorpresa, la confusión, la ambigüedad y el miedo. Algunos críticos advierten sobre la influencia que estos modelos tienen en nuestras percepciones y decisiones. Las armas de creciente complejidad y costo pueden justificarse fácilmente prediciendo una alta letalidad y capacidad de supervivencia.

Aparte de sus deficiencias, la doctrina de desgaste puede mejorar la disuasión. Si existen fuerzas suficientes para apoyar con éxito la guerra de desgaste, se percibe la capacidad de infligir un costo inaceptable al adversario, independientemente de la ineficiencia con la que se emplee dicha capacidad. Sin embargo, sin fuerzas suficientes, la disuasión pierde credibilidad; El resultado, según el análisis de la campaña, es desfavorable.

Guerra de Maniobras: Para algunos, la guerra de maniobras consiste simplemente en acciones de flanqueo que afectan a un adversario en un punto donde no está desplegado de forma óptima. Luego, mientras el enemigo maniobra para responder, se aplica una presión abrumadora a elementos sucesivos de su fuerza hasta su destrucción. El "cruce de la línea" y la destrucción de la flota francesa por Nelson en Trafalgar se suelen mencionar como dos ejemplos navales.7 Sin embargo, esto es solo una táctica de maniobra para aumentar la capacidad de desgaste. La guerra de maniobras es más que maniobrabilidad. Implica maniobrar al enemigo en lugar de simplemente maniobrar hacia él.

El objetivo de la guerra de maniobras, según el coronel Boyd, es "generar muchos centros de gravedad no cooperativos y magnificar la fricción del adversario (tanto mental como física) como base para romper la cohesión, producir parálisis y provocar su colapso".8 Su doctrina de maniobras se basa en la capacidad de crear, explotar y magnificar la ambigüedad. Ambivalencia, engaño, maniobras rápidas y transitorias, y fuerza contra aquellas características que permiten a una organización existir como entidad bélica. La ambigüedad, la ambivalencia, el engaño y la movilidad se utilizan para generar sorpresa y conmoción. La potencia de fuego y el movimiento se emplean para desviar la atención del adversario y drenar su fuerza, con el fin de exponer, amenazar y explotar vulnerabilidades o debilidades en otras áreas. El objetivo es la parálisis, no la aniquilación.

La guerra de maniobras se centra en la organización del adversario en su conjunto (el hombre y la máquina) y su capacidad para conducir la guerra en de la capacidad de enfrentamiento directo, como en la guerra de desgaste. El impacto y la sorpresa son cruciales. El concepto del Coronel Boyd enfatiza la capacidad de “operar dentro de los circuitos de observación-orientación-decisión-acción del adversario... para crear una maraña de eventos amenazantes, así como generar repetidamente desajustes entre los eventos que el adversario observa o anticipa, y aquellos a los que debe reaccionar para sobrevivir”. De este modo, el adversario se ve empujado más allá de su capacidad de adaptación o resistencia; no puede adivinar sus verdaderas intenciones ni concentrar sus esfuerzos en afrontar el diseño estratégico en desarrollo o la maniobra decisiva relacionada, ya que lo paraliza y lo fragmenta. Los indicios de éxito tienden a…

Como el principal defensor de la guerra de maniobras, el Coronel retirado John Boyd, de la Fuerza Aérea de EE. UU., ofrece una alternativa a la mentalidad de matadero de la guerra de desgaste.



Ser cualitativos y estar relacionados con la aparición generalizada de confusión y desorden, frecuentes envolvimientos, altos números de prisioneros o cualquier otro fenómeno que sugiera incapacidad para adaptarse al cambio.

En la historia de la guerra terrestre, una hábil estrategia de maniobra ha superado con frecuencia la superioridad numérica. Las blitzkriegs alemanas de la Segunda Guerra Mundial y el cerco israelí del Tercer Ejército egipcio en la guerra árabe-israelí de 1973 son ejemplos modernos.

Una crítica de la maniobra Doetrine: La guerra de maniobras es una estrategia teóricamente de bajo costo y alta rentabilidad; pero, si falla, la inferioridad en combate puede magnificarse. Si la maniobra se estanca, no se desvía la atención suficiente o los centros de gravedad resultan más resistentes de lo previsto, el resultado es desgaste sin el beneficio de la defensa contra el desgaste; en otras palabras, ¡una derrota!

Dado que la doctrina de maniobras es a la vez de alta rentabilidad y alto riesgo, su efecto sobre la disuasión también es incierto. Si un adversario no está seguro de su capacidad para proteger sus puntos débiles o contrarrestar la ambigüedad, la ambivalencia y el engaño de una pequeña fuerza estructurada para la maniobra, la disuasión se ve reforzada. Sin embargo, si un adversario considera que su vigilancia y cohesión son suficientemente fiables y duraderas, la disuasión puede verse debilitada por la doctrina de la maniobra. En la vida real, esta última percepción suele ser válida. De hecho, el concepto de maniobra parece asumir que el adversario sobreestima sus capacidades.

La guerra en el mar no es tan clara.

Una postura defensiva basada en la maniobra debe permitir la pérdida inicial de territorio, a la vez que desvía la atención del adversario y contrarresta su fuerza, de modo que el esfuerzo principal pueda centrarse en su debilidad. Sin embargo, las limitaciones políticas de una alianza defensiva pueden contradecir esta doctrina. Especialmente si la pérdida de territorio es segura y el éxito no lo es, aceptar la pérdida inicial de territorio aliado puede socavar la solidaridad de la alianza.


Medir la demanda de fuerzas requerida para apoyar la estrategia de maniobra puede conllevar otro riesgo. La doctrina de maniobra enfatiza los efectos cualitativos de la guerra, que son difíciles de medir en los análisis de campaña. La programación de recursos para que coincida con la estrategia depende más directamente del juicio subjetivo. En una situación política en la que los recursos son limitados y las demandas sociales en pugna complican la capacidad de hacer frente a la amenaza militar, pueden emitirse juicios excesivamente pragmáticos, lo que resulta en un aumento de la fuerza que, en el crisol de la guerra, no apoya ni la guerra de maniobra ni la guerra de desgaste.

Si bien estas críticas a la doctrina de maniobra son generalmente reconocidas, el concepto estrecho del coronel Boyd tiene limitaciones aún mayores. La destrucción de la capacidad de organización de un adversario podría resultar de acciones que no dependen de la generación de ambivalencia, ambivalencia y engaño para aumentar la fricción. Por ejemplo, la decisión española de configurar la Armada para batallas de infantería en el mar (castillos y toldillas con cañones de corto alcance para que las tropas embarcadas pudieran disparar contra los barcos enemigos una vez atracados) condujo a su desaparición. Los ingleses contrarrestaron este plan no atracando y alejándose con cañones de largo alcance. La incapacidad española para enfrentarse a los ingleses en su modo de combate preferido los obligó a tomar la fatídica decisión de evadir a la flota inglesa navegando hacia el norte. Otra limitación es que la oportunidad de generar muchos centros de gravedad no cooperativos, al "atacar" enlaces vulnerables, podría no ser siempre posible. Además, muchos centros de gravedad se encuentran donde la masa está concentrada (aunque tal vez no todos, concluyó Clausewitz). Fuerza contra fuerza puede ser la única opción. De hecho, si se puede cubrir un solo nodo del que dependen todo el poder y el movimiento, su destrucción puede requerir menos esfuerzo y causar una mayor parálisis.10

Doctrina de Maniobras y Guerra Naval: La guerra de maniobras a menudo es sinónimo de guerra aérea anfibia. Inchon en la Guerra de Corea es un ejemplo.

El mar se utilizó como una "extensión de tierra" para eludir la fuerza y ​​atacar la debilidad en un punto inesperado, mientras que la atención del adversario se desviaba a otra parte. Sin embargo, más allá de la guerra anfibia, la aplicación de la guerra de maniobras requiere unas definiciones previas.


El concepto de guerra de maniobras

Algunos aspectos de la doctrina reformista orientada a las maniobras son elementos integrales de los principios actuales de la guerra naval. La ambigüedad, la ambivalencia y el engaño facilitan la aplicación de los principios de masa, ofensiva, sorpresa y economía de fuerza. Los centros de gravedad pueden volverse menos cooperativos, y la fricción y la confusión pueden aumentar. Sin embargo, a nivel táctico, la parálisis puede ser, como mucho, temporal. En última instancia, es necesario aplicar fuerza destructiva sobre plataformas individuales para destruir la capacidad de funcionamiento del grupo.

Existen básicamente cinco razones por las que la guerra de maniobras no se aplica plenamente a una batalla naval:

► Las plataformas navales son centros de gravedad relativamente independientes. Destruir los vínculos entre ellas puede degradar la eficacia de la fuerza mediante la pérdida de apoyo mutuo, pero no puede destruir su capacidad individual de existir o funcionar para el enfrentamiento.

► La cohesión de la unidad no es tan frágil. Los requisitos para la cohesión son menores y las condiciones que la fomentan son mayores a bordo de un buque que en una unidad militar en tierra.

► La fuerza y ​​la debilidad están esencialmente coubicadas. Las defensas no están tan fijadas a un frente geográfico como en una batalla terrestre; las defensas abarcan más todos los aspectos. No necesariamente existen rutas de menor resistencia.

► Un enfrentamiento naval es más variable que una batalla terrestre alineada a lo largo de un frente geográfico. Los grupos navales no están "atados" a proteger territorio mientras avanzan para obtener más. El envolvimiento no ofrece la misma ventaja decisiva.

► El objetivo del enfrentamiento naval no es ocupar, sino controlar territorio. El éxito se alcanza cuando el adversario se hunde o se retira.

■ Desde una perspectiva más amplia, más allá del nivel táctico, la guerra de maniobras, tal como la definió el coronel Boyd, puede tener alguna aplicación en la doctrina naval. Dentro de un teatro de operaciones, cada grupo naval depende, en cierta medida, de diversas conexiones externas, por ejemplo, mando y control, vigilancia y logística. Cada vínculo es potencialmente vulnerable a la captura o destrucción. Si la pérdida de uno o varios de estos enlaces anula la utilidad de un grupo naval temporalmente, existe la oportunidad de una guerra de maniobras. Esta oportunidad es aún más realista si el adversario tiende al control altamente centralizado y a la guerra de desgaste, como en el caso de la Unión Soviética.

La atención se centra en el poder naval del adversario en su conjunto en un teatro de operaciones: «la organización». Si al crear ambigüedad, ambivalencia y engaño, se produce un despliegue inadecuado, y si al atacar inesperadamente los enlaces se crean centros de gravedad no cooperativos y se magnifica la fricción, la cohesión de la organización puede verse afectada y producirse una parálisis. El comandante del teatro de operaciones soviético y sus superiores pueden verse forzados a superar su capacidad de adaptación o resistencia, de modo que no puedan percibir ni concentrar sus fuerzas a tiempo para afrontar el ataque decisivo. Sin embargo, la aplicación de la guerra de maniobras sería más amplia si el concepto fuera más sólido.

La historia de la guerra contiene numerosos ejemplos tanto de desgaste como de maniobras. Sin embargo, muchas batallas y campañas no encajan perfectamente en ninguna de las dos definiciones. De hecho, algunas batallas solo pueden analizarse, en lo que respecta a la doctrina, desde una perspectiva histórica: un bando emplea una táctica y el otro responde. El resultado se definirá como guerra de maniobras o de desgaste, dependiendo de la respuesta. ¿Paraliza la táctica al enemigo o la batalla tuvo que llevarse a cabo hasta su destrucción total?

La distinción entre maniobra y desgaste. El debate sobre la doctrina se ha llevado a cabo de tal manera que implica que los conceptos de desgaste y maniobra son mutuamente excluyentes. Tal como se definen —uno busca la parálisis y el otro la destrucción—, lo son. Pero la guerra no es tan fácil de distinguir.

Además, los tipos de guerra pueden ser ambos. La destrucción de la Ruta Ho Chi Minh fue de desgaste, pero la campaña submarina del Pacífico contra las líneas de comunicación marítimas japonesas fue de maniobra estratégica. ¿Qué es la guerra de minas? Para tener éxito, la doctrina debe ser lo suficientemente robusta como para incorporar todas las afiliaciones: paralizar al enemigo cuando la opción está disponible o destruirlo cuando no lo está.



Mientras que el desgaste busca quebrar al adversario por agotamiento, influyéndolo para que aumente su esfuerzo (es decir, desgastarlo), la maniobra busca quebrar al adversario negándole la oportunidad de esforzarse (es decir, controlarlo). La distinción radica en la intención. En otras palabras, la doctrina a la que se aplica se basa más en cómo se utilizan las fuerzas que en cómo se construyen. Si, por ejemplo, se utilizan minas para ralentizar a un adversario o para concentrar o bloquear su movimiento con el fin de lograr superioridad, la guerra de minas es maniobra. Si se colocan minas para desgastar al enemigo, es desgaste. En el primer caso, la guerra de minas es un medio; en el segundo, un fin.

La doctrina naval está mejor diseñada para alcanzar las capacidades de combate necesarias.

Es posible explotar una estrategia que busca negar al adversario la oportunidad de desplegar esfuerzos, un concepto más sólido que la doctrina de maniobra, definida de forma estricta. Para lograrlo, primero debemos ser capaces de derrotar a la armada enemiga. Podemos derrotarla conteniéndola, controlándola o seduciéndola, según la evolución de la situación. La capacidad de controlar el uso de las fuerzas navales por parte del adversario implica un concepto más amplio de maniobra: generar centros de gravedad no cooperativos, aumentar su fricción, atacar sus planes y alianzas o destruir su nodo clave. Pero, cuando sea necesario, debemos ser capaces de aplicar el esfuerzo necesario para destruir al adversario. Al contar con una armada lo suficientemente flexible como para emplear la mejor opción o una combinación de las anteriores, la disuasión se ve enormemente mejorada. Para respaldar este concepto más amplio de combate, se requiere una fuerza que posea las características inherentes hoy en día a los combatientes navales; por ejemplo, flexibilidad, movilidad, capacidad de reconocimiento, movimientos de contención, ataque y fuga, y concentración de potencia masiva. Sobre todo, la capacidad de negar al adversario la vigilancia suficiente es clave.

Comparar la guerra de desgaste con la guerra de maniobras puede parecer análogo a comparar a un "golpeador cuerpo a cuerpo" con un boxeador que "flota como una mariposa pero pica como una abeja". Mientras el bateador defiende con la izquierda, golpea con la derecha. El boxeador, por otro lado, baila y lanza golpes para confundir y derribar a su oponente; cuando baja la guardia, ensangrenta a su adversario con un golpe punzante. Pero sin un golpe de nocaut, ni todas las maniobras flotantes y punzantes del mundo pueden lograr un final rápido. El bateador puede desgastar a su oponente, pero no puede estar seguro de que su voluntad se doblegue; debe confiar en los puntos para ganar.

La guerra no se decide por puntos; esto es clave para un concepto más amplio de guerra de maniobras, especialmente a nivel táctico. Pocos comandantes en la historia se han rendido sin algunos golpes de nocaut. La maniobra es un medio para optimizar la economía de fuerza y ​​masa; es un método para lograr la superioridad en combate sobre una fuerza total mayor. Pero esa fuerza menor debe ser capaz de desplegar el golpe decisivo, que puede implicar fuerza contra fuerza localizada. La guerra de maniobras puede implicar cierta aniquilación; La parálisis generada crea un entorno para destruir eficazmente los medios del adversario.

Doctrina Naval y el Futuro: Si bien nuestra doctrina naval actual no se limita a los conceptos estrechos de desgaste o maniobra, como defienden algunos críticos, tenemos la flexibilidad inherente de emplear fuerzas en apoyo de cualquiera de los dos conceptos. Sin embargo, cabe destacar que, dado que la "prueba de fuego" de la doctrina de maniobra frente a la de desgaste es la intención, el tipo de fuerzas involucradas no es la clave. En una situación, una fuerza que utiliza la doctrina de maniobra podría consistir en un solo submarino. En otra, una plataforma espacial podría ser el elemento central. En otra, podría ser una fuerza de múltiples grupos de combate. Obviamente, la composición adecuada de la fuerza depende de la naturaleza del centro o centros de gravedad a los que se opone. Sin embargo, estructurar una Armada para que se ajuste a una doctrina demasiado estrecha puede ser peligroso.

Mantener las características necesarias para sustentar un concepto amplio de guerra requiere atención continua. Una visión razonada del futuro indica que el énfasis actual en nuevas ideas, además del aumento de los niveles de fuerza, garantizará que la Armada mantenga su capacidad para sustentar una doctrina de guerra flexible. Algunas de las Los conceptos que ahora se están enfatizando incluyen:

► Una distribución más amplia del poder ofensivo, incluyendo una amplia adaptación de misiles de crucero y tecnologías de seguimiento.

► Un sistema coordinado e integrado de vigilancia aérea y oceánica que incorpora una gama de plataformas, vehículos y sensores.

► Un uso ampliado de la guerra electrónica ofensiva y defensiva, con mayor énfasis en mecanismos de destrucción suave.

► Una integración de las capacidades espaciales en los futuros conceptos de guerra naval.

► Innovación en el diseño de futuras plataformas que incluya una evaluación rigurosa de las formas avanzadas del casco, la estructura de las aeronaves y los sistemas de propulsión para encontrar maneras de mejorar el uso de los sistemas de armas.

Estas son solo algunas de las innovaciones que se encuentran en evaluación continua por parte de organizaciones como el Grupo de Planificación de Largo Alcance del CNO. La evolución siempre ha sido un sello distintivo de la Armada, y mantener una Armada capaz de apoyar una doctrina de maniobra amplia es un objetivo a largo plazo.

Conclusión: La guerra de maniobras es la estrategia clásica de las fuerzas terrestres pequeñas y exitosas, por lo que resulta atractiva para algunos críticos de la defensa. Como utilización eficiente de la capacidad de combate, puede ser una fortaleza naval. Pero también es una Una estrategia de alto riesgo que, si no tiene éxito, puede conducir al desastre total. La disuasión y una estrategia de guerra basada únicamente en un concepto limitado de maniobra pueden no ser compatibles. Además, podría convertirse en una excusa para renunciar a recuperar un margen claro de superioridad naval (o incluso en el mantenimiento de la paridad), si se acepta solo por sus aspectos positivos, ignorando sus defectos. Los riesgos son aún mayores si el concepto de maniobra es demasiado limitado.

Para tener éxito, la doctrina debe ser lo suficientemente robusta como para incorporar todas las situaciones: paralizar al enemigo cuando la opción esté disponible o destruirlo cuando no lo esté.

Al contar con una Armada lo suficientemente flexible como para emplear un concepto amplio de guerra, se mejorará la disuasión. La Armada no requiere una nueva estructura de fuerza radical, ni debe abandonar su visión de futuro. El riesgo que debemos evitar es el que se genera al adquirir o adaptar fuerzas para que se ajusten a una doctrina demasiado limitada, tal como lo hizo la Armada Española hace cuatro siglos.

La mayoría de estos críticos se autodenominan miembros del "Grupo Reformista".

  • Congresista Newt Gingrich. "Debemos afrontar el desafío soviético". 11 de septiembre de 1981. Registro del Congreso. Representantes del 97.º Congreso, Cámara de Representantes.
  • Dr. Edward N. Luttwak. “El estilo estadounidense de guerra y el equilibrio militar”. Air Force Journal. Agosto de 1980.


Coronel John Boyd, USAF (retirado), en su informe sobre “Patrones de conflicto”. Boyd se ha convertido en uno de los teóricos militares del Grupo Reformista. Vincular a Clausewitz con el concepto de desgaste puede parecer un ejemplo de grave error de interpretación. Clausewitz evitó las doctrinas que pretenden proporcionar un manual de acción: es útil tener presentes los principios como apoyo, pero no deben aplicarse dogmáticamente. Sin embargo, algunos estudiosos de Clausewitz han practicado la guerra de desgaste (así como la de maniobra). Además, Clausewitz estableció un precepto fundamental: “unidad de concepción, concentración de objetivo y fuerza”. Su preferencia por un único ataque concentrado es clara. Dado que Clausewitz solo consideraba los centros de gravedad al más alto nivel, es decir, el Ejército, la Capital o un aliado principal, esta crítica podría ser un poco injusta. Sin embargo, a un nivel táctico más limitado, los centros de gravedad también existen dentro de un ejército y sus subordinados.

Comandante Linton Wells II, USN. "Maniobra en la Guerra Naval". Actas, diciembre de 1980.

Coronel John Boyd. "Patrones de Conflicto".

Ibíd.

Clausewitz observó que si se destruía el centro de gravedad, otras "acciones" eran un desperdicio.

El Comandante Kelsey recibió su comisión a través del programa regular del NROTC, tras graduarse de la Universidad de Oklahoma en 1967. Como becario del CNO, obtuvo su maestría en artes en el New College de Oxford en 1976. Sus períodos de servicio incluyen tres escuadrones de aviación de ataque ligero (VA-23, VA-146 y VA-105), el Escuadrón de Pruebas y Evaluación Aéreas Cinco (VX-5) y el cuerpo docente militar de la Universidad de Defensa Nacional. Actualmente se desempeña como planificador político-militar en el Grupo de Planificación de Largo Alcance (OP-OOX) del CNO.

Maniobras en las Malvinas


Por el Comandante Robert J. Kelsey, Armada de los EE. UU.

Si bien la campaña militar en las Malvinas ofrece mucho que estudiar sobre las tecnologías de guerra y la futura utilidad de las armadas de superficie, también ofrece un buen contraste en las doctrinas de guerra de maniobra y desgaste, que son centrales en el debate generado por el "grupo parlamentario de reforma militar" del Congreso. La estrategia y las operaciones británicas constituyen un excelente ejemplo de una doctrina naval orientada a la maniobra. También ilustran algunas de las deficiencias de la guerra de maniobras.

La estrategia argentina, por otro lado, parece haber sido básicamente de desgaste.

Una doctrina naval orientada a la guerra de maniobras, pero que también es suficientemente robusta cuando la maniobra no es apropiada, busca destruir la voluntad del adversario negándole la oportunidad de esforzarse. Dependiendo de cómo se desarrolle la situación, negarle al adversario la oportunidad de esforzarse se logra conteniendo, controlando o, cuando sea necesario, destruyendo sus medios. El control se basa en la guerra de maniobras, cuyo objetivo es destruir la capacidad de organización del enemigo. El control se logra generando centros de gravedad no cooperativos (puntos de los que dependen el poder y el movimiento), aumentando la fricción del enemigo, atacando sus planes/alianzas y/o destruyendo su(s) nodo(s) clave.

Cada uno de estos elementos —contener, controlar y destruir— de una doctrina naval orientada a la maniobra está interrelacionado. La capacidad para lograr uno puede depender del éxito de otra. Por lo tanto, relacionar acciones británicas específicas en la campaña de las Malvinas con estos elementos implica una distinción que no existe claramente. Además, la distinción entre la doctrina de desgaste y la de maniobra se basa en la intención. En consecuencia, a menudo es necesario basarse en pruebas circunstanciales para determinar qué concepto operaba en la mente del comandante. Sin embargo, un análisis de la Guerra de las Malvinas es útil para comprender un concepto amplio de maniobra para la guerra.

  

lunes, 3 de noviembre de 2025

Malvinas: Las ballenas confundidas

Durante la guerra de Malvinas en 1982, los británicos mataron por error a tres ballenas, creyendo que eran submarinos enemigos




domingo, 2 de noviembre de 2025

Malvinas: El ataque simultáneo multidireccional de la sección del Capitán Philippi

Una sola cosa importaba...



  

Nuestro vasto adiestramiento en ataques simulados a buques de nuestra flota durante años, nos permitió realizar el ataque con éxito contra la Ardent. Lo primero que hicimos fue separarnos, uno por izquierda, otro al centro y otro a la derecha. Esto ocasionó que el buque debiera dispersar su poder de fuego sobre tres blancos diferentes ocasionado la perdida de fuego concentrado. Su sistema de control de tiro tendría que elegir a uno de nosotros y tratar de derribarlo, pero los otros dos aviones llegarían seguro a la distancia necesaria. Ahí estaba nuestra oportunidad. No pudieron con ninguno de nosotros tres. Lancé primero mis bombas y una dio de lleno contra el buque. El teniente Arca, segundo en el ataque, lanzó sus bombas y se metió dentro del hongo de fuego producido por mi impacto. También acertó con una bomba. El teniente Márquez, último en la formación, fue espectador del ataque y nos confirmó los impactos. Además, conociendo su capacidad, seguramente su lanzamiento tuvo similares resultados.

‘Escapamos por la misma’, les ordené por radio a mis pilotos. Quise decir ‘por el mismo lugar que ingresamos’. Sin avistar actividad enemiga, iniciamos nuestro escape hacia Río Grande, nuestra base. En ese momento, no sabíamos que dos Sea Harrier ingleses volaban encima nuestro. No podíamos verlos debido al mal tiempo. Solo supe de ellos cuando el teniente Márquez rompió el silencio de radio alertándonos: ‘¡Harrier! ¡Harrier!’. Casi de inmediato, un golpe, un mazazo, golpeó mi avión. Me habían dado.



El avión, fuera de control, comenzó a encabritarse. El bastón de comando no respondió a mis llamados y, en ascenso, el avión se dirigió hacia un techo de nubes que descargaba la lluvia sobre mi parabrisas. Llevé el acelerador hacia atrás y tampoco obtuve respuesta, volaba a casi mil kilómetros por hora. El manual del avión indica que uno debe realizar la maniobra de eyección por debajo de los 350 nudos (648 km por hora). Realizarla por encima de esa velocidad puede ser letal, incluyendo desmembramiento del cuerpo o lesiones en hombros y caderas.

Accioné el freno de picada para intentar reducir la velocidad y tampoco respondió. Me di vuelta para ver qué ocurría detrás mío y, para mi sorpresa, observé al Sea Harrier que me había lanzado el misil acercándose para rematarme con cañones a corta distancia. Llamé a mis dos numerales y les informé que me encontraba bien, sin daños físicos, y que me eyectaba.

Accioné de la manija inferior y una explosión ocupó mis sentidos. Un último pensamiento me abordó: ‘me estoy desnucando como el teniente Peña’. Y luego me desmayé. El Teniente Peña, piloto de A-4Q, falleció en 1972 durante su eyección al engancharse la manguera de oxígeno en el acelerador, desnucándolo.



El capitán Alberto Philippi, lanzado a casi mil kilómetros por hora, impactó contra la masa de aire. Entonces, ocurrió el primer milagro: su cuerpo no se desmembró. El segundo milagro vino en su ayuda a continuación: el asiento eyectable, con su cohete vencido, funcionó en altura. Philippi atravesó la tormenta, emergió por encima de las nubes y continuó su ascenso hacia un sol brillante y un cielo límpido. Rodó por el aire y una sorpresiva explosión controlada lo separó de su asiento. Ambos cayeron al vacío hundiéndose otra vez en la nubosidad.

Descendió sin conocimiento, a casi 200 km por hora. Tercer milagro: el pequeño paracaídas extractor realizó su trabajo inicial obligando a que el paracaídas principal procediese a su apertura. En pocos segundos la vela naranja del paracaídas flotó en el aire depositando al piloto inconsciente sobre el mar. Philippi abrió sus ojos y entre la cortina de agua observó una escena dantesca: delante suyo volaba el A-4Q del teniente José César Arca perseguido por un Sea Harrier que trataba de abatirlo con fuego de cañón”.

Luego de la eyección, mi casco y máscara de oxígeno quedaron desacomodados. Tuve que luchar para sacármelos. En ese momento creí que no tendrían más utilidad y los dejé caer al mar. El paracaídas, de color naranja, funcionó bien: floté en el aire, tuve un buen contacto con el mar y, cuando comenzaba a hundirme, la vela del paracaídas se infló sobre la superficie y me arrastró por encima de las olas. Me liberé del paracaídas y nadé hasta la orilla.



El capitán Philippi iba a volver a Malvinas. “Tenían planes para mí”, dijo en entrevista con LA NACIÓN, descubriendo una fotografía que guarda con recelo desde hace 40 años. Allí a aparece junto a los recordados Gansos Salvajes, nombre que adoptaron los pilotos retirados de la Marina que estaban volando en aerolíneas comerciales y se presentaron como voluntarios para combatir en Malvinas. Ellos, liderados por Philippi, conformaron la escuadrilla Águila, que se aprestaba para combatir a los británicos.

Cuenta Philippi: “La fotografía fue tomada a comienzos de junio en la Base Aeronaval Comandante Espora. En ella estoy recibiendo a ex pilotos de A-4Q que fueron convocados para formar una nueva escuadrilla que reemplazaría, en Río Grande, al Capitán Castro Fox, que continuaba sus operaciones con sus últimos cuatros aviones y sin relevos.

Hubiera sido el Comandante de la nueva escuadrilla de A-4E provistos de un armamento mucho mejor que el que disponíamos en nuestros A-4Q. Sin embargo los planes se desmoronaron al ser interceptados los misiles por los servicios secretos británicos apenas comenzaban su traslado a nuestro país desde Sudáfrica. También se le sumó la presión de los Estados Unidos a Israel para que no nos vendiera esos aviones.

Los pilotos que me acompañarían eran aviadores navales que se habían retirado o volaban como pilotos en líneas aéreas. Sin embargo, ninguno faltó a la convocatoria. Volvieron dejando todo de lado, en calidad de voluntarios. En ese momento una sola cosa importaba, nos llamaba la Patria”.

Fuente: Claudio Meunier - La Nación
Imágenes:
-Capitán Alberto Philippi (arriba), foto por Pablo Cersosimo.
-Skyhawk A-4Q de la Aviación Naval. (Alex Klichowski).
-Escuadrilla "Águila", liderada por Philippi (cuarto de izq. a der.) quien estaba decidido volver a seguir combatiendo en Malvinas. Foto: Alberto Philippi.


domingo, 19 de octubre de 2025

COAN: Los A-4Q y sus Mk- 82 Snakeye



Los A-4Q y sus Mk- 82 Snakeye



Algunas fotos y un perfil de bombas Mk82 con cola Snakeye (Mk15) en aviones Douglas A-4Q Skyhawk de la Armada Argentina. Esta letal combinación fue el arma antibuque preferida del COAN hasta la llegada, en 1982, de los Super Etendard y los misiles Exocet.


jueves, 4 de septiembre de 2025

FFG: Clase Leander

La fragata clase Leander: Un estudio sobre diseño naval, adaptabilidad y legado

MtarfaLee
@MtarfaL





1/25 La fragata clase Leander ejemplifica el ingenio naval británico. Concebida después de la Segunda Guerra Mundial, fusionó la experiencia bélica con las exigencias de la Guerra Fría. Este hilo examina su diseño, adaptabilidad y legado como buque de guerra versátil que presta servicio en el siglo XXI.

2/25 Tras la Segunda Guerra Mundial, la Royal Navy reevaluó su flota. La clase Leander, un Tipo 12M mejorado, surgió a finales de la década de 1950. El HMS Leander, botado en 1963, encarnaba una filosofía multifuncional perfeccionada por las lecciones de la guerra y la moderación presupuestaria.



3/25 La Segunda Guerra Mundial sentó sus bases. El casco de 113 m y la manga de 12,5 m de los Leander se basaron en la resiliencia de la clase Flower, lo que garantizó su estabilidad. Las turbinas de vapor gemelas, con una velocidad máxima de 28 nudos, reflejaron los avances en la fiabilidad de la propulsión.



4/25 La Guerra Fría impulsó su propósito. Los submarinos soviéticos amenazaban las aguas de la OTAN. Los Leanders contaban con un sonar de profundidad variable Tipo 199 y morteros Limbo (posteriormente, conjuntos remolcados Tipo 2031), lo que los convertía en plataformas de guerra antisubmarina (ASW) muy adecuadas.

5/25 Su versatilidad los definía. Más allá de la ASW, abordaban la defensa antiaérea con misiles Seacat, el combate de superficie y funciones en tiempos de paz como una patrulla marítima. Esta adaptabilidad se debía a decisiones de diseño deliberadas.



6/25 La ingeniería reflejó las ideas de la Segunda Guerra Mundial. Los diseños modulares permitieron actualizaciones tecnológicas, por ejemplo, la sustitución de radares. Los sistemas redundantes, inspirados en el control de daños en tiempos de guerra, garantizaron la supervivencia en situaciones de estrés.

7/25 La Marina Real Británica puso en servicio 26 Leanders (1963-1973). Patrullaron el Atlántico Norte, un elemento fundamental de la estrategia antisubmarina de la OTAN. Su equipamiento ASW incluía helicópteros Wasp y, posteriormente, Lynx.



7/25 La Marina Real Británica puso en servicio 26 Leanders (1963-1973). Patrullaron el Atlántico Norte, crucial para la estrategia antisubmarina de la OTAN. Su equipo de guerra antisubmarina incluía helicópteros Wasp, y posteriormente Lynx.

8/25 Su influencia se extendió globalmente. El HMNZS Southland de Nueva Zelanda (ex-HMS Dido) protegió el Pacífico. La clase Nilgiri de la India, compuesta por seis Leanders de construcción local, se adaptó a climas tropicales con sistemas modificados.



9/25 El PNS Zulfiquar de Pakistán (ex-HMS Apollo), la clase Condell de Chile y la flota de Ecuador demostraron su adaptabilidad. Desde la lucha contra el contrabando hasta la defensa costera, los Leanders satisfacían diversas necesidades operativas.



10/25 Durante la Guerra Fría, los Leanders brillaron. Las Guerras del Bacalao (década de 1970) los vieron hacer cumplir los derechos de pesca británicos frente a Islandia. Los ejercicios de la OTAN pusieron a prueba su destreza en la guerra antisubmarina en medio de una creciente tensión. 11/25 Las funciones en tiempos de paz fueron igualmente vitales. Las visitas de buena voluntad a puertos extranjeros proyectaron la presencia de la Marina Real. Los Leanders sirvieron también como herramientas diplomáticas, combinando poder blando con capacidad dura.



12/25 El armamento evolucionó estratégicamente. Los primeros cañones gemelos Mk 6 de 4,5 pulgadas se adaptaron a las amenazas de superficie. Para la década de 1970, los misiles Exocet en algunos buques los equiparon con la guerra naval centrada en misiles.



13/25 Los sistemas antiaéreos también avanzaron. Los misiles Seacat contrarrestaron los primeros aviones a reacción; las posteriores actualizaciones del Sea Wolf abordaron amenazas más rápidas. Esta evolución mantuvo la relevancia de los Leanders durante décadas.

14/25 La integración de helicópteros impulsó la guerra antisubmarina (ASW). Las primeras naves Wasp portaban torpedos; las Lynx (con torpedos Sting Ray) mejoraron el alcance y la precisión en misiones de caza submarina.

15/25 Las mejoras técnicas los mantuvieron. El radar analógico Tipo 965 dio paso al digital Tipo 1006. Las actualizaciones de mitad de vida útil en la década de 1980 contrarrestaron eficazmente los submarinos más rápidos y las municiones guiadas.

16/25 Las variantes de exportación innovaron aún más. La clase Condell chilena cambió la propulsión de vapor por diésel-eléctrica, lo que demostró la flexibilidad del casco. Estas actualizaciones ampliaron su relevancia operativa.



17/25 Su longevidad superó las expectativas. Diseñado para 20 años, el HMS Scylla prestó servicio durante 30 (1963-1993) y posteriormente se hundió como arrecife. El Zulfiqar pakistaní resistió hasta 2006, una vida útil de 43 años.



18/25 Era un casco optimizado para mejoras: el Ikara, el Exocet, el Seawolf, la cubierta de vuelo ampliada, el conjunto remolcado, etc., reflejaban la previsión. Su robusto diseño mecánico absorbió décadas de desgaste.



19/25 Sus funciones eran múltiples. La guerra antisubmarina (ASW) siguió siendo fundamental, pero los combates de superficie y las misiones en tiempos de paz demostraron flexibilidad. Cada reacondicionamiento reforzó su capacidad multifuncional.

20/25 Los Leander conectaron eras navales. En su origen, eran propulsados ​​por vapor, pero adoptaron misiles y sistemas digitales, en contraste con sucesores especializados como las fragatas Tipo 22/23.

21/25 Podría decirse que representan el último buque de guerra "auténtico" de Gran Bretaña. A diferencia de los diseños modernos de enfoque limitado, los Leander encarnaron la filosofía de la Segunda Guerra Mundial: robustos, adaptables y con amplias capacidades (siendo el T31 su posible sucesor natural).

22/25 Las estadísticas destacan su alcance: 26 buques, a lo largo de 40 años, adoptados por más de 6 armadas. Sin embargo, su legado reside en el diseño, logrando un equilibrio perfecto entre coste, capacidad y adaptabilidad.



23/25 Los críticos señalan su obsolescencia actual. Las fragatas lanzamisiles dominan ahora. Sin embargo, el prolongado servicio de los Leanders destaca la ingeniería atemporal por encima de las tendencias pasajeras.

24/25 Desde las lecciones de la Segunda Guerra Mundial hasta los triunfos de la Guerra Fría, los Leanders personificaron la destreza naval británica. Su servicio global refleja la cúspide del diseño de buques de guerra multifunción.



25/25 En conclusión, la clase Leander fusionó robustez e innovación. Un símbolo perdurable de adaptabilidad como el último legado de buque de guerra multiusos de la Royal Navy.

domingo, 29 de junio de 2025

Malvinas: ARA San Luis da cuenta de un disparo a un escolta británico

El San Luis se da cuenta que los SST4 venía fallados


1 de mayo de 1982 

El submarino A.R.A. “San Luis” (S-32) toma contacto con un blanco y efectúa un ataque con un torpedo SST4 a una nave escolta británica, que no produce detonación Luego sería contraatacado durante 20 horas por helicópteros y destructores con cargas explosivas. Según su libro de navegación, nuevos contactos con el enemigo se produjeron los días 02, 08 y 11 de mayo y tras 39 días de patrulla y 864 hs de inmersión (equivalente a 36 días) regresaba a la Base Naval de Puerto Belgrano luego de enfrentar con éxito a una fuerza antisubmarina considerada como la más evolucionada del momento y la gloria le fue esquiva por fallas ajenas a la profesionalidad y valentía de su tripulación.



Fotografia: ARA San Luis a poco de arribar a la Base Naval Puerto Belgrano, luego de su patrulla de guerra. Detrás, se aprecia el portaaviones.

miércoles, 18 de junio de 2025

Malvinas: ORBAT de la FLOMAR

Guerra de Malvinas: El despliegue de la Flota de Mar— Unidades participantes durante el conflicto del Atlántico Sur




Según informa la Armada Argentina a través de su medio oficial, Gaceta Marinera, la decisión de recuperar las Islas Malvinas para su incorporación definitiva a la soberanía nacional ya había sido tomada. Tras un incidente en el que operarios de una empresa argentina izaron una bandera nacional atada a un remo, el Gobierno Nacional usó este hecho como argumento para interrumpir las negociaciones diplomáticas y lanzar un asalto directo y sorpresivo sobre la capital, Puerto Argentino. El objetivo era generar un impacto político internacional tan fuerte que forzara al Reino Unido a negociar seriamente la soberanía del archipiélago, en línea con las resoluciones de Naciones Unidas.

A la Armada se le asignó la responsabilidad de reconquistar y asegurar Puerto Argentino sin recurrir a la violencia, protegiendo en todo momento la seguridad de las personas, los bienes y los habitantes de la ciudad, en lo que sería conocido históricamente como Operación Rosario.

Así comenzó el despliegue de más de diez buques organizados en diversos grupos de tareas. Durante los 74 días que duró el conflicto, su acción fue esencial, eficaz y heroica.

En la toma de Puerto Argentino, el destructor ARA “Santísima Trinidad” fue pieza clave, ya que sus capacidades permitieron el desembarco de fuerzas especiales durante la Operación Rosario, junto con el submarino ARA “Santa Fe”. El ARA “Santísima Trinidad” fue escoltado por el ARA “Hércules”, que lideró el avance de la fuerza anfibia hacia tierra. Por su parte, los destructores ARA “Domecq García”, ARA “Seguí”, ARA “Bouchard”, ARA “Py” y ARA “Piedrabuena” se encargaron del patrullaje marítimo, vigilando la zona para impedir el paso de unidades enemigas.

En esta misma operación, el portaviones ARA “25 de Mayo” tuvo un rol destacado como buque de control de aeronaves de ataque y supervisión aérea. Gracias a su intervención, la Armada Argentina pudo desplegar eficazmente su GAE (Grupo Aéreo Embarcado), algo que no habría sido posible desde tierra. Por su desempeño, esta unidad recibió la condecoración “Operaciones de Combate”.

El rompehielos ARA “Almirante Irízar” comenzó como puente logístico, transportando tropas y pertrechos junto al buque de desembarco ARA “Cabo San Antonio”. En las etapas más intensas de la guerra, el Almirante Irízar fue transformado en buque hospital, al igual que el buque polar ARA “Bahía Paraíso”. El enorme rompehielos llegó cerca del teatro de operaciones repintado completamente de blanco y con cruces rojas que señalaban su misión sanitaria. Zarpó equipado con más de 200 camas, quirófanos, laboratorios, salas de terapia intensiva, servicios de rayos X, traumatología, unidades para quemados, helicópteros embarcados y decenas de profesionales de la salud.

La División de Corbetas estuvo integrada por las corbetas ARA “Drummond”, ARA “Granville” y ARA “Guerrico”. Las dos primeras formaron parte de la fuerza de tareas anfibia, dando protección y apoyo a las unidades de desembarco el 2 de abril, mientras que la ARA “Guerrico” integró el grupo encargado de recuperar las Islas Georgias del Sur.

Cabe mencionar también que la Prefectura Naval Argentina y la Marina Mercante operaron en los mares del sur cumpliendo múltiples misiones, aportando de manera valiosa al esfuerzo de las fuerzas nacionales.

Finalmente, es imprescindible recordar al crucero ARA “General Belgrano” y al aviso ARA “Alférez Sobral”, que vivieron sus jornadas más trágicas los días 2 y 3 de mayo, respectivamente, cuando las aguas del Atlántico Sur se tiñeron con la sangre de los marinos argentinos, marcando para siempre la memoria de los héroes que regresaron.