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miércoles, 23 de septiembre de 2026

Argentina busca un gran buque de transporte polar

Argentina busca un buque de transporte polar en Estados Unidos 



 

Argentina abrió una licitación internacional para incorporar un buque de transporte logístico con capacidad polar destinado a reforzar las operaciones de la Armada Argentina en la Antártida. El procedimiento está a cargo de la Misión Naval Logística Argentina con sede en Washington, Estados Unidos, y contempla no solo la adquisición de la unidad, sino también la capacitación de su futura tripulación y el traslado del buque hasta el puerto de Buenos Aires.

La iniciativa apunta a incorporar una plataforma capaz de operar en condiciones polares y de sostener misiones logísticas en áreas caracterizadas por la presencia de hielo y por la escasez de infraestructura portuaria. La apertura de ofertas fue fijada para el 19 de octubre de 2026 y, una vez adjudicado y perfeccionado el contrato, el proveedor seleccionado dispondrá de un máximo de 180 días corridos para entregar la embarcación en la Argentina.

El llamado admite tanto buques nuevos como usados, aunque establece una limitación importante: no podrán presentarse unidades cuya entrada en servicio sea anterior a 2010. De este modo, la Armada busca evitar la incorporación de plataformas demasiado antiguas y garantizar una vida útil razonable para el nuevo medio logístico.

El pliego técnico define con bastante precisión las características de la embarcación buscada. La eslora deberá rondar los 120 metros, con una tolerancia de 12 metros, lo que habilita la presentación de buques de entre 108 y 132 metros de longitud. La manga prevista es de aproximadamente 22 metros, mientras que el calado máximo permitido será de 7,3 metros. Este último dato resulta especialmente relevante porque condiciona la posibilidad de operar en puertos, canales y zonas de menor profundidad.

En cuanto a su capacidad de transporte, la unidad deberá contar con un porte bruto cercano a las 6.000 toneladas y ofrecer al menos 6.000 metros cúbicos de espacio en bodegas. Además, deberá estar preparada para transportar un mínimo de 350 contenedores de veinte pies y disponer de conexiones eléctricas para, por lo menos, diez contenedores refrigerados.

Estas capacidades convierten al futuro buque en una plataforma orientada al transporte de grandes volúmenes de abastecimientos, equipos, vehículos y otros elementos necesarios para las campañas antárticas. Su función principal será apoyar el sostenimiento de las bases argentinas y complementar a los demás medios navales empleados actualmente en esas operaciones.



El pliego también exige una velocidad de servicio mínima de 12 nudos y una autonomía no inferior a 8.000 millas náuticas. Estas prestaciones permitirían realizar navegaciones prolongadas y operar durante períodos extensos sin depender de escalas frecuentes para reabastecimiento.

Otro de los aspectos centrales de la licitación es la capacidad de carga y descarga autónoma. El buque deberá contar con grúas propias capaces de operar todas sus bodegas. Cada una de ellas deberá tener una capacidad de izado de 40 toneladas y un alcance mínimo de 22 metros.

Esta condición responde directamente a las particularidades de las operaciones antárticas, donde muchas de las bases y puntos de descarga carecen de infraestructura portuaria convencional. La posibilidad de mover contenedores, vehículos y cargas pesadas sin depender de grúas en tierra permitirá incrementar considerablemente la autonomía operativa de la embarcación.

El piso de las bodegas deberá soportar una carga de hasta 15 toneladas por metro cuadrado, lo que permitirá transportar equipos pesados y materiales de gran densidad. Asimismo, la unidad tendrá que disponer de sistemas adecuados para manipular y trasladar cargas peligrosas y diversos tipos de suministros.

Uno de los requisitos técnicos más importantes es la capacidad para navegar en aguas con presencia de hielo. La Armada exige una clasificación Polar Class 7 o equivalente, certificada por una sociedad reconocida por la Asociación Internacional de Sociedades de Clasificación.

La categoría Polar Class 7 está orientada a buques que operan durante el verano y el otoño en aguas con hielo delgado de formación anual, con posibilidad de encontrar concentraciones reducidas de hielo más antiguo. Esta característica permitirá que la nave desarrolle misiones logísticas en zonas antárticas sin necesidad de contar con las capacidades de un rompehielos pesado.

Precisamente, el artículo destaca que esta futura unidad no está destinada a reemplazar al rompehielos ARA Almirante Irízar. Su función será complementaria. Mientras el Irízar conserva su papel como principal plataforma argentina para operar en condiciones polares más exigentes, el nuevo buque estará enfocado en el transporte logístico de gran volumen, utilizando un casco reforzado para el hielo.

La incorporación permitiría aliviar parte de la carga operativa que actualmente recae sobre el Almirante Irízar y sobre otras unidades de la Armada. De esta manera, la logística antártica podría distribuirse entre distintos medios, mejorando la flexibilidad y la capacidad de sostener las campañas anuales.

El nuevo buque también podría contribuir al reemplazo progresivo de dos unidades veteranas: el ARA Canal Beagle y el ARA Bahía San Blas. Ambos transportes fueron construidos durante la década de 1970 y acumulan más de 45 años de servicio. Aunque continúan cumpliendo funciones importantes, su antigüedad plantea crecientes desafíos de mantenimiento, disponibilidad y eficiencia operativa.

La licitación también se inscribe dentro de un problema histórico más amplio. Argentina perdió una capacidad específica de transporte polar en 1989, cuando el ARA Bahía Paraíso varó y se hundió en aguas antárticas. Desde entonces, el país no volvió a incorporar una unidad de características equivalentes.

Si bien posteriormente se sumaron avisos con cascos preparados para operar en zonas con presencia de hielo, ninguno de esos medios reemplazó por completo la capacidad logística que ofrecía un buque polar de mayor porte.

En este contexto, la actual licitación representa un intento por recuperar una capacidad que se perdió hace varias décadas. La incorporación de una nueva plataforma permitiría disponer nuevamente de un buque logístico especialmente preparado para transportar grandes volúmenes de carga hacia la Antártida y operar en zonas donde la infraestructura disponible es muy limitada.

La importancia estratégica de la adquisición radica, por lo tanto, no solo en sumar una nueva unidad a la Armada, sino también en fortalecer el sistema logístico que sostiene la presencia argentina en el continente antártico. Las campañas requieren el traslado constante de combustible, alimentos, repuestos, vehículos, equipamiento científico, materiales de construcción y otros elementos indispensables para mantener operativas las bases durante todo el año.

La nueva unidad permitiría ampliar esa capacidad, reducir la presión sobre los medios actualmente disponibles y aumentar la redundancia logística ante eventuales averías o indisponibilidades.



En definitiva, la licitación busca incorporar un buque logístico de alrededor de 120 metros de eslora, con capacidad para transportar al menos 350 contenedores, 6.000 metros cúbicos de carga y operar de manera autónoma mediante grúas propias. Su autonomía mínima de 8.000 millas náuticas, su capacidad de navegación en hielo y su clasificación Polar Class 7 lo convertirían en una herramienta específicamente adaptada a las exigencias de las campañas antárticas.

La futura incorporación no sustituirá al ARA Almirante Irízar, sino que complementará sus capacidades y permitirá distribuir mejor las tareas logísticas. Al mismo tiempo, ofrecerá una alternativa moderna frente al envejecimiento de los actuales transportes de la Armada y contribuirá a recuperar una capacidad logística polar que Argentina no posee plenamente desde la pérdida del ARA Bahía Paraíso en 1989.

Más allá de la compra de un nuevo buque, la licitación representa así un paso orientado a fortalecer la capacidad del país para sostener de manera regular y autónoma su presencia en la Antártida.

martes, 22 de septiembre de 2026

ARA: Entrevista al contraalmirante José Alberto Martí Garro

Submarinos, fragatas y nuevos buques: cómo la Armada busca reconstruir sus capacidades navales

Basado en una nota de Argenports


La entrevista al contraalmirante José Alberto Martí Garro, comandante de Adiestramiento y Alistamiento de la Armada Argentina, expone la visión de la fuerza respecto de su proceso de modernización y recuperación de capacidades. El eje central de sus declaraciones consiste en que la renovación naval no puede reducirse a la compra de nuevos buques. Para la Armada, el verdadero desafío es reconstruir un sistema completo capaz de operar, mantener y sostener esos medios durante décadas.

Durante años, gran parte del debate público sobre el futuro de la Armada Argentina se concentró en qué unidades debía adquirir el país: fragatas, submarinos, patrulleros oceánicos o buques logísticos. Martí Garro plantea una perspectiva más amplia. Incorporar una plataforma moderna solo tiene sentido si existen al mismo tiempo la infraestructura, el personal capacitado, los sistemas de mantenimiento, la logística, el entrenamiento, la doctrina y el respaldo industrial necesarios para garantizar su funcionamiento. En síntesis, el objetivo no consiste simplemente en incorporar medios, sino en recuperar capacidades militares.

Uno de los ejemplos más importantes es la situación de la Fuerza de Submarinos. Desde la pérdida del ARA San Juan, la Armada dejó de disponer de una capacidad estratégica fundamental. Sin embargo, recuperar el componente submarino no significa únicamente adquirir un nuevo submarino. También supone reconstruir conocimientos técnicos y operativos, formar y adiestrar tripulaciones, disponer de instalaciones especializadas, restablecer procedimientos y desarrollar nuevamente una doctrina específica.


 

Debido a la complejidad de este proceso, la recuperación de la capacidad submarina debe pensarse a largo plazo. Mientras tanto, submarinistas argentinos participan en navegaciones y actividades de adiestramiento con marinas amigas, particularmente las de Perú y Brasil. Estas experiencias permiten mantener conocimientos profesionales y vínculos con la actividad submarina mientras se estudian las futuras alternativas para reconstruir plenamente esa capacidad.

El mismo concepto de integración se aplica a la Flota de Mar. Martí Garro explica que las fragatas MEKO 360 y MEKO 140, los patrulleros oceánicos, los buques logísticos y los futuros medios no deben considerarse de manera aislada. Cada plataforma cumple una función específica dentro de un sistema mayor. Las fragatas aportan capacidad de combate de superficie; los patrulleros oceánicos permiten realizar tareas de vigilancia y control marítimo; las unidades logísticas sostienen las operaciones; y los submarinos proporcionan una capacidad estratégica difícil de reemplazar con otros medios.

A esta estructura se suman la Aviación Naval, la Infantería de Marina, la Fuerza de Submarinos y las Fuerzas de Operaciones Navales Especiales. El concepto de Poder Naval Integrado implica precisamente que todos estos elementos actúen de manera coordinada. La eficacia militar de una marina no depende exclusivamente del rendimiento individual de sus buques, sino de la capacidad del conjunto para funcionar como un sistema.

Dentro de esta concepción, la logística adquiere una importancia fundamental. Martí Garro destaca particularmente el papel del ARA Patagonia, cuya capacidad de reabastecer combustible, víveres y otros insumos en el mar permite prolongar significativamente la permanencia de las unidades de superficie lejos de sus bases. Aunque los buques logísticos suelen recibir menos atención pública que las unidades de combate, son esenciales para desarrollar operaciones navales sostenidas. Sin apoyo logístico, incluso los buques de guerra más modernos ven severamente limitado su alcance operativo.

Otro aspecto central de la entrevista es el sostenimiento de los medios a lo largo de toda su vida útil. Un buque puede permanecer en servicio durante treinta o cuarenta años, por lo que su incorporación representa apenas el comienzo de un proceso mucho más extenso. Mantenerlo operativo exige repuestos, infraestructura, personal técnico, conocimientos especializados y capacidad industrial. Para la Armada resulta particularmente importante conservar el conocimiento necesario para realizar tareas de mantenimiento hasta los niveles más complejos, reduciendo la dependencia externa y asegurando la disponibilidad de los sistemas.

La modernización tampoco se limita a los buques de superficie y submarinos. La Aviación Naval ocupa un lugar importante dentro de la estrategia de recuperación de capacidades. El texto menciona la incorporación de cuatro aeronaves P-3C Orion, la futura entrega de aeronaves B-360 y la adquisición de helicópteros Leonardo AW109. Estos medios deben integrarse con las unidades navales y con los nuevos sistemas tecnológicos para mejorar la vigilancia, exploración, reconocimiento y apoyo a las operaciones marítimas.

Martí Garro también destaca el creciente papel de los sistemas no tripulados. Las marinas modernas emplean cada vez más drones, sensores avanzados, sistemas automatizados y plataformas de información para ampliar su conocimiento del entorno marítimo. La Armada Argentina busca incorporar progresivamente estas tecnologías, no como sustitutos absolutos de los medios tradicionales, sino como herramientas complementarias capaces de aumentar su eficacia.

En este contexto, la inteligencia artificial, la automatización y los sistemas de comando y control también forman parte de la evolución que la fuerza observa con atención. Sin embargo, Martí Garro sostiene que la incorporación tecnológica debe responder siempre a necesidades operativas concretas. No se trata de adoptar tecnología simplemente por su novedad, sino de garantizar que cada nuevo sistema pueda integrarse adecuadamente con las capacidades existentes.

Una de las ideas que atraviesa toda la entrevista es la necesidad de planificar más allá de una administración o una gestión particular. Reconstruir una capacidad naval demanda muchos años. La incorporación de una plataforma, la formación de sus tripulaciones, la creación de doctrina, el desarrollo de infraestructura y la consolidación de una cadena logística son procesos que necesariamente atraviesan diferentes períodos políticos e institucionales.

Por esa razón, la Armada considera imprescindible sostener una planificación de largo plazo. Las capacidades estratégicas no pueden improvisarse cuando surge una crisis; deben desarrollarse previamente y mantenerse de manera permanente. La continuidad es, por lo tanto, uno de los factores decisivos para que un proceso de modernización pueda alcanzar resultados duraderos.

Esta misma lógica explica las inversiones y proyectos relacionados con el Arsenal Naval Puerto Belgrano y la recuperación de infraestructura crítica. La modernización de instalaciones, la mejora de los procesos de mantenimiento y la capacidad de reparar buques de mayor porte forman parte de la misma estrategia que la renovación de la Flota. No son proyectos independientes, sino componentes de un sistema destinado a recuperar autonomía y disponibilidad operacional.

En definitiva, la entrevista presenta una concepción integral de la modernización de la Armada Argentina. La prioridad no consiste únicamente en adquirir nuevas fragatas, submarinos, aeronaves o patrulleros, sino en reconstruir las capacidades necesarias para utilizarlos eficazmente durante décadas. Infraestructura, logística, industria naval, capacitación, mantenimiento, tecnología, doctrina y recursos humanos deben evolucionar conjuntamente.

Para Martí Garro, esa integración constituye la verdadera base de un poder naval capaz de afrontar los desafíos del Atlántico Sur. La incorporación de nuevos medios puede ser el aspecto más visible del proceso, pero la fortaleza de la Armada dependerá finalmente de su capacidad para mantenerlos disponibles, operar de manera conjunta y sostenerlos a lo largo del tiempo.



jueves, 17 de septiembre de 2026

Argentina: Gobierno busca financiamiento para comprar 2xFFG y 3xSSK por 3,5 mil millones USD

🇦🇷 | Fragatas y submarinos para la Armada Argentina 🇦🇷




El Proyecto de Ley de Presupuesto 2027 contempla partidas destinadas a recuperar capacidades perdidas y fortalecer la proyección estratégica de la Armada Argentina en el Atlántico Sur.



El proyecto contempla una autorización para acceder a financiamiento de hasta US$1.200 millones destinado a la adquisición de dos fragatas multimisión, y otra autorización para acceder a hasta US$2.300 millones de financiamiento destinado a la adquisición de tres submarinos convencionales de última generación.



Ahora, el proyecto deberá ser debatido y aprobado por ambas Cámaras del Congreso de la Nación para poder convertirse en ley.



De concretarse, estas adquisiciones contribuirían enormemente a revertir décadas de desinversión militar y a recuperar capacidades de disuasión, vigilancia y control efectivo de los espacios marítimos soberanos del país.





Opciones


Alemania
TKMS
3 x 209NG
2 x Meko A200

Francia-Brasil
3 x Scorpene Evo
2 x FDI (?) / FREMM

Corea del Sur ¿?




jueves, 10 de septiembre de 2026

Indonesia: La política naval de la modernización y retiro de activos

En lo que respecta al equipo de defensa obsoleto de las Fuerzas Armadas de Indonesia, la modernización debe ir seguida de una estrategia de retiro


Seis fragatas de la clase Ahmad Yani, dos unidades han sido reemplazadas por Sigma 105, dos unidades por PPA y dos unidades por Arrowhead 140 (foto: TNI AL).

YAKARTA, KOMPAS.com - La retirada del KRI Ki Hajar Dewantara-364 demuestra que modernizar el sistema principal de armas (alutsista) de Indonesia no se trata solo de incorporar una nueva flota. 

Al mismo tiempo, el gobierno también debe determinar cuándo ya no merece la pena mantener el equipo de defensa antiguo y cómo finalizar su vida útil. 

La Comisión I de la Cámara de Representantes aprobó el plan del Ministerio de Defensa (Kemenhan) para subastar el antiguo KRI Ki Hajar Dewantara-364 en una reunión de trabajo conjunta con el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Finanzas (Kemenkeu), el Comandante del TNI y el Jefe del Estado Mayor de la Armada de Indonesia (KSAL), el jueves (27/8/2026).

El buque, construido en 1980, se consideró que ya no cumplía los requisitos para llevar a cabo las tareas principales de la Armada de Indonesia.

Corbetas de la clase Fatahillah: 2 de los 3 buques han sido sometidos a una modernización de media vida (foto: TNI AL). 

Su antigüedad también ha superado su vida útil económica y técnica.

El viceministro de Defensa (Wamenhan), Donny Ermawan Taufanto, afirmó que mantener el barco en funcionamiento lo convertiría en material inservible, ya que no ofrece ninguna ventaja operativa.

"Si el activo deja de tener beneficios operativos, se convertirá en un bien inactivo y podría generar costos de almacenamiento y mantenimiento sin proporcionar beneficios comparables", dijo Donny durante una reunión con la Comisión I de la Cámara de Representantes. 

La aprobación de la subasta se otorgó después de que el DPR recibiera la Carta Presidencial (Sorpresa) Número R-33/President/07/2026, de fecha 14 de julio de 2026. 

Se han encargado cuatro lanchas rápidas lanzamisiles de la clase Mandau a Turquía (foto: Armada de Indonesia).
 
Reflexionando sobre el caso del KRI Ki Hajar Dewantara, que estaba envejeciendo y luego fue subastado, ¿cuáles son los problemas con la gestión del equipo de defensa de Indonesia hasta el momento?

¿Cuándo se dice exactamente que un sistema de defensa es "viejo" y está listo para ser retirado?

Se considera que la edad de 30 años es el punto de partida para la evaluación. 
Dwi Sasongko, observador de defensa y cofundador de Indonesia Strategic and Defense Studies (ISDS), afirmó que la vida útil del equipo de defensa, especialmente de los buques de guerra, está influenciada por dos factores principales: la calidad del mantenimiento y los avances tecnológicos. 

Un buque bien mantenido puede tener una vida útil más prolongada. Sin embargo, las capacidades físicas de un buque no son el único indicador de su navegabilidad.

Dieciséis corbetas antisubmarinas de la clase Parchim están a la espera de una decisión sobre su reemplazo (foto: Armada de Indonesia).

"La cuestión no es solo si el barco aún puede navegar, sino también para qué misiones sigue siendo apto", declaró Dwi a Kompas.com el sábado 29 de agosto de 2026. 

En las Operaciones Militares de Guerra (OMP, por sus siglas en inglés), por ejemplo, se exige que los buques cuenten con capacidades acordes con los avances en la tecnología bélica moderna. 

Un factor importante es el sistema de mando, control, comunicaciones, informática, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (C4ISR).

Un barco aún puede ser capaz de navegar, pero si sus sistemas electrónicos, sensores, comunicaciones y capacidades de integración de datos están obsoletos, su eficacia al operar en un grupo de trabajo también disminuirá. 

Catorce buques de la clase FPB 57 han sido reemplazados gradualmente por buques KCR-60 (foto: TNI AL).

Dwi afirmó que, en general, unos 30 años podrían ser el punto de referencia para la vida útil óptima de un buque de guerra. 

"En general, se pueden utilizar 30 años como referencia para la vida útil óptima de un buque de guerra", afirmó.

"A partir de esa edad, los barcos aún pueden operar, pero sus capacidades y eficacia generalmente disminuyen gradualmente, dependiendo del estado del barco, el nivel de mantenimiento y la modernización llevada a cabo", continuó.

Algunos de los buques de la Armada de Indonesia tienen más de 30 años. 
El problema es que el estado actual del equipamiento de defensa del TNI todavía se caracteriza por una serie de activos muy antiguos. 

14 unidades del buque de desembarco de tanques clase Frosch, tipo mediano, sin reemplazo aún (foto: TNI AL)

Según Dwi, una investigación del ISDS reveló que alrededor del 60 por ciento de los buques de la Armada de Indonesia tenían más de 30 años. 

"En promedio, el equipo de defensa de las Fuerzas Armadas Nacionales de Indonesia es antiguo. Las investigaciones de ISDS han revelado que la edad promedio de los buques de la Armada de Indonesia supera los 60 años", explicó Dwi. 

De hecho, según él, la Armada de Indonesia todavía opera el KRI Teluk Amboina, que tiene alrededor de 65 años.

En otras ramas de las fuerzas armadas también se dan situaciones similares. El ejército indonesio, por ejemplo, todavía utiliza el cañón de montaña M-48 de 76 milímetros, fabricado en Yugoslavia en 1948. 

Doce grandes buques LST de fabricación estadounidense y seis buques LST de fabricación surcoreana han sido reemplazados gradualmente por buques LST de 117 metros y buques LPD (foto: Poros Nusantara). 
 
"La realidad es que muchos buques de la Armada de Indonesia están envejeciendo. Por lo tanto, el gobierno debe analizar este problema de manera más integral", dijo Dwi. 

Según él, si el coste de mantener un sistema de defensa es demasiado elevado en comparación con las capacidades que proporciona, el gobierno debe empezar a considerar opciones de retirada o sustitución.

Asimismo, cuando las condiciones técnicas ya no cumplen con las normas de seguridad o las tareas principales. 

Retirada de equipos de defensa mediante un proceso de varias etapas 
La decisión de retirar el equipo de defensa no es responsabilidad exclusiva de una sola institución.

Se han completado 3 buques cisterna, pero el buque cisterna pequeño no se ha continuado y no hay reemplazo para el buque cisterna de la flota (foto: Lakhtikov Dmitiy).

Dwi explicó que el proceso comienza con el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas correspondientes. Posteriormente, la propuesta se presenta al Comandante del TNI. 

El comandante del TNI remite entonces la solicitud al Ministerio de Defensa para su posterior tramitación. 

El Ministerio de Defensa se coordina con el Ministerio de Finanzas, que administra los activos del Estado. Posteriormente, el documento se remite al Presidente. 

Posteriormente, el gobierno y el comandante del TNI mantuvieron conversaciones con la Comisión I de la DPR para obtener la aprobación del proceso de transferencia o eliminación de activos.

Nueve dragaminas de la clase Kondor II han sido reemplazados por dos unidades procedentes de Alemania (foto: Antara).

Mediante este mecanismo, el equipo de defensa que ya no está en condiciones operativas no puede desecharse ni venderse de inmediato. 

Existe un proceso administrativo que debe seguirse para garantizar que se pueda dar cuenta del estado de los activos estatales. 

KRI Ki Hajar Dewantara es un ejemplo de cómo funciona este proceso. 

Tras considerarse que ya no satisfacía las necesidades operativas y que había superado su vida útil económica y técnica, el gobierno propuso su transferencia mediante un mecanismo de subasta hasta que finalmente obtuvo la aprobación de la Comisión I de la Cámara de Representantes. 

El Cuerpo de Marines ha ido adquiriendo gradualmente vehículos blindados LVT-7, BMP-3F, BTR50 y PT-76, pero la cantidad aún no es suficiente (foto: Antara).
 
No tiene por qué acabar como chatarra. 
Los equipos de defensa que se retiran del servicio no siempre tienen que acabar convertidos en chatarra. 

En el caso de ciertos bienes que poseen valor histórico, el gobierno puede conservarlos como parte de un museo, monumento o centro educativo. 

Los equipos de defensa que aún conservan cierto valor de uso también pueden reconvertirse para fines no operativos tras someterse a un proceso de desmilitarización y cambiar su estatus. 

Esta opción abre la posibilidad de que los activos que ya no son aptos para uso bélico aún puedan proporcionar beneficios. 

Ocho unidades de la serie de transporte marítimo y patrulla NC-212 ya se han incorporado parcialmente a la serie CN-235 (foto: Puspenerbal).

Sin embargo, para los activos que ya no tienen valor operativo o histórico, la subasta puede ser una opción.

Dwi consideró que la decisión del gobierno de subastar el antiguo KRI Ki Hajar Dewantara fue un gran avance, ya que el inmueble, que ya no se utilizaba, aún podía aportar valor económico al país. 

"Hasta ahora, el equipo de defensa en desuso a menudo se desmantelaba o se utilizaba como blanco en ejercicios de entrenamiento. Con un mecanismo de venta o subasta, los activos en desuso aún conservan valor económico y pueden generar ingresos para el Estado", afirmó. 

No esperes hasta que seas muy mayor. 
Para Dwi, la cuestión principal no es solo cómo resolver el problema del equipo de defensa retirado, sino cómo el gobierno puede anticipar este período de retiro con suficiente antelación.

KRI Cakra 401 ha recibido un pedido de dos submarinos Scorpene LIB, pero debido al largo plazo de entrega, se necesita un submarino provisional (foto: Antara).

Los equipos de defensa que se acercan al final de su vida útil deben evaluarse periódicamente. 

La evaluación incluye las condiciones técnicas, la vida útil restante, las capacidades operativas, las necesidades de modernización y los costes de mantenimiento. 

A partir de esta evaluación, el gobierno puede determinar si vale la pena mantener, modernizar, prolongar la vida útil o empezar a preparar un sistema de defensa para su retirada. 

"La estrategia debe comenzar con un mantenimiento disciplinado y una planificación temprana", dijo Dwi.

Corbeta de entrenamiento KRI Ki Hajar Dewantara 364, tenga en cuenta que como buque escuela tiene 2 puentes (foto: TNI AL).

Según él, también hay que controlar el presupuesto de mantenimiento para asegurar que se utilice realmente de acuerdo con el propósito previsto. 

"Los presupuestos de mantenimiento también deben protegerse para garantizar que se utilicen para el fin previsto y que no sean mal utilizados por particulares, ya que repercuten directamente en la seguridad de los soldados y en la preparación para la defensa", afirmó. 

Ni siquiera los equipos de defensa más antiguos deberían verse obligados a operar más allá de sus capacidades técnicas. 

Porque mantener el equipo de defensa simplemente para aumentar el número de efectivos puede, de hecho, aumentar el riesgo de accidentes y daños.

domingo, 30 de agosto de 2026

ARA: Entrevista al Almirante Juan Carlos Romay sobre el estado de la fuerza

“No podemos pensar la Armada sin submarinos”: entrevista exclusiva con el jefe de la Armada, almirante Romay

En un país con enormes dimensiones marítimas y un lugar estratégico para el mundo, en una entrevista exclusiva con DEF, el jefe de la Armada, el almirante Romay, habló sin rodeos sobre las capacidades de la Fuerza, las que dejó de tener, las que necesita recuperar y las que están sobre la mesa

“Es un honor y un privilegio ejercer la más alta responsabilidad en una institución bicentenaria, como la Armada Argentina, tan rica en historia y tradiciones. Es una tarea que exige responsabilidad y continuo compromiso, porque no hay que defraudar al personal que uno conduce”, confesó Romay (Fotos: Fernando Calzada)

En una entrevista exclusiva con DEF, el almirante Juan Carlos Romay, jefe de la Armada Argentina, habló sobre los desafíos de una Fuerza que lleva nueve años sin submarinos operativos: el estado de los buques, la situación del personal y la urgencia de recuperar capacidades. También se refirió a los Super Étendard, la Base Aeronaval Punta Indio, al proyecto de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y al rol estratégico de la Armada en el Atlántico Sur.

“Es un honor y un privilegio ejercer la más alta responsabilidad en una institución bicentenaria, como la Armada Argentina, tan rica en historia y tradiciones. Es una tarea que exige responsabilidad y continuo compromiso, porque no hay que defraudar al personal que uno conduce”, confesó, no sin antes contar que, desde chico, soñaba con navegar y conocer otros lugares. Ese interés lo llevó, a los 12 años, a ingresar al Liceo Naval “Almirante Brown” y, en 1984, a la Escuela Naval. “Me encantaba mirar el mar e imaginarme navegándolo”, recuerda. Para el almirante, el espíritu aventurero sigue siendo parte de la esencia de la Fuerza y destaca especialmente el vínculo que se construye a bordo: “Un buque es una pequeña comunidad flotante” donde cada integrante, “desde el comandante hasta el panadero”, cumple una tarea imprescindible y “el lazo del trabajo en equipo se vuelve muy fuerte”.

Además, y antes de meterse de lleno en el presente de la Armada, reflexionó sobre dos episodios que marcaron la identidad de la Fuerza: la guerra de Malvinas y el hundimiento del submarino ARA “San Juan”. Según contó, en 1982, siendo cadete, recuerda la emoción por la recuperación de las islas y, tras la derrota, el cambio de escenario: “No fuimos a Rosario y tuvimos que jurar la bandera en el patio cubierto del Liceo”. Sobre el submarino, admite: “Todavía es una herida que está presente”. A lo largo de su carrera, tomó contacto con algunos familiares de los 44 tripulantes y recuerda especialmente a la madre de Alejandro Tagliapietra: “Me pidió visitar el cenotafio de la Escuela Naval porque es el único lugar donde podía dejarle una flor a su hijo”.

En una entrevista exclusiva con DEF, el almirante Juan Carlos Romay, habló sobre los desafíos de una Fuerza que lleva nueve años sin submarinos operativos

Inversión y conciencia marítima para construir el futuro

-¿Considera que falta conciencia marítima?

-Subsanar eso es algo que me propuse cuando asumí. El primero de los objetivos. Aún falta esa conciencia. Por eso estamos llevando adelante acciones para despertarla y sumar conocimiento sobre nuestra historia naval como, por ejemplo, la reciente recreación del Bicentenario del Combate de los Pozos y de Quilmes.

Trabajamos continuamente en la difusión del significado del espacio marítimo argentino.

-¿Está la Armada preparada para defender esos espacios?

-Sí. Lo más importante de la organización es el recurso humano. El personal de la Armada está muy capacitado y tanto oficiales como suboficiales son muy profesionales. A lo largo de su carrera, se formaron y tuvieron instancias de actualización.

Probablemente, no tengamos los medios en la cantidad y con la actualización tecnológica que quisiéramos. Como todas las Fuerzas, sufrimos décadas de desinversión y es muy difícil poder recuperar algunos medios.

-¿Cómo vivió usted ese período de desinversión?

-Siendo oficial, lo primero que perdimos fue el portaaviones y, con ello, la capacidad de aviación embarcada. Me recibí y, al poco tiempo, dejamos de tener este sistema. Luego, perdimos el buque de desembarco para la Infantería de Marina. Años más tarde, se sumó otra pérdida, lo que en las Armadas del mundo se denomina la capacidad de minado y antiminado (que ahora está en boga con lo que sucede en el estrecho de Ormuz). Obviamente, la Armada hizo un esfuerzo para tratar de comprar buques nuevos de ese tipo.

Para el almirante, el espíritu aventurero sigue siendo parte de la esencia de la Fuerza y destaca especialmente el vínculo que se construye a bordo

La cuestión es que pasa el tiempo y, con ello, el conocimiento del personal. Y eso es lo que me preocupa particularmente con respecto a la fuerza de submarinos.

“El submarino sigue siendo el arma estratégica por excelencia”

-¿En qué estado se encuentra la fuerza de submarinos?

-Este año vamos a cumplir nueve años sin un submarino operativo, por eso manifiesto la necesidad de contar con estas unidades. En este momento, dependemos de la buena voluntad y de los vínculos de hermandad que tenemos con Perú, que nos permiten que, una vez que nuestros efectivos cursan en la Escuela de Submarinos para convertirse en submarinistas, puedan tener una práctica profesional: los egresados se trasladan allá durante aproximadamente 20 días para realizar las prácticas. Cabe destacar que, durante el ejercicio fraterno, nuestros submarinistas tuvieron la posibilidad de navegar en el nuevo submarino brasileño Humaitá.

En este momento, contamos con el submarino ARA “Salta”, que no está operativo, pero que usamos para que puedan conocer el sistema, porque a bordo, la cuestión de válvulas o los sistemas de planos varían de acuerdo con las profundidades. Es una actividad riesgosa, por eso buscamos lograr que el submarinista pueda recorrer el buque con los ojos cerrados.

-¿Por qué es importante para Argentina tener un submarino?

-Por la inmensidad y el lugar que tenemos en el Atlántico Sur. No podemos pensar la Armada sin submarinos. Nuestro mar, hasta la Zona Económica Exclusiva, tiene una superficie de 2.678.000 kilómetros cuadrados (prácticamente, la misma que la continental argentina). Asimismo, debe considerarse la extensión de la plataforma, tras el estudio realizado por la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA). Recordemos que, en relación con el derecho internacional del mar, la plataforma submarina, de acuerdo con su composición y características geológicas, puede extenderse hasta lo que se denomina el talud continental, alcanzando determinadas distancias que permiten ampliar la extensión de la plataforma. Esto genera una proyección marítima de particular interés para nuestro país. También son de nuestro interés las aguas que circundan la península Antártica. Naturalmente, se trata de espacios que presentan una situación jurídica particular, pero constituyen áreas de especial relevancia porque nosotros tenemos presencia en el Continente Blanco.

"Este año vamos a cumplir nueve años sin un submarino operativo, por eso manifiesto la necesidad de contar con estas unidades", destacó Romay

-¿Qué lugar ocupan los sistemas no tripulados?

-Estamos trabajando. Afortunadamente, vivimos en una región de paz y no tenemos conflictos armados. Pero la doctrina y las tácticas se van actualizando. En este momento, muchos ven la guerra de Ucrania, donde se emplean drones, así que se están actualizando las tácticas en todo el mundo.

Tuve la oportunidad de participar, como invitado, en un foro de jefes de las Armadas europeas. La experiencia que ellos tienen es que, en los lugares que nosotros denominamos aguas confinadas (espacios más cerrados y reducidos), los drones son efectivos. En zonas de aguas abiertas, todavía se requieren medios convencionales.

El Atlántico Sur, un tablero estratégico

-Quizá no tenemos conflictos armados, pero estratégicamente estamos cerca de pasos como el estrecho de Magallanes o el canal de Panamá…

-El Atlántico Sur es un lugar estratégico porque, en esta región, tenemos los principales pasos bioceánicos para conectar el Atlántico con el Pacífico, ya sea a través del estrecho de Magallanes, que pertenece a Chile, o, por el extremo sur, el cabo de Hornos. A su vez, el avance tecnológico permite que obtener recursos del océano sea más viable para determinadas empresas o países, como está pasando con la explotación de petróleo al norte de Malvinas. Entonces, para nosotros, es importante contar con una buena vigilancia y control de todos nuestros espacios marítimos y poder de disuasión.

A nivel internacional, estamos viendo una competencia geopolítica en la que los Estados más poderosos buscan asegurar su predominio en determinadas regiones. Esa competencia también se extiende al ámbito marítimo. Lo que está ocurriendo en Medio Oriente, por ejemplo, alrededor de los estrechos y rutas marítimas estratégicas, demuestra la importancia que revisten estos pasos para el comercio y para la seguridad internacional.

-¿La Armada está solo enfocada en el control y vigilancia de la milla 200 o es mucho más que eso?

-Esa es una tarea subsidiaria. Por supuesto que lo hacemos porque es parte de la protección de nuestros recursos. Pero la función de la Armada es la defensa del país, que empieza mucho más allá de la costa: es estar a varias millas de distancia y tener presencia.

“Los medios que usa la Armada son los más costosos”

-¿Cómo describe el presente de la Armada?

-Hay un punto de inflexión. Afortunadamente, este gobierno se propuso recuperar las capacidades de las Fuerzas Armadas. Miramos con optimismo hacia delante. A propósito, quisiera recalcar la necesidad de que existan políticas de Estado que trasciendan las distintas gestiones de gobierno. Porque, sobre las capacidades que perdimos, por más que una gestión tenga la mejor voluntad, no se puede recuperar todo en poco tiempo.

"El Atlántico Sur es un lugar estratégico porque, en esta región, tenemos los principales pasos bioceánicos para conectar el Atlántico con el Pacífico, ya sea a través del estrecho de Magallanes, que pertenece a Chile, o, por el extremo sur, el cabo de Hornos", dijo el Jefe de la Armada

Lamentablemente, los medios que usa la Armada son los más costosos. Lo importante es verlo como una inversión para la defensa del país y no como un gasto.

-¿Cuál es el estado actual de los buques de la Armada?

-Lo primero que debe tener una Armada son barcos. Pero no es algo fácil de adquirir. En última instancia, la decisión es política y se toma en el más alto nivel. Lo mismo ocurrirá con la posible adquisición de submarinos. Insisto, estos últimos son mi prioridad porque, si siguen pasando los años, también vamos a perder el conocimiento del personal.

Nosotros valoramos que se hayan recuperado capacidades para la aviación naval, como los P3-Orion para la vigilancia marítima, helicópteros o patrulleros. Con respecto a los buques, no nos queda mucho tiempo más. Pero, con el esfuerzo y el profesionalismo del personal, todavía navegan. Eso enorgullece.

-¿Por ejemplo?

-Recientemente, el más antiguo de nuestros destructores tuvo una novedad en la línea de eje y en la hélice. Lo ingresaron al dique y vieron el problema. Coincidió con un viaje que hice para conocer al personal y transmitirle los trabajos en materia salarial y obra social. Así que visité el Arsenal y conocí a un agente civil, de más de 30 años de antigüedad, que me mostró la hélice desarmada y cómo la estaban arreglando. Lo hicieron y estaban orgullosos porque el buque pudo navegar rumbo a Perú para un ejercicio.

El costo de servir: salarios, sacrificio y vida lejos de casa

-¿Cuáles son las principales deudas pendientes? ¿Consideran los temas salariales y la crisis de la obra social?

-Ese es uno de los objetivos que nos propusimos con el ministro de Defensa, teniente general Carlos Alberto Presti. En mi gestión, tengo que cumplir con la misión, pero siempre preocupándome por el bienestar de nuestro personal. Hay buenas expectativas.

Con el ministro Presti, hablamos todos los días sobre estos temas. Es un momento difícil, a veces es duro no tener una respuesta para el marinero o el cabo.

-Ahora el personal cobra un suplemento por título, ¿eso impactó positivamente?

-Este suplemento por título es una vieja aspiración de las Fuerzas Armadas, porque ya lo percibían las de Seguridad hace varios años y en la administración pública también se paga. Para nosotros, es un paso adelante. Por supuesto, todavía tenemos que seguir buscando mejorar salarialmente para que la retribución sea acorde a la tarea y responsabilidad que las Fuerzas llevan adelante. De nosotros, dependen el personal y los medios costosos. Además, en las Fuerzas Armadas, las guardias, por ejemplo, no se pagan extra. Entonces, todo el patrimonio, incluidos edificios y armamento, es protegido por los hombres y mujeres que cumplen con las guardias. Eso es parte del servicio.

"Lo primero que debe tener una Armada son barcos. Pero no es algo fácil de adquirir", remarcó Romay

Punta Indio, Espora y el futuro de la Aviación Naval

-¿Qué sucede con Punta Indio?

-Empezamos un trabajo para analizar la organización de la Armada. En estos 40 años, vivimos una disminución presupuestaria y de medios; eso afectó la infraestructura que, en el caso de las FF. AA., suele tener más de 100 años. Entonces, se fue deteriorando. Otra cuestión: también se redujo la cantidad de personal. Por eso, cuando analizamos la cuestión orgánica, debimos ajustar internamente varias cosas. El año pasado, el Consejo Aeronaval, que incluye a los oficiales superiores más antiguos de la aviación, concluyó que se debían establecer prioridades. Entonces, se determinó que podíamos reducir las actividades en Punta Indio y concentrar todo en la Base Comandante Espora.

Esto no se basa ni en una orden del gobierno ni del ministro Presti. Además, la mudanza se va a planificar. Lo más realizable en el corto plazo es llevar la Escuela de Aviación y a las aeronaves de la Escuadrilla de Vigilancia Marítima (a Espora), que son los B-200. Por otro lado, lo más importante que debe tener una base aeronaval es la pista principal y, en Punta Indio, está muy degradada.

-¿Cuál es el tema con los Super Étendard?

-Hacía años que los de Malvinas no volaban. Luego, se sumaron los que se compraron en el marco del G-20. Estos, por distintas circunstancias, nunca pudieron ponerse en servicio. Y, cuanto más pasa el tiempo, más difícil es poder activarlos. Se vencieron algunas certificaciones, no se pudieron obtener repuestos.

Se está evaluando su reemplazo, pero considerando que son varias las capacidades a recuperar, en este momento, las prioridades son otras: submarinos y barcos.

Una Armada que busca recuperar capacidades y ampliar su presencia

-En la Armada, ¿sobran efectivos o faltan medios?

-En realidad, nos faltan efectivos. La Armada tiene un despliegue territorial importante, con sus bases y medios.

Aunque, cuanto más modernos son los medios, se puede tener menos gente. El personal que tenemos en este momento es el que permite que la Fuerza pueda funcionar y, a veces, no alcanza.

-¿Cuál es el futuro de la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego?

-Es un proyecto que la Armada tiene desde 1983. El año pasado, como director de Educación de la Fuerza, cerré un seminario en la UNDEF e insistí en que la iniciativa tiene más de 40 años, y la Armada –y el país– está perdiendo oportunidades y presencia. En el presente, la mayoría de los buques de diferentes países que hacen sus proyectos antárticos, van hacia Punta Arenas, en Chile, donde tienen más servicios. Si los buques pudieran hacer su logística en Tierra del Fuego, se quedarían allí. Es estratégico.

-¿Cómo viven el aumento de ejercicios bilaterales, principalmente con países como Estados Unidos?

-Es altamente positivo, sobre todo para los que estamos en la Armada. Nosotros tenemos siempre una mirada de conexión internacional. Es una manera de jugar en primera, bajo los estándares de las principales marinas del mundo.

-La Armada tiene bajo su órbita la formación de los marinos mercantes, ¿cuál es el motivo?

-La formación se da a través de la Escuela Nacional de Náutica. Por ley, esta misión recae en la Armada. Cabe destacar que, tradicionalmente, está establecido que la Marina Mercante es una reserva de las marinas de guerra. Por eso, en muchos países son las Armadas las que tienen la misión de formar a la Marina Mercante.

"Nosotros valoramos que se hayan recuperado capacidades para la aviación naval, como los P3-Orion para la vigilancia marítima, helicópteros o patrulleros", explicó el Jefe de la Armada (Fotos: Fernando Calzada)

“Uno suelta amarras y es feliz”

-¿Qué es lo que más le gusta de esta carrera?

-A mí me gusta navegar; eso se extraña. Ser comandante tiene algo particular. Se habla de la soledad del comando, de que el comandante mantiene cierta distancia con el resto de la tripulación. Por ejemplo, cuenta con su propio comedor y sus espacios. Eso le permite tener la perspectiva necesaria para reflexionar y tomar decisiones. Es parte de la tradición de la Armada.

Es una vida muy sacrificada, pero cuando a uno le gusta y abrazó esta profesión porque la ama, suelta amarras y es feliz.

-¿Qué mensaje les daría a los más jóvenes de la Armada que hoy atraviesan dificultades y dudan si continuar en la Fuerza?

-Que perseveren y tengan confianza. La Armada siempre te brinda la posibilidad de realizarte tanto profesional como personalmente. Por eso, deben pensar que la Fuerza, como nosotros decimos, es una gran familia naval.

Que confíen en que las autoridades, junto con el Ministerio de Defensa y el Gobierno, estamos llevando adelante todas las gestiones y haciendo el máximo esfuerzo para que la situación mejore.