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lunes, 6 de abril de 2026

Paraguay: La Armada Argentina visita Asunción

Armada Paraguaya invita a vivir “una experiencia naval” a bordo de buques de Argentina

Tres emblemáticos buques de la Armada Argentina atracarán en el Puerto de Asunción y la gente se podrá subir a los barcos. Esto se podrá realizar este domingo.

Última Hora


 
El buque Multipropósito Ara Ciudad de Rosario atracará en el Puerto de Asunción.
Foto: Armada Argentina.

“Subite a bordo y viví la experiencia naval”, señala la invitación de la Armada Paraguaya en la que informa sobre la presencia de los buques argentinos en el Puerto de Asunción

La ciudadanía podrá subirse a los navíos este domingo entre las 13:00 y 17:00, con entrada libre y gratuita.



“Tenés la oportunidad única de conocer tres emblemáticos buques de la Armada Argentina en el Puerto de Asunción”, agregan en su publicación en las redes sociales.




Uno de los buques es el Multipropósito Ciudad de Rosario que fue botado el 4 de abril de 1964 en el United States Coast Guard Yard, en Curtis Bay (EEUU) y comisionado a la Guardia Costera de los Estados Unidos de Norteamérica (USCG) bajo el nombre de USCG Red Wood.

En junio de 1999, el Red Wood, luego de 34 años, fue retirado del servicio en la USCG y posteriormente transferido a la Armada Argentina. En el vecino país está operativo desde el año 2000.

El segundo navío es la Lancha Patrullera ARA Río Santiago que fue construida en el astillero Curtis Bay (Maryland, EEUU) en el año 1971 cuando cumplió servicios como guardacostas. Fue adquirida por la Armada Argentina para participar en tareas de patrullaje agosto de 2000.

Sus tareas principales son el control y vigilancia de los espacios fluviales en jurisdicción del Área Naval Fluvial, donde realiza actividades de apoyo a la comunidad, salvamento y transporte de personal.

La tercera embarcación es la Lancha Patrullera ARA Punta Mogotes que fue construida en el astillero de United States Coast Guard Yard, Curtis Bay (EEUU). Presta servicios en la Armada Argentina desde el 13 de julio de 1999.

Entre sus tareas principales cuentan el apoyo a operativos con submarinos; funciona como plataforma para operaciones de buceo de salvamento; operaciones con Buzos Tácticos; operaciones de búsqueda y rescate en el mar, apoyo a buques pesqueros de la zona y seguridad y escolta a actividades deportivas náuticas.


domingo, 5 de abril de 2026

Argentina: Sin un portaaviones, ¿no sirve desarrollar al COAN?

¿Sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?

Esteban McLaren




Es una de esas ideas que suenan razonables hasta que se las mira con criterio militar. Argentina no tiene hoy, ni parece probable que tenga en el corto o mediano plazo, un portaaviones operativo. De ahí, algunos saltan a una conclusión apresurada: si no hay cubierta, no hace falta aviación naval. Pero esa lectura confunde plataforma con función, instrumento con doctrina, y nostalgia con necesidad estratégica. La aviación naval no existe para justificar un portaaviones; existe para darle profundidad al poder naval. Su razón de ser no es despegar desde el mar, sino pelear por el mar.

Eso cambia por completo la discusión. El COAN no debería medirse por la ausencia de un casco tipo CATOBAR o STOBAR, sino por una pregunta mucho más dura y mucho más seria: ¿puede la Armada Argentina vigilar, proteger, disputar y, llegado el caso, negar el espacio marítimo sin un componente aéreo propio, doctrinalmente naval, entrenado para pensar como marina y no como una prolongación administrativa de otra fuerza? La respuesta, si se mira el mapa y no la nostalgia, es bastante clara: no.

La Argentina no tiene un problema costero; tiene un problema marítimo. Tiene una ZEE inmensa, un Atlántico Sur crecientemente sensible, una cuestión Malvinas abierta, una proyección antártica inevitable y una geografía austral que empuja a pensar en distancias, meteorología, dispersión, logística y permanencia. En ese tablero, una aviación naval basada en tierra no es un remiendo: es una forma perfectamente racional de ejercer poder naval con los medios disponibles. De hecho, para un país sin portaaviones y con restricciones presupuestarias crónicas, probablemente sea la única forma seria de sostener una aviación naval útil.

La clave es entender que el COAN no se define por desde dónde despega, sino para quién combate y bajo qué lógica operacional lo hace. Un avión puede salir de una base en Tierra del Fuego y seguir siendo un medio naval si su misión es explorar el mar, alimentar a la flota con información, cazar submarinos, designar blancos para armas de superficie, proteger una agrupación naval, vigilar la ZEE o ejecutar un ataque antibuque. Lo naval no está en el pavimento o en la catapulta. Lo naval está en la misión, en la doctrina y en la cadena de mando intelectual que une al sensor, al vector y al objetivo en el espacio marítimo.

Visto así, la existencia de un COAN terrestre no es una anomalía sino una necesidad. La flota de superficie, por sí sola, ve poco y tarde. Un buque es una pieza valiosa, pero también lenta en cobertura, limitada por el horizonte radar y vulnerable si actúa sin información. La aviación naval extiende ese horizonte, acelera la detección, multiplica la presencia y comprime el tiempo entre encontrar y actuar. En el mar, donde el primero que detecta suele ser el primero que impone condiciones, eso vale tanto como el tonelaje.

El escenario más evidente para la Argentina es la protección y vigilancia de la ZEE. Ahí la discusión no es romántica sino brutalmente concreta. La guerra contemporánea en el mar no empieza siempre con misiles; muchas veces empieza con pesca ilegal, con nodrizas, con buques que apagan identificadores, con inteligencia encubierta, con plataformas de investigación de doble uso o con simples operaciones de presencia persistente. En esa zona gris, una patrulla marítima sin dientes sirve para mirar; una aviación naval integrada sirve para mirar, seguir, clasificar, coordinar, intimidar y, si escalara la situación, golpear. El salto entre una cosa y la otra es la diferencia entre un Estado que observa cómo le ordeñan el mar y un Estado que realmente lo controla.

Para eso hacen falta los MPA tradicionales, sí, pero no alcanza con ellos. También hacen falta helicópteros embarcados, enlaces de datos, drones marítimos, guerra electrónica y, si se quiere hablar en serio de negación del mar, una aviación de ataque aeronaval. No como lujo de exhibición ni como emulación en pequeño de una fuerza aérea completa, sino como herramienta específica para el combate naval. Un cazabombardero del COAN no tendría que pensarse como “otro caza más” del sistema de defensa argentino, sino como una batería naval de largo alcance con alas: un vector especializado en exploración armada, ataque antibuque, apoyo a operaciones anfibias limitadas, cobertura de corredores marítimos y castigo sobre objetivos costeros ligados a una campaña naval.

Malvinas vuelve ese razonamiento todavía más claro. Si la Argentina imaginara un escenario de crisis o de conflicto limitado en torno a las islas, no tendría sentido fantasear con reconstruir una capacidad de control aeronaval de alta mar comparable a la de una gran potencia. Lo razonable sería diseñar una arquitectura de negación del mar. Es decir: una fuerza capaz de volver incierta, costosa y peligrosa la presencia de una agrupación naval enemiga en el teatro. Y esa arquitectura no se construye solo con barcos ni solo con aviones. Se construye con bases dispersas, endurecimiento, reabastecimiento en vuelo, radares, sensores pasivos, patrulla marítima, inteligencia, submarinos, drones, señuelos, enlaces y una aviación naval de ataque que entienda la lógica del blanco marítimo. En otras palabras: una kill chain naval argentina, continental, austera pero letal.

La enseñanza de 1982 sigue vigente justamente por eso. No como mito para la épica fácil, sino como demostración técnica de algo que muchos olvidan: la aviación naval basada en tierra puede tener efectos estratégicos reales sobre el mar. Cuando el COAN atacó desde el continente, mostró que la ausencia de portaaviones no equivale a impotencia. Equivale, sí, a restricciones; pero también obliga a una virtud muy argentina cuando se la hace bien: la combinación de audacia, alcance, precisión y doctrina.

Hay además un horizonte que hoy parece lejano, pero que cualquier planeamiento serio debe empezar a mirar: la Antártida de la segunda mitad del siglo XXI. No porque el tratado “caiga” automáticamente, que no es así, sino porque la combinación de presión sobre recursos, cambios tecnológicos, competencia logística y presencia sostenida puede transformar el continente blanco en un espacio mucho más friccionado de lo que fue hasta ahora. Y si ese futuro llega, no será una cuestión de grandes flotas de batalla desfilando entre hielos. Será una cuestión de quién tiene mejor cadena logística, mejor movilidad aérea, mejor capacidad SAR, mejor enlace entre bases, mejor protección de accesos y mayor habilidad para sostener nodos avanzados bajo clima hostil.

En ese escenario, la aviación naval terrestre sería central. No tanto para “conquistar” la Antártida en un sentido decimonónico, sino para hacer lo que en el siglo XXI vale más que una bandera aislada: conectar, abastecer, evacuar, patrullar, vigilar, proteger y sostener presencia. Entre Ushuaia, Tierra del Fuego, las bases antárticas y los corredores marítimos australes, el COAN podría transformarse en el sistema nervioso aéreo de una estrategia antártica argentina más robusta. Y ahí el valor combinado de aeronaves de patrulla, transporte táctico, helicópteros navales, medios no tripulados e Infantería de Marina especializada se vuelve enorme. La colonización futura, si alguna vez adopta formas más competitivas, probablemente no se parezca a una carrera por plantar mástiles, sino a una competencia por infraestructura, permanencia y control funcional del espacio.

Incluso en hipótesis más remotas, como un deterioro severo del entorno regional con Chile o Brasil, una aviación naval propia seguiría teniendo sentido. No porque hoy deban verse como enemigos, sino porque las fuerzas armadas no se diseñan sobre simpatías coyunturales sino sobre capacidades, geografías y potenciales de fricción. Chile plantea una lógica de canales, islas, archipiélagos, litoral austral complejo y operaciones en clima extremo. Brasil plantea la lógica contraria: masa, profundidad oceánica, persistencia y proyección en el Atlántico Sur occidental. En ambos casos, la Armada argentina necesitaría un instrumento aéreo que piense la campaña desde el mar y no como apéndice de la maniobra terrestre o de la defensa aérea general.

Eso lleva a otra cuestión incómoda pero necesaria: la autonomía funcional de la IMARA y del COAN. En un sistema moderno, todo debe ser conjunto en la conducción. Pero conjunto no significa indiferenciado. La Armada necesita una Infantería de Marina y una aviación naval que conserven una personalidad operativa propia, porque su razón de ser no es repetir al Ejército ni a la Fuerza Aérea. Su razón de ser es resolver problemas específicamente navales. La IMARA, llevada al siglo XXI, no debería ser solo una infantería “con uniforme distinto”, sino una fuerza anfibia-litoral más autónoma, capaz de proteger bases navales, defender instalaciones críticas, operar en islas, ejecutar raids, usar drones, integrar fuegos costeros y, en un horizonte más ambicioso, aportar incluso baterías antibuque móviles. El COAN, del mismo modo, no tendría que justificarse como sustituto parcial de la FAA, sino como componente aeronaval con cultura propia, aunque eso implique cierto solapamiento de funciones.

Y ese solapamiento no tendría que escandalizar a nadie. Las fuerzas eficaces aceptan redundancias útiles cuando responden a necesidades operativas distintas. Un helicóptero antisubmarino embarcado no duplica un helicóptero terrestre; cumple otra función, en otro medio y con otra lógica táctica. Una escuadrilla de ataque antibuque naval no es simplemente “más aviones”; es una capacidad especializada para matar buques, sobrevivir en el entorno marítimo y operar integrada a la flota. El error argentino durante décadas fue creer que toda superposición debía eliminarse por prolijidad burocrática. El combate enseña otra cosa: a veces la duplicación inteligente es resiliencia.

Si hubiera que elegir un modelo de referencia para pensar una aviación naval basada en tierra, probablemente el mejor espejo no sea una marina obsesionada con portaaviones, sino Japón. La Fuerza Marítima de Autodefensa japonesa ofrece quizá el ejemplo más sólido de aviación naval terrestre como instrumento de un Estado marítimo serio. Su centro de gravedad está en la vigilancia, la patrulla marítima, la guerra antisubmarina, la integración con la flota y la persistencia operativa. No es una fuerza hecha para posar junto a un gran símbolo; es una fuerza hecha para controlar espacios marítimos, seguir contactos, construir conocimiento táctico continuo y convertir ese conocimiento en ventaja naval. Para la Argentina, que no puede copiar escalas pero sí doctrinas, ése es el espejo correcto.

Por eso, la pregunta “¿sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?” está mal formulada desde el principio. La pregunta correcta es otra: ¿puede la Argentina renunciar a una aviación naval propia y seguir siendo una potencia marítima con ambición de defender su ZEE, sostener su reclamo en Malvinas, proyectarse hacia la Antártida y conservar una Armada capaz de pensar como tal? La respuesta es no. Sin COAN, la flota pierde ojos. Sin aviación naval de ataque, pierde alcance ofensivo. Sin IMARA fuerte, pierde músculo litoral. Y sin esas tres cosas, el poder naval argentino corre el riesgo de convertirse en una presencia administrativa sobre el agua, pero no en una herramienta de poder.

Un país continental puede resignarse a vivir de espaldas al mar. La Argentina, si quiere seguir llamándose atlántica, austral y antártica, no debería hacerlo. El portaaviones podrá no volver. La necesidad de una aviación naval, en cambio, sigue ahí, intacta. Tal vez más urgente que nunca.


viernes, 27 de marzo de 2026

ARA San Juan: Nunca debió salir a navegar según una pericia

Una auditoría interna de la Armada de 2016 advirtió que el ARA San Juan tenía fuertes deficiencias técnicas

En marzo del 2017, el comandante del ARA San Juan había pedido entrar a dique seco; cuando zarpó por última vez, la unidad llevaba más de 40 meses sin inspección, excediendo en más del doble el tiempo máximo permitido por las reglamentaciones de seguridad


Mariela Arias || La Nación
Corresponsal en Santa Cruz


El capitán de navío destituido Claudio Javier Villamide, junto a su abogado Juan Pablo Viglieron, durante una audiencia del Juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, Horacio Córdoba

EL CALAFATE.- Un informe de la Auditoría de la Inspección General de la Armada del 20 de diciembre de 2016 sobre el Comando de la Fuerza de Submarinos, COFS, había advertido casi un año antes de la tragedia que el submarino ARA San Juan presentaba deficiencias técnicas que comprometían la seguridad del material y del personal. Del informe fueron notificados formalmente la cúpula de la Armada y el ministerio de Defensa.

La auditoría, que se encontraba bajo secreto militar, fue uno de los documentos centrales que se analizaron este miércoles en la séptima audiencia del juicio oral por el hundimiento del ARA San Juan y la trágica muerte de sus 44 tripulantes, que instruye el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos.

La audiencia puso el foco en las auditorías y procedimientos administrativos que giraron en torno al buque en el último año antes de la tragedia. También, se difundió una nota dirigida al comandante de la fuerza de submarinos, Claudio Villamide, con fecha del 27 de marzo de 2017, en la cual el comandante del ARA San Juan solicitaba las limitantes del buque y la necesidad que el mismo ingrese a dique seco.

Entre las conclusiones más relevantes de la auditoría que lleva la firma del contraalmirante (R.E.) Guillermo Luis Lezana, quien se desempeñó como Inspector General de la Armada, dictaminó que las fallas encontradas en el equipamiento operativo del ARA San Juan dificultaban su capacidad para cumplir con los planes navales en vigor, advirtió formalmente que el submarino no cumplía con los mantenimientos programados en dique seco con la periodicidad establecida, señalando que para febrero de 2017 la unidad cumpliría tres años sin inspección.


Conclusiones de la auditoría interna de la Armada sobre el Comando de Submarinos realizada en diciembre del 2016.-Captura zoom

La auditoría señaló que, al no tener la certificación de sus escotillas, el submarino estaba imposibilitado de realizar entrenamientos de escape y rescate con otras fuerzas. Lezana quien prestó declaración testimonial en la causa y figuraba como testigo propuesto por el Ministerio Público Fiscal, no compareció este miércoles a declarar por encontrarse atravesando un problema de salud, según informó el Tribunal. “Creemos que es oportuno que el testimonio sea incorporado por lectura y se posponga su declaración para el momento oportuno”, propuso el fiscal Gastón Pruzán, y fue acompañado por las defensas.

En las declaraciones que constan en el auto de procesamiento, quedó acreditado que la cúpula de la Armada y el Ministerio de Defensa fueron notificados formalmente de que el submarino presentaba deficiencias técnicas.


Conclusiones de la Auditoría de la Armada sobre el Comando de Submarinos.Captura zoom

Sobre el derrotero de la Auditoría en cuestión, se refirió el testigo de fiscalía, Eduardo Pérez Bacchi, -hoy retirado de la fuerza- quien asumió como Inspector General de la Armada el 27 de diciembre de 2016 y aportó declaraciones fundamentales sobre el proceso de seguimiento de la auditoría realizada al ARA San Juan y el estado de sus fallas durante el año 2017.

Este martes, Pérez Bacchi detalló el itinerario administrativo del informe de auditoría, aprobado originalmente en enero de 2017, para que las unidades corrigieran sus fallas: fue remitido al Comando de Adiestramiento y Alistamiento, se enviaron observaciones a la Dirección General del Material de la Armada, una copia del informe fue girado al Ministerio de Defensa y en abril al Comando de la Fuerza de Submarinos.

El 1 de julio del 2017, según Bacchi, vencía el plazo para que los organismos observados informaran sus avances. Señaló que la primera remisión de julio fue un poco confusa por lo que pidió telefónicamente una reformulación que recién llegó de manera clara el 11 de agosto de 2017.

El testimonio de Pérez Bacchi fue crucial durante la instrucción para demostrar que la cúpula naval sabía que el submarino operaba con “fallas de seguridad no subsanadas” y que el proceso de reparación se encontraba demorado o con informes poco claros durante la mayor parte del año 2017.

El auditor también se refirió durante la audiencia que el 25 de noviembre de 2017, cuando habían pasado diez días de la última comunicación del ARA San Juan, por orden del Jefe del Estado Mayor General de la Armada Argentina, almirante Marcelo Srur, efectuó una auditoría en la Base Naval Mar del Plata para verificar la existencia, vigencia y grado de actualización de la documentación que sustente el nivel de alistamiento y las actividades operativas del submarino, se dio mientras aún estaba vigente la búsqueda del buque.

En este punto, el abogado Juan Pablo Vigliero, defensor de Villamide, pidió que su defendido amplíe la declaración indagatoria para responder los informes de auditoría presentados este miércoles en el juicio y darle el derecho a defensa.

“Villamide quiere explicar, defender sobre lo que ustedes han expuesto en pantalla”, afirmó Vigliero y se excusó de hacerle preguntas al auditor sobre el que dijo que presentaba “inexactitudes, sobre las cuales no podría conjugar una línea de interrogatorio” y recordó: “Srur le metió una auditoría cuando Villamide estaba embarcado buscando el submarino”. El Tribunal debe definir cuándo se tomará la ampliación de declaratoria.

El pedido del comandante Pedro Martín Fernández

Durante la audiencia también se reprodujo la nota N° 02/17 “S” SUSJ 3FY, de fecha 27 de marzo de 2017, a través de la cual, el comandante del ARA San Juan, Pedro Martín Fernández, detalló una serie de fallas críticas que limitaban el desempeño operativo de la unidad, tras cumplirse 37 meses desde que el buque fuera puesto a flote después de su reparación de “media vida” y solicitaba el ingreso a dique seco.

En la nota, el marino destacó el estado de los periscopios, el periscopio de observación estaba “fuera de servicio” por el deterioro de sus actuadores hidráulicos, y el de ataque presentaba “cojinetes desalineados”, lo que obligaba a limitar su uso para evitar daños mayores. Fernández advirtió que, si ambos fallaban, el buque quedaría “no operativo”.


Nota interna del comandante del ARA San Juan solicitando el ingreso a dique seco, de fecha 27 de marzo del 2017.Captura zoom

También se refirió a la restricción de profundidad en la operatividad hasta un máximo de 100 metros que tenía el submarino debido a una “pinchadura previa en una tubería” a 85 metros de profundidad, y recuerda que restaba realizar la “prueba hidráulica a 62,5 bares” del sistema de refrigeración principal.

El comandante también recordó que se reportó un “fuerte ruido” cada vez que se ordenaba parar máquinas, lo que provocaba una “gran indiscreción” (facilidad de ser detectado) y requería chequear el sistema de transmisión de potencia, por todo lo cual indicaba que eran señales que realizar tareas de carenado. Fernández recordó que, según la normativa para el uso de máquinas navales (NOCEM), estos trabajos deben hacerse cada “24 meses”, y según el plan para submarinos TR1700, cada “18 meses”, plazos que ya estaban ampliamente vencidos.

A pesar de la urgencia del planteo del comandante, la solicitud fue postergada sistemáticamente por las instancias superiores. En abril de 2017, el Consejo Asesor del Arma Submarina, basándose en el pedido de Fernández, recomendó tramitar la “imperiosa entrada a dique”, pero la programó para el primer semestre del año 2018. Según se mostró, el comandante de la Fuerza de Submarinos, Claudio Villamide, incluyó la solicitud para esa fecha.

Cuando el submarino zarpó en su última misión en octubre de 2017, la entrada a dique seguía pendiente. Para ese entonces, la unidad llevaba más de 40 meses sin entrar a dique seco, excediendo en más del doble el tiempo máximo permitido por las reglamentaciones de seguridad de la propia Armada.


El contralmirante retirado Luis Enrique López Mazzeo, durante el Juicio oral por el hundimiento del submarino ARA San Juan, ocurrido en noviembre de 2017, Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Río Gallegos, Santa Cruz.- horacio cordoba

En la jornada de este miércoles también declararon en calidad de testigos el contraalmirante Gerardo Lestingi, quien se desempeñó como Director General del Material de la Armada (DGMN), el contraalmirante Ángel Cucoresse, jefe de la Jefatura de Mantenimiento y Arsenales de la Armada, -un organismo técnico con sede en la Base Naval de Puerto Belgrano- y Carlos Guillermo Torrissi, jefe de logística de la Fuerza de Submarinos en 2016.

En la sala junto a sus defensas particulares siguen el juicio de manera presencial dos de los cuatro exoficiales superiores de la Armada Argentina imputados: el contralmirante retirado Luis Enrique López Mazzeo y el capitán de navío destituido Claudio Javier Villamide. En tanto que de modo remoto siguen las audiencias el capitán de navío retirado Héctor Aníbal Alonso y el capitán de fragata retirado Hugo Miguel Correa.
Por Mariela Arias

domingo, 22 de marzo de 2026

Armada Argentina: El D-24 ARA Storni

Destructor D-24 ARA Storni





El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.


Escudo de armas del destructor Clase "Fletcher" modernizado a nivel SCB-74A, Clase "Almirante Brown" en Armada Argentina, D-24 ARA "Almirante Storni".

Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 



Piezas de artillería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-23 ARA "Almirante Domecq García", buque gemelo del ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un Granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima. 




Dos marinos posan delante de las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-24 ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



El destructor DD-547 USS "Cowell" de la US Navy que como advertimos ya reacondicionado bajo el proyecto SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s,
Este buque de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, fue luego el D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, conformando la Clase "Brown" con otros 4 buques del mismo tipo, y conformando la 2ª Fivisión junto al D-22 ARA "Rosales" y D-23 ARA "Almirante Domecq García" hacia el final de ciclo de los "Fletcher" con la Armada Argentina. De 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann") que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Destructor D-24 ARA "Almirante Storni" fotografiado desde el periscopio de un submarino argentino durante un ejercicio naval en los años 70s. El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Lancha de salvamento y abordaje del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" de la Armada Argentina. Esta embarcación iba a ser empleada para abordar al buque infractor británico RRS "Shackleton" el 4 de febrero de 1976, al ser inteceptado por el destructor argentino a 125,5 kms. al sur de Cabo Pembroke, en las costas de las Islas Malvinas, pero el navío británico decidió fugar rumbo a Port Stanley y el destructor argentino, que en ningún momento su comandante tuvo la intención de dañar o hundir al navío incursor, se conformó con efectuar unos disparos de advertencia y escoltarlo, más que perseguirlo, hasta unos 11 kms. del acceso al puerto colonial inglés en territorio usurpado a la Argentina. 



El Capitán de Fragata Ramón Arosa era el comandante del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" durante el incidente con el buque de investigación científica RRS "Shackleton" británico, el 4 de febrero de 1976. Aquí lo vemos en una foto de la década del '80, durante la Presidencia del masón izquierdista de la Internacional Socialista Raúl Ricardo Alfonsín (quien comenzó una vendetta política e ideológica contra las Fuerzas Armadas y dió inicio al unilateral desarme de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y desarticulación del aparato de Defensa y Seguridad), ya luciendo el grado de Vicealmirante y ejerciendo el cargo de Comandante en Jefe de la Armada Argentina.

domingo, 1 de marzo de 2026

Tomando mate con Grok: Opciones navales para la ARA

Charlando con la IA sobre temas navales de la ARA







En febrero de 2026, la Armada Argentina (ARA) está enfocada en adquirir fragatas (FFG) usadas de segunda mano con buena vida operativa restante (idealmente 15–25+ años por delante tras modernización), para reemplazar principalmente los destructores inactivos Tipo 42 (ARA Hércules y ARA Santísima Trinidad) y el MEKO 360 dado de baja (ARA Heroína). No hay destructores (DDG) propiamente dichos de alta gama disponibles en el mercado de usados realistas para la ARA en este momento.Las opciones más concretas y discutidas públicamente (basadas en negociaciones activas, ofertas y disponibilidad 2025–2026) son europeas, ya que EE.UU. no ofrece destructores ni fragatas AAW de primer nivel de segunda mano a la región (solo LCS o patrulleros, como mencioné antes).Aquí las principales candidatas disponibles o en negociación, con estimación de vida útil restante (asumiendo modernización adecuada):




¿Cuáles tienen más chances reales en 2026?


  • Iver Huitfeldt → La más avanzada en conversaciones (desde julio 2025, mencionada por funcionarios como Battaleme y Almirante Allievi). Buques relativamente modernos con radar APAR y SM-2 (alcance ~160 km), ideales para recuperar defensa aérea área perdida con los Tipo 42.
  • Fridtjof Nansen → Interés creciente por su ASW polar y diseño stealth; Noruega las libera pronto.
  • Maestrale → Opción "barata y rápida" si el presupuesto es muy ajustado, pero con menor vida útil y capacidades limitadas sin gran inversión.

Destructores puros (DDG con Aegis o similar) no están disponibles usados para Argentina: ni Arleigh Burke, ni Hobart, ni Álvaro de Bazán, etc. La alternativa interna es modernizar los MEKO 360 restantes con Aselsan (Turquía), pero eso no suma unidades nuevas.La decisión final depende de presupuesto (restricciones fuertes), financiamiento (posible FMS o créditos europeos), transferencia tecnológica y geopolítica (acercamiento OTAN vs. otras opciones). Las prioridades declaradas son: 
  1. submarinos, 
  2. estas 2 fragatas multipropósito, 
  3. modernización MEKO.


Corea del Sur se ha posicionado como un exportador naval competitivo en los últimos años, con empresas como HD Hyundai Heavy Industries (HHI) y Hanwha Ocean liderando la producción de fragatas (FFG) y destructores (DDG) nuevos. Sus diseños son modernos, incorporan tecnologías stealth, sistemas integrados de combate (como KVLS para misiles) y son compatibles con estándares OTAN, lo que los hace atractivos para clientes como Argentina, que busca modernizar su flota con énfasis en defensa aérea, antisubmarina (ASW) y multipropósito en el Atlántico Sur. No hay negociaciones públicas específicas con la Armada Argentina (ARA) en 2026, pero Corea del Sur ha expandido ventas a Latinoamérica (ej. Perú con 4 buques en 2024) y ofrece paquetes con transferencia tecnológica, financiamiento flexible y construcción local parcial, similar a lo que han hecho con Filipinas y Tailandia.

Opciones clave de fragatas y destructores nuevos surcoreanos

Estos diseños se basan en clases domésticas como FFX (Incheon/Daegu/Chungnam) para fragatas y KDX para destructores, adaptados para exportación. Precios varían por configuración, pero son más accesibles que equivalentes estadounidenses o europeos (ej. una fragata de ~3,200 tons cuesta alrededor de US$ 300-400 millones por unidad, con paquetes para múltiples buques bajando costos).
thedefensepost.com Para Argentina, con restricciones presupuestarias, podrían incluir offsets industriales (construcción en astilleros locales como ARS o CINAR) y integración con sistemas existentes (ej. MEKO).


Ventajas para Argentina: Corea enfatiza "One Team" para exportaciones, dividiendo superficie (HHI) y subs (Hanwha), con MOUs para integrar armamento occidental.
hub-and-spokes.com +1 Hanwha incluso ofrece construir en EE.UU. (Philadelphia), pero para LatAm priorizan transferencia tech para impulsar industria local. Desventajas: Dependencia de componentes coreanos iniciales y posibles tensiones geopolíticas si Argentina busca neutralidad.


Posibilidad de asociación en el programa de submarino nuclear surcoreano

Corea del Sur avanzó significativamente en su programa K-SSN (nuclear-powered attack submarine) tras la aprobación de Trump en octubre 2025, durante la cumbre APEC en Gyeongju. El plan involucra construcción inicial en astilleros Hanwha en Filadelfia (EE.UU.), usando tecnología US para reactores y evitando proliferación bajo el NPT (Corea es NNWS, como Argentina y Brasil). Basado en KSS-III (diesel, con AIP), pero con propulsión nuclear (posible SMR coreano o Virginia-class Block IV adaptado).

¿Podría Argentina asociarse similar a Brasil con Francia (SN-BR, transferencia tech para reactor nuclear en submarino convencional)? Teóricamente sí, pero con barreras significativas:
  • Precedentes y modelo: Brasil se asoció con Naval Group (Francia) para Scorpène nuclear, con transferencia de know-how pero sin fuel nuclear directo (Brasil enriquece su propio uranio bajo safeguards IAEA). Corea podría ofrecer algo similar: co-desarrollo de un SSN basado en KSS-III, con construcción parcial en Argentina (ej. ARS), entrenamiento y tech transfer. Pero el programa coreano es nuevo (primer SSN esperado ~2030s), dependiente de US (123 Agreement para fuel), y enfocado en amenazas norcoreanas/chinas, no exportación inmediata.
  • Viabilidad: Alta en teoría por similitudes (ambos NNWS, firmantes NPT; Argentina tiene experiencia nuclear civil vía INVAP). Podría involucrar un "LatAm AUKUS-like" con safeguards IAEA para verificación no-proliferación. Costos: US$ 2-4B por unidad, más infraestructura (bases, training). Argentina ya explora subs convencionales (ej. Scorpène o TKMS), pero un SSN daría endurance ilimitada para patrulla Antártida/Malvinas.
  • Barreras:
    • NPT/IAEA: Requiere acuerdos para fuel (no armas nucleares, solo propulsión); Argentina necesitaría negociar con IAEA, similar a Brasil/Australia. Podría generar tensiones regionales (ej. con Brasil, que ve SSNs como prestige).
    • Geopolítica: US debe aprobar (dado rol en K-SSN); Corea prioriza aliados Indo-Pacífico (posible US-ROK-Japón trilateral). Argentina's neutralidad y lazos con China/Rusia podrían complicar.
    • Realismo en 2026: Baja probabilidad a corto plazo; Corea no exporta SSNs aún, y Argentina enfrenta déficits fiscales. Más factible: Asociación en subs convencionales (KSS-III export, como a Polonia/Canadá).