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domingo, 5 de abril de 2026

Argentina: Sin un portaaviones, ¿no sirve desarrollar al COAN?

¿Sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?

Esteban McLaren




Es una de esas ideas que suenan razonables hasta que se las mira con criterio militar. Argentina no tiene hoy, ni parece probable que tenga en el corto o mediano plazo, un portaaviones operativo. De ahí, algunos saltan a una conclusión apresurada: si no hay cubierta, no hace falta aviación naval. Pero esa lectura confunde plataforma con función, instrumento con doctrina, y nostalgia con necesidad estratégica. La aviación naval no existe para justificar un portaaviones; existe para darle profundidad al poder naval. Su razón de ser no es despegar desde el mar, sino pelear por el mar.

Eso cambia por completo la discusión. El COAN no debería medirse por la ausencia de un casco tipo CATOBAR o STOBAR, sino por una pregunta mucho más dura y mucho más seria: ¿puede la Armada Argentina vigilar, proteger, disputar y, llegado el caso, negar el espacio marítimo sin un componente aéreo propio, doctrinalmente naval, entrenado para pensar como marina y no como una prolongación administrativa de otra fuerza? La respuesta, si se mira el mapa y no la nostalgia, es bastante clara: no.

La Argentina no tiene un problema costero; tiene un problema marítimo. Tiene una ZEE inmensa, un Atlántico Sur crecientemente sensible, una cuestión Malvinas abierta, una proyección antártica inevitable y una geografía austral que empuja a pensar en distancias, meteorología, dispersión, logística y permanencia. En ese tablero, una aviación naval basada en tierra no es un remiendo: es una forma perfectamente racional de ejercer poder naval con los medios disponibles. De hecho, para un país sin portaaviones y con restricciones presupuestarias crónicas, probablemente sea la única forma seria de sostener una aviación naval útil.

La clave es entender que el COAN no se define por desde dónde despega, sino para quién combate y bajo qué lógica operacional lo hace. Un avión puede salir de una base en Tierra del Fuego y seguir siendo un medio naval si su misión es explorar el mar, alimentar a la flota con información, cazar submarinos, designar blancos para armas de superficie, proteger una agrupación naval, vigilar la ZEE o ejecutar un ataque antibuque. Lo naval no está en el pavimento o en la catapulta. Lo naval está en la misión, en la doctrina y en la cadena de mando intelectual que une al sensor, al vector y al objetivo en el espacio marítimo.

Visto así, la existencia de un COAN terrestre no es una anomalía sino una necesidad. La flota de superficie, por sí sola, ve poco y tarde. Un buque es una pieza valiosa, pero también lenta en cobertura, limitada por el horizonte radar y vulnerable si actúa sin información. La aviación naval extiende ese horizonte, acelera la detección, multiplica la presencia y comprime el tiempo entre encontrar y actuar. En el mar, donde el primero que detecta suele ser el primero que impone condiciones, eso vale tanto como el tonelaje.

El escenario más evidente para la Argentina es la protección y vigilancia de la ZEE. Ahí la discusión no es romántica sino brutalmente concreta. La guerra contemporánea en el mar no empieza siempre con misiles; muchas veces empieza con pesca ilegal, con nodrizas, con buques que apagan identificadores, con inteligencia encubierta, con plataformas de investigación de doble uso o con simples operaciones de presencia persistente. En esa zona gris, una patrulla marítima sin dientes sirve para mirar; una aviación naval integrada sirve para mirar, seguir, clasificar, coordinar, intimidar y, si escalara la situación, golpear. El salto entre una cosa y la otra es la diferencia entre un Estado que observa cómo le ordeñan el mar y un Estado que realmente lo controla.

Para eso hacen falta los MPA tradicionales, sí, pero no alcanza con ellos. También hacen falta helicópteros embarcados, enlaces de datos, drones marítimos, guerra electrónica y, si se quiere hablar en serio de negación del mar, una aviación de ataque aeronaval. No como lujo de exhibición ni como emulación en pequeño de una fuerza aérea completa, sino como herramienta específica para el combate naval. Un cazabombardero del COAN no tendría que pensarse como “otro caza más” del sistema de defensa argentino, sino como una batería naval de largo alcance con alas: un vector especializado en exploración armada, ataque antibuque, apoyo a operaciones anfibias limitadas, cobertura de corredores marítimos y castigo sobre objetivos costeros ligados a una campaña naval.

Malvinas vuelve ese razonamiento todavía más claro. Si la Argentina imaginara un escenario de crisis o de conflicto limitado en torno a las islas, no tendría sentido fantasear con reconstruir una capacidad de control aeronaval de alta mar comparable a la de una gran potencia. Lo razonable sería diseñar una arquitectura de negación del mar. Es decir: una fuerza capaz de volver incierta, costosa y peligrosa la presencia de una agrupación naval enemiga en el teatro. Y esa arquitectura no se construye solo con barcos ni solo con aviones. Se construye con bases dispersas, endurecimiento, reabastecimiento en vuelo, radares, sensores pasivos, patrulla marítima, inteligencia, submarinos, drones, señuelos, enlaces y una aviación naval de ataque que entienda la lógica del blanco marítimo. En otras palabras: una kill chain naval argentina, continental, austera pero letal.

La enseñanza de 1982 sigue vigente justamente por eso. No como mito para la épica fácil, sino como demostración técnica de algo que muchos olvidan: la aviación naval basada en tierra puede tener efectos estratégicos reales sobre el mar. Cuando el COAN atacó desde el continente, mostró que la ausencia de portaaviones no equivale a impotencia. Equivale, sí, a restricciones; pero también obliga a una virtud muy argentina cuando se la hace bien: la combinación de audacia, alcance, precisión y doctrina.

Hay además un horizonte que hoy parece lejano, pero que cualquier planeamiento serio debe empezar a mirar: la Antártida de la segunda mitad del siglo XXI. No porque el tratado “caiga” automáticamente, que no es así, sino porque la combinación de presión sobre recursos, cambios tecnológicos, competencia logística y presencia sostenida puede transformar el continente blanco en un espacio mucho más friccionado de lo que fue hasta ahora. Y si ese futuro llega, no será una cuestión de grandes flotas de batalla desfilando entre hielos. Será una cuestión de quién tiene mejor cadena logística, mejor movilidad aérea, mejor capacidad SAR, mejor enlace entre bases, mejor protección de accesos y mayor habilidad para sostener nodos avanzados bajo clima hostil.

En ese escenario, la aviación naval terrestre sería central. No tanto para “conquistar” la Antártida en un sentido decimonónico, sino para hacer lo que en el siglo XXI vale más que una bandera aislada: conectar, abastecer, evacuar, patrullar, vigilar, proteger y sostener presencia. Entre Ushuaia, Tierra del Fuego, las bases antárticas y los corredores marítimos australes, el COAN podría transformarse en el sistema nervioso aéreo de una estrategia antártica argentina más robusta. Y ahí el valor combinado de aeronaves de patrulla, transporte táctico, helicópteros navales, medios no tripulados e Infantería de Marina especializada se vuelve enorme. La colonización futura, si alguna vez adopta formas más competitivas, probablemente no se parezca a una carrera por plantar mástiles, sino a una competencia por infraestructura, permanencia y control funcional del espacio.

Incluso en hipótesis más remotas, como un deterioro severo del entorno regional con Chile o Brasil, una aviación naval propia seguiría teniendo sentido. No porque hoy deban verse como enemigos, sino porque las fuerzas armadas no se diseñan sobre simpatías coyunturales sino sobre capacidades, geografías y potenciales de fricción. Chile plantea una lógica de canales, islas, archipiélagos, litoral austral complejo y operaciones en clima extremo. Brasil plantea la lógica contraria: masa, profundidad oceánica, persistencia y proyección en el Atlántico Sur occidental. En ambos casos, la Armada argentina necesitaría un instrumento aéreo que piense la campaña desde el mar y no como apéndice de la maniobra terrestre o de la defensa aérea general.

Eso lleva a otra cuestión incómoda pero necesaria: la autonomía funcional de la IMARA y del COAN. En un sistema moderno, todo debe ser conjunto en la conducción. Pero conjunto no significa indiferenciado. La Armada necesita una Infantería de Marina y una aviación naval que conserven una personalidad operativa propia, porque su razón de ser no es repetir al Ejército ni a la Fuerza Aérea. Su razón de ser es resolver problemas específicamente navales. La IMARA, llevada al siglo XXI, no debería ser solo una infantería “con uniforme distinto”, sino una fuerza anfibia-litoral más autónoma, capaz de proteger bases navales, defender instalaciones críticas, operar en islas, ejecutar raids, usar drones, integrar fuegos costeros y, en un horizonte más ambicioso, aportar incluso baterías antibuque móviles. El COAN, del mismo modo, no tendría que justificarse como sustituto parcial de la FAA, sino como componente aeronaval con cultura propia, aunque eso implique cierto solapamiento de funciones.

Y ese solapamiento no tendría que escandalizar a nadie. Las fuerzas eficaces aceptan redundancias útiles cuando responden a necesidades operativas distintas. Un helicóptero antisubmarino embarcado no duplica un helicóptero terrestre; cumple otra función, en otro medio y con otra lógica táctica. Una escuadrilla de ataque antibuque naval no es simplemente “más aviones”; es una capacidad especializada para matar buques, sobrevivir en el entorno marítimo y operar integrada a la flota. El error argentino durante décadas fue creer que toda superposición debía eliminarse por prolijidad burocrática. El combate enseña otra cosa: a veces la duplicación inteligente es resiliencia.

Si hubiera que elegir un modelo de referencia para pensar una aviación naval basada en tierra, probablemente el mejor espejo no sea una marina obsesionada con portaaviones, sino Japón. La Fuerza Marítima de Autodefensa japonesa ofrece quizá el ejemplo más sólido de aviación naval terrestre como instrumento de un Estado marítimo serio. Su centro de gravedad está en la vigilancia, la patrulla marítima, la guerra antisubmarina, la integración con la flota y la persistencia operativa. No es una fuerza hecha para posar junto a un gran símbolo; es una fuerza hecha para controlar espacios marítimos, seguir contactos, construir conocimiento táctico continuo y convertir ese conocimiento en ventaja naval. Para la Argentina, que no puede copiar escalas pero sí doctrinas, ése es el espejo correcto.

Por eso, la pregunta “¿sin portaaviones, no sirve de nada el COAN?” está mal formulada desde el principio. La pregunta correcta es otra: ¿puede la Argentina renunciar a una aviación naval propia y seguir siendo una potencia marítima con ambición de defender su ZEE, sostener su reclamo en Malvinas, proyectarse hacia la Antártida y conservar una Armada capaz de pensar como tal? La respuesta es no. Sin COAN, la flota pierde ojos. Sin aviación naval de ataque, pierde alcance ofensivo. Sin IMARA fuerte, pierde músculo litoral. Y sin esas tres cosas, el poder naval argentino corre el riesgo de convertirse en una presencia administrativa sobre el agua, pero no en una herramienta de poder.

Un país continental puede resignarse a vivir de espaldas al mar. La Argentina, si quiere seguir llamándose atlántica, austral y antártica, no debería hacerlo. El portaaviones podrá no volver. La necesidad de una aviación naval, en cambio, sigue ahí, intacta. Tal vez más urgente que nunca.


domingo, 22 de marzo de 2026

Armada Argentina: El D-24 ARA Storni

Destructor D-24 ARA Storni





El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.


Escudo de armas del destructor Clase "Fletcher" modernizado a nivel SCB-74A, Clase "Almirante Brown" en Armada Argentina, D-24 ARA "Almirante Storni".

Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 



Piezas de artillería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-23 ARA "Almirante Domecq García", buque gemelo del ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un Granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima. 




Dos marinos posan delante de las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm del destructor D-24 ARA "Almirante Storni". Estas piezas eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



El destructor DD-547 USS "Cowell" de la US Navy que como advertimos ya reacondicionado bajo el proyecto SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s,
Este buque de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, fue luego el D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, conformando la Clase "Brown" con otros 4 buques del mismo tipo, y conformando la 2ª Fivisión junto al D-22 ARA "Rosales" y D-23 ARA "Almirante Domecq García" hacia el final de ciclo de los "Fletcher" con la Armada Argentina. De 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban un granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.



La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann") que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Destructor D-24 ARA "Almirante Storni" fotografiado desde el periscopio de un submarino argentino durante un ejercicio naval en los años 70s. El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




El destructor D-24 ARA “Almirante Storni” (apodado "el Galgo"), de la 2ª División de Destructores de la Flota de Mar de la Armada Argentina, un ex-US Navy DD-547 USS "Cowell" de la Clase "Fletcher" botado en el astillero Bethlehem Steel Shipyard el 18 de mayo de 1943, modernizado a nivel SCB 74A (Ship Characteristics Board: Junta de Características del Buque) a finales de los años 50s, principio de los 60s, de 114,7 mts. de eslora, 11,9 mts. de manga y 4 mts. de calado que desplazaba 3.500 tns., y podía dar una velocidad máxima de 35 nudos gracias a sus 2 turbinas General Electric y 4 calderas Babock & Wilcox que entregaban una potencia de 600.000 HP, y una autonomía de 11.112 kms. a 15 nudos. y con un poderoso armamento de 4 montajes Mk-30 de 127/38 mm, 3 montajes dobles antiaéreos de 76,2 mm, tenía una dotación de unos 230 efectivos; transferido a la Armada Argentina donde el 10 de diciembre de 1971 recibió el pabellón nacional argentino, prestando servicio hasta el 21 de agosto de 1979, y siendo vendido para su desguace el 29 de diciembre de 1981, que se llevó a cabo en la localidad bonaerense de Campana en 1982.
Las piezas de artilería simples Mk-30 de 127/38 mm eran controladas mediante un director de tiro Mk-37 que incluía en origen un radar de control de fuego Mk-12 y un buscador de altura Mk-22 (reemplazado en las variantes de posguerra SCB 74A empleadas por Argentina, por el radar circular Mk-25) conectado por una computadora de control de fuego Mark-1A y estabilizado por un giroscopio Mk-6 de 8.500 rpm. Las piezas, que en los destructores Clase "Fletcher" montaban 5 torres, pero 4 tras la modernización SCB74A, con una elevación de +85°/-15° disparaban una granada de 127×680 mmR de 24 a 25 kgs. de peso, a un ritmo de 15 proyectiles por minuto con una velocidad en boca de 790 m/seg a un alcance máximo de 16.000 metros en tiro de superficie, y 11.300 metros en tiro antiaéreo pudiendo penetrar blindajes de cinturón hasta 127 mm a 3.700 mts. de distancia, o de cubierta de hasta 25 mm a 12.600 mts. La vida útil promedio del tubo cañón era de unos 4.600 disparos con carga máxima.
La 2ª División de Destructores estuvo conformada en un momento dado por los 5 destructores Clase "Fletcher" SCB74A que operaron en la Armada Argentina como Clase "Almirante Brown", en esencia los D-20 ARA "Almirante Brown" (ex-DD-532 USS "Heermann) que operó entre 1962-1979; D-21 ARA "Espora" (ex-DD-670 USS "Dortch") operativo entre 1962-1979; D-22 ARA "Rosales" (ex-DD-644 USS "Stembel") operativo entre 1962-1981; D-23 ARA "Almirante Domecq García" (ex-DD-630 USS "Braine") operativo entre 1971-1982, y D-24 ARA "Almirante Storni" (ex-DD 547 USS "Cowell"), operativo entre 1971-1979. Estas imponentes naves básicamente causaron baja para ser reemplazadas por las 6 corbetas de nueva generación Tipo MEKO-140A16 del plan naval elaborado por el Almirante Massera, el tipo de buque más avanzado en los años 70s y 80s, y que se construyeron en el astillero argentino AFNE, que aún hoy son parte del principal componente de la Flota de Mar de la Armada Argentina aunque al no recibir modernización alguna a lo largo de todos sus años de servicio, ni ser reemplazadas por buques más avanzados generacionalmente como parte del infame proceso de unilateral desarme y desarticulación de las Fuerzas Armadas y el aparato de Defensa argentino iniciado en 1983 y profundizado en 2003, hoy han perdido casi todo su poder de combate y se las convierte sin modernización alguna en simples patrulleros oceánicos en esta mutación de la Armada Argentina hacia una Guardia Nacional Naval o Cuerpo de Guardacostas que la está exterminando. 




Lancha de salvamento y abordaje del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" de la Armada Argentina. Esta embarcación iba a ser empleada para abordar al buque infractor británico RRS "Shackleton" el 4 de febrero de 1976, al ser inteceptado por el destructor argentino a 125,5 kms. al sur de Cabo Pembroke, en las costas de las Islas Malvinas, pero el navío británico decidió fugar rumbo a Port Stanley y el destructor argentino, que en ningún momento su comandante tuvo la intención de dañar o hundir al navío incursor, se conformó con efectuar unos disparos de advertencia y escoltarlo, más que perseguirlo, hasta unos 11 kms. del acceso al puerto colonial inglés en territorio usurpado a la Argentina. 



El Capitán de Fragata Ramón Arosa era el comandante del destructor D-24 ARA "Almirante Storni" durante el incidente con el buque de investigación científica RRS "Shackleton" británico, el 4 de febrero de 1976. Aquí lo vemos en una foto de la década del '80, durante la Presidencia del masón izquierdista de la Internacional Socialista Raúl Ricardo Alfonsín (quien comenzó una vendetta política e ideológica contra las Fuerzas Armadas y dió inicio al unilateral desarme de las Fuerzas Armadas y de Seguridad y desarticulación del aparato de Defensa y Seguridad), ya luciendo el grado de Vicealmirante y ejerciendo el cargo de Comandante en Jefe de la Armada Argentina.

viernes, 23 de enero de 2026

ARA: Presenta el mockup de su proyecto ARA USV

Proyecto ARA USV






Proyecto ARA USV, presentado por la Jefatura de Investigación y Desarrollo de la Armada.Un vehículo de superficie no tripulado de 3,4 m de eslora y 1,4 m de manga,con capacidad para transportar hasta 120 kg de carga útil y diseño modular para alojar diferentes sensores y cargas (cámaras, sonares superficiales, comunicaciones). El mismo está integrado con el autopiloto Kalman y enlaces de comunicaciones de alta velocidad para telemetría y video en tiempo real. 



Pensado para operar tanto en ambientes fluviales como en áreas costeras del Río de la Plata 
para ser capaz de desminado y guerra antisubmarina,actuar como plataforma ofensiva y defensiva de combate naval; contribuir a la vigilancia y control de los espacios marítimos y brindar apoyo logístico, ya que es capaz de transportar equipo y armamento a una zona de conflicto.




El Capitán de Fragata Aníbal Fonseca Atrio, de la Jefatura de Intereses Marítimos, brindó la exposición “Buques autónomos de superficie (MASS): desafíos normativos”, donde planteó la necesidad de comenzar a pensar en un diseño normativo que ampare estas nuevas tecnologías.




martes, 2 de diciembre de 2025

Argentina: Negocia financiamiento para 3 Scorpene Evolved

Argentina busca un préstamo con respaldo francés para adquirir tres submarinos clase Scorpène.


Noticias Navales


El plan argentino de comprar tres submarinos franceses Scorpène sigue estancado debido a la falta de financiación y garantías de préstamos de Francia.

En una entrevista con Infobae el 27 de noviembre de 2025, Laurent Mourre, director de Ventas para países estratégicos de Naval Group, confirmó que las negociaciones de Argentina para la adquisición de tres submarinos clase Scorpène siguen estancadas, ya que aún no se ha concretado un préstamo financiero con garantía francesa y no se puede formalizar ningún contrato hasta que se acuerden las condiciones de financiación con entidades crediticias familiarizadas con el perfil de riesgo de Argentina. El retraso afecta el deseo del gobierno argentino de reconstruir la fuerza submarina del país, que ha carecido de unidades operativas desde la pérdida del ARA San Juan en 2017.


La idea de Argentina es conservar las dimensiones generales y las características hidrodinámicas de la clase Riachuelo brasileña, incorporando baterías y sistemas de iones de litio del Scorpène Evolved, para lograr una mayor autonomía en inmersión, una carga más rápida y un mantenimiento más sencillo. (Fuente de la imagen: Armada de Brasil)

La decisión del presidente Javier Milei, en noviembre de 2025, de que su gobierno compraría submarinos a Francia impulsó al embajador argentino en París, Ian Sielecki, a solicitar urgentemente una reunión con el ministro de Defensa, Luis Petri, ya que el tema no figuraba inicialmente en la agenda política. Esta decisión se produjo tras una Carta de Intención no vinculante firmada en Francia en octubre de 2024 por el ministro de Defensa, Luis Petri, y el almirante Carlos Allievi para iniciar negociaciones formales para la adquisición de tres submarinos basados en el modelo brasileño Riachuelo. Ese programa brasileño, lanzado en 2008, abarca cuatro submarinos convencionales de la clase Scorpène y una unidad de propulsión nuclear. Los cuatro submarinos convencionales ya han sido entregados; el tercero, Tonelero, ha entrado en servicio y el cuarto se está botando desde el astillero naval de Itaguaí. Ezoic

Infobae señala que los precios de los Scorpène en contratos recientes suelen superar los 700 millones de dólares por unidad, lo que coincide con las estimaciones de unos 2.300 millones de dólares para tres embarcaciones, incluyendo el apoyo y los servicios asociados. Por su parte, Argentina ya ha incluido una solicitud de crédito plurianual de 2.310 millones de dólares bajo el epígrafe "Recuperación de la Capacidad Submarina" en su propuesta de presupuesto para 2025. Mourre se negó a proporcionar una cifra específica para la oferta argentina, argumentando que antes de un contrato y en un entorno competitivo, los precios son confidenciales y que el valor final dependerá en gran medida del nivel de modificación en comparación con un Scorpène estándar, ya que la ingeniería a medida puede generar aumentos significativos de costos o ser limitada.

Explicó que el principal obstáculo en esta etapa es financiero, ya que Argentina no puede pagar el monto total de inmediato y debe recurrir al crédito externo, mientras que el propio Grupo Naval no otorga préstamos soberanos. Según Mourre, los mecanismos de financiación de exportaciones son el mecanismo habitual en estos casos, con préstamos bancarios que a menudo están garantizados por el Estado francés, y las condiciones dependen de las tasas de interés, las garantías y los seguros. Enfatizó que el Estado francés puede desempeñar un papel relevante respaldando la financiación, pero que dichas garantías no son automáticas y conllevan condiciones tanto para el comprador como para los prestamistas. En la práctica, Naval Group suele trabajar con bancos que ya conoce, familiarizados con el país comprador y capaces de gestionar el riesgo asociado, lo que sería un factor importante para el pago inicial de aproximadamente el 15% por parte de Argentina, dada su historia económica reciente y su enfoque actual en el control del gasto público.

Por lo tanto, no se puede formalizar ningún contrato vinculante hasta que se obtenga un préstamo con respaldo estatal de Francia, requisito previo para iniciar la construcción del submarino en astilleros franceses. Los negociadores en Buenos Aires buscan condiciones de pago muy favorables, con una duración de seis o siete años, que los medios locales califican de inéditas si se obtienen. Las opciones industriales son otro eje central de la discusión, ya que Naval Group ha presentado a Argentina alternativas que incluyen la construcción local de submarinos o la importación de embarcaciones terminadas. Mourre destacó que existe una gran diferencia de costo según si la construcción se realiza en Argentina, Brasil, Francia u otro lugar, y identificó esta decisión como una decisión estratégica que definirá todo el programa. Afirmó que si Argentina quiere construir submarinos en el país, astilleros como Tandanor requerirían grandes inversiones para alcanzar los estándares de infraestructura necesarios para la construcción de submarinos.





Repitiendo en cierta medida la experiencia de Brasil, que creó el Complejo Naval de Itaguaí e invirtió fuertemente en instalaciones, capacitación de la fuerza laboral y cadenas de suministro locales para fabricar sus barcos de la clase Riachuelo.
Ezoic

Establecer un marco similar en Argentina, con la participación de Naval Group, la Armada y otras entidades públicas, requeriría un programa plurianual similar al PROSUB, con un plazo estimado de unos diez años desde la botadura hasta la entrega del primer submarino. La alternativa es construir los submarinos íntegramente en Francia, como se prevé actualmente para tres unidades Scorpène Evolved, y centrar la participación argentina en el mantenimiento, la capacitación y las posteriores revisiones de mitad de vida útil. En este segundo caso, Tandanor y otros actores locales recuperarían la competencia técnica al encargarse de las reparaciones de mitad de vida útil, mientras que las tripulaciones y el personal técnico se capacitarían utilizando simuladores y sistemas integrados de apoyo logístico suministrados por Naval Group. Este enfoque reduce la ambición industrial inicial, acorta los plazos y disminuye la inversión inicial en la modernización de los astilleros, pero el plan actual no parece incluir ninguna participación industrial brasileña.

La configuración prevista para Argentina se corresponde en líneas generales con la clase Riachuelo brasileña, una versión alargada del Scorpène, adaptada para misiones de largo alcance en el Atlántico Sur. Los submarinos de la clase Riachuelo miden aproximadamente 71,6 metros de eslora, 6,2 metros de manga y 5,8 metros de calado, y su desplazamiento sumergido es de aproximadamente 1.870 toneladas. Utilizan una unidad de propulsión diésel-eléctrica para permanecer desplegados durante aproximadamente 70 días durante las operaciones. Cada unidad lleva cuatro tubos lanzatorpedos de 533 mm y puede cargar hasta 18 torpedos pesados ​​F21 o una combinación de torpedos y misiles de crucero antibuque, como el SM 39 Exocet o el Harpoon, así como minas en lugar de algunos torpedos cuando sea necesario.

Para Argentina, la idea es conservar estas dimensiones generales y características hidrodinámicas, incorporando baterías de iones de litio y sistemas del Scorpène Evolved, para una mayor autonomía sumergida, una carga más rápida y un mantenimiento más sencillo. Naval Group indica que los submarinos Scorpène Evolved pueden alcanzar una autonomía submarina superior a 78 días, una autonomía cercana a las 8.000 millas náuticas y una disponibilidad anual en el mar de más de 240 días, cifras que se utilizan como referencia para los objetivos de rendimiento de los futuros submarinos argentinos. Naval Group complementa este enfoque con el suministro de simuladores de entrenamiento que permiten a las tripulaciones y al personal de apoyo entrenarse desde las primeras fases del programa y ensayar misiones y procedimientos de emergencia antes del despliegue operativo completo.



Al mismo tiempo, Argentina presenta la compra del submarino como parte de un esfuerzo más amplio para fortalecer el control marítimo en el Atlántico Sur, donde las flotas pesqueras extranjeras, la pesca ilegal y el control del Reino Unido en torno a la zona de las Malvinas generan tensiones recurrentes, lo que explica por qué el plan tiene prioridad política, pero aún espera un cierre financiero concreto. La decisión de Argentina se produjo tras el hundimiento del ARA San Juan en noviembre de 2017, evento que puso fin a la vida operativa de la clase TR-1700, provocó el retiro de la fuerza submarina del país del servicio activo y condujo a la suspensión y posterior cancelación de la modernización del ARA Santa Cruz. El ARA Salta, un submarino Tipo 209, ahora sirve únicamente como plataforma de entrenamiento; puede navegar en superficie, pero ya no ofrece plena capacidad operativa.

Para preservar sus habilidades, se han enviado tripulaciones argentinas a entrenarse en submarinos peruanos Tipo 209, en virtud de un acuerdo que busca evitar la pérdida total de experiencia. El almirante Allievi ha declarado que recuperar las capacidades submarinas es una prioridad y que se realizaron estudios técnicos, logísticos y financieros, pero la preferencia de Argentina aún debe plasmarse en un contrato detallado. En este contexto, Mourre enfatizó que la decisión política para adquisiciones de esta envergadura debe tomarse al más alto nivel, y que un entendimiento entre Javier Milei y Emmanuel Macron sobre las prioridades estratégicas y la financiación será decisivo para el futuro del programa. Las negociaciones de Argentina con Francia también se enmarcan en un mercado global de submarinos que ha crecido rápidamente, ya que muchos estados buscan expandir o modernizar sus flotas submarinas para proteger zonas económicas exclusivas, cables submarinos, rutas comerciales y recursos marinos.

El inventario mundial de submarinos de ataque, excluyendo los submarinos con misiles balísticos, se estima en alrededor de 450 unidades, y cuatro países: Corea del Norte, Rusia, China y Estados Unidos poseen más de la mitad de ese total. Entre 2016 y 2023, los astilleros entregaron más de cincuenta submarinos de ataque convencionales por un valor aproximado de 25 000 millones de dólares y más de veinte submarinos de ataque de propulsión nuclear por un valor aproximado de 30 000 millones de dólares, representando China y Estados Unidos en conjunto una parte significativa de estas entregas.
En este contexto, los astilleros orientados a la exportación, como Naval Group y TKMS, se enfrentan a una creciente competencia de Saab, Navantia, las surcoreanas Hanwha y Hyundai, así como de los astilleros chinos y japoneses, que apuntan cada vez más a los mercados de Latinoamérica, Asia y Europa. Estados Unidos sigue centrado en los diseños de propulsión nuclear y no compite en el segmento convencional, lo que obliga a las bases industriales europeas, asiáticas y emergentes a competir por países como Argentina.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Guerra del Paraguay: Vapor Amazonas / General Brown / Corbeta Chacabuco

Vapor Amazonas / General Brown / Corbeta Chacabuco







Construcción y compra

El vapor a hélice Amazonas fue construido en Dumbarton, Escocia, en 1865, junto a una unidad gemela. Ambas fueron originalmente destinadas a burlar el bloqueo de Charleston durante la Guerra de Secesión en EE.UU., pero no llegaron a participar. En 1867, llegó a Buenos Aires con 700 toneladas de carbón. En enero de 1868, el gobierno argentino lo adquirió por £19.000 para reforzar la Armada durante la guerra con Paraguay.

Con casco de hierro, chapas de 8,5 mm y obra muerta de madera, tenía una eslora de 78,74 m, manga de 9,30 m y desplazamiento de 570 toneladas. Su propulsión era de máquina compound de cuatro cilindros, seis calderas cilíndricas, y hélices gemelas de cuatro palas, con una velocidad máxima de 9 nudos. El armamento fue actualizado varias veces entre 1868 y 1885, incluyendo cañones de bronce, Krupp, y del sistema Viejobueno. Su tripulación osciló entre 100 y 160 hombres. En su origen estaba aparejado a barca, sin bauprés, aunque se le incorporó uno en 1870, y fue convertido en corbeta en 1885.

Incorporación como General Brown

Aunque la adquisición oficial se concretó en enero de 1868, el buque ya figuraba en listas de revista de noviembre de 1867, bajo comando accidental del Capitán Guillermo Lawrence. Ese año fue puesto en alistamiento con dotación completa, realizando pruebas de máquinas y entrenamientos. El cambio de nombre a General Brown se decretó el 7 de febrero de 1868, aunque continuó usándose el nombre original en la documentación durante ese año. El buque sirvió como transporte de guerra en los ríos Paraná y Paraguay, llevando tropas y suministros.

Campañas fluviales y misiones militares

En 1869, continuó operando en el transporte militar hacia el Alto Paraná. Fue arrendado brevemente a la empresa Molina y Cía., que lo usó en la zona del Río de la Plata, pero en abril de 1870 volvió a la escuadra. Con el Teniente Emiliano Goldriz al mando, combatió a fuerzas jordanistas en La Paz y Hernandarias, apoyando la causa federal.

En 1871, bajo el Capitán Juan José Causaro, realizó un viaje a Bahía Blanca con el Regimiento N.º 1 de Artillería. A su regreso transportó cien prisioneros indígenas desde Fuerte Argentino. Muchos de ellos terminaron integrándose a la Armada. Luego ingresó en reparaciones en el Río Luján y pasó a desarme en diciembre.


Acuarela de Biggeri

Fundación de la Escuela Naval Militar

El 5 de octubre de 1872, por ley N.º 568, se autorizó la creación de la Escuela Naval Militar a bordo del General Brown. La iniciativa impulsada por el presidente Domingo F. Sarmiento se materializó ese mismo año, designando al Capitán Clodomiro Urtubey como comandante.

En 1873, la primera promoción de guardiamarinas se embarcó y viajó a la costa patagónica. El buque regresó en julio y fue estacionario en Martín García. Más tarde fue buque insignia de la División Naval del Paraná y sirvió como prisión flotante para jordanistas.

Revolución de 1874 y actividades posteriores

En octubre de 1874, estalló la revolución mitrista. El buque fue destacado en operaciones contra la cañonera Paraná sublevada por Erasmo Obligado. Los cadetes fueron desembarcados por orden de Sarmiento, aunque se ofrecieron voluntariamente para combatir. La nave encabezó la 2.ª división naval, bajo el mando del Comodoro Py, llevando a bordo como auditor al Dr. Leandro N. Alem. Participó en patrullajes, interceptando un pailebote armado, mientras la Paraná lograba huir. Obligado se rindió más tarde en Montevideo.

En 1875, con Urtubey aún al mando, regresó la Escuela Naval a bordo. Ocurrió entonces el “Motín de los Gabanes”, protagonizado por cadetes, lo que llevó a su desembarco. Mientras se resolvía el sumario, el buque quedó en situación de medio armamento. Los comandantes provisorios fueron Antonio Pérez y luego Constantino Jorge.

Crisis institucional y fin de la primera Escuela Naval

En 1876, fondeado en el Luján, continuó la incertidumbre. El sumario seguía sin resolución, paralizando la actividad del buque como escuela. Estuvo a cargo del Guardiamarina Mourglier y luego del Guardiamarina Gascón. La prensa criticó la falta de definición oficial. Finalmente, en junio de 1877, se disolvió la Escuela Naval, quedando el General Brown en medio armamento y sus cadetes distribuidos o retirados.

Reasignaciones y reconversión

En 1878, con la epidemia de fiebre amarilla, fue lazareto flotante en Las Palmas. En julio, pasó a estacionario de vanguardia en la boca del Plata, cargo que mantuvo hasta 1879 como “Estacionario General Brown”. Ese año fue parte de la 3.ª División Naval junto al Coronel Roseti, Cabo de Hornos, Rosales y naves menores.

Durante 1880, fue reparado en la Boca del Riachuelo. A partir de septiembre, volvió a albergar la Escuela Naval, fondeado en el Luján como “Buque Escuela”. En 1881, con el estado de sus máquinas muy deteriorado, quedó inmóvil, embarcando solo a la Escuela de Aprendices Artilleros, bajo comando de Antonio Somellera.

Transformación en corbeta Chacabuco

En 1883, se decidió su transformación en corbeta, que incluyó grandes reparaciones en el dique de San Fernando. Se cambió su nombre a Chacabuco por decreto del 26 de enero de 1884, en homenaje a la histórica batalla de San Martín. El costo de la reforma fue de 80.000 m$n y duró hasta 1885.


Modelo de la Brown en el Museo Naval de la Nacion

Durante ese período, fue sede de la Escuela de Oficiales de Mar y de Grumetes, con 70 aprendices, once oficiales y profesores civiles. Se realizaron experimentos eléctricos a bordo en 1885, bajo el sistema ideado por el Capitán Luis A. Lan.

Últimos años de actividad

En 1886, como “Escuela de Oficiales de Mar”, permaneció en Los Pozos bajo el Capitán Muscari. En 1887, realizó viajes a Montevideo y Concepción del Uruguay, recibiendo mantenimiento en el dique Cibils. En 1888, con el Teniente José Maymo al mando, se trasladó con la Escuela Naval a Diamante, Entre Ríos.

Durante 1889, con el Capitán Emilio V. Barilari, permaneció fondeado en Diamante, funcionando como sede de las Escuelas de Marinería y Oficiales de Mar, con unos 120 alumnos. En 1890, trasladó la Escuela de Marinería a Buenos Aires y pasó a desarme en Río Santiago.

Retiro definitivo

En 1891, continuó como sede de la Escuela Naval, aunque encalló frente a Quilmes durante una salida. Fue auxiliado por el Azopardo. En 1892, entró en reparaciones en el Luján, mientras se evaluaba trasladar la escuela a tierra. En 1893, la Escuela Naval se mudó al antiguo predio de Rosas en Palermo, y el buque pasó a desarme, siendo enviado a Río Santiago como pontón-base del Apostadero de Torpederas.

Mantuvo ese rol hasta fines de 1895. Después fue utilizado como carbonera flotante hasta aproximadamente 1905. Luego, fue completamente desmantelado y parte de su madera reutilizada. Finalmente, en 1910, el casco restante fue vendido como chatarra.

Legado

Este fue el cuarto buque de la Armada en llamarse General Brown y el undécimo con el nombre Chacabuco, evocando el triunfo sanmartiniano que permitió la liberación de Chile. Su historia está íntimamente ligada a los orígenes de la formación naval argentina y a momentos clave de su consolidación institucional.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

Argentina: Lampazo, el querido perro de la fragata Sarmiento

Lampazo. el maravilloso perro naval




En el corazón de Buenos Aires, anclada el el dique III de Puerto Madero, la Fragata ARA Presidente Sarmiento no es solo un buque museo lleno de antiguos cañones y velas legendarias: es un guardián de historias humanas y también perrunas.
Entre sus cubiertas de madera centenaria, donde el eco de olas pasadas aún parece susurrar, reside uno de sus tesoros más entrañables: Lampazo, el perro marinero. No era un simple animal a bordo; era un tripulante más, un amigo fiel y un héroe que salvó vidas.
Lampazo era un perro Terranova, raza conocida por su robustez, su pelaje espeso que resistía las aguas frías y su instinto natural para nadar como un pez. Estos perros, originarios de la isla de Terranova en Canadá, eran famosos entre marineros por su fuerza y lealtad, ideales para la vida en alta mar.
Se estima que Lampazo llegó a la Armada Argentina alrededor de 1921, como un regalo de la familia del capitán Federico Laprade, quien comandaba la Fragata Libertad. Laprade, un oficial experimentado, vio en el pequeño Terranova el compañero perfecto para su tripulación y lo llevó a bordo de la Presidente Sarmiento, donde rápidamente se integró.
Le pusieron “Lampazo”, como el cepillo con que se limpia la cubierta, quizá por su cola peluda que barría el suelo mientras trotaba orgulloso entre los marinos. Pero en realidad, él no era una herramienta: era compañía, era consuelo, era la risa en medio de las tormentas.
Lampazo se convirtió en el símbolo de todas las mascotas que habían navegado en la Sarmiento durante sus 39 viajes alrededor del mundo, entre 1899 y 1938.
Un día, el Atlántico rugió con furia y un marinero cayó al agua. De manera inmediata, Lampazo se lanzó tras él, enfrentando a las olas. Nadó con la fuerza de un guerrero silencioso y sostuvo al náufrago hasta que lo rescataron. Desde entonces, nadie volvió a llamarlo “perro”: era camarada, hermano, guardián del barco.
Pasaron los años, y como todo ser vivo, Lampazo también conoció el descanso eterno. Pero los marineros no pudieron despedirlo lanzándolo al mar, porque ¿cómo arrojar al olvido a quien salvó vidas, a quien les enseñó lo que significa lealtad? Lo embalsamaron y lo dejaron allí, en el corazón de la fragata, para que nunca abandonara su puesto.
Hoy, cuando alguien visita el museo, se encuentra con él. Detrás de un cristal, sigue con su mirada serena, como si aún velara por sus compañeros. Ahí esta, con su mirada serena detrás de una vitrina donde atrae a niños curiosos, turistas fascinados y veteranos nostálgicos. 🐶 🇦🇷



martes, 11 de noviembre de 2025

ARA: Puesta en valor del Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo (PVYCTM) Bahía del Buen Suceso

Puesta en valor del Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo (PVYCTM) “Bahía Buen Suceso”




La Armada Argentina inició las obras de puesta en valor del Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo (PVYCTM) “Bahía Buen Suceso”, ubicado en la Península Mitre, Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.




Operan el ARA “Piedrabuena”, un UH-3H Sea King, el ARA “Contraalmirante Cordero” y la  ARA “Indómita” El Puesto “Bahía Buen Suceso” cumple un rol esencial en la vigilancia y control del tránsito marítimo en nuestras aguas mejorando la habitabilidad del personal destacado.
ARA





viernes, 7 de noviembre de 2025

ARA: El problema de la opción de las Iver Huitfeldt

El problema de las Iver Huitfeldt

Basado en el artículo "Chatarra naval: La Armada Argentina y la polémica compra de fragatas Huitfeldt" (Real-Politik)


La Armada Argentina analiza la posible compra de fragatas danesas Iver Huitfeldt, como reemplazo de los destructores tipo 42 retirados. La operación busca recuperar la capacidad de defensa aérea de la Flota de Mar, pero se enfrenta a severas limitaciones presupuestarias y a la fragilidad estructural del sistema de defensa nacional.

El almirante Carlos Allievi expresó el interés por adquirir buques europeos, incluyendo opciones como las fragatas FREMM franco-italianas y las Alfa 3.000 españolas. En paralelo, el Ministerio de Defensa mencionó un supuesto ofrecimiento danés que incluiría las Iver Huitfeldt y, posiblemente, los buques Absalon. Sin embargo, el contexto financiero argentino y el estado general de la Armada generan dudas sobre la viabilidad del plan.

Desde los años noventa, los recortes presupuestarios y los embargos británicos afectaron gravemente la operatividad naval. La parálisis del astillero Almirante Storni, la salida de servicio de submarinos, aviones de patrulla, buques de desembarco y el colapso del arma submarina con la pérdida del ARA San Juan, son reflejo de una flota degradada. A esto se suma la compra polémica de OPV franceses a un precio elevado y sin participación de la industria nacional, financiada con deuda externa, además del fallido intento de reactivar los Super Etendard SEM adquiridos sin soporte técnico.

En este marco de deterioro progresivo, la opción danesa genera controversia. Las fragatas Iver Huitfeldt, construidas en 2011, cuentan con un diseño modular y potente armamento: misiles SM-2, ESSM, Harpoon y sistemas de defensa de punto, además de operar helicópteros MH-60R. No obstante, su construcción recurrió a componentes reutilizados de buques más antiguos, lo que si bien redujo costos, derivó en graves incompatibilidades tecnológicas.

Estos problemas quedaron expuestos en marzo de 2024, cuando la fragata Iver Huitfeldt sufrió fallas en su sistema de combate durante una operación en el Mar Rojo. La demora de más de 30 minutos en reaccionar ante un ataque con drones reveló deficiencias críticas en la integración de sensores, radares, sistemas de armas y propulsión. Las fallas no fueron aisladas: también quedaron inoperativos los cañones de 76 mm, lo que comprometió incluso los sistemas de respaldo.

General Michael Hyldgaard

El incidente generó fuertes críticas internas en Dinamarca. Desde el parlamento, se calificó como “escandaloso” el desempeño del buque. La presión pública llevó al relevo del jefe de las Fuerzas Armadas, general Flemming Lentfer, por ocultar el estado real de la flota. Posteriores investigaciones periodísticas confirmaron la obsolescencia de los sistemas de armas y mando, y motivaron la retirada de Dinamarca de operaciones navales de la OTAN por no poder garantizar la capacidad de combate.

En abril, otro buque de la clase, el Niels Juel, experimentó una emergencia por un misil Harpoon cuyo propulsor no pudo ser desactivado, obligando a cerrar el espacio aéreo y marítimo. En junio de 2025, el nuevo comandante militar, general Michael Hyldgaard, comunicó la decisión de reconvertir estas fragatas en patrulleros oceánicos, descartando su venta o modernización por los altos costos: 150 millones de dólares por unidad.

Respecto a los buques Absalon, tampoco estarían disponibles. Aunque mencionados en versiones del Ministerio de Defensa argentino, el propio jefe militar danés ratificó su valor estratégico ante el aumento de tensiones con Rusia y la necesidad de capacidades antisubmarinas. La supuesta posibilidad de venta parece haber sido una mala interpretación, producto del desconocimiento y la improvisación de las autoridades argentinas.

Pese a este panorama, en septiembre de 2024 Argentina adhirió a la Fuerza Marítima Combinada (CMF), coalición liderada por EE.UU. y Reino Unido con despliegue naval en zonas críticas como el Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Sin embargo, el estado real de la Armada Argentina –con bases inactivas, sin submarinos, sin capacidad antisubmarina, sin buques logísticos y con medios envejecidos– genera dudas sobre el compromiso operativo posible, más allá de anuncios simbólicos.

Mientras tanto, otras naciones latinoamericanas han optado por fortalecer sus capacidades navales con planes estratégicos y producción local. Chile, con el astillero estatal ASMAR, implementa el Plan Nacional de Construcciones Navales, integrando sectores públicos, privados y académicos. Perú, mediante SIMA y en alianza con Corea del Sur, construye buques de todo tipo, desde patrulleros hasta unidades mayores.

En contraste, Argentina desaprovecha su infraestructura naval y el conocimiento técnico acumulado. La dirigencia política no ha logrado comprender que invertir en defensa no es un gasto, sino una oportunidad para el desarrollo tecnológico y económico nacional. La compra de fragatas danesas con serios problemas técnicos sería otro paso en falso en una política de defensa errática y sin planificación estratégica.

 

domingo, 26 de octubre de 2025

Crisis del Beagle: Las redes anti-torpedos que se convirtieron en redes anti-Exocet

Redes antimisiles



Las redes antitorpedos de los acorazados ARA Rivadavia y ARA Moreno fueron luego desplegadas en el ARA 25 de Mayo con el propósito de actuar como una red de protección con los MBDA Exocet chilenos en caso de librarse el conflicto del Beagle. Aquí se pueden ver las redes colgando a babor del buque.








viernes, 24 de octubre de 2025

Campaña del Río Negro: El vaporcito Triunfo

 

El “Triunfo”: una leyenda de hierro en las aguas del río Negro

Corría 1879 y el gobierno argentino, en plena Campaña del Desierto, necesitaba una herramienta naval que acompañara el avance hacia la Patagonia profunda. Así nació una pequeña gigante: el vaporcito de ruedas "Triunfo", una embarcación de casco de hierro, ruedas laterales de paletas fijas, eslora de 26,35 m, manga de 4,96 m y un calado de apenas 0,93 m, ideal para navegar ríos. Equipado con una máquina de alta presión de 50 shp, alcanzaba los 8 nudos, y podía cargar hasta 45 toneladas de carbón o leña. Fue adquirido por el gobierno por £ 3.470.

Armado en Buenos Aires por Fader y Peña, el "Triunfo" zarpó en marzo de 1879 a bordo de la corbeta "Uruguay", bajo el mando del célebre Martín Guerrico. Llegó a Carmen de Patagones el 5 de abril, para remontar el río Negro en busca del ejército del general Julio A. Roca, con una tripulación de 3 oficiales y 14 marineros. Lo acompañaban figuras de peso como Ramón Falcón y el joven guardiamarina Hipólito Oliva.

Pero el río mostró sus dientes: el vaporcito no resistía bien las condiciones del cauce, y hubo que continuar el viaje ¡en un guigue y hasta en carreta! El 24 de mayo, Guerrico llegó a Choele Choel, y al día siguiente, se reunió con Roca para celebrar el 25 de mayo en pleno desierto. Luego, el "Triunfo" siguió colaborando, ahora con chalanas, hasta alcanzar el río Limay, donde se encontró con el general Uriburu. La tragedia llegó cuando un grupo indígena emboscó y aniquiló al destacamento que acompañaba las embarcaciones por tierra.

El 24 de julio, una gran inundación azotó la región. El guigue de la “Uruguay” salvó al coronel Vintter y 300 hombres sitiados. A pedido del general Conrado Villegas, el "Triunfo" fue clave en el rescate de varias dotaciones de fortines anegados.

En los años siguientes, el vapor navegó el río Negro hasta Choele Choel, ayudando al Ejército con transporte y despeje del canal (volando piedras, sacando raigones). Pero su papel fue cambiando. En 1882, pasó a ser prácticamente un pontón flotante: depósito, alojamiento y base logística. En 1884, se le quitó la máquina para ampliar la bodega. Desde entonces, permaneció fondeado frente a Patagones, sirviendo al Ejército y la Armada como depósito flotante.

Finalmente, en la gran inundación de 1898, el “Triunfo” encontró su final: la corriente lo hizo chocar con el vapor “Río Negro” y se hundió, cerrando un ciclo de casi 20 años de servicio.

Fue el primer buque de la Armada Argentina en llevar ese nombre, y aunque chico, su historia está llena de gestas heroicas, desafíos logísticos, exploraciones, rescates e inundaciones. El “Triunfo” fue un testigo de hierro del avance nacional en el sur, navegando las aguas salvajes del río Negro y quedando en la memoria como un pequeño coloso de la historia naval argentina.

jueves, 16 de octubre de 2025

ARA: Contraalmirante Vicente Estanislao Montes (1864-1945)

Biografía: Vicealmirante Vicente Estanislao Montes (1864-1945)





Tengo la fortuna de ser bisnieto de Vicente Estanislao Montes (1864-1945) que fue uno de los hombres de la Armada de Guerra de fin del siglo XIX y primeras décadas del XX que se aventuraron en campañas de nueve meses de duración por año para hacer de la Argentina una nación orgullosa de su presencia marítima y austral. Fuerte, Soberana y Digna.
A estos hombres hechos de acero humano les debemos el haber construido palmo a palmo los límites con la hermana república de Chile, el haber remontado cada río del sur para estudiar sus aptitudes y ser artífices del progreso de una colonización pujante, próspera y feliz que llegó a la Patagonia a cumplir el sueño de la América que prometía. Nunca estuvieron solos ya que a su lado iban los misioneros Salesianos llevando el alma de la Fe en el único y verdadero Señor de la Historia.
Mi bisabuelo guiado por los indios lugareños llegó hasta el lago central de la isla de Tierra del Fuego al que denominó Fagnano en homenaje al sacerdote salesiano cuyo coraje y obra eran la causa de su reconocimiento entre machos paridores de una misma Patria. Tomando su cantimplora se acercó a la orilla y lo bautizó en el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo.
A lo largo de la extensa carrera llegó a ser comandante de la II Escuadra Naval y de su nave insignia, el acorazado Garibaldi, y luego de la novel Fragata y buque escuela de la Armada Presidente Domingo Faustino Sarmiento. También fue agregado naval en el Reino Unido y Francia. Hacedor del Puerto Belgrano se retiró con el grado de Vicealmirante. Sentó las bases de la aviación naval, defensor a ultranza de la dignidad humana trabajó denodadamente por la Cruz Roja y para no andar con rodeos llegó hasta a hipotecar su casa para apoyar las campañas del partido político que había abrazado, la Unión Cívica Radical.
Fue un marino cabal que dio todo por su país, pero no era él sino la institución que integraba la dueña de los logros. Era la gloriosa Marina de Guerra equipada y en operaciones. Vivió como un marino y murió pobre como correspondía a un hombre de su talla.
La misma fuerza que sin medir costos fue en pleno a enfrentar la flota británica en el mar abierto durante la campaña de mayo de 1982 y que sólo una cuestión climática impidió lo que iba a ser la batalla naval sangrienta y determinante de la guerra a suerte y verdad.